Renegados y traidores

Patria Grande y PCR: “Izquierda” pro imperialista

En nombre de las “mayorías populares”, justificando su capitulación con el espantajo de Macri, ambas organizaciones se integraron acríticamente al nuevo gobierno peronista. Las consecuencias están a la vista: una de sus primeras intervenciones en el Congreso fue aprobar el ingreso de tropas yanquis a territorio argentino. Con nombre: Hagman, de Patria Grande; Alderete y Caliva del PCR, marcados a fuego como traidores.

Federico Dertaube
Editor del Suplemento semanal de Izquierda Web.


El proyecto fue aprobado el miércoles casi por unanimidad (con dos votos en contra de izquierda) a partir de una iniciativa… macrista. En efecto, el proyecto aprobado el día mismo de la sesión sobre la deuda externa había sido originalmente impulsado por el Ministro de Defensa de Macri, Oscar Aguad –Conocido familiarmente como “el milico” por sus indisimuladas simpatías por los militares-.

Esta votación cierra de nuevo la grieta entre peronistas y macristas, con la integración de los renegados y capituladores de Patria Grande y el PCR, con la ley que lleva por título ”Autorización de introducción de tropas extranjeras en el territorio de la Nación y la salida de fuerzas nacionales fuera de él”.

La operación es llamada “Gringo gaucho” y su aplicación “consiste en que un portaaviones de la Armada de los Estados Unidos de América realice una navegación por aguas territoriales argentinas” y que “El portaaviones navegará acompañado por un buque de escolta, tipo fragata o destructor, con aeronave orgánica embarcada”.

El ingreso autorizado de cinco mil marines estadounidenses a las costas argentinas trata indiscutiblemente de un alineamiento indiscutible del peronismo con los Estados Unidos de Donald Trump. Las tensiones internacionales que escalaron hasta la amenaza de guerra entre los yanquis e Irán con el asesinato de Soleimani, el plan de apartheid redoblado contra el pueblo palestino, la agresividad irresponsable del imperialismo comandado por Trump, pueden tener su zona de paz y de negocios, su respaldo amistoso aunque formalmente neutral, en el nuevo gobierno argentino… y de la seudo izquierda renegada.

Los repudios verbales a Trump y su política racista, la defensa en los papeles del pueblo iraní agredido, incluso el derrame de lágrimas por el pueblo palestino, se convierten en boca y pluma de renegados en pura frase. Ante la más mínima responsabilidad política concreta, con un mes con un minúsculo cargo estatal legislativo en sus manos, toda su fraseología de años y décadas se pone al desnudo como la tendencia permanente a capitular vergonzosamente.

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Para ilustrar esta polémica hicimos un intento de encontrar alguna explicación oficial por parte de estas dos organizaciones, algún tímido planteo de por qué la capitulación era el “mal menor”, algún esbozo mínimo de retorcida justificación. No encontramos nada, absolutamente nada. Los renegados esconden la cabeza como avestruces con las manos libres para votar capitulaciones.

En nombre de lo “popular”, estas organizaciones cuestionaron durante años al trotskismo por su defensa de la independencia de clase como base para cualquier política autodenominada “de izquierda”. Cuando no se hace política desde el punto de vista de la clase trabajadora, cuando se habla en nombre del “pueblo” como un todo indiferenciado, la capitulación es un hecho. Su consumación es sólo cuestión de tiempo. El “pueblo” está cruzado por intereses de clase opuestos y cuando se hace política, cuando se pelea por la organización del conjunto de la sociedad, se puede hacer bajo la dirección de la clase trabajadora o la de la clase capitalista y sus instituciones.

La dirección burguesa de la sociedad, peronismo incluido, no admite otro antiimperialismo que uno verbal e inconsecuente. Las altas esferas de la administración estatal están profundamente imbricadas con la propiedad privada capitalista. Las relaciones de interdependencia e intereses mutuos entre las grandes empresas y los funcionarios del estado son innumerables. Podríamos estar un largo rato poniendo ejemplos: las sociedades anónimas con participación estatal, las obras públicas llevadas a cabo entre estado y contratistas, las deudas estatales con los bancos, etc. La oposición de principios entre propiedad privada y estado no es más que un dogma liberal repetido como reflejo invertido por todo el progresismo.

Todo esto a su vez implica una serie de relaciones con el imperialismo y las empresas multinacionales de negocios conjuntos, intereses políticos comunes, etc. Gobernar con el cuerpo de funcionarios de la clase burguesa local implica aceptar esta estructura de relaciones sociales, políticas y económicas que tienen al imperialismo por jefe.

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Agitar el espantapájaros del macrismo es perder todo rastro de decencia, ¿o acaso el ingreso de tropas yanquis a las costas argentinas era el “mal menor” por el que peleaban? Y si no es así ¿por qué lo votaron? No había disciplina de bloque que los obligara a hacerlo: aceptaron mansamente el ingreso de tropas yanquis a territorio nacional.

El rol de estas organizaciones entre los luchadores se pone en clara evidencia. Participan de los movimientos que tienden a cuestionar el “orden” conservador de la clase capitalista para contener cualquier ruptura anticapitalista, para que los movimientos de desocupados, de mujeres, de trabajadores no puedan hacer otra cosa que alinearse tras la fuerza política burguesa menos antipática. Para la clase capitalista siempre ha sido sumamente útil tener un ala izquierda del sistema que contenga todo atisbo de cuestionamiento y el PCR y Patria Grande están cumpliendo ese papel con suma satisfacción. Hacen política en nombre de “lo posible” pero si “lo posible” es tan limitado es entre otras cosas porque hay organizaciones como estas que ponen todas sus fuerzas en que así sea.

La “izquierda” del sistema es la que participa del movimiento de mujeres para que confíe en el Papa, del movimiento de desocupados para que confíe en el gobierno, (casi nunca) del movimiento de trabajadores para que se subordine a la CGT. No hay vuelta atrás, no hay justificación que lo esconda, el PCR y Patria Grande no son más que una pobre y bastante desinflada quinta rueda del carro del capitalismo argentino.

 

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