¿Fue el año 1918 el año decisivo del viraje irreversible de la Revolución de Octubre?[1] Para Rabinowitch durante 1918, al igual que a finales de 1917, los cambios en la estructura del partido y del gobierno, y la fundamental relación entre ambos, habían sido otra vez moldeados en gran medida por las realidades cambiantes; la necesidad se hizo virtud debido a la presión de la coyuntura crítica y las urgencias del momento. No había un diseño general ni una visión práctica detrás de ellos, o al menos son inhallables para un observador imparcial en las discusiones internas. Más bien, a medida que la coalición con los SR de izquierda se derrumbaba, la crisis de la guerra civil se profundizaba y las reservas de cuadros del partido competentes y confiables disminuían drásticamente. Se hacía evidente (y lamentablemente era una conclusión ampliamente aceptada por la jerarquía del partido bolchevique) la necesidad extrema de una re-centralización al estilo militar, de profundizar una disciplina rígida inédita en el partido y (para algunos miembros decisivos del partido como demuestra Rabinowitch) de desatar un terror temporal de clase, un “terror rojo”.
Había, además, poca claridad respecto al papel estructural del partido en el gobierno y sus esferas de autonomía y soberanía, la dimensión constitucional. Durante la primera mitad de 1918, los últimos meses antes del estallido de la guerra civil completa, Rabinowitch demuestra cómo desde Moscú se empezó a promover, ya sin discusión, el principio de que los órganos del partido deberían desempeñar roles claves e indiscutidos de mando, incluso de carácter sistémico, en el gobierno soviético. Los soviets se encontraban en una zona peligrosamente gris y la sagrada relación estructural del partido con los soviets aún estaba sujeta a controversia, incluso mucho después de que el CC adoptara el principio de que el partido debía ejercer un control absoluto sobre todas las decisiones de política en los soviets.
En Petrogrado, a comienzos de 1919, el inefable Zinoviev, quien como presidente del Soviet había desafiado frecuentemente los controles del partido sobre el gobierno y había establecido una sórdida lucha entre su ciudad y Moscú como capital revolucionaria, repentinamente cambió de postura y se convirtió en un defensor principal del principio de que el partido estaba por encima de los soviets y era responsable absoluto de dirigir su trabajo. Sin embargo, esta idea todavía se discutía en la base del partido de manera apasionada y, muchas veces, se ponía en duda, especialmente en las organizaciones del partido de provincias y algunos distritos de la ciudad. Las tesis principales de Zinóviev se parecían mucho a las que había presentado a los activistas de Petrogrado, que habían generado una gran controversia, especialmente en lo que respecta a los roles respectivos en el gobierno de los soviets y del partido, que algunos calificaban incluso de anti marxistas, temática que remarcaba con insistencia la Oposición de Izquierda en sus propuestas. Estas incluían atraer un número significativamente sustantivo de trabajadores y soldados al partido, “proletarizar” la militancia como antídoto contra la corrupción y la burocracia, reformar la estructura y operación internas del CC, y definir el hasta entonces incierto papel constitucional en el gobierno nacional del CEC y su presidium, así como la relación del presidium con el Sovnarkom.
Sin embargo, Rabinowitch señala que cuando se observa de cerca cómo se gobernó realmente la joven República Soviética durante los primeros tres años o algo más, antes del inicio de la enfermedad de Lenin, la historiografía convencional, stalinista y occidental, comienza a parecer esquemática y simplista. Porque ni el Comité Central del partido, ni su Politburó, una vez establecido en 1919, funcionaban en ese momento como una suerte de “gobierno” de la República Soviética, ni nada parecido. Lo hizo con efectividad en un primer momento el fantasmagórico Comité Militar-Revolucionario, organismo ad hoc creado por el soviet,[2] que había dirigido la insurrección y la toma del poder en la capital Petrogrado, que se anticipó al Consejo de Comisarios en muchas de sus funciones y agotó su funcionalidad. En cambio, sería a partir de ahora el Consejo de Comisarios del Pueblo, presidido por Lenin y equivalente constitucional del actual Consejo de Ministros, el que era ahora gobierno de hecho y de nombre.
