Declaración de la Agrupación Jóvenes Trabajadores Precarizados - CallCenters

¿Por qué defendemos la organización sindical independiente?

Aprovechamos que vuelve a plantearse la pelea por la reapertura de paritarias para las y los asesores de callcenter a nivel nacional, para traer un debate acerca de la necesidad de la independencia política de las direcciones sindicales.

Córdoba

Los sindicatos son herramientas defensivas de las y los trabajadores; nacen como consecuencia del enorme avance a escala mundial de la revolución industrial a comienzos del siglo XIX, con el propósito de intervenir y representar a lxs trabajadorxs siempre que se vulnere un derecho individual o colectivo en los lugares de trabajo.

Desde sus inicios, los contratos que se establecen entre las patronales y sus empleadxs son siempre asimétricos y desiguales[1]. Para evitar desbordes y levantamientos obreros, el sistema capitalista propone que las variables como el salario percibido, las horas trabajadas y las demás condiciones de trabajo, se discutan y negocien entre representantes de las empresas, de los Estados y de las y los trabajadores, en función de cuál es la situación general de la rama productiva en cuestión, su proyección a escalas nacionales y internacionales, etc; por eso la intervención defensiva de los sindicatos es frente a las patronales, pero también frente a los gobiernos y sus legislaciones. Pero esta situación de negociación no siempre se produce sin conflicto, y la intervención del sindicato puede torcer la vara para un lado o para el otro.

De un lado, las empresas y los Estados capitalistas -roces más, roces menos- llegan a una posición de acuerdo más fácilmente; es que ambos son quienes tienen las riendas políticas y económicas que rigen sobre la sociedad, y a ambos les conviene que la enorme mayoría de la población acepte sin condicionamientos las lógicas de explotación y opresión sobre las que se edifica el sistema. Del otro lado, es clave quién tenga la representación del colectivo de trabajadores: si los representantes sindicales son correa de transmisión de los dos actores anteriores, no habrá ninguna puja sobre la mesa; en cambio si esos representantes son parte orgánica del colectivo, electos democráticamente y llevan a la discusión los mandatos de lxs trabajadores a quienes representan, se desatará un conflicto de intereses que puede tener dimensiones históricas.

Las y los trabajadores usualmente no elegimos las condiciones en que desarrollamos nuestros trabajos, y cuando la crisis económica se hace más grande, esas condiciones de trabajo se precarizan y flexibilizan para que las empresas sigan sosteniendo sus ganancias a costa de nuestros derechos. Es ahí cuando se hace una experiencia con las representaciones sindicales: cuando las papas queman y nos vemos forzadxs a sostener trabajos en condiciones poco dignas, necesitamos más que nunca esa herramienta que nos permita defendernos. Si el sindicato está en manos de agentes directos de las empresas, nos vamos a encontrar con sus puertas cerradas frente a nuestros reclamos, a veces hasta de forma literal. La recuperación del sindicato es una tarea de primer orden, pero sucede que no es inmediata, y necesita de la acción consciente y coordinada de una parte importante de lxs trabajadorxs.

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Burocracia y democracia

En el video que grabamos en el enfrentamiento que tuvimos con la dirección de ATACC hace unos días mientras realizábamos una pegatina, se escucha que les decimos “burocracia sindical”. Ese concepto define a quienes dicen ser representantes de las y los trabajadores, pero que en los hechos son una casta, una capa de la sociedad que es parasitaria de quienes dice representar. Los delegados de ATACC no son empleados tercerizados como cualquier trabajador de callcenter, sino que viven de los ingresos que el sindicato tiene gracias a la cuota sindical, monto que se descuenta cada mes de los bolsillos de las y los asesores. Se adjudican la representación, y son entregadores de nuestras condiciones de trabajo, no responden a nuestras demandas y si les molestamos nos “venden” para que las empresas nos despidan o sancionen. Antidemocráticamente también negocian las paritarias: las cifras de recomposición salarial nunca se discuten con nosotrxs, tampoco hay espacios asamblearios, abiertos y francos para plantear un camino para combatir los niveles históricos de explotación laboral que padecemos. Son ellos los garantes de que dentro de nuestros lugares de trabajo se parezca todo a una dictadura.

