Se reestrena a 20 años de su primera edición

Okupas: un antes y un después en la ficción argentina

En medio de la irrupción de los sectores populares a la escena pública por la crisis del 2000 y 2001, la ficción empezaba a reflejar esta realidad. Okupas encontró un público que identificó inmediatamente al verse al fin reflejado en la pantalla chica.



Caserón ocupado en plena Ciudad de Buenos Aires. Un nene mira entre los espacios de las maderas que taponean la ventana. Vemos a través de sus ojos: un policía, luego al resto del operativo preparándose para el desalojo. Los vecinos detrás del cordón policial, curiosos. Un hombre de traje, aparentemente un fiscal, lee en voz alta la orden de desalojo:

«Los ocupantes de vivienda deben proceder a desalojar el inmueble por su propia voluntad y a entregar el mismo desocupado. Caso contrario de acuerdo en lo resuelto en la causa n° 72903 del corriente año se procederá al uso de la fuerza pública».

Las imágenes se mueven con el pulso nervioso de quienes presencian la escena. La similitud con los videos grabados con celulares en este tipo de acontecimientos es llamativa para una serie de hace 20 años. El sonido tomado «de aire» da una sensación mayor de realismo. Los habitantes del caserón intentan resistir el desalojo, bloqueando la puerta. El nerviosismo y llanto de los niños y desesperación de los ocupantes en el forcejeo por con la policía crean la tensión de la escena. La puerta cede, los policías sacan a la gente de los pelos, a los niños de los brazos. Un niño le tira una naranja a un policía, otro policía corre una gallina en el hall del caserón. Las tomas parecen sacadas de un documental. La música de fondo: Mamma, de Luciano Pavarotti, acentúa el dramatismo de la escena.

Esta secuencia: emitida por primera vez el 11 de octubre del 2000 en Canal 7, TV Pública, marcaba un antes y un después en la ficción argentina. No es que la TV no mostrara la miseria, la pobreza, la represión policial, el hambre. Esas escenas inundaban los noticieros y era lo que se veía día a día en las calles de la ciudad y el país, la novedad era que estas imágenes tomaban por asalto también a la ficción.

Nacía un nuevo realismo-social en la ficción argentina

Corrían los últimos meses del 2000 y Argentina atravesaba una de las mayores crisis sociales de su historia. El fenómeno de los cartoneros, gente durmiendo en la calle, una desocupación altísima. La juventud sentía que no tenía futuro.

Pero durante el 2000 y 2001 el país no sólo atravesó una crisis económica inaudita, sino también el auge de un fuerte movimiento de masas que enfrentó las políticas de ajuste y hambre. Los movimientos de desocupados encabezaban fuertísimas protestas, marchas y piquetes. La situación derivó en el llamado Argentinazo, un estallido social que derrotó al gobierno de De La Rúa y puso fin al ciclo neoliberal en el país.

No es casualidad que esta irrupción de los sectores populares en la escena pública también tuviera su correlato en la cultura. Por aquellos años la cumbia villera comenzaba a tener su auge, la pertenencia a una villa o barrio popular comenzaba a ser parte de una identidad reivindicable para amplios sectores de la juventud y se imponía en la cultura de masas. Surgía en las expresiones culturales un orgullo de ser de barrio, opuesto al espíritu neoliberal que quería vender Argentina como país del primer mundo en los ´90 y que intentaba ocultar la pobreza y desigualdad estructural del país.

Hacía rato que los creativos de las productoras de TV intentaban interpelar a la audiencia reflejando algo de esta realidad. Las novelas de Pol-Ka (productora de Adrián Suar) retrataban personajes que tenían trabajos de gente común, como a Daddy Brieva en «El sodero de mi vida», familias de barrio como en Gasoleros (1998-1999), Campeones (de la vida) (1999-2001), etc. Eran novelas costumbristas que intentaban interpelar a los sectores populares, pero reflejaban la realidad de manera completamente distorsionada e ingenua. Quizás esto responde a que quienes realizaban esos proyectos no querían reconocer toda la crudeza de la realidad que se vivía en el país.

Desde el punto de vista de los procedimientos: las grabaciones en sets, actores que no lograban representar de manera creíble el origen social de esos personajes. Se notaba a la legua el desfasaje entre la visión naif de los barrios de las producciones y la dura realidad que se vivía en la calle. Se retrataba la pobreza subtitulándola con mensajes optimistas de superación personal típicos de la ideología neoliberal individualista y meritocrática. En algunos casos, personajes marginales simpáticos y cómicos eran incorporados a la trama para entretener a la audiencia.