Lenin ciertamente identificaba la “dictadura del proletariado” con el gobierno del Partido bolchevique, pero esto no significaba que se gobernara mediante la maquinaria ejecutiva del partido. El “Gabinete” revolucionario de Lenin no era el Politburó, sino el enigmático Sovnarkom,[3] el Consejo de Comisarios del Pueblo. En el decreto de su creación se había establecido que “para la administración del país hasta la convocatoria de la Asamblea Constituyente, se va a formar un Gobierno Temporal de Trabajadores y Campesinos, que se llamará el Consejo de Comisarios del Pueblo. La responsabilidad de las distintas áreas de la vida estatal se encomienda a comisiones, cuya composición debe asegurar la implementación del programa proclamado por el Congreso en estrecha unidad con las organizaciones masivas de hombres y mujeres trabajadores, marineros, soldados, campesinos y oficinistas. El poder gubernamental pertenece al colegiado de presidentes de estas comisiones, es decir, al Consejo de Comisarios del Pueblo. El control sobre la actividad de los comisarios del pueblo y el derecho a sustituirlos corresponde al Congreso Panruso de los Soviets de Diputados de Trabajadores, Campesinos y Soldados y a su Comité Ejecutivo Central”. Obviamente el Sovnarkom es otra improvisación bolchevique, pensada como provisional y transitoria, ya que no existe en los documentos de Lenin o Trotsky la previsión de una estructura comisarial gubernamental similar, e incluso en las famosas notas de octubre de 1917 sobre la futura estructura de la República Soviética,[4] el único organismo colectivo socialista previsto es una poderosa comisión legislativa y coordinadores bajo el título de “ministros-presidentes”.
Es evidente, tal como lo demuestra Rabinowitch, que el pensamiento de Lenin (o el de Trotsky) sobre la forma del gobierno revolucionario cambiaron en varios aspectos cruciales, algunos muy importantes y decisivos a largo plazo, durante el curso de la toma del poder, ex ante y ex post, y debemos concluir que sus ideas aún eran bastante tentativas y fragmentarias hasta el mismo octubre de 1917, cambiando de opinión sobre formas y aspectos constitucionales. Estos cambios de última hora en la estructura proyectada del gobierno soviético, a veces pensados como medidas temporales, pero luego establecidas y solidificadas constitucionalmente, funcionaron en la dirección de una poderosa ultra simplificación, una brutal jerarquización y de una aproximación más cercana a los patrones pre-revolucionarios, y parecería que las sugerencias de cambios estructurales más radicales fueron dejadas de lado, mientras la dirigencia bolchevique trataba de resolver las implicaciones prácticas de asumir el control de la administración en un contexto dramático de anarquía y caos.
Sin embargo, dos innovaciones aparentemente importantes fueron incorporadas a la nueva forma de gobierno. La primera fue la idea de que, en la administración de su departamento, cada miembro del gobierno (Comisario del Pueblo) debería compartir la autoridad con una “Comisión” de la cual sería ministro-presidente. En la práctica, estas “Comisiones” rara vez funcionaron como tales en su plenitud, cuando realmente existieron, aunque los Consejos establecidos posteriormente (Kollegiz) introdujeron elementos revolucionarios de toma de decisiones colectivas en la dirección de los comisariados de pueblo individuales. La otra innovación estuvo en la propia terminología. Al llamar a su gobierno provisional “Consejo de Comisarios del Pueblo”, los bolcheviques buscaban restar importancia a las evidentes similitudes formales y estructurales con los gobiernos “burgueses” y proclamar y dramatizar el papel revolucionario y el contenido de clase que creían que debía encarnar. Como señaló Krupskaya: “Estos ministros tendrían que crear formas de trabajo completamente nuevas, formas cualitativamente diferentes al trabajo de los antiguos ministros y ajenas al viejo espíritu burocrático. Aunque no se trataba solo del nombre, sin embargo era necesario llamar a los ministros con un nombre nuevo”. Tanto Krupskaya como Bonch-Bruyevich le otorgaron a Lenin el crédito por inventar el título del nuevo gobierno, una opinión que fue respaldada después unánimemente por los historiadores stalinistas. Sin embargo, la idea fue de Trotsky. Yoffe, quien tocó esta cuestión en un artículo escrito para el segundo aniversario de la Revolución Bolchevique en 1919, recordaba que “una vez, en una reunión de aquellas personas que habían encabezado la revolución desde el principio, intentábamos recordar, por ejemplo, quién inventó primero los títulos ‘Comisario del Pueblo’ y ‘Consejo de Comisarios del Pueblo’, y fue solo después de prolongadas discusiones e intercambios de recuerdos que logramos establecer que estos fueron propuestos por Trotsky”.
