Se vienen meses clave para el Gobierno. Las elecciones 2027 lo obligan a entrar a la etapa “creativa” de la premisa schumpeteriana de “destrucción creativa” que domina la imaginación político-económica de Milei. El riesgo es quedarse atrapado en el callejón de difícil salida de una mera “destrucción destructiva”: una destrucción de empleo y sectores que tarda demasiado en encontrar el giro virtuoso […]. ¿La experiencia argentina de la crisis moldeada en torno a precios descontrolados, con peligro hiperinflacionario, y al horizonte previsible de consumo hecho pedazos, todavía es más poderosa que la experiencia más reciente del endeudamiento hogareño?» (La Nación, 19/5).
Mucho antes que los escándalos de corrupción volvieran a salpicar al gobierno y tomaran la primera plana de la escena pública, las dudas sobre la viabilidad del proyecto económico mileísta ya ponían entre paréntesis las perspectivas del gobierno para el año que corre (y el año electoral cada vez más cercano). Hace al menos un semestre que economistas, consultoras y cámaras empresarias comenzaron a hacer sonar las alarmas por la alta probabilidad de recesión que pesaba sobre el 2026.
Ya promediando el primer trimestre del año empezaron a concretarse todos los síntomas de una recesión: despidos a chorros o directamente masivos, cierres de fábricas, caída del uso de la capacidad instalada en ramas enteras de la industria. Aún así, el gobierno se vanagloria de que la economía no ha entrado en recesión y sigue agitando perspectivas milagrosas para la economía en el período por venir. Fue el propio Luis Caputo quien dijo, pocas semanas atrás, que la Argentina tiene por delante “los mejores dieciocho meses de la historia”. La cita es textual. A pesar de la mercantilización permanente de la vida que impulsa la extrema derecha libertaria, hablar sigue siendo gratis.
¿Cuál es el prodigio de una economía que posee todos los síntomas recesivos pero que no recibe nunca el diagnóstico definitivo? Amén del talento mileísta para decorar y camuflar las estadísticas oficiales, la explicación está en la tendencia a la reconversión del entramado productivo impulsado por la política económica oficialista. Fue Carlos Melconián, economista hasta hace poco adicto al gobierno, quien puso la lupa sobre este problema. El brutal contraste de la tasa de actividad de los rubros competitivos como minería, petróleo, agro y poco más (es decir, las actividades extractivas o de saqueo de recursos) versus los afectados por la apertura comercial y la caída del consumo masivo (industria, construcción, comercio) configura lo que Melconián denominó elegantemente una fragmentación recesiva o un crecimiento en “K”.
“Esto no es simétrico, no es mitad una cosa y mitad otra. En un caso, el segmento ganador (extractivas, energía, campo) apenas araña el 20% de la economía (PBI) y hasta con algún tema de baja rentabilidad y distintas velocidades en la mitad de ese segmento. Por otro lado, el segmento perdedor ronda el 50% del PBI (industria, comercio, construcción)”. Mientras los sectores de la economía que emplean a la inmensa mayoría de la mano de obra del país se hunden, una ínfima minoría de grandes empresarios y multinacionales ligadas al extractivismo y las agroexportaciones se enriquecen sin medida.
Por decirlo descriptivamente: no hay recesión técnica (dos trimestres consecutivos de caída del PBI) pero hay recesión social. Una retracción marcada de la actividad económica en relación a su capacidad para contener a la sociedad dentro del entramado productivo. Principalmente en términos de proveer empleo de calidad, pero también en relación a las condiciones generales de acumulación económica: infraestructura, logística, transporte, productividad y demás ítems. Es decir: hay recesión en las actividades que afectan a millones de personas pero eso no se refleja estadísticamente por la «compensación» de las actividades con poco empleo y ningún impacto en el consumo.
Es justamente en este último aspecto donde se anudan las dudas de la burguesía argentina. No cabe duda de que el conjunto de los grandes empresarios del país tiene poco interés humano por las condiciones de vida de las mayorías trabajadores. Hay consenso burgués alrededor de la perspectiva de aplastar moral y materialmente a la clase trabajadora. Pero sucede que el modelo económico mileísta no sólo tiende a degradar las condiciones de vida de los trabajadores, sino que trae aparejada una reconversión regresiva del aparato productivo nacional que despierta dos dudas en la burguesía.
