Los candidatos de la oposición

¿Quién es quién en las listas de «Juntos»?

Con caras nuevas y figuritas repetidas, se presentaron las principales candidaturas nacionales del PRO y la UCR. Entre el desprestigio de la gestión Cambiemos y la necesidad de renovar la imagen pública: ¿Qué expectativas y pretensiones políticas se expresan en los nuevos armados?



Juntos (ex JxC, ex Cambiemos) encara las nuevas elecciones con un dilema política. Es que, luego del desastre que significó la gestión de Macri para las condiciones de vida de millones de trabajadores y de las posiciones cuasi locoides en contra de la cuarentena y las vacunas durante el 2020, el armado de la derecha neoliberal debe buscar renovar su imagen con nuevas caras o candidatos que no estén, como suele decirse, «quemados» ante la opinión pública.

A sólo dos meses de las PASO, una de las pocas cosas claras en el ánimo popular es el hartazgo frente la batahola de candidatos y figuras que han desfilado por la política nacional en los últimos años, caídos casi todos en el descrédito y el rechazo por la situación social que atraviesa el país. Por detrás del debate de candidatos y figuras, lo que se expresa es la dificultad del macrismo para exponer de forma mínimamente convincente un programa propio frente a la crisis social y económica que significó la pandemia.

Como primera definición, queda claro que Juntos se decantó por darle prioridad al ala moderada del armado (Larreta, Vidal, Santilli, Manes) por sobre el ala más abiertamente reaccionaria (Bullrich, Carrió). Para tener un panorama más amplio de cómo encarará la campaña la derecha, desarrollaremos en esta nota algunos lineamientos de sus principales candidatos en el centro del país.

Manes: una nueva cara para la vieja tecnocracia neoliberal

Facundo Manes es sin duda la figurita nueva de la elección. Siendo un hombre de ciencia con una larga carrera en la divulgación científica y cierto prestigio internacional, aparece como una suerte de outsider en la escena política. Este es seguramente el perfil que la UCR pretende explotar de cara al electorado, proponiéndolo como un candidato nuevo, limpio de las manchas de la política tradicional y, especialmente, de responsabilidades sobre la gestión macrista de 2015 – 2019. Pero Manes no es, en realidad, ningún novato en sus relaciones con el Estado.

Es cierto que Manes no ha ocupado hasta el momento ningún cargo público. Pero eso no le ha evitado tejer relaciones desde la «comunidad científica» con el personal político de turno. En 2001 participó de la fundación del espacio «1810» junto a ex – miembros de la UCeDe. La plataforma del agrupamiento planteaba «refundar el país» pero a través del «cumplimiento de las exigencias fiscales del FMI». Una «refundación» que en realidad no era otra cosa que continuar con el statu – quo neoliberal de las últimas décadas.

En 2016 pasó a integrar un grupo de asesores especializados del gobierno de Vidal en la Provincia, con el objetivo de «estimular el capital mental de los niños». Ese mismo año, la fundación INECO, presidida por el propio Manes, firmó un convenio con el entonces Ministro Nacional de Educación, Esteban Bullrich, para crear el «Laboratorio de Neurociencias y Educación». Este organismo se dedicaría, a priori, a enlazar las tareas de docentes con las «neurociencias aplicadas».

Tras frases ambiguas y generalidades («cuidar el capital mental», introducir las «neurociencias aplicadas» en la educación obligatoria) la función concreta de la INECO y del propio Manes en su trabajo con el gobierno macrista tomó forma en medidas concretas de corte tecnocrático y neoliberal. En el mismo año de la ligazón de la INECO con los gobiernos de Provincia y Nación, se lanzó en la Capital dentro del Presupuesto 2017 la iniciativa de «modernización» de los hospitales monovalentes de la Ciudad (el Borda y el Moyano) y su conversión en un «Polo de las Neurociencias».

En los números concretos, esta «modernización» significaba en realidad un recorte drástico del presupuestos de los psiquiátricos porteños para áreas como internación, consultoría y externación (es decir, el pase de pacientes permanentes a tratamientos ambulatorios y, en última instancia, a su reinserción en la vida social externa a los hospitales monovalentes). De esta manera, se abría la puerta a la privatización de estos servicios en manos de clínicas psiquiátricas privadas. Al mismo tiempo, el presupuesto recortado para el tratamiento de pacientes se ampliaba para gastos de «investigación y docencia» y para la ligazón del «Polo de las Neurociencias» con el «Polo Farmacéutico» (que tiene sede en Lugano), creando lo que sería un «corredor medicinal».