Pero el año pasado la pandemia del COVID-19 puso un alerta sobre nuestras condiciones de trabajo cada vez más precarizado: en un contexto donde las empresas no dejaron ni un día de llenarse los bolsillos, mientras nosotrxs trabajamos de forma atomizada, desde nuestras casas, haciéndonos cargo de los costos patronales de forma individual y calladxs la boca. Hasta que no dimos más. Así iniciamos una experiencia de lucha independiente, que aunque pequeña en sus dimensiones, tuvo su profundidad. Nos demostró que podemos y tenemos que organizarnos para hacerle frente a las patronales y las direcciones sindicales burocráticas. Desde que comenzamos a salir a la calle a visibilizar y denunciar cómo venimos trabajando, hemos estrechado lazos tanto con trabajadores de callcenter de nuestra ciudad y otras localidades del país, como con otrxs trabajadores de diferentes sectores. En las asambleas y movilizaciones, desde la JTP jugamos un rol importante, no sólo para garantizar que las acciones se concreten, sino también para aportar herramientas de comprensión política más generales, que muestren en qué coordenadas estamos paradxs y de denunciar a todas las burocracias sindicales: la de ATACC, que conocemos más de cerca, pero también la de AGEC, que años atrás fue cómplice de las empresas de callcenter y que hoy, habiendo perdido la representatividad aprovecha la situación de disconformidad para meterse por la ventana, mientras que cuando necesitamos que se ponga al servicio de la pelea por salario no acusa recibo. (Esto sin mencionar el rol traidor que tiene cuando representa a lxs trabajadorxs del área de comercio).

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La JTP es una organización de trabajadorxs que defiende los intereses de lxs trabajadorxs. Nacimos en 2020 para acompañar la lucha de toda una juventud que no tiene perspectivas con este modelo capitalista neoliberal. No tenemos ningún compromiso con ninguna dirección sindical burocrática; es el método de la asamblea y la organización independiente el que defendemos, y confiamos plenamente en que es posible disputarles la dirección del sindicato a estos burócratas que pretenden que el 2021 sea de miseria y precarización.

El desafío que vemos por delante es llenar de asesorxs los espacios de debate y acción colectiva. Hay que motorizar y poner el cuerpo a lo que se vota en las asambleas, cuidando a cada activista para que no corra riesgo de despido, así como tomar todas las medidas de bioseguridad que la pandemia exige. Tenemos que tomar en nuestras manos estas tareas que requieren del debate y la coordinación por abajo y de forma independiente.

¡Organizate con nosotrxs!

 


 

[1] “(…)En una economía no esclavista la venta de la fuerza de trabajo se realiza «voluntariamente» y sólo por un período de tiempo. Así, el objeto de un contrato de trabajo, es la venta al capitalista del derecho de utilizar la fuerza de trabajo del obrero durante, digamos, tres meses a razón de 8 horas diarias y cinco días a la semana. La remuneración total de la fuerza de trabajo será evidentemente proporcional a la duración de su utilización. De ahí, la ilusión, propia de la «ideología burguesa», de creer que lo que compra el capitalista es el tiempo de trabajo del obrero, cuando de hecho lo que se compra es el derecho de utilizar las capacidades productivas del obrero durante un cierto tiempo. Esta distinción es crucial y sus consecuencias constituyen sin duda el núcleo de la teoría marxista ya que en ella se encuentran los argumentos básicos de la teoría de la explotación.

En el capitalismo, cuando el trabajador vende su fuerza de trabajo por un cierto tiempo, no pierde su libertad. El obrero proletario, ni esclavo ni siervo, dispone de su capacidad de trabajo y nada le impida negociar con ella en el mercado. Ahora bien, si el trabajador carece de medios de producción que le permiten emplearse por su propia cuenta, la venta se convierte en una obligación. Por ello, la libertad personal y la privación de la propiedad de los medios de producción son entonces las condiciones históricas que convierten la fuerza de trabajo en mercancía.(…)” El Capital, Karl Marx, 1867.

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