Presentamos la nominación del libro Marxism and the Socialist Transition. Volume I: State, Power and Bureaucracy de Roberto Sáenz, recientemente publicado por la editorial Brill en la serie Studies in Critical Social Sciences, realizada por el economista marxista Ramiro Manini.
Marxism and the Socialist Transition. Volume I: State, Power and Bureaucracy fue publicado originalmente en castellano como El marxismo y la transición socialista. Volumen I: Estado, poder y burocracia, por la Editorial Prometeo de Argentina para América Latina y España. Además, será publicado en mayo próximo por la Editorial Boitempo de Brasil, mientras se encuentra en curso su traducción al francés.
La obra de Roberto Sáenz recoge los hilos de continuidad entre la obra vibrante, completa y comprensible de Marx y Engels, el marxismo revolucionario de Lenin, Trotsky, Rosa Luxemburgo, Gramsci y Christian Rakovsky, las valiosas contribuciones de los marxistas anti estalinistas de Europa del Este y los estudios contemporáneos para extraer conclusiones radicales de la experiencia de la ex URSS y otros Estados no capitalistas del siglo XX. Una contribución estratégica a las revoluciones socialistas que se avecinan, que busca reconectar la teoría de la revolución con la perspectiva de la emancipación de la clase obrera y de toda la humanidad.
De igual manera que Marx y Engels sacaron conclusiones de las revoluciones burguesas y de la Comuna de París, Lenin y Trotsky de la Comuna y de la revolución rusa de 1905, el balance de las revoluciones del siglo XX es una tarea de nuestra generación militante, marxista y revolucionaria.
El libro de Sáenz emprende el balance de las revoluciones del siglo XX revisitando la teoría del estado de Marx a la luz de los desarrollos de la contrarrevolución burocrática stalinista. Es en este diálogo entre la teoría y la experiencia histórica que Sáenz cimenta sus principales conclusiones: que la estatización de la propiedad privada en la transición no garantiza en sí misma la dominación de la clase obrera, sino que la clase trabajadora debe ejercer de manera efectiva, activamente, políticamente, su dominación como clase. La elevación de la clase obrera a clase dominante es toda una tarea histórica, donde la misma dictadura proletaria debe tender a absorberse en la sociedad. Al contrario de lo que pasó en las sociedades no capitalistas del siglo XX, donde la sociedad fue absorbida por un Estado ya no obrero sino burocrático.
Particularmente, este primer volumen de la obra de Sáenz hace una contribución significativa a la teoría marxista del estado, de la burocracia y de la propiedad en las sociedades no capitalistas.
En relación con la teoría del estado, el autor emprende una complejización basada en una relectura de Marx a la luz de los desarrollos concretos de las sociedades en transición al socialismo, donde los conceptos clásicos de “Estado burgués” y “Estado obrero” no son suficientes para entender la realidad de las formas estatales concretas en formaciones sociales transitorias.
Sáenz retoma la tesis de Marx de que la modernidad capitalista produce el Estado político, el “Estado como tal”, porque produce la separación del Estado de la sociedad civil, de la política y la economía, de lo público y lo privado. La revolución proletaria viene a resolver esa separación de manera emancipatoria: el solapamiento de Estado y sociedad por la vía de la sociedad “actuando esta en el ámbito político de manera cada vez más colectiva” (Sáenz, p. 59). Pero el siglo XX mostró el proceso inverso: en lugar de la reabsorción del Estado por parte de la sociedad, el Estado burocrático estalinista se reafirmó de manera antisocialista, estatizando la sociedad y erigiéndose como un aparato en oposición a la sociedad.
Esto remite a la crítica de Sáenz al esquema histórico “unilineal”: la relación dialéctica entre Estado y sociedad no es mecánica, es históricamente determinada, y su evolución histórica no es lineal. Esta visión, arraigada en la obra de Marx, se perdió en la ortodoxia marxista del siglo XX, que llegó a clasificar a cualquier formación estatal donde se hubiese expropiado al capitalismo como “Estado obrero” en completa abstracción de todas sus determinaciones reales y concretas. Sáenz señala, en cambio, que la expropiación de la burguesía ha producido históricamente diferentes resultados: los primeros años de la revolución rusa, donde la clase obrera estuvo realmente en el poder; las revoluciones anticapitalistas pero no obreras, como la revolución China o Cubana; la expropiación del capitalismo en Europa oriental por parte del ejército rojo luego de la derrota del nazismo; y por último la colectivización forzosa, que de acuerdo con Sáenz fue una eliminación de la propiedad privada contrarrevolucionaria, que en lugar de fortalecer el estado obrero fue la base social de su transformación en un Estado burocrático.
La disolución del Estado en la transición al socialismo remite además a un problema de orden “filosófico”: la inversión de la causalidad, que en toda la historia humana parte del desarrollo de las fuerzas productivas al resto de las esferas de la vida social, en la transición al socialismo la dictadura proletaria (el carácter obrero del poder, una relación del orden de la política) es absolutamente determinante para el curso del desarrollo. En la transición socialista, de acuerdo con Sáenz, es la política la que -hasta cierto punto, porque sin desarrollo de las fuerzas productivas las nuevas relaciones sociales no pueden florecer- domina sobre la economía.
