Días atrás uno de los empleados preferidos de la derecha reaccionaria, un “periodista” entrenado para decir diez provocaciones por segundo, formuló una pregunta que pretendió ser chicana en el marco de un cacerolazo educativo en defensa de la universidad pública: ¿usted es una de las famosas anticapitalistas? Sin darse cuenta, abrió con eso la puerta a un intercambio que lo dejó perplejo y expuesto a los ojos de toda Argentina y América Latina. Un sencillo detalle desarmó sus expectativas y, por ende, su tantas veces repetida línea argumental: frente a sí encontró una joven estudiante que respondía con una sonrisa y tono tranquilo ¿Cómo es esto, una anticapitalista que sonríe?
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Más allá de lo anecdótico, la pregunta merece ser examinada. Se trató no sólo de una chicana sino, quizás inconscientemente, de un reconocimiento: el anticapitalismo ya ocupa un lugar propio en la realidad política argentina, de la mano del ¡Ya Basta! que se está transformando en la agrupación estudiantil de izquierda más importante del país. Por eso es hora de que los anticapitalistas digamos quiénes somos, qué causas defendemos y cuáles son nuestras aspiraciones, en un llamado a toda la juventud estudiantil y trabajadora a organizarse con nosotres.
¿Quiénes son los famosos anticapitalistas?
En el mundo, cada vez somos más quienes nos identificamos con el anticapitalismo como identidad política. Somos esa juventud que se organiza por la defensa del planeta, como hace Greta Thunberg; que protesta en contra de los billonarios que disfrutan de lujos obscenos mientras los trabajadores precarizados pasan penurias, como hacen los jóvenes en EEUU; que rechaza el genocidio del pueblo palestino y construye la solidaridad internacional, como los jóvenes y trabajadores en Italia con sus huelgas generales; que lucha contra la precarización laboral como hacen los repartidores del SiTraRepA; somos parte del movimiento feminista que se moviliza por los derechos de las mujeres y diversidades; que pelea en defensa de la universidad pública. Hay anticapitalistas en todos los rincones y cada vez más: lo que necesitamos es ser conscientes de nuestros objetivos y, más que nada, ser anticapitalistas juntos, es decir, ¡organizarnos!
Eso es lo que hacemos en Argentina con el ¡Ya Basta!, una agrupación estudiantil de alcance nacional, la más importante agrupación de la juventud de izquierda, la que organiza los Campamentos Anticapitalistas, que empezaron a ganarse su fama irritando a todo facho de las redes y los medios por su mero nombre. También nos organizamos con el Nuevo MAS, un partido de trabajadores y trabajadoras, que se organiza por la revolución socialista y tiene como referente a Manuela Castañeira, “la presidenta del anticapitalismo”.
¿Por qué anti-capitalistas? ¿Por qué luchamos?
Empecemos por decir lo que es más obvio: el anticapitalismo se opone al capitalismo. Ahora bien, el tema es más complicado de lo que parece a primera vista. La ultraderecha, que es nuestra adversaria más directa, en todo momento busca sembrar confusión: el capitalismo es tecnología, riqueza, progreso, dicen, por ende el anticapitalismo es pobreza, artesanado, estancamiento ¡Falso y recontrafalso!
El capitalismo es un sistema de explotación y desigualdad. El 1% de la población concentra en sus manos la gran propiedad, la industria, los campos, los bancos, los yates y los aviones. El 99% trabaja a cambio de un salario que le alcanza para un poquito más o menos, según el lugar del mundo. El 1% tiene derecho al tiempo libre, el 99% vive para trabajar.
Los trabajadores, bajo el sistema capitalista, son quienes producen todo lo que usamos en nuestra vida cotidiana: los celulares, computadoras, la ropa, el alimento. Los anticapitalistas no nos oponemos al fruto del trabajo humano. Los anticapitalistas celebramos a la tecnología y la ciencia puestas al servicio de las necesidades humanas. Los anticapitalistas queremos que las maravillas del mundo moderno estén al alcance de todes: queremos para todes el tiempo libre, la libertad de decidir qué queremos hacer con nuestras vidas, el arte y la cultura, el acceso al conocimiento, a conocer el mundo.
Lo que sí rechazamos es la producción al servicio de la ganancia que en su camino destruye al planeta y las vidas de los trabajadores. Rechazamos la explotación laboral que hace que unos pocos se enriquezcan a costa del esfuerzo de las mayorías y que reduce a los trabajadores a ser una mercancía, que se puede usar y luego desechar cuando ya no le sirve al patrón. Rechazamos las guerras y ataques imperialistas con las que unos Estados capitalistas buscan someter a otros menos poderosos y arrebatarles a los pueblos su soberanía.