Okupas vino a romper con todas estas inercias creativas. La productora dio libertad al director y los guionistas sin preocuparse por el rating. Canal 7, la TV Pública, buscaba en ese momento renovarse con un nuevo perfil. «Estamos construyendo la nueva televisión» era el slogan que levantaban. Okupas fue promocionada como la primer ficción de la señal, el caballito de batalla de esta iniciativa «renovadora».

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Y realmente Okupas fue algo completamente novedoso. Una serie que retrataba la realidad que se vivía como nunca antes, sin exacerbarla para impresionar ni tomarla de forma naif. A excepción de Rodrigo de la Serna, el elenco era desconocido. Incluso incorporaba personas que no eran actores sino gente real de los barrios populares. Los escenarios eran casas, plazas y calles de la ciudad, no escenografía ni sets. La serie se ancla en una ciudad viva, que no se limita a ser el «escenario» de la trama sino un mundo más allá de la trama con su existencia propia. Ni más ni menos que la realidad en la que el pueblo argentino estaba inmerso por aquellas épocas.

Okupas nos narra la historia de Ricardo (Rodrigo de la Serna), un joven que entrando a la adultez no encuentra motivaciones, no estudia ni trabaja, y su transformación a partir de su camino por adentrarse en el mundo de la calle, el choreo, la marginalidad. Es una nueva presentación, realista, de una estructura narrativa clásica conocida como el «camino del héroe», que responde a una estructuración narrativa a través de la transformación de un personaje. Otros tres jóvenes de barrio son co-protagonistas y acompañan a Ricardo: El Pollo, Chiqui, Walter.

Las actuaciones son tan naturales, sus dramas tan mundanos, que es imposible no sentirse identificado. El guión y sus giros argumentales están tan bien ejecutados que la historia, a través de los 11 capítulos, se desarrolla de manera completamente natural, y a su vez termina siendo sumamente dramática y habla de temas universales. En el fondo, Okupas nos habla de un joven que buscan su identidad y quieren entender cual es su lugar en el mundo, junto a otros que están más o menos en la misma.

Como lo dice el propio Bruno Stagnaro en una entrevista realizada por la revista Marcha: «Había una cuestión muy clásica en la construcción de los roles y creo que le fue dando encanto cuando eso se empezó a disimular debajo de pátinas como muy cotidianas y muy de la calle. Todo eso quedó sepultado debajo de formas de hablar y de vínculos muy reconocibles, de una identidad muy marcada nuestra, pero que en el fondo responden a engranajes te diría, casi, del drama griego.»

Chiqui, Walter, Ricardo y el Pollo. Los entrañables protagonistas de la serie.

Parte de esa pátina realista estaba en el habla y los diálogos, que le dieron una identidad única a la serie. Los diálogos se desarrollaban con soltura, de manera natural con las expresiones de los jóvenes y personajes que se representaban. Algo que hoy es normal pero hasta entonces no era común en las ficciones televisivas. Okupas fue la primer serie en la cual apareció un léxico tumbero (usado principalmente por el personaje del negro Pablo) que después sería común en otras ficciones como por ejemplo tumberos, o la más actual El Marginal.

Una de las anécdotas que ilustra lo chocante que era la incorporación de este registro es la del casting de Dante Mastropierro (el «negro» Pablo, el antagonista de la serie). Dante alquilaba unos galpones a la productora y al enterarse que estaban por grabar una serie sobre gente de barrio, fue invitado a un casting con su hermano para probarse, ambos quedaron y actuaron en la serie.

En su canal de YouTube Coffee TV, Iván de la Nave narra cómo en el casting, Bruno Stagnaro les indicó a Dante y su hermano que debían representar un robo con otro joven actor que se presentaba para el casting. Rapidísimo, Dante le pregunta a Bruno si el robo sería de día o de noche. ¿Tiene alguna importancia?, responde Bruno. «Si, porque de día te voy a robar de una manera y de noche de otra». Este diálogo impactó muy fuertemente a Bruno. Pero eso no es todo, durante la improvisación tuvieron que intervenir e interrumpir la grabación porque la improvisación fue tan realista que Bruno creyó que el maltrato de Dante y su hermano al joven actor eran reales.