Primero: arruina los negocios de un sector de la burguesía; específicamente, aquel que depende del consumo interno (primordialmente la industria manufacturera). Segundo: genera dudas sobre la sustentabilidad en términos sociales y de gobernabilidad del proyecto de reconversión productiva. Mover los engranajes económicos en sentido re-primarizador es una cosa. Tener la capacidad política para contener los quiebres sociales que dicha reconversión puede generar es otra bien distinta.
A eso remiten los analistas de los principales medios burgueses cuando acusan dudas sobre la orientación mileísta de la “destrucción creativa”. Este avatar delirante del discurso económico mileísta está tomado de la obra del economista austríaco Joseph Schumpeter. En el caso del austríaco, el término refiere a la idea de innovación depredatoria del capitalismo, la aparición de nuevas formas productivas y económicas en general que destruyen las anteriores. Milei lo viene citando desde hace algunos años en discursos públicos. Una muestra más de que Milei no se toma siquiera el trabajo de googlear lo que cita. Para Schumpeter la “destrucción creativa” no era una virtud de gestión pública sino una promesa de colapso capitalista.
Creatividad para la destrucción
La destrucción creativa del mileísmo combina dos elementos fundantes de su pensamiento (por darle un nombre generoso) económico: la irracionalidad e irresponsabilidad respecto a toda planificación y el hambre de ganancias obscenas y a muy corto plazo propia de los sectores burgueses (y lumpen-burgueses) a los que representa. Veamos algunas tendencias actuales de la actividad económica argentina durante el mileísmo.
Comparando números del EMAE elaborado por el INDEC correspondientes a agosto de 2023 y agosto de 2025, salta a la vista un contraste agudo entre los sectores que ganaron y los que perdieron. En un extremo de la pendiente aparece la intermediación financiera (con un crecimiento del 21%) seguida por la pesca (18%), minería (16%), hotelería (16%) y bastante más lejos agricultura y ganadería (4%). En el otro extremo aparecen las áreas que mantienen saldo negativo: comercio mayorista y minorista (-8%), la industria (11%) y la construcción (con una caída pronunciada del -15%).

Yendo a la comparación de puestos de trabajo formales ganados y perdidos por rubro, el contraste toma proporciones bien concretas. En comercio se cuentan casi 25.000 nuevos empleos, en agricultura, pesca y ganadería en su conjunto unos 5000 empleos nuevos. En el otro extremo se cuentan casi 90.000 empleos perdidos en la construcción, 65000 en el sector servicios y 48000 en la industria. Hasta en el rubro minero, uno de los notorios ganadores, se registra pérdida de puestos de trabajo. Más exactamente, 5731 puestos de trabajo menos que dos años atrás (agosto 2025).

El balance total es de 178740 puestos de trabajo formales perdidos en ese período de dos años. Cálculos más recientes hablan de hasta 260.000 puestos de trabajo destruidos creativamente por la política mileísta hasta el día de hoy. En paralelo se contabiliza el cierre de al menos 24.000 empresas.
Ya hemos desarrollados las proporciones del industricidio en notas anteriores. Retomando algunos números, vale mencionar que las previsiones de rebote económico lanzadas por Milei y Caputo no se están cumpliendo. Los índices de abril van en sintonía con la tendencia del primer trimestre. El Índice Líder, que elabora la Universidad di Tella para monitorear la actividad económica, cayó 1,7% en abril respecto al mes anterior y un 6% interanual. En consecuencia, desde esa institución señalaron que la probabilidad de entrar en recesión técnica (dos trimestre continuos de caída en la actividad) durante los próximos meses es del 88%.
El patentamiento de autos cayó un 22% interanual en abril. Sólo el último cuatrimestre la caída fue del 7%. De mantenerse ese ritmo durante el resto del año, las ventas totales quedarían por debajo del nivel del año pasado. El volumen estimado (500.000 unidades patentadas) sería menos de la mitad del récord registrado en los años 2013 y 2017. De conjunto, los índices de las últimas semanas señalan que el «rebote» anunciado por el gobierno en marzo fue menos que efímero: ya se agotó. Correspondientes a abril, se observan caídas interanuales en la actividad de la construcción, la metalurgia y las automotrices.
