Policía de la palabra: la prohibición del lenguaje inclusivo en las escuelas de CABA

Ni más ni menos que prohibición es lo que dispuso del uso de la "e" y la "x" en materiales de uso escolar el Ministerio de Educación de la Ciudad. La referente del Nuevo MAS, Manuela Castañeira, sostuvo que "es una medida autoritaria y reaccionaria".

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“Establézcase que en el ejercicio de sus funciones, los/as docentes deberán desarrollar las actividades de enseñanza y realizar las comunicaciones institucionales de conformidad con las reglas del idioma español, sus normas gramaticales y los lineamientos oficiales para su enseñanza” dispone la orden emitida por el gobierno de Larreta y su ministra Acuña.

Se trata de una medida de evidente populismo de derecha, que trata de apoyarse en las narrativas neo fascistas de la «ideología de género». Según esta gente, hay grupos oscuros con motivos aún más oscuros que detrás de escenas intentan imponer una «ideología» que busca hacer no heterosexuales a las niñeces. Militan en contra de que se termine con la persecución y el homo lesbo trans odio no diciendo explícitamente que son grupos de odio sino inventando una conspiración que se infiltra en todo tipo de instituciones, escuelas incluidas.

Quienes se postulan a sí mismos como «defensores del idioma» suelen tener poca preocupación por reforzar la educación gramatical y ortográfica. Por lo general, son incapaces de formular bien una sola oración escrita, de usar bien una coma o un signo de interrogación. No se trata de defender ningún idioma sino de barrer con toda herramienta militante que eduque contra la persecución de las sexualidades disidentes.

Uno de los más conocidos representantes de la teoría de la conspiración neo-fascista que habla de «ideología de género» es Agustín Laje. A fuerza de lobby reaccionario financiado por fundaciones internacionales y de darle formulación escrita a los prejuicios de su público, ha logrado hacerse pasar por «intelectual» de la derecha. Él es también uno de los voceros de la «crítica» del lenguaje inclusivo en nombre de la «defensa del lenguaje». Su preocupación es siempre encontrar un motivo por el cual está mal criticar la persecución y la discriminación a las personas LGBT. Analicemos unos instantes su «defensa del idioma» en el siguiente tweet.

Para empezar, casi ninguna oración concluye con su correspondiente punto. Y ni hablar de la oración final. «Los LGBT» son «excluido» en lugar de «excluidos», «los LGBT es víctimas» en vez de «son víctimas» o «es víctima». En términos técnicos, ese solo tweet tiene unos cuantos errores gramaticales, de puntuación, de cohesión y de coherencia. ¿En qué sentido puede esta gente ponerse a sí misma en el lugar de «defensores del lenguaje»? Solo cuando se trata de señalar con el dedo inquisidor a la militancia por los derechos de las mujeres y personas LGBT.

La orden lleva la firma, para sorpresa de nadie, de Soledad Acuña. Es la misma ministra que dijo que no se podía incluir a los pibes que habían dejado de estudiar en la pandemia porque «seguramente ya están perdidos en un pasillo de una villa». También fue ella la que dijo que “(…) si uno mira en términos de capital cultural y de experiencias enriquecedoras al momento de aportar para el aula, la verdad es que son de los sectores cada vez más bajos socioeconómicos los que eligen estudiar la carrera docente”.

La referente del Nuevo MAS Manuela Castañeira denunció: «¡La decisión de Larreta de prohibir el lenguaje inclusivo es una medida autoritaria y reaccionaria! Se autoproclama policía de la palabra para prohibir nombrar la identidad autopercibida de cientos de miles de jóvenes y adultos/as/es».

Y llamó también «al rechazo de esta medida antidemocrática que es parte de la campaña de Juntos por el Cambio y de Milei de traer el bolsonarismo a la Argentina. ¡Nuestro repudio total a los Larreta y los Milei!»

Efectivamente, el «bolsonarismo» y el trumpismo también se pusieron por objetivo movilizar a los grupos más retrógradas de la sociedad (entre quienes están los impulsores de las campañas como «con mis hijos no te metas») entre otras cosas para imponer nuevamente la narrativa de que toda sexualidad o identidad disidente no es otra cosa que una aberración que merece ser perseguida.

Es más que obvio que esta medida no es una decisión tomada puramente en función de opiniones sobre el «lenguaje». La excusa de Acuña, de que lo habrían hecho por las malas notas de comprensión lectora de un reciente examen, es tan pobre que no la puede creer nadie, absolutamente nadie. Es una concesión a los grupos sociales o de poder propio (como las iglesias) que activamente impulsan la discriminación y el odio a lo no heterosexual.

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