El capitalismo crea las condiciones para la transformación social, pero la conquista del poder político por parte de la clase trabajadora precede de manera necesaria esa transformación social. Desde ese punto de vista, la revolución proletaria es cualitativamente distinta de la burguesa: la burguesía ya tenía en sus manos los resortes de la sociedad, y necesitaba la revolución para romper todas las anacrónicas trabas del feudalismo y terminar con los últimos vestigios de poder político de las viejas clases dominantes. Una vez despejado ese camino, la propia lógica del capital impone un automatismo, basado en la necesidad del desarrollo de las fuerzas productivas y la apropiación de plusvalía relativa. El capitalismo opera, se desarrolla, crece, a espaldas de los sujetos, como afirmó Marx en El Capital. La transición al socialismo, en cambio, no es un modo de producción definido, sino que es una formación económico social en movimiento. La transición al socialismo es un proceso consciente, por oposición a lo automático o inconsciente del capitalismo. Si en el capitalismo las relaciones sociales entre las personas se nos aparecen como relaciones sociales entre cosas (mercancías) que no controlamos y se nos imponen objetivamente, la transición al socialismo es el proceso mediante el cual la humanidad recupera el control consciente de sus propias relaciones sociales. Y la forma de ese proceso es el ejercicio del poder político por parte de la clase obrera: la toma del poder, el triunfo en la guerra civil, la puesta en pie de organismos e instituciones de democracia proletaria, partidos políticos, programas, la planificación de la economía. Hay un comando consciente en la transición, amén de que Sáenz sostiene que la democracia obrera y la planificación de la economía coexisten en la transición con la ley del valor y el mercado: son tres los “reguladores” de la transición.
En el capitalismo, el trabajo muerto (el capital acumulado por siglos de explotación obrera) domina al trabajo vivo. En la transición el trabajo vivo domina al trabajo muerto, pero no de manera automática: lo hace en tanto tenga en sus manos el poder político. Esa enorme potencialidad que tiene la clase obrera de retomar en sus manos sus relaciones sociales a partir de la toma del poder político ubica materialmente a la subjetividad en otro lugar en la transición al socialismo. El poder y la planificación de la economía por parte de la clase trabajadora, se transforma en una relación de producción.
Esta inversión de la causalidad en la transición es la base material en la que se funda Sáenz para la actualización de la teoría marxista del Estado: el análisis aparente de las relaciones de producción (el grado de “expropiación” de la propiedad privada) se vuelve impotente para determinar el carácter del Estado en la transición. Justamente, esa primacía de lo político en una formación social en movimiento implica que es el carácter del poder, la clase social que efectivamente domina, el que determina el carácter del Estado. Desde ese punto de vista, la relación entre Estado y régimen político es mucho menos plástica en la transición al socialismo que en el capitalismo: mientras la burguesía puede dominar el Estado bajo una infinidad de regímenes políticos, la clase obrera no: necesita ejercer de manera real y efectiva su dominación para que el Estado sea su estado, un estado obrero.
Parte fundamental del trabajo teórico de Sáenz es la caracterización de la burocracia de las sociedades no capitalistas del siglo XX, que se demostró como un fenómeno original, cualitativamente distinto de la burocracia estatal capitalista o la burocracia de los sindicatos. La obra de Sáenz retoma y profundiza las intuiciones del revolucionario bolchevique Christian Rakovsky y demuestra que la burocracia en las sociedades no capitalistas puede transformarse en una “clase política” y desplazar del poder a la clase trabajadora, imprimiendo su propio carácter a un Estado que no es ni obrero ni burgués: es burocrático. Cómo decía Marx, la burocracia “posee al estado como su propiedad privada”. La base material de esta elevación de la burocracia de ser un mero órgano administrativo de otra clase social a darse sus propios fundamentos sociales es justamente la inversión de la causalidad que opera en la transición al socialismo, la enorme importancia de lo político. La burocracia se establece primero como una mera diferenciación funcional con respecto al conjunto de la clase obrera. Pero, en un proceso histórico absolutamente original, esa misma burocracia logró desplazar a la clase obrera en el poder y transformar esa diferenciación meramente funcional en social: “la superposición de economía y Estado propia de la transición socialista le permite inhibir el proceso transicional, monopolizar los medios de producción estatizados, es decir, politizados, a su servicio. Haciendo esto, consagra no solo espiritual sino materialmente las aspiraciones habitualmente inhibidas de toda burocracia: dominar el proceso social de producción y reproducción.” (p. 263). Un proceso histórico original con el que Sáenz nutre su actualización de la teoría marxista del estado y la burocracia.