Encuestas difundidas por la propia UIA (Unión Industrial Argentina) señalan que en el mes de abril el 38% de las empresas relevados cayó en su nivel de producción comparado a promedio de actividad del primer trimestre. “Según el ithink thank Misión Productiva en base a datos públicos de la Superintendencia de Riesgos dl Trabajo, casi el 60% de las ramas productivas privadas destruyó empleo registrado entre noviembre de 2023 y febrero de 2026. ‘Esto es, 554 actividades de las 948 relevadas han disminuido su cantidad de empleo durante el período de gestión actual’” (La Nación, 9/6).
Los ganadores de la “reconversión”
Veamos los desarrollos sector por sector. En todos los casos se evidencia la bien visible mano de Milei, Caputo y el resto de sus lacayos dictaminando los nuevos ganadores y perdedores del crecimiento en “K”.
El primer gran ganador es el sector financiero. La ligazón de Milei a los capitalistas financieros es evidente desde el primer día. El propio Milei destaca siempre que tiene oportunidad que Caputo es el mejor ministro de la historia por venir de los negocios de trading.
Pero las ganancias financieras se aceleraron hacia finales del año pasado, cuando el gobierno aplicó una brutal suba de tasas de interés para intentar frenar la corrida cambiaria que hacía peligrar sus perspectivas electorales de medio término. “La nueva etapa de valorización financiera […] fue posible gracias a una combinación de tasas de interés elevadas y estabilidad cambiaria que permitió -por ejemplo- rendimientos en dólares cercanos al 4% mensual entre octubre de 2025 y febrero de 2026. El fenómeno no sólo benefició a grandes jugadores del mercado sino que también consolidó un esquema económico donde las colocaciones financieras aparecen, en muchos casos, más rentables que la inversión productiva”.
La burguesía financiera, con Milei, está parasitando al Estado y a las ramas de la economía que están perdiendo.
Las altas tasas de interés motivaron además un boom del endeudamiento corporativo externo. Es decir, la toma de deuda por parte de empresas que operan en el país respecto a sus casas matrices en el extranjero. “Entre enero de 2024 y marzo de 2026 las empresas emitieron cerca de dólares 29.000 millones en ON [Obligaciones Negociables en dólares, el instrumento privilegiado para estas operaciones]”. Gracias a la mega-devaluación sancionada por Milei y Caputo a fines del 2023, además del aumento de tarifas, la desregulación económica y el RIGI, “las ganancias operativas de las principales empresas analizadas se duplicaron entre 2023 y 2025 y la rentabilidad promedio pasó de 9,6% a más de 16%”. Del endeudamiento corporativo externo producido en dicho período, el 80% correspondió al sector hidrocarburífero.
El endeudamiento externo corporativo fue hasta ahora uno de los maquillajes instrumentados por Milei y Caputo para mantener formalmente el sacrosanto superávit externo, uno de los mantras de la Biblia económica mileísta. Pero la canilla podría empezar a cerrarse: por la baja de tasas la toma de deuda privada se está desacelerando al mismo tiempo que se atenúa la rentabilidad para los especuladores financieros.
Este podría ser un dato peligroso para el gobierno si recordamos que este año vencen obligaciones de deuda por 11.700 millones de dólares que se transformarán en 24.000 millones en 2027. Sumando las deudas del Banco Central y del sector privado, la cuenta llega a los 32.000 millones. Y, por muy agradecidos que estén los especuladores respecto a los favores de Milei, nadie espera que vengan a pagarle las deudas. Por el contrario, la norma para este sector es fuga, fuga y más fuga. Sólo en el primer trimestre del año la salida de dólares a nombre de personas físicas estuvo por encima de los 6.600 millones de dólares. En contraste, la inversión extranjera directa acumula un pasivo de -625 millones de dólares desde el comienzo del gobierno de Milei.
En lo que atañe al sector extractivista (minería y petróleo) es claro que las grandes multinacionales del sector están aprovechando (con más o menos matices) las veleidades del RIGI. Este programa de privilegios impositivos fue propagandizado por Milei y caputo como la piedra de toque para acumular reservas y reactivar la actividad económica. No sólo no está logrando ninguna e las dos, sino que impone fuertes presiones en sentido diametralmente opuesto.
En 6 de los 10 proyectos aprobados dentro del paraguas del RIGI se operativizaron importaciones por un valor de 205 millones de dólares entre enero e 2025 y 2026. Y en esos casos “el tipo de bienes importados muestra que en muchos casos existe o existía capacidad de producción local”. En suma, los proyectos del RIGI no sólo facilitan la salida de divisas antes que su entrada, sino que operan como “un proceso de sustitución inversa”, destruyendo capacidad productiva local para reemplazarla con importaciones traídas de economías más competitivas.