Lo que buscaba la creación de este «corredor medicinal» era darle mayor injerencia a las empresas farmacéuticas dentro de la salud mental pública, abriendo marcha al crecimiento unilateral de las terapias farmacológicas en detrimento de enfoques multidisciplinarios y la conexión de los pacientes psiquiátricos con su entorno social. ¿El objetivo? Convertir a los pacientes psiquiátricos crónicos en material de laboratorio para las «tareas de investigación y docencia», es decir, poner a pacientes crónicos en situación de disponibilidad para la realización de pruebas farmacológicas sobre humanos.

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Esta unión de criterios aparentemente científicos (el desarrollo de la investigación, la «modernización» de los criterios utilizados por el Estado en salud y educación) con medidas de ajuste neoliberal (recorte del gasto público) se repite en todas las intervenciones de Manes en la escena política. La figura de Manes demuestra que no hay «criterio científico» que pueda hacerse valer en lo política por fuera de los intereses sociales (es decir, de clase) que dichos criterios encarnan. Si la ciencia está puesta al servicio de las empresas farmacéuticas que hacen negocios con la vida de sus pacientes, se está muy lejos de cualquier avance o «modernización» que pueda ser progresivo para la enorme mayoría de la población trabajadora.

Santilli: el candidato de Larreta

Diego Santilli se ha impuesto para la Provincia de Buenos Aires como el candidato del ala «moderada» del macrismo, encabezada por Larreta. El hasta hace pocos días Vice Jefe de Gobierno de la Capital tiene una larga trayectoria dentro del PRO y en su gestión de la Capital. Estuvo entre los fundadores del espacio en 2005, luego de desertar del PJ porteño. Ocupó diversos cargos de relativa importancia (Director del Banco Ciudad, senador, legislador, director de Planeamiento Estratégico en la Secretaría de Producción y Servicios, coordinador de la Dirección General de Administración) hasta escalar al Ministerio de Ambiente entre 2009 y 2013 y, finalmente, al cargo de Vice Jefe de Gobierno durante dos mandados consecutivos (2015 – 2021).

Su perfil político es similar al de Larreta: neoliberal de centro – derecha, moderado. Pero, con una menor exposición mediática y menor peso como figura, le suma su carácter de «hombre de Estado»: un verdadero arribista de la política, que se instala en cuanto cargo encuentre a su paso. Su traspaso de Ciudad a Provincia puede explicarse por dos motivos. Por un lado, su imposibilidad de candidatearse a cargos ejecutivos en la próxima elección de 2023 por haber sido Vice Jefe de Gobierno dos veces consecutivas.

Por otro lado, el macrismo ha echado mano de Santilli en la busca de presentar un candidato que no esté «quemado» en la Provincia, ya que tanto Vidal como Macri (principales figuras por fuera de Larreta) han quedado enormemente desprestigiados ante los ojos de los millones de trabajadores del Conurbano luego del brutal ajuste efectuado en la gestión de 2015. La competencia con el FdT en la Provincia será seguramente difícil para el macrismo, pero el terreno bonaerense tiene un peso ineludible si el armado de Juntos espera tener alguna pretensión presidenciable de cara al 2023.

En todo caso, lo que expresa la candidatura de Santilli es la continuidad con el proyecto político de Larreta y el ala «moderada» del macrismo: un neoliberalismo de buenos modales, dispuesto a entregarle todo a los empresarios, a hacer descender las condiciones de vida de los trabajadores todo lo que sea posible a través del recorte presupuestario y de dar vía libre a los designios patronales. Es un candidato plenamente empresarial, que en su gestión en el Gobierno porteño se vio envuelto en sendos escándalos de corrupción relacionados a la licitación de obras públicas en manos de empresarios amigos (caso «La Usina», caso «Paseo del Bajo»).

Vidal: la candidata fuerte del PRO para preservar la Capital

En la Capital, la candidata del larretismo será María Eugenia Vidal. Tras largas polémicas y debates, Vidal se impuso sobre Bullrich, la candidata de Macri. Lo que terminó de inclinar la balanza hacia la ex – gobernadora bonaerense fue la idea de no reducir los votos de Juntos a la base macrista recalcitrante, el sector de las clases medias reaccionarias que representa Bullrich. Larreta espera que Vidal pueda ampliar esa base electoral hacia el sector de los famosos «indecisos» y robar algo del voto kirchnerista aprovechando el poco entusiasmo que ha generado, hasta el momento, la gestión de Alberto Fernández.

Sin embargo, esto no quita que el centro de la campaña de Vidal sea justamente el voto de la clase media – alta de la Capital. En un claro guiño a este sector, Vidal eligió lanzar su candidatura en el barrio norteño de Belgrano, junto a sus principales candidatos a legisladores y diputados. Entre ellos se cuenta, por ejemplo, el nauseabundo Fernando Iglesias, que intentará renovar su banca. También se integró a la boleta a candidatos de la UCR, la Coalición Cívica y el sector de Bullrich (como la politóloga Sabrina Ajmechet).

