Una campaña polarizada

Elecciones en Perú: se mantiene el empate técnico, pero Sánchez aventaja a Fujimori

El domingo 07 de junio se realizó el balotaje en Perú. Con el 93% de los votos escrutados, la votación deparó un empate técnico entre Roberto Sánchez y Keiko Fujimori, con el 50,01%  y el 49,98%, respectivamente. Esto equivale a una diferencia de 4200 votos (el margen es tan estrecho que puede cambiar en cualquier momento).

De un padrón total de 27 millones de personas, se reportaron 17.485.845 de votos válidos, 1.113.438 (5,95%) de votos nulos y 111.492 votos en blanco. A nivel geográfico Keiko se impuso en las zonas urbanas, mientras que Sánchez lo hizo en zonas rurales. De hecho, en las últimas horas revirtió la ventaja que le sacaba la candidata fujimorista gracias al voto campesino.

Las elecciones transcurrieron en medio de un clima de polarización política, que puede incrementarse mientras se realiza el conteo de votos oficial para anunciar al ganador, proceso que en la primera ronda se extendió por varios días. Con los resultados provisionales, es claro que quien quede en la presidencia tendrá por delante una administración muy débil (ambos candidatos obtuvieron votaciones bajísimas en la primera ronda) y cercada por la oposición.

Perú atraviesa una profunda crisis económica, política y social, ante lo cual la burguesía no logra encontrar una solución. Muestra de esto, es que el país acumula 9 presidentes en una década, dado que muchos de los mandatarios fueron destituidos por la aplicación de la controvertida figura de la vacancia. Asimismo, buena parte de la crisis en el país andino se expresa a través del crecimiento del crimen organizado y la “narcoviolencia”.

Keiko Fujimori: la heredera del fujimorismo que busca alinearse con la extrema derecha

El eje de su campaña fue presentarse como la “heredera de Alberto Fujimori” y que traería nuevamente el orden al país. Con ello, busca reivindicar la política de terrorismo de Estado que desarrolló el gobierno de su padre, que consistió en una guerra sucia y graves violaciones a los derechos humanos contra sectores campesinos y de la izquierda.

Keiko no forma parte de las nuevas figuras de la extrema derecha surgidas en la región. Su trayectoria política se desarrolló dentro del establishment peruano y sus discursos suelen ser más moderados en las formas. Tras la separación de sus padres, ejerció como primera dama durante el gobierno de Alberto Fujimori, participando desde muy joven en actividades políticas institucionales. Sin embargo, en la actual campaña trató de alinearse con varios referentes y políticas del campo de la extrema derecha internacional.

Por ejemplo, en caso de ser electa presidenta prometió construir cuatro mega cárceles de alta seguridad al estilo Bukele, las cuales serán controladas por las Fuerzas Armadas. También, planteó crear una red de videovigilancia y desplegar policías y militares en las calles del país. Estas medidas no van a resolver la difícil crisis social y de seguridad que atraviesa el Perú, pero sí están orientadas para fortalecer el aparato represivo del Estado.

A nivel económico, Fujimori incoherentemente propone aplicar la disciplina fiscal para bajar el déficit, al tiempo que habla de mayor inversión para infraestructura. Asimismo, durante la campaña para el balotaje, prometió expulsar de Perú a las personas migrantes indocumentadas, mayoritariamente venezolanas; medida xenófoba similar al estilo de Kast en Chile.

Por último, pero no menos importante, no dejó dudas sobre su alineamiento con el imperialismo estadounidense. De hecho, declaró que estaría dispuesta a pedir ayuda a Washington para “combatir el narcotráfico”, esto es, permitir el ingreso al territorio peruano de agentes de la DEA y militares estadounidense para que desarrollen la “guerra contra las drogas”.

Roberto Sánchez: el candidato “castillista” se moderó

Sánchez hizo su campaña con el mismo sombrero característico del ex presidente Pedro Castillo, en cuya administración se desempeñó como Ministro de Comercio Exterior, con la particularidad de que fue el único que “sobrevivió” en su puesto tras el golpe de Estado que lo destituyó.

Para la segunda ronda electoral, moderó su discurso. Aunque insistió en la liberación de Castillo, en el caso de otras propuestas sociales y económicas el tono fue más moderado.

Por ejemplo, Sánchez dejó de lado las críticas a la Constitución del 93 y su propuesta de realizar una nueva constituyente. Este giro fue para disputar el voto urbano que, mayoritariamente, es favorable a Fujimori. Así, Sánchez pasó de calificar como “ilegítima” la Carta Magna legada por Fujimori padre, a sugerir que necesita una reforma de consenso.

Otras consignas que caracterizaron la campaña de Sánchez giraron en torno a la redistribución y nacionalización de recursos, como el yacimiento de gas más grande del país;  una “revolución educativa” para mejorar las condiciones del sector; ampliar la cobertura de salud, etc.

Las protestas entran a escena: el movimiento estudiantil, el campesinado y el antifujimorismo 

El camino al balotaje estuvo marcado por protestas. El movimiento estudiantil tomó varias universidades en oposición a la Ley 30.220, que elimina la autonomía universitaria. Por ejemplo, se produjeron tomas en la Universidad San Marcos, la PUCP, Jaén, Quillabamba y la Universidad Nacional del Centro del Perú, Universidad Nacional del Altiplano (UNA) de Puno y en la Universidad Nacional de Educación Enrique Guzmán y Valle, “La Cantuta”.

Junto con esto, se produjo el paro agrario, motivo por el malestar de los campesinos productores de arroz. El paro mantiene bloqueadas las rutas de Piura, Catacaos, Sechura, Tambo Grande, Sullana y el Bajo Piura. Producto de los bloqueos el gobierno aseguró que iba a implementar una serie de medidas, como la compra de arroz nacional.

El otro sector que salió a protestar fue el “antifujimorismo”. El sábado pasado, cientos de personas salieron a marchar contra Keiko Fujimori, bajo la consigna de “Keiko no va, Fujimori nunca más”. A la manifestación asistieron organizaciones de derechos humanos y víctimas de violaciones de derechos humanos bajo la administración de Alberto Fujimori.

Visto lo anterior, quien quede en la presidencia no solamente deberá enfrentar las presiones del “Palacio” y la amenaza constante de la vacancia. También, deberá responder a las presiones que vienen desde la plaza, es decir, desde las calles. En un país atravesado por movilizaciones estudiantiles, campesinas y antifujimoristas, el empate técnico profundiza la tensión política, con más razón cuando Bolivia está en medio de un proceso de movilizaciones contra el gobierno de Rodrigo Paz.

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