Los anticapitalistas somos gente común: estudiamos, trabajamos, tenemos celulares y usamos las redes sociales, sonreímos, nos reímos, salimos con amigues. Queremos que todes podamos expresar libremente nuestras identidades, en nuestros lugares de estudio y de trabajo, en la escena pública. Queremos construir la solidaridad frente a la ideología capitalista que fomenta el individualismo y la competencia; queremos relaciones igualitarias, de respeto y amor mutuo, queremos terminar con la opresión de género y toda forma de racismo o discriminación.
Para eso, la política es nuestra herramienta. Queremos que el debate político llegue a cada rincón, porque queremos que todos seamos parte de discutir y organizarnos por el mundo y la sociedad que queremos. Buscamos que el poder deje de estar en manos de un puñado de empresarios y de políticos conservadores, queremos que el poder esté en manos de las y los trabajadores, que son quienes mueven el mundo.
¿Qué diferencia a los anticapitalistas de la ultraderecha y de los partidos de centro?
Los anticapitalistas somos el opuesto de los gobiernos y partidos de ultraderecha, que son lo más capitalista que hay, y buscan en cada rincón del mundo aumentar la explotación de los trabajadores y quitarnos los derechos que venimos conquistando con nuestros movimientos de lucha. Impulsamos la lucha en las calles para frenar a los Trump, Milei, Bolsonaro, que nos quieren llevar de vuelta a la esclavitud laboral y a las relaciones sociales del medioevo, que son oscurantistas y por eso atacan a la ciencia y la educación, que fomentan el odio hacia las mujeres y diversidades, que ven a los trabajadores como un engranaje más de la máquina y que quieren “descartar” a los jubilados y los discapacitados. La ultraderecha muestra al capitalismo en su esencia y en su forma más extrema y amenaza con llevarnos a una distopía hecha realidad.
Por su parte, los partidos de centro o centro-izquierda propagandizan un capitalismo con rostro humano, pero esto es imposible. Para empezar, estos espacios políticos son quienes dejan pasar todos los ataques de la ultraderecha, como hace el peronismo en Argentina con Milei: lo deja gobernar y avanzar con sus ataques más reaccionarios, como la reforma laboral. Inclusive sus referentes dicen que si asumieran la presidencia dejarían todo lo que ya hizo Milei tal como está, igual que viene de hacer Lula en Brasil. Pero además, nunca puede existir un capitalismo sin explotación. Apoyar la continuidad del capitalismo es apoyar que sigan existiendo por un lado, empresarios y por otro, trabajadores; que siga estando el poder del Estado en manos de unos pocos; que siga existiendo una policía que reprime a quienes luchan y una Justicia que protege solo a los ricos.
Los anticapitalistas queremos un cambio de fondo en el sistema, y queremos que ese cambio se dé en el mundo entero. No acordamos con quienes nos proponen conformarnos con migajas y nos dicen que es imposible luchar por otra cosa.
¿Y ser anticapitalista, es también ser comunista?
Somos comunistas en el sentido original de Karl Marx, el organizador de la Primera Internacional Comunista, el pensador y militante que escribió el Manifiesto Comunista y El Capital. Marx teorizó que lo que define a las sociedades humanas es el modo en que se organizan las personas para producir todo aquello que necesitan las personas para vivir. El capitalismo es un modo de producción que divide a la sociedad en dos grandes clases: la clase poseedora de los medios de producción y la clase trabajadora. El Estado es la herramienta política por la cual la clase poseedora, los grandes empresarios, mantiene la opresión sobre los trabajadores y trabajadoras.
Para Marx, una sociedad comunista es una sociedad sin división en clases y sin un Estado opresor. Eso es también lo que buscamos los anticapitalistas. Y por eso rechazamos al estalinismo de la Unión Soviética, y consideramos que la Cuba de Fidel o la China de Mao no fueron nunca auténticamente comunistas.
Los anticapitalistas queremos una revolución socialista que ponga a los trabajadores y trabajadoras al frente de gobernar la sociedad de manera libre y democrática. Y queremos que la economía sea planificada de acuerdo a las necesidades humanas y al cuidado del medioambiente, en lugar de gestionarse para generar ganancias extraordinarias para unos pocos. Queremos vivir en un mundo sin explotados ni oprimidos, el verdadero reino de la libertad y la igualdad, y sabemos que está en nuestra manos construirlo.
¿Cómo puedo yo también ser parte del anticapitalismo?
Si llegaste hasta acá y te sentiste identificado con estas ideas, hay un lugar para vos en el ¡Ya Basta!, la juventud anticapitalista, y en el Nuevo MAS. Acercate a la mesa del ¡Ya Basta! en tu facultad, escribinos a nuestras redes sociales, sumate a nuestras reuniones abiertas y plenarios. Buscá las banderas del ¡Ya Basta!, de Tinta Roja, de Las Rojas y del Nuevo MAS en cada movilización ¡Sumate a militar con nosotres para dar vuelta todo!