Tras un año y medio en que la crisis de la pandemia sacudió a los barrios populares de la Capital (con contagios masivos en las villas del sur porteño, y casos emblemáticos de desidia gubernamental como la muerte de la militante barrial Ramona en la Villa 31), el PRO da cuentas, tras las sonrisas y los globos de colores, de su clásica sensibilidad oligarca. No podía esperarse mucho más de la candidata que, en sólo cuatro años de gestión, logró ganarse el rechazo de franjas masivas de la población bonaerense, como los trabajadores del Estado y de la Educación. Menos recalcitrante que Bullrich y también menos moderada que Santilli, la de Vidal anticipa ser una candidatura PRO old school.

López Murphy: la vuelta de uno de los culpables de la crisis del 2001

Hace pocas horas, López Murphy inauguró su campaña a diputado porteño cuestionando la existencia de los 30.000 desaparecidos fruto de la última dictadura militar: «ese número se acordó en una mesa», declaró. Lejos de desentonar con su trayectoria anterior, estas declaraciones son parte del perfil de uno de los exponentes del negacionismo argentino.

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Ministro de Economía de De La Rúa en el 2001, López Murphy sumó un granito de arena bastante significativo para agudizar y hacer estallar la última gran crisis social del país. Tras asumir su cargo, anunció un paquete de ajuste que implicó un recorte de 1.900 millones de pesos, con medidas tales como «anulación de pensiones y sistema de becas estudiantiles, achique y recorte en los programas sanitarios por 50 millones, un aumento del IVA del 15 al 21 % para espectáculos culturales (fútbol, teatro y cine), eliminación de ayuda a productores rurales de siete provincias por 180 millones, despido de 40.000 empleados públicos, recortes en las indemnizaciones por despido; privatización de empresas públicas» y recortes en las jubilaciones.

Posteriormente, anunció un paquete de ajuste a la educación pública y especialmente a la educación superior. Pero el rechazo estudiantil y popular a esta medida obligó la renuncia de López Murphy tan sólo 15 días después de haber iniciado su mandato.

La vuelta a la escena pública de un personaje como López Murphy expresa las aspiraciones del sector más reaccionario del establishment político: cuestionar los consensos sociales y democráticos conquistados por las masas argentinas post – Argentinazo. Uno de ellos es la condena social de la última dictadura y la exigencia de justicia ante los crímenes de lesa humanidad. Pero esto se extiende a todos los problemas de la sociedad: la economía, los salarios, el derecho al trabajo, el rechazo de los paquetes de ajuste similares a los del 2001 y que la clase obrera argentina volvió a rechazar en las movilizaciones de diciembre del 2017.

Rubinstein: macrismo aggiornado

Cerrando la interna de Juntos en la Ciudad aparece la lista de Adolfo Rubinstein, ex – Ministro de Salud de Macri (y Secretario de Salud post recorte de ministerios de Macri). Rubinstein aparece como la expresión porteña del radicalismo, intentando repetir lo que la candidatura de Manes hará en la Provincia.

En este sentido Rubinstein hizo alusión al «radicalismo 2.0» que expresarían Manes y él mismo, y que apuntará a «un electorado más progresista» preocupado por «la salud y la educación». Traducido al criollo, este radicalismo 2.0 es el intento de la UCR de revivir políticamente luego de haber quedado pegada al macrismo y dilapidar un siglo de trayectoria política como segundo partido del país (trayectoria ya golpeada por el desastre del gobierno de la Alianza y su derrota por el Argentinazo, sin embargo).

Pero las ínfulas progresistas de Rubinstein tienen patas cortas si se tiene en cuenta, justamente, que formó parte de la gestión de Macri en el área de Salud, una de las más recortadas por el ex – presidente. Basta recordar el bastardeo de la Salud a la categoría de mera Secretaría o los despidos de enfermeros en hospitales como el Posadas. Lejos de negarlo, Rubinstein ha reconocido públicamente que «la salud nunca fue una prioridad para los gobiernos de los últimos 70 años»… aunque él mismo ha formado parte de uno de ellos.

De cara a las legislativas, Rubinstein intentará seguramente dividir el voto macrista moderado y captar algunos de los votos de kirchneristas indecisos. Pero para hacer frente a la enorme crisis social y económica que atraviesa el país no alcanza con «radicalismo 2.0» ni progresismo discursivo, hacen falta medidas concretas que ataquen los privilegios de los empresarios y prioricen los intereses de los millones de trabajadores que han sido golpeados por la pandemia. Como todos los candidatos de Juntos, Rubinstein se alinea sin dudar del lado de los empresarios.

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