Lo cierto es que, a diferencia de la situación que prevaleció desde que Stalin estableció por primera vez su dominio, Rabinowitch afirma que ni Lenin mismo ni la segunda figura más prominente en 1918, hablamos de Trotsky, ocupaban algún puesto en la maquinaria del partido. Es cierto que mucho antes del final de la Guerra Civil el Politburó ya había comenzado a dirigir la implementación de ciertas áreas importantes de la política, y entre 1921 y 1923 su esfera de acción se expandió rápidamente hasta abarcar casi todo el rango de la actividad gubernamental, sofocando al Sovnarkom. Sin embargo, la larga demora, antes de que el papel dirigente y de dirección del partido se institucionalizara, de esta manera genera serias dudas sobre su lógica, supuestamente inevitable, o su inspiración en la teoría marxista. Además, aunque la doctrina y las tradiciones prerrevolucionarias del partido claramente facilitaron este proceso de sustitución y burocratización, hubo otros factores que tuvieron un papel importante y quizás necesario para que esto ocurriera. En 1922 Lenin ya estaba seriamente preocupado por la aparición del Politburó como un órgano de gobierno soberano sobre el Sovnarkom, y en los últimos meses de actividad que le quedaron hizo esfuerzos estériles y vanos por revertir el proceso en marcha. El fracaso de establecer una relación estable y democráticamente revolucionaria entre el partido, los soviets y el Sovnarkom, (¿condiciones de posibilidad del establecimiento del Stalinismo), como demuestra Rabinowitch, tiene sus titubeantes inicios en esta coyuntura de 1918-1919.
[1] Sucesivamente sus dos últimos libros: The Bolsheviks in Power: The First Year of Soviet Rule in Petrograd, Indiana U. P., Bloomington, 2007; y: The Bolsheviks Survive. Petrograd 1919, Pittsburgh U. P., Pittsburgh, 2026.
[2] El Comité, en el que los principales miembros del Soviet de Petrogrado se unieron con representantes de organizaciones de soldados y marineros, comités de fábricas, sindicatos y las organizaciones militares de los partidos revolucionarios, era fluido e incierto en cuanto a su membresía formal, pero en la práctica estaba dominado por un núcleo bolchevique centrado al principio en el presidente del Soviet de Petrogrado, Trotsky, y más tarde aumentado por un grupo de cinco miembros del CC bolchevique (Stalin, Sverdlov, Bubnov, Dzerzhinsky y Uritsky). Funcionaba a través de un cuerpo de comisarios formado apresuradamente, enviados a unidades de la guarnición de Petrogrado y diversas instituciones y organizaciones, y reclutados en gran medida entre los miembros militantes y resueltos de la Organización Militar Bolchevique, muchos de los cuales habían sufrido prisión por parte del Gobierno Provisional tras los llamados “días de julio”. La primera tarea de estos comisarios era presentarse con autoridad frente a los comisarios del Comité Ejecutivo Central, dominado por mencheviques y social-revolucionarios, asegurando así que las tropas actuaran solo bajo instrucciones del MRC.
[3] Sobre la historia y constitución del Consejo de Comisarios del Pueblo véase el definitivo libro de Rigby: Lenin’s Government: Sovnarkom 1917-1922, Cambridge University Press, Cambridge-New York, 1979. Aparte de su nombre extravagante y desafiante, y de considerarse como el primer gobierno proletario en la historia de Rusia, a simple vista parecía que había poco que distinguiera al nuevo ejecutivo soviético de un gabinete burgués moderno. Estaba compuesto por un presidente (Lenin) y catorce miembros, de los cuales solo tres no tenían responsabilidades específicas en departamentos del gobierno: A. I. Rykov (Asuntos Internos), V. P. Milyutin (Agricultura), A. G. Shlyapnikov (Trabajo), V. P. Nogin (Comercio e Industria), A. V. Lunacharsky (Educación), I. I. Skvortsov-Stepanov (Finanzas), L. D. Trotsky (Asuntos Exteriores), A. I. Lomov (Justicia), I. A. Teodorovich (Suministros de Alimentos), N. P. Avilov (Correos y Telégrafos) y I. V. Stalin (Nacionalidades). Los tres restantes, V. A. Antonov-Ovseyenko, N. V. Krylenko y P. E. Dybenko, constituían un Comité responsable de Asuntos Militares y Navales. Esto realmente fue un cambio respecto a la práctica prerrevolucionaria, pero solo duró un mes aproximadamente, cuando se restablecieron carteras separadas para el Ejército y la Marina al estilo burgués. El puesto de Comisario del Pueblo para los Ferrocarriles quedó temporalmente vacante. Cuando se compara el Consejo de Comisarios del Pueblo (o Sovnarkom, usando su acrónimo ruso) con la estructura ministerial heredada por el Gobierno Provisional del régimen Imperial, la forma conservadora del nuevo gobierno se vuelve aún más evidente, ya que con pocas excepciones la división de responsabilidades entre sus miembros era idéntica.
[4] Véase: Lenin. Obras completas; XXVII, Akal editores, Madrid, 1976, p. 91.




