¿Qué es el CONICET y por qué Milei lo ataca?

La existencia del CONICET es una conquista científica y social de la clase trabajadora, al igual que la Universidad Pública y gratuita. Juntas constituyen un sistema científico y cultural que nutre desde hace décadas la educación pública y la vida social del país.

Desde la asunción de Javier Milei, el sistema científico argentino atraviesa un fuerte ajuste presupuestario y laboral.  Detrás de las cifras de despidos, becas que no se renuevan y proyectos sin financiamiento existe algo mucho más concreto: una estructura científica construida durante décadas, que produce conocimiento en áreas que van desde la salud y la tecnología hasta las ciencias sociales y las humanidades.

Para llevar adelante el plan de ataque económico y político contra el sistema científico y, en particular, contra el CONICET, la extrema derecha ha montado distintos discursos reaccionarios que buscan desprestigiar y deslegitimar la carrera científica. Por ejemplo, montando fake news y recortes malintencionados que tergiversan proyectos de investigación, para generar dudas sobre su utilidad como bien social. Por eso resulta importante repasar qué es el CONICET y qué actividades desarrolla.

No se trata de un organismo estatal más que emplea científicos, sino que es una forma institucional de organizar colectivamente la producción de conocimiento. Su desfinanciamiento implica, además de la pérdida de los puestos de trabajo, el debilitamiento de la capacidad social de construir conocimiento. Se trata de un sistema que articula investigadores, profesionales y técnicos de apoyo, personal administrativo y, fundamentalmente, becarios doctorales y posdoctorales.

Las becas permiten que jóvenes profesionales se incorporen a equipos de investigación, desarrollen sus propios proyectos y se formen como investigadores mientras realizan sus doctorados o posdoctorados. A su vez, esos becarios trabajan bajo la dirección de investigadores ya formados y dentro de institutos y equipos donde se producen investigaciones, publicaciones, desarrollos tecnológicos y conocimiento científico. Por eso, las becas no constituyen un elemento aislado del sistema ni un simple mecanismo de asistencia económica: forman parte de la estructura mediante la cual el sistema científico se sostiene, se reproduce y garantiza su renovación generacional. Atacar este organismo atenta contra una construcción de décadas.

Una conquista cultural con décadas de desarrollo

El Consejo Nacional de Investigaciones Científicas y Técnicas (CONICET) fue creado a principios de 1958, respondiendo a la demanda de constituir un organismo académico que impulsara y promoviera la investigación científica y tecnológica del país. Su primer presidente fue Bernardo Houssay, premio nobel de medicina en 1947. Hoy integra investigadores de todas las áreas disciplinarias, quienes desarrollan sus tareas mayormente en Universidades Nacionales, organismos de investigación en ciencia y tecnología, entre otras. Fue antecedido por el CONITYC (Consejo Nacional de Investigaciones Técnicas y Científicas), creado en 1951. La principal diferencia entre uno y otro, es que el CONICET tiene una red más estable que no solo organiza la investigación, sino que constituye un mecanismo para la producción y reproducción de la misma.

La actividad del organismo abarca cuatro grandes áreas: Ciencias Agrarias, de Ingeniería y de Materiales; Ciencias Biológicas y de la Salud; Ciencias Exactas y Naturales; y Ciencias Sociales y Humanidades. El organismo también desarrolla actividades vinculadas con el desarrollo tecnológico y social y con proyectos complejos. Dentro de esas categorías aparentemente abstractas existe una enorme diversidad:

En Ciencias Biológicas y de la Salud conviven disciplinas como ciencias médicas, biología, bioquímica, biología molecular y veterinaria. En las Ciencias Exactas y Naturales aparecen la matemática, la física, la química, la astronomía y las ciencias de la Tierra, el agua y la atmósfera. En las áreas sociales y humanísticas se investigan, entre otras cuestiones, derecho, ciencias políticas, lingüística, literatura, filosofía, historia, geografía, sociología, comunicación, economía, psicología, antropología y educación.

Es decir, que cuando se habla de “ciencia” no se está hablando únicamente de tubos de ensayo, microscopios o computadoras procesando datos: también se investiga cómo funciona una sociedad, cómo se transforma una lengua, cómo surgen las desigualdades, cómo aprenden los niños, o incluso el impacto de las transformaciones arquitectónicas.

