Primeras consecuencias del paro: el gobierno tuvo que posponer la sesión porque no cuenta con los votos

El gobierno se vio obligado a suspender la sesión en Diputados que iba a tratar la Ley ómnibus. A la vez, se destapa una escándalo tras otro, como la modificación del dictamen después de su votación en comisiones.

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sesión diputados

Mientras en la Plaza de los Dos Congresos se congregaban medio millón de trabajadores en repudio al DNU y la Ley Ómnibus de Javier Milei, el gobierno se vio obligado a suspender la sesión prevista para este jueves por no contar todavía con los votos necesarios para la aprobación de la ley.

A pesar de que en la madrugada del miércoles el oficialismo había hecho un simulacro de triunfo legislativo logrando dictamen del proyecto, con el correr de las horas se desató un verdadero escándalo cuando el supuesto dictamen firmado por los legisladores no aparecía por ningún lado. Para peor, cuando finalmente apareció, se le habían realizado modificaciones de manera irregular. Hasta la «oposición» más dialoguista que pretende colaborar con sus votos tuvo que frenar el bochornoso (e ilegal) operativo.

Según trascendió en algunos medios, el «nuevo» dictamen habría sido reescrito por la madrugada en un departamento de Recoleta, por un grupo muy reducido de legisladores de cada uno de los bloques. Es el summum de lo casta.

Es que el oficialismo sólo había logrado reunir 20 firmas (18 de LLA y 2 del PRO), mientras que las 34 restantes habían sido firmas «en disidencia parcial», en dos puntos clave para el paquete fiscal que busca aprobar el gobierno, en referencia a las jubilaciones y las retenciones.

Este dictamen trucho para lo único que le sirvió fue para evitar lo que hubiera sido una humillante derrota parlamentaria si el bloque de Unión por la Patria conseguía dictamen propio, de rechazo a la Ley. Pero aun así al oficialismo no le alcanza para darle media sanción al proyecto cuando se trate en el recinto.

El gobierno intentó minimizar el impacto del paro general, pero lo cierto es que la confirmación de que se suspendía la sesión en medio de la jornada huelguística y la masiva movilización tuvo un efecto moralizador para los millones de trabajadores que se sumaron a la acción en todo el país.

Que este cachivache legislativo explote justo en simultáneo con el paro tampoco es casualidad: lo de ayer fue sólo una primera muestra de la fuerza de la clase obrera en caso de que continúen la avanzada reaccionaria y los ataques contra los trabajadores. Para el gobierno fue una primer «mini-crisis» política: la plaza reventada de laburantes, la sesión caída y las negociaciones con los demás bloques más estancadas que otra cosa. Entonces decidieron poner a twittear a «Toto» Caputo, con vaya a saber qué autoridad política, a explícitamente amenazar a los gobernadores con que, si no aparecen los votos para la Ley ómnibus, se recortarán partidas destinadas a las provincias. Los gobernadores de Córdoba y Santa Fe, que les encantaría poder colaborar más fluidamente con Milei, no lo tomaron muy bien.

Para empeorarle las cosas al oficialismo, el paro también tuvo impacto en el frente judicial: mientras una jueza de primera instancia confirmó la suspensión de la reforma laboral que Milei intentó meter por DNU, pocas horas después la justicia hizo lugar a una apelación que suspende el aumento de boleto de colectivo que el gobierno pretendía hacer regir desde el 1 de febrero.

Un miércoles plagado de pequeñas e incipientes derrotas políticas para el oficialismo signadas por el color y la fuerza de miles de trabajadores en las calles.

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