Para más INRI, este rubro (que incluso sectores del peronismo alaban como la promesa de “reconversión energética de la Argentina”) crece y destruye puestos de trabajo al mismo tiempo. Esto se debe a que los yacimientos más competitivos son los llamados no convencionales, que emplean poca mano de obra y desplazan yacimientos convencionales que todavía son operables pero menos competitivos.
El complejo agroexportador, el sector más importante de la burguesía argentina clásica, está rompiendo récords. Las exportaciones agroindustriales, tomadas en un promedio móvil anual, marcaron su nivel más alto desde el inicio de la serie iniciada en 2004. En el primer cuatrimestre del 2026 se registró un aumento del 18% interanual en el volumen total de exportaciones agropecuarias, alcanzando los 41 millones de toneladas. El agro fue históricamente la principal entrada de divisas a la economía argentina. Milei requiere de esa canilla para mantener cualquier esperanza de cumplir los planes y requerimientos de acumulación de reservas del Fondo Monetario. No extrañan sus infinitos gestos de benevolencia con los patrones sojeros, a los que bajó retenciones en repetidas oportunidades.
El otro sector predilecto de la fragmentación regresiva es el de las nuevas tecnologías o fintech. En este ítem se unen el delirio ideológico mileísta (sus sueños de un capitalismo distópico operando sin barreras de contención) con su ligazón a un sector novedoso de la burguesía. Se expresó ya en sus atenciones para Galperín (que recibió perdones por 250 millones de dólares en pocos años por parte del Estado), sus loas al trabajo sin derechos de las plataformas estilo Rappi o PedidosYa! y, más recientemente, en su relación con el asquerosamente rico Peter Thiel.
El negocio de las nuevas tecnologías es particularmente notorio y parasitario en lo que hace a la especulación financiera. Significativamente, durante el gobierno de Milei aumentó la proporción de crédito a través de medios no bancarios sobre el total. A la misma velocidad aumentó la morosidad. Durante el gobierno de Milei la morosidad en créditos a familias creció 7,8%, pasando del 2,8% al 10,6%. En el crédito al consumo, se pasó del 2,5% al 12,1%. Es un nivel de morosidad altísimo y totalmente anormal. El más alto de la serie desde 2004 (año en que la tasa fue de sólo el 2,4%), aún por encima de los registrados durante la pandemia.
Pero la imagen es mucho más preocupante tomando los datos desagregados (esos que a Milei no le gusta ver). Tomando solo los crédidos de proveedores no financieros, la mora alcanzó el 26,9% en febrero, casi duplicando el nivel de mediados de 2025. “Dicho crecimiento de la mora coincide con una dinámica de tasas de interés que continúa ubicándose por encima de las entidades financieras tradicionales (alcanzaron en febrero el 144% para préstamos personales)”.
Incertidumbre estratégica
«En todo fenómeno de reasignación en donde se mueve gran cantidad de recursos como trabajo o capital de un sector a otro, o entre firmas, tiene que haber condiciones para que suceda. Una de esas condiciones es la credibilidad en relación a la continuidad […]. Ése es un factor: la incertidumbre sobre la persistencia de las nuevas reglas del juego y los nuevos precios relativos es sumamente importante […]. La pregunta es qué viene primero, si la creación o la destrucción. Puede venir primero la destrucción en el sentido de que hay un costo: obviamente hay gente que va a perder, va a perder sus ocupaciones, va a tener que reasignarse y probablemente sacrificar su nivel de ingreso. Se recupera en el tiempo. Hay una experiencia argentina de apertura sin la reasignación de recursos y empleo que se esperaba: fue en los 90, con la convertibilidad. La tasa de desempleo subió a un 20 por ciento […]. Pero una reasignación estructural no es una reasignación coyuntural a raíz de un shock transitorio. En Estados Unidos se discute mucho cómo afrontarlo y cómo cubrir a la persona de ese tipo de riesgos. Hay políticas que subsidian por un tiempo limitado a las empresas que contratan a gente desplazada […]. En principio, en la Argentina, se podrían hacer ese tipo de política. Pero somos un país pobre en términos de recursos. En la Argentina, no tenemos recursos fiscales como para crear un sistema de contención para los desempleados. Un cambio muy fuerte, inmediato, genera un problema de potencial descontento y de inestabilidad política que cuestiona la posibilidad de continuidad del cambio. Es una especie de trampa: la falta de recursos en general hace más difícil la transición» (La Nación, 31/5).
