¿Quién le teme a Virginia Woolf?

Este 25 de enero se cumple un nuevo aniversario del nacimiento de la escritora inglesa Virginia Woolf. Sufrió el escarnio de la moral victoriana aún vigente en la Londres de la primera mitad del siglo XX, a excepción de los movimientos sufragistas y feministas que la contaron como una propia. Su prosa es una de las más bellas y vanguardistas de la centuria pasada.

Guillermo Pessoa
Columnista de Izquierda web.


“No se puede pensar bien, amar bien, dormir bien si no se ha comido bien”. V.Woolf

Breve esbozo biográfico:

Adeline Virginia Stephen, tal su verdadero nombre nació en Londres en 1882. Su padre era el novelista, historiador, ensayista, biógrafo Leslie Stephen. ​ Julia Prinsep Jackson era la segunda esposa de su padre; nacida en la India e hija de funcionarios británicos, más tarde se traslada a Inglaterra con su madre, donde trabajó de modelo para diversos pintores prerrafaelistas.​ Los padres de Virginia habían estado casados previamente y habían enviado, en consecuencia, el hogar tenía hijos de los tres matrimonios.
La joven Virginia fue educada por sus padres en su literario y relacionado hogar de esa “clase media filo bohemia”. Asiduos visitantes al domicilio de los Stephen fueron, por ejemplo, escritores como, Thomas Hardy y Henry James y pintores como Edward Burne Jones. Aunque no fue a la escuela, Woolf recibió clases de profesores particulares y de sus propios padres.

La muerte de su padre por cáncer en 1905 provocó un ataque alarmante en ella, por lo que fue brevemente ingresada a un hospital psiquiátrico. Luego se estableció con su hermana Vanessa —pintora que se casaría con el crítico Clive Bell – y sus dos hermanos en el barrio londinense de Bloomsbury, el cual se convirtió en centro de reunión de antiguos compañeros universitarios de su hermano mayor, entre los que figuraban intelectuales  como el escritor E. Forster, el economista J. M. Keynes y los filósofos Bertrand Russell y Ludwig Wittgenstein, conocido luego como “Círculo de Bloomsbury”.

En 1912, cuando contaba treinta años, se casó con el escritor Leonard Woolf  economista y miembro también del grupo de Bloomsbury. Los dos colaboraron profesionalmente, fundando juntos en 1917 la célebre editorial Hogarth Press, que editó la obra de la propia Virginia y la de otros relevantes escritores como Katherine Mansfield, T. S. Eliot y el mismo Sigmund Freud, entre otros.

La ética del grupo de Bloomsbury bordeaba el snobismo (la propia condición social de sus miembros quizás sea una clave para ello) al mismo tiempo que reivindicaba la diversidad sexual, el aborto y la igualdad salarial para la mujer, podríamos llamarlos “liberales de izquierda” a riesgo de caer en un anacronismo. En 1922 Virginia conoció a la que en gran medida marcaría su vida y su arte: la escritora y jardinera Vita Sacville-West, casada como ella y con quien luego de un comienzo tentativo, sostendrá una relación de amantes que se extenderá a lo largo de la década del veinte. Rota la relación sus recurrentes decaimientos anímicos volvieron a afectarla.​

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Además de su obra de ficción, escribió  una serie de ensayos que giraban en torno de la condición de la mujer a lo largo de la historia. Quizás el más conocido sea el que lleva por título “Un cuarto propio” que es la recopilación de dos conferencias que dictó en la Arts Society of Newnham College en la que sólo se admitían mujeres. Una vez publicado el libro en algunas librerías grupos de hombres y mujeres se  acercaban para  proferir insultos, expresando así su odio y también su temor por lo que Virginia empezaba a reflejar. Allí supo decir, haciendo gala de un materialismo intuitivo pero manifiesto: «La libertad intelectual depende de las cosas materiales. La poesía depende de la libertad intelectual. Y las mujeres siempre han sido pobres, no solamente durante doscientos años sino desde el principio de los tiempos. Las mujeres han tenido menos libertad intelectual que los hijos de los esclavos atenienses. Las mujeres, por lo tanto, no han tenido la menor oportunidad de escribir poesía. Por eso he insistido tanto en el dinero y en el cuarto propio.»

