Premios Nobel

Nobel de Economía: ganó la suba del salario mínimo

Este lunes la Real Academia de Ciencias de Suecia hizo públicos los nombres ganadores al Nobel de Economía: David Card, Joshua Angrist y Guido Imbens. El primero se queda con la mitad del premio por demostrar empíricamente que subir los salarios no genera desocupación.



Este lunes la Real Academia de Ciencias de Suecia hizo públicos los nombres ganadores al Nobel de Economía: David Card, Joshua Angrist y Guido Imbens. El primero se llevará el 50% del premio, mientras que Angrist e Imbens se repartirán la mitad restante.

Los tres economistas se destacaron durante las últimas décadas en el campo de los llamados «experimentos naturales». Se trata de investigaciones empíricas que, según la Academia sueca, han innovado las investigaciones económicas. Card lleva varias décadas investigando variables de empleo, inmigración y educación mediante experimentos naturales. Su lugar destacado en la nómina corresponde a las importantes consecuencias prácticas que plantean sus investigaciones.

Card estudió (junto a Krueguer, otro economista de trayectoria) durante la década de 1990 las fluctuaciones del salario mínimo y de los nuevos puestos de trabajo en las cadenas de comida rápida de EEUU. El resultado de la investigación: subir el salario mínimo no destruye puestos de empleo, sino que puede contribuir a crearlos.

La investigación

En 1992, el estado de Nueva Jersey aumentó el salario mínimo de 4,25 a 5,05 dólares por hora. El estado vecino de Pensilvania, por su parte, lo mantuvo en los 4,25 dólares la hora. Ambos Estados poseían en ese momento similares características económicas y de desarrollo industrial. Incluso los dos estaban en manos del Partido Demócrata. Aprovechando las similitudes, Card comenzó un relevamiento del desarrollo de la variable de nuevas contrataciones en ambos estados.

Se tomaron como referencia 410 puntos de venta en cada Estado, correspondientes en su mayoría a cadenas como Burger Kink y KFC. Esto se debió a que el sector de comidas rápidas era el que empleaba a más trabajadores que cobrasen el salario mínimo. Hoy esto sigue siendo un hecho, aunque podríamos sumar a otros sectores como las «economías de plataformas». Se trata de empresas dedicadas a recaudar millones gracias a la precarización laboral de sus trabajadores.

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Los resultados  de la investigación fueron tajantes. En Nueva Jersey el salario mínimo aumentó un 10% y el salario promedio un 3%. Pero no se redujeron los puestos de trabajo a tiempo completo, sino que se habían creado nuevos. La tendencia inversa se observó en Pensilvania, donde el salario mínimo no había aumentado. Hasta se observó una «pequeña y estadísticamente insignificante» migración de trabajadores desde un estado al otro.

Estos resultados dejaron en claro que el encarecimiento del salario no significó necesariamente la destrucción de empleos, uno de los argumentos predilectos de las patronales de todo el mundo para esquivar mejoras en el salario mínimo.

Otro de estos argumentos patronales es que la suba del salario generaría una inflación desmedida. Este fue uno de los argumentos esgrimidos por el kirchnerismo para negarse a tomar en cuenta la propuesta de aumentar el salario mínimo, vital y móvil a $100.000 de Manuela Castañeira. Pues bien: el estudio de Card muestra que el precio del menú aumentó en Nueva Jersey en el mismo período que aumentó el salario mínimo. Sin embargo, los aumentos no fueron mayores en los restaurantes de menores recursos, que podrían haberse visto más afectados por un aumento de «gastos» en mano de obra.

¿Qué significa esto? Que la inflación de los precios no fue generada por el aumento del salario, como variables espontáneas y objetivas de la economía, sino por los empresarios, que subieron sus precios para no bajar su margen de ganancia. De hecho, el estudio señala que algunos restaurantes no aumentaron sus precios sino que simplemente vieron reducida su tasa de ganancia. Los empresarios siempre tienen de dónde recortar, lo que sucede es que nunca quieren recortar sus ganancias.

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Y nótese que no hablamos de «dejar de ganar» ni de fundirse, sino simplemente de ganar menos: otros estudios realizados por Card y Krueguer (centrados en la apertura de locales de McDonald’s entre 1986 y 1990) señalaron que, mientras el salario mínimo aumentó en EEUU, los nuevos comercios (y los nuevos puestos de trabajo) no dejaron de crecer.

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