La elevación de la burocracia del Estado obrero cómo clase política no es para Sáenz una imposición de la historia, una suerte de “ley de hierro” weberiana de la revolución. Es el resultado de una lucha política: la burocracia estalinista se impuso producto de la derrota de la revolución mundial y del aplastamiento de la clase obrera y del campesinado ruso en una sangrienta contrarrevolución social. Sin embargo, este triunfo no le permite a la burocracia superar su carácter de clase “política”, no una clase histórica, social en el sentido clásico, con raíces en la economía (Sáenz crítica en su obra las caracterizaciones de “capitalismo de Estado” y “colectivismo burocrático”, en las que se asume a la burocracia como una clase social en sentido clásico). La burocracia administra la propiedad estatizada, pero no tiene con ella una relación de propiedad directa como tiene la burguesía en el capitalismo, sino una mediada por el estado, por su dominación política.
Por último, con respecto a la propiedad en las sociedades no capitalistas, Sáenz sale de los lugares comunes que igualan la expropiación y la estatización de la propiedad con la socialización. La realidad del siglo XX demostró que esto es mucho más complejo: para que la clase obrera sea realmente propietaria de la propiedad estatizada debe tener en sus manos el poder político. Y la disolución de toda forma de propiedad (la socialización) tiene al poder de la clase trabajadora como condición sine qua non. Sáenz demuestra en su libro como la propiedad, una relación del órden de la materialidad, es determinada en la transición al socialismo por el poder, una relación del órden de la política, una inversión dialéctica.
La propiedad privada capitalista es una forma de propiedad económica, absoluta, consagrada jurídicamente pero sin mediaciones políticas: el propietario, quien detenta el título de propiedad, es dueño incuestionable:
“La propiedad privada capitalista tiene ese carácter: se ha despojado de toda forma política. Es una relación del orden del derecho civil y, por lo tanto, del orden privado y no público, cuyo camino inverso es, en la transición socialista, el pasaje por una forma política de propiedad, camino a la abolición de toda forma de propiedad” (p. 304).
La propiedad estatizada en la transición al socialismo, en cambio, es una forma política de propiedad:
“El carácter colectivo de la propiedad debe poder expresarse como una potestad común real sobre los medios de producción, la tierra, la infraestructura, los cielos y el mar, etc. Y solo puede hacerlo en el orden político, en alguna instancia de representación, que por definición son instancias políticas. El contraste con la propiedad privada capitalista es palmario. Como propiedad privada del orden del derecho civil, como expresión jurídica de una relación social de la sociedad civil, no requiere de una forma política, de ninguna forma de representación. El derecho, una superestructura, solo consagra en el orden jurídico al propietario privado, que, repetimos, es una “institución” de la sociedad civil, no de la sociedad política” (p. 305).
Por eso es un error atribuir en la transición al carácter estatizado de la propiedad un lugar determinante en las verdaderas relaciones sociales. Por el contrario, el carácter de las relaciones sociales y, en última instancia, el verdadero carácter de la propiedad estatizada, depende del carácter del poder, del hecho de que sea real y efectivamente la clase obrera la clase social y políticamente dominante en el Estado. Para Sáenz no es el carácter estatal de la propiedad lo que determina el dominio obrero sobre el estado, sino por el contrario, sólo el ejercicio real del poder por parte de los trabajadores puede darle a la forma estatal de propiedad un contenido realmente colectivo, emancipatorio.
El aporte de la obra de Sáenz, que excede los puntos que he tratado precedentemente, me parece fundamental para la actualización del marxismo en el siglo XXI. Una obra que, de acuerdo a su autor, rompe con la “ortodoxia” de los esquemas marxistas tradicionales:
“la “heterodoxia” bien entendida no es una tabula rasa sino una nueva síntesis para la cual se requieren siempre esfuerzos mucho más exigentes, por oposición a la pereza y el conservadurismo mental. Lógicamente que esta “nueva síntesis” debe ser seria, atenta a los hechos, a la teoría y a la experiencia revolucionaria, así como a los principios fundamentales del marxismo revolucionario (repetimos: la ortodoxia es “perezosa”: un lugar de consuelo y no de desafío)” (Sáenz p. 69).
Estamos ingresando a un nuevo mundo en el que, aunque actualmente domina la extrema derecha, existe una perspectiva de rebote, de resurgimiento de la extrema izquierda, de radicalización y polarización. El reinicio de la experiencia histórica del proletariado, expresado en los nuevos sectores de la clase obrera estadounidense y mundial que comienzan a organizarse, plantea una etapa en la que el retorno de las revoluciones anticapitalistas y socialistas en el siglo XXI es factible y necesario. El relanzamiento de la lucha por el socialismo nos obliga a afrontar cuestiones tanto político-epocales como teórico-estratégicas: hacer un balance exhaustivo, teórico, político y estratégico, y no solo histórico, de la experiencia del estalinismo, que significó la frustración de las primeras experiencias emancipadoras de la clase obrera. Esa frustración ha sido poco investigada en la renovación del marxismo contemporáneo, pero es fundamental para relanzar la lucha por el socialismo en el siglo XXI. Esta obra hace un aporte clave en esta tarea histórica.




