España

No pasarán: militantes antifascistas boicotean acto de Vox en Vallecas

Sucedió la semana pasada en medio de un clima de fuerte polarización política de cara a las elecciones en Madrid. Los manifestantes de izquierda repudiaron a Vox y resistieron la represión policial. Hubo 35 heridos y 4 detenidos.



Foto: Rodrigo Jiménez | EFE

En un contexto de fuerte polarización política, el próximo 4 de mayo se realizarán las elecciones comunales de Madrid donde se elegirán 136 diputados.

Es en ese marco, en una clara acción provocadora, los ultraderechistas de Vox convocaron para el pasado miércoles 6 de abril un mitín en la Plaza de la Constitución del barrio madrileño de Vallecas como acto de apertura de su campaña electoral.

¿Pero por qué es una acción provocadora? Porque Vallecas es un bastión histórico de la izquierda española y un lugar de fuerte concentración de militancia antifascista. Tanto es así que dicha plaza es mejor conocida como «la Plaza Roja».

Ya desde la Guerra Civil Española, Vallecas tuvo un claro carácter obrero e izquierdista que subsiste hasta hoy, donde el equipo de fútbol local -Rayo Vallecano- es internacionalmente conocido por tener una clara impronta antifascista en sus tribunas, con sus banderas y sus cantos que hacen referencia a la cuestión.

De hecho, ya desde la previa al acto de Vox los «ultras» del Rayo Vallecano habían advertido que no iban a permitir que los fascistas pisen su barrio. Distintas organizaciones de izquierda y antifascistas se organizaron a través de las redes sociales para boicotear el acto de la derecha, con la consigna «fuera los fascistas de nuestros barrios».

Los de Vox se escudaron en su «derecho democrático» a hacer campaña donde ellos quisieran (aunque habría que preguntarles cómo se concilia su supuesto democratismo con su reivindicación abierta de la dictadura de Franco). El gobierno madrileño del PP