Plan Argentina Productiva 2030: extractivismo con «buenas intenciones»

No hay desarrollo productivo posible con un país de rodillas a los organismos de crédito internacionales como el FMI.

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El pasado martes el Ministro de Desarrollo Productivo Matías Kulfas presentó «Argentina Productiva 2030». Se trata de un plan que dice proponer el desarrollo productivo e industrial haciendo foco en el interior del país. El Plan plantea una serie de «misiones» que van desde la creación de empresas y de puestos de trabajo, hasta el desarrollo de nuevas tecnologías en el rubro de transporte, energía y salud, entre otros.

Los objetivos del plan son a decir verdad muy ambiciosos. Según Kulfas, «Argentina Productiva» logrará para 2030 haber sacado de la pobreza a nueve millones de personas y creado más de dos millones de puestos de trabajo formales. Se hace hincapié en que la gran mayoría de estos empleos generados serían fuera del AMBA, promoviendo el desarrollo en el interior del país. Además, el plan se pone como objetivo para ese período que Argentina duplique sus exportaciones.

Un plan con semejantes objetivos -a priori inobjetables- llama como mínimo la atención si uno se detiene a observar un segundo la situación real del país. Dicho sencillamente, es un plan que en teoría se propone expandir la economía, mientras que en la práctica el gobierno se prepara para ajustarla. Y no sólo en lo inmediato, sino de cara a los próximos años.

En medio de una crisis social marcada por la pobreza de millones y el trabajo precario, el gobierno viene de firmar un pacto con el FMI. Sus implicancias van precisamente en la dirección opuesta a los objetivos que plantea el programa lanzado por Kulfas. Y acá es donde las aparentes buenas intenciones se chocan con la realidad.

¿Desarrollo o ajuste?

El programa con el FMI no sólo no se apoya en el crecimiento económico, como le gusta repetir a Guzmán, sino más bien al contrario. Según las propias estimaciones del programa, el crecimiento del PBI irá desacelerándose paulatinamente de acá al 2026, como mínimo.

Pero no se trata sólo de mirar índices, sino analizar políticas concretas, por ejemplo la cambiaria y monetaria. El plan acordado por Guzmán con el Fondo supone la devaluación como mínimo al ritmo de la inflación, lo que encarece las importaciones. Por otra parte, subir la tasa de interés por encima de la inflación, lo que tiene efectos recesivos en la actividad económica.

A todo esto hay que sumarle las políticas de liso y llano ajuste, con las cuales el gobierno intentará cumplir las metas de reducción del déficit fiscal. Estas medidas también suelen ser recesivas.

Aunque el plan hace hincapié en generar divisas e incluso se llega a poner como objetivo la duplicación de las exportaciones, lo cierto es que el acuerdo con el Fondo supone que todos los dólares generados por el país que no se van a las cuentas bancarias de los millonarios tendrán como destino el pago de la deuda externa. Y no sólo la deuda con el Fondo. A partir de 2026 comienzan los vencimientos de la deuda privada refinanciada en 2020.

¿Qué futuro de desarrollo es posible en un país atado de pies y manos a la estafa de la deuda? Recordemos que el acuerdo aprobado la semana pasada en el congreso establece que en caso de que las metas económicas se sobrecumplan (por ejemplo que aumente la recaudación más de lo estipulado) el gobierno no podrá utilizar ese excedente sino para reducir el déficit y pagar la deuda. Las misiones trimestrales del FMI estarán ahí para monitorearlo. No hay desarrollo productivo posible con un país de rodillas a los organismos de crédito internacionales.

Extractivismo

Pero entonces, ¿Qué queda del plan presentado por Kulfas, además de una declaración de buenas intenciones? Quizás el objetivo que el gobierno nacional y los provinciales más han mostrado voluntad real de llevarlo adelante: la industria extractiva de recursos naturales.

De hecho, una de las diez misiones que se plantea el plan está específicamente dedicada al desarrollo de la minería, y podría tratarse de un proyecto de expansión de la megaminería. Aunque se aclara que es con «estricto cuidado del medio ambiente» pero en ningún lugar se nos dice cuales serían esos estrictos cuidados ni a cargo de quién estarían. Se destaca la referencia a que «participarán las comunidades involucradas», como si no hubiera sobrada experiencia de que muchas de esas comunidades han rechazado la megaminería en sus provincias y regiones, como hace poco lo manifestó masivamente el pueblo de Chubut.

El plan indica que el potencial minero argentino está «subaprovechado» comparando la producción minera argentina con la de Chile, mucho más expandida. Al igual que en otras industrias extractivas como la explotación de petróleo offshore en el Mar Argentino, se nos promete una industria salvadora que va a generar una cantidad enorme de divisas que resolverá el problema macroeconómico del país.

Es ya un argumento clásico de los gobiernos que promueven el extractivismo. Prometen que tal o cual explotación de los recursos naturales de un país va a ser nuestra «salvación» o pase de entrada al crecimiento económico. En la realidad, lo que ocurre es la depredación de nuestros recursos y la destrucción del medio ambiente mientras se enriquecen un grupo de pequeñas empresas generalmente extranjeras. Y la famosa generación de divisas a la cual tanto culto se le rinde, poco o ningún impacto tendrá en el desarrollo económico. Serán utilizadas para pagar la deuda, como el propio gobierno admite.

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1 COMENTARIO

  1. de que forma esta política cambiará el destino laboral en el país con las familias de buenos aires .de que forna modificará en los planes potenciar trabajo?

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