​Junto a su marido participaron de organizaciones ad hoc contra el fascismo hacia la segunda mitad de los treinta. Su libro Tres guineas es una crítica feroz contra el nazismo. Mientras tanto, el cuadro depresivo que sufría se acentuó en forma notable. El 28 de marzo de 1941 Virginia Woolf se suicida. Se puso su abrigo, llenó sus bolsillos con piedras y se lanzó al río Ouse cerca de su hogar, donde se ahogó. Su cuerpo no fue encontrado hasta casi un mes después. ​ Su esposo enterró sus restos incinerados bajo un árbol en Sussex.

Su obra: una aguda mirada desde el faro que bracea entre las olas

Virginia Woolf podría haber dicho de su obra lo que Marcel Proust dijo de la suya: “Mi obra no es microscópica sino telescópica”. Esas historias minimalistas, de honda reflexión interior de todxs y cada unx de sus personajes (la vinculación con Joyce y Faulkner es notoria) que están en el centro de la trama, no pierden de vista y, precisamente como el telescopio, amplían contextos y marcos sociales que en definitiva son su anclaje material 2.

La forma narrativa es tan o más importante que su contenido. Virginia que rompía esbozos de relatos y novelas por no estar conforme con su escritura, intentaba ser una orfebre de la palabra, en donde cada una de éstas debía ocupar el lugar preciso a la vez que escapaban de toda ampulosidad. Un intenso lirismo y virtuosismo estilístico se funden para crear un mundo abundante con impresiones auditivas y visuales en toda su prosa. ​Basta leer: Mrs Dalloway (llevada al cine) de 1925, Al faro (To the Lighthouse) dos años posterior o Las olas (The waves) de 1931 para comprobarlo.

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Su obra más popular fue Orlando escrita en 1928, también llevada a la pantalla grande, basada en gran medida en Vita Sackville a quien está dedicada. La misma sigue un formato de biografía burlándose de los convencionalismos de ese género: la referencia al tiempo y al trascurso del mismo no es precisa; Woolf comenta en varias partes de la obra lo que debe hacer un buen biógrafo y lo que no, siempre optando por lo que se supone es lo que debe ser el papel del “buen” biógrafo. La influencia del ya nombrado “Círculo de Bloomsbury” es evidente: el personaje no sólo cambia de sexo, sino que en diversos puntos del libro, se puede interpretar que mantiene relaciones homosexuales. Orlando no dejó de ser la misma persona al convertirse en mujer, pero tuvo que soportar todo el peso que significaba pertenecer al denominado «sexo débil». 3
La lucha y los triunfos que las mujeres del planetamundo vienen protagonizando tienen en la obra y en la personalidad de Virginia Woolf una referencia ineludible. Mientras tanto  que el oscurantismo medievalista del mundo le siga temiendo.

Notas:

1: Aquí seguimos las diversas introducciones a su obra de un estudioso y traductor de su producción: Pablo Ingberg. Cfr. Woolf, V: Cuentos y relatos completos. Losada, ediciones varias. Buenos Aires
2: Nos permitimos citar al escritor santafesino Juan José Saer: Es inevitable que el arte pertenezca a un momento histórico, a un lugar, pero en lo que tiene de irreductiblemente artístico es condición necesaria que esa pertenencia se borre, pase a segundo plano. Lo esencial de Joyce no es que habla de Dublín, es que habla de mí. Esta afirmación puede hacerla cualquiera en Dublín, en Buenos Aires, en Djibuti. Logra entonces emocionarnos y sacudirnos, como le pasaba a Marx ante el encanto que le seguía produciendo el arte griego por sus valores artísticos imperecederos

3: Además de las novelas mencionadas, en este siglo existen al menos dos películas que la tienen como protagonista. Una es Las horas del director inglés Stephen Daldry film de 2002 y más cerca en el tiempo Vita y Virginia de la directora Chanya Button, ésta de 2018

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