La ciencia también produce conocimiento sobre nosotros mismos, sobre las ciudades donde vivimos y sobre las sociedades de las que formamos parte. Esto último es importante porque escapa a la concepción mercantil de la producción de conocimiento e involucra áreas cuyo beneficio económico es difícil de medir.

En ese sentido, la pregunta por la utilidad puede ser legítima, pero para contestarla es necesario desligar la “utilidad” de la ganancia. No toda actividad humana puede ser medible y cuantificable en términos económicos propiamente dichos: problematizar el mundo en el que el ser humano vive, buscar una comprensión profunda de la sociedad o conocer la flora y fauna de diversos biomas, sus complejidades y el cuidado hacia el ambiente tiene, en sí mismo, un valor incalculable.

Hay una manera de observar físicamente todo ese trabajo: entrar al repositorio institucional CONICET Digital. Un espacio creado para reunir, registrar, divulgar, preservar y dar acceso público a la producción científico-tecnológica realizada por investigadores, becarios y demás integrantes del organismo. Dicho archivo cuenta con 288.166 títulos publicados y 294.873 autores, que constituye una gran base de datos que se alimenta de las producciones cargadas en SIGEVA por los investigadores y que son compilados, unificados y curados por personal capacitado. Se trata de una plataforma de acceso gratuito y abierto que permite recuperar trabajos para investigación, docencia y estudio. Allí se encuentran artículos científicos, tesis, libros, capítulos de libros, trabajos presentados en eventos y datos de investigación, además de contar con material audiovisual.

A través de la difusión, la investigación científica nos invita a redescubrir esos lugares comunes, cotidianos. Mar del Plata y toda la costa atlántica recibe cada año cientos de miles de turistas, podría pensarse que no hay nada nuevo que ver ahí. Sin embargo, en 2025 el streaming de la expedición marina que realizó el CONICET junto a la ONG Schmidt Ocean Institute, alcanzó los 3.900 metros en la profundidad del cañón submarino a solo 300 km de la costa bonaerense y descubrió 40 nuevas especies marinas. Obtuvo más de 18 millones de visualizaciones. Esta transmisión generó tal impacto que produjo una resignificación simbólica que se expresó en memes, remeras, playlist, stickers de la estrella culona: la expedición marina cautivó a millones de personas.

¿Por qué es importante defender el CONICET de los ataques de Milei?

En un mundo plagado de disputas, donde la extrema derecha -incluido el gobierno de Milei- niega el cambio climático y avanza sobre la barrera de la naturaleza generando ecocidios, poniendo en peligro la vida de diversas especies y amenazando a las comunidades más vulnerables, desde la ciencia se genera preguntas, se plantea líneas de investigación y se produce conocimiento que incomodan a gobiernos y que ponen un límite a los intereses capitalistas. Pero para que eso siga ocurriendo, la investigación científica debe mantenerse independiente de los intereses capitalistas.

La existencia del CONICET es una conquista científica y social de la clase trabajadora, al igual que la Universidad Pública y gratuita. Juntas constituyen un sistema científico y cultural que nutre desde hace décadas la educación pública y la vida social del país. El conocimiento no es un estado rígido que se alcanza, funciona por acumulación y necesita de la elaboración constante y de nueva evidencia que ponga en tensión lo anterior. Necesita un pensamiento crítico que cuestione lo establecido, todo lo contrario de lo que busca el oscurantismo del que forma parte el gobierno de Milei y el ultracapitalismo al que representa.

El ser humano tiene en sí mismo las capacidades para desarrollarse y transformar el mundo que habita (respetando el equilibrio metabólico entre la naturaleza y la sociedad). La humanidad tiene en sus manos la posibilidad de liberar todo ese potencial para disfrutar plenamente de las maravillas de la naturaleza, contemplar sus paisajes, comprender de forma cada vez más profunda el mundo en el que vive y transformar las condiciones de su existencia. Para eso no alcanza con producir conocimiento: es necesario democratizar su acceso, desplazar las barreras económicas y sociales que lo convierten en un privilegio y poner las capacidades científicas y culturales de la sociedad al servicio de todos. Defender el CONICET es, también, defender esa posibilidad: la de una humanidad que no se resigna a aceptar el mundo tal como está, sino que se organiza colectivamente para conocerlo, transformarlo y hacerlo cada vez más habitable y más libre.

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