Este registro realista impactó a miles de jóvenes y no tan jóvenes que se sintieron fuertemente identificados al ver su realidad cotidiana representada en la pantalla chica. La serie fue recibida de manera excelente por el público y la crítica. Fue un éxito inmediato, marcando 3,5 puntos de rating en su primer episodio, como lo indicaba Natalia Trzenko en La Nación. Obtuvo premios en tres ternas del Martín Fierro: Mejor unitario y/o miniserie, mejor director y mejor actor revelación para Diego Alonso (Pollo). Pero la manera en que estaba producida tan contundente que supuso una transformación radical de gran parte de las producciones de ficción que vendrían a partir de entonces. Luego vendrían Tumberos, Sol Negro, El Puntero, El marginal, por mencionar sólo algunas de las decenas de series que tomaron elementos de esta nueva fórmula. Un nuevo tipo de realismo-social inundaba las señales de la TV Argentina.

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La reedición de un clásico en la era Netflix

La banda sonora de la serie ambientaba la vida callejera de sus protagonistas con clásicos del rock nacional e internacional. Acompañando las peripecias de Ricardo y sus amigos, sonaban temas de Sumo, Los Redondos, Sui Géneris. Además de bandas internacionales como los Rolling Stones, The Beatles, Queen, etc.

Por esos años no existían plataformas digitales de streaming ni algoritmos que identificaran el uso de temas musicales protegidos por Copyright. Canal 7 no se detuvo en esto, y la serie se emitió sin preocuparse demasiado por el tema del Copy. Pero a la larga, la música de la serie representó la imposibilidad de difundirla de manera oficial y en alta calidad a las nuevas plataformas.

Para su reestreno anunciado recientemente en Netflix, se encomendó la producción de una nueva banda sonora original a Santiago Motorizado, líder de la banda El Mató a un Policía Motorizado, quien compuso más de 50 tracks para el estreno de la serie, combinando géneros como el rock, la cumbia y hasta folklore.

Santiago Motorizado fue convocado para realizar la música para el reestreno de Okupas en Netflix.

Para los fans, la modificación de un clásico es desde el vamos, inevitablemente chocante. La música un factor decisivo para transmitir emociones en las producciones audiovisuales, un complemento que muchas veces es difícil separar de la escena misma. Sin embargo esto no significa que no pueda servir para resignificar la obra y esto sea positivo. Hay que ver cómo opera la nueva música acompañando los momentos de la trama, actualizando o matizando distintos aspectos de la historia o los personajes. En distintas entrevistas, Santiago dijo ser fanático de Okupas y entender perfectamente de qué va la serie. La actualización de la música puede ser una oportunidad para acercarse más a las nuevas generaciones, o bien puede arruinarlo todo. Si pasa los segundo, siempre tendremos la opción de que se reedite en un futuro con la música original.

Desde ya que este reestreno posibilita acercar la serie a las nuevas generaciones, llegando a un nuevo público que no tuvo la oportunidad de verla en su momento. Eso es una gran noticia aunque siendo un clásico y patrimonio de la cultura argentina, debería estar en plataformas gratuitas como cine.ar.

Okupas tiene mucho para decirnos hoy en día, cuando el país atraviesa nuevamente una importante crisis. Las nuevas generaciones de jóvenes que buscan encontrar su camino con aciertos, errores y fracasos seguramente se sentirán identificados con las peripecias de Ricardo, Walter, el Pollo y Chiqui, y con la realidad que se vive en las calles de la ciudad de la furia y otros centros urbanos en Argentina y Latinoamérica. Adiós y buena suerte.

 


 

Ficha técnica

Director: Bruno Stagnaro / Guionistas: Alberto Muñoz; Esther Feldman; Bruno Stagnaro / Elenco protagónico: Rodrigo de la Serna; Diego Alonso; Ariel Staltari; Franco Tirri / Género: Drama / Productora: Ideas del Sur / País: Argentina / Idioma: Español / Año: 2000 / 11 capítulos de 45 minutos aprox.


 

Fuentes y enlaces de interés:

Video: La historia de OKUPAS La Mejor serie Argentina | CoffeTV (Iván de la Nave, Canal de Youtube CoffeTV, 2/11/2020)

Okupas – El realismo de cambio de siglo en la televisión argentina. (Pablo Lanza y Carolina Soria, Revista La Fuga)

Entrevista con Bruno Stagnaro a 20 años de Okupas: “La serie es un viaje hacia al afecto, independientemente de toda la oscuridad que rodea ese viaje”. (Nadia Fink e Ignacio Marchini, Revista Marcha, 18/10/2020)

Buen debut de «Okupas» (Natalia Trzenko, La Nación, 20 de octubre del 2000)

Cumbia, folklore, tango y rock: Santiago Motorizado anticipa cómo será la música de Okupas. (Sebastián Ramos, revista Rolling Stone, 19/5/2021)

Video: Okupas: el detrás de la escena, (TV Pública, 2000)

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