Historia presente

    Puebladas masivas: Argentina después del Cordobazo

    El Cordobazo despertó sucesivas oleadas de movilizaciones masivas en todo el país. Trabajadores y estudiantes pusieron en jaque al régimen militar.

    Ana Vázquez
    Redacción Semanario Socialismo o Barbarie.


    El Mendozazo

    Se repitieron en algunas provincias y en otras, aunque fueron menores en número de participantes por ser de localidades de provincias con menor densidad de población, no lo fueron en combatividad ni en composición social: trabajadores/as, estudiantes, sectores populares empobrecidos en la primera línea de combate. Se sumaron combates contra gobernadores o intendentes impuestos por la dictadura en el lugar y también abarcaron demandas contra la represión.

    Experiencias que tuvieron el contrapeso de no tallar en el gran cordón industrial del Gran Buenos Aires ni en las Universidades al mismo nivel, aunque sí hubo movilizaciones de una vanguardia masiva. Razón que, nos parece, es atribuible al fuerte peso de las conducciones sindicales peronistas burocráticas que controlaban más férreamente al movimiento obrero. Aunque sí había un movimiento por abajo, las duras derrotas infligidas previas a los “azos” estaban pasando factura a los luchadores independientes.

    Algunos fuegos que incendiaron la pradera en el interior del país

    Hubo más de una decena de éstos. Los más importantes fueron el Segundo Rosariazo en setiembre del 69 y el Segundo Cordobazo en marzo del 71.

    Pero en el medio y posteriores, hasta la caída de la dictadura, hubo varios fuegos cruzados. En esta oportunidad nos queremos referir a tres de ellos que nos parecen emblemáticos. Uno en una ciudad capital de provincia y otros dos de localidades del interior de provincias, pero que tomaron demandas centrales de los/as trabajadores/as y la juventud y tuvieron el mismo nivel de apoyo popular y de combatividad.

    El primero de ellos fue el Mendozazo, en abril de 1972. Comenzó el 2 de abril en la capital de la provincia y las zonas cercanas, con una manifestación frente a la Casa de Gobierno para oponerse a un aumento del ¡300%! en las tarifas de electricidad. Fue convocada por una organización denominada Coordinadora No Pague La Luz, para que no quedaran dudas del motivo de la concentración.

    Para el día 4 de abril estaba decretada por la CGT una huelga general en todo el país. Esa convocatoria fue el llamado necesario para que confluyera allí el reclamo masivo de obreros/as y estudiantes y se incorporaran todas las demandas por abajo que bullían y tuvieron su efervescencia a partir de ese día y por cuatro días. El gobernador Francisco Gabrielli, que era un histórico dirigente del Partido Demócrata, de orientación conservadora, actuó como un verdadero jefe del Ejército. Reprimió ferozmente, dejando cientos de heridos y un trabajador muerto.

    A pesar de la represión, la ciudad seguía en poder de los manifestantes. El gobierno nacional lo echó a patadas al gobernador y declaró a la provincia “en emergencia”. Pero no bajaron el decreto de aumento de la electricidad, que había sido el detonante. La CGT local decretó el paro en la provincia y una multitud concurrió al entierro del trabajador muerto en las calles, Ramón Quiroga. Esa misma multitud se multiplicó en las localidades vecinas de Guaymallén y Las Heras y las calles fueron de los manifestantes los dos días siguientes. Hubo más muertos, entre ellos el joven estudiante Luis Mallea, de 18 años.

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    El coraje y firmeza de la pelea hizo que la dictadura anulara el aumento de las tarifas eléctricas. Sólo así pudieron apagar las llamas. Un triunfo que no fue poca cosa, una pelea histórica que templó a una amplia vanguardia.

    Otra jornada histórica fue el Animanazo, en Salta. La pueblada se inició el 18 de julio de 1972. Arrancó de un conflicto de los obreros vitivinícolas de las Bodegas Animaná por varios meses de salarios adeudados. Era la fuente de trabajo más importante de la localidad.