Transcribimos la cita anterior porque ilustra la serie de dudas y debates abiertos en el seno de la burguesía argentina. El primer elemento es delimitar que la reconversión operada por el modelo mileísta no plantea cambios de corto plazo sino a largo plazo, que podrían cambiar la estructura productiva y económica del país de forma más o menos permanente.
Una contradicción fundante es que el gobierno de Milei encara cambios económicos de largo plazo sin que esté claro que el mileísmo sea un proyecto político de largo plazo. Eso le da a todo el experimento un cariz de aventura económico-estratégica. Aquí se anudan diversas cuestiones. En primer lugar el capital político: poseer gobernabilidad y capacidad para controlar el descontento social a través de determinadas mediaciones, un elemento esquivo para un gobierno con poca capacidad para autorregularse.
El otro gran problema es propiamente económico. La mera destrucción no alcanza: es necesaria una política económica de fomento de nuevas ramas e industrias. Milei y los suyos siguen un dogma ridículo. Esperan que, a ciegas y como por arte de magia, vayan surgiendo las nuevas ramas de la economía en reemplazo de las destruidas. Los booms económicos del sudeste asiático y China implicaron una política guiada desde el Estado, este gobierno espera que las cosas pasen solas por las magias del mercado libre.
Pero también convergen en un mismo problema las determinaciones de la situación internacional y las transformaciones del capitalismo global. Allí entran las disquisiciones de los analistas burgueses sobre el experimento de la reconversión argentina en el espejo de otras reconversiones. La cita anterior lo compara al caso de EEUU. Lo cual no deja de ser significativo en la medida que Trump es el espejo político en el que Milei intenta medirse (con un alto elemento de deformación). EEUU viene atravesando un proceso de “reconversión” a partir de la globalización, contra el cual Trump reacciona hoy, intentando relocalizar industrias emigradas en las décadas pasadas.
Lo cierto es que, obviando las diferencias cualitativas y de proporciones entre dos economías que no tienen punto de comparación, la reconversión que plantea el modelo mileísta paar la Argentina es mucho más brutal. Va en contra del ordenamiento urbano y poblacional del país durante las últimas décadas, por no hablar de las tradiciones culturales y las conquistas político-sociales. Y, como señala la cita, Argentina no cuenta con un colchón de acumulación ni remotamente comparable al que tenía Estados Unidos (la primera potencia mundial durante el último siglo) para encarar una reconversión de este tipo (ni de cualquier otro).
La pregunta que surge de este panorama es, básicamente, ¿qué rumbo priorizará la burguesía argentina? No está para nada claro. Es evidente que un sector acompaña el rumbo mileísta a pie juntillas. Es el sector de los ganadores: los extractivistas, los especuladores y los parásitos novedosos como Galperín.
Menos clara parece la perspectiva para la burguesía tradicional industrial. Un sector de la misma parece dispuesto a reconvertirse, acomodando sus negocios a la nueva situación. Es el caso de varias empresas que en el último período reconvirtieron sus operaciones, abandonando la producción local para transformarse en meros importadores y distribuidores de mercancías extranjeras. Una suerte de darwinismo involutivo que calza para los sectores más cipayos.
Pero no parece posible que toda la burguesía industrial del país se reconvierta en el inmediato plazo. O, al menos, no sin perder una porción de las ganancias que desean obtener. Si así fuera, no estaríamos viendo desde hace meses un desfile más o menos constante de figuras de la industria local criticando más o menos abiertamente al gobierno. El caso emblema es el de Paolo Rocca pidiéndole a Macri que presente un candidato propio el año próximo.
Lo significativo es que, de una forma u otra, las dudas económicas reenvían en última instancia a las dudas políticas. La duda por la sostenibilidad de la fragmentación regresiva son inherentes a las dudas por la sostenibilidad de Milei en el plano político Una contradicción fundante del proyecto mileísta (una extrema derecha ultracapitalista y aperturista en tiempos de choques internacionales y proteccionismos) que el gobierno (y la burguesía argentina) están lejos de poder resolver.