    Y la respuesta fue fuerte y de toda la comunidad. En asamblea de la población se decidió ocupar la bodega, exigir su expropiación. Pero como no se “andaban con chiquitas”, también tomaron la Municipalidad, y al día siguiente instalaron una barrera en la ruta nacional 40, para pedir colaboración a los conductores para sostener las medidas tomadas. Y por votación de la asamblea pusieron en el cargo de intendente al sindicalista Inocencio Ramírez.

    Como los jefes militares ya “algo habían aprendido”, iniciaron primero negociaciones. Pero en el medio de éstas, como buenos represores “de ley”, detuvieron a los principales sindicalistas: el intendente electo Inocencio Ramírez y Pablo Ríos. Fue la mecha que volvió a encenderse con un paro de todos los lugares de trabajo, incluidos los comercios, movilización de toda la población hacia Cafayate, para exigir la libertad de los detenidos. La libertad fue otorgada al día siguiente. Con este triunfo en la mano, siguieron las negociaciones por el resto de las demandas.

    El Trewelazo fue una movilización de otro “tono”, pero no por eso menos importante. Al revés, puso a la vista de todos los que la quisieran ver, la entrega y la fuerza de los/as luchadores/as. Eran de los que se jugaban hasta el final. Y así lo hicieron estos “insurrectos/as” que se levantaron contra los crímenes de la dictadura.

    El 15 de agosto del 72, fueron asesinados 16 militantes políticos, que se habían evadido del penal de Rawson y no pudieron subir al avión que los esperaba y fueron acribillados en la Base Naval Almirante Zar, hecho conocido como la Masacre de Trelew.

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    Ese mismo día, mientras los militares reprimían a mansalva, la población protegió y colaboró con los evadidos. Era algo que los militares no se lo perdonaron. La solidaridad de clase es un delito grave para nuestros opresores.

    El Trelewazo

    El 11 de octubre del mismo año organizaron la represalia contra la población solidaria. Le pusieron el adecuado nombre de “Operación Vigilante” y el V Cuerpo de Ejército la llevó adelante. Empezaron en las primeras horas de la mañana a allanar y requisar a cientos de viviendas, maltratando a sus ocupantes y finalmente, detuvieron a 18 personas, trasladándolas a la Base Aeronaval Almirante Zar y luego a la cárcel de Devoto. Por supuesto, sin ninguna orden judicial ni ninguna razón valedera. Sólo la represalia a la población solidaria.

    Pero lo que no sabían es que la población no había sido solidaria una sola vez. Se volcó a las calles en forma masiva, con una marcha descomunal que culminó en una Asamblea Popular multitudinaria que exigió la inmediata libertad de los detenidos. Y continuó la ebullición popular por varios días, expresados en paros, marchas, mientras mantenían negociaciones por la exigencia de liberación de los detenidos. A los pocos días lo lograron. No fue magia. Una vez más, la unidad y la solidaridad obrera y popular lo hicieron.

    La lucha es contra el capitalismo y todas sus “pandemias”

    Las reflexiones sobre acontecimientos de la lucha de clases pasada, aunque no sean idénticos ni similares, nos ayudan a ubicarnos frente a dificultades que aún hoy enfrentamos. ¡Y cómo!  La lucha por la independencia sindical y política de los trabajadores y sus aliados está tan presente y necesaria como hace décadas. Y no es por azar. Es por la vigencia del dominio burgués, en todos sus tonos, en la conciencia de los trabajadores/as, aun muchas veces en los más abnegados/as luchadores/as.

    Esa lucha por la conciencia es una pelea tan necesaria como lo fue hace más de 50 años. Tiene otras formas, pero el mismo color: el de la opresión capitalista y patriarcal sobre los explotados y oprimidos.

    El nuestro es el de los elefantes de Neuquén, de los jóvenes contra la judicialización de los 27 estudiantes de la Universidad de Córdoba, de los familiares y jóvenes que exigen Justicia por Facundo Castro. Y muchos más. Los que tienen el color de nuestra clase y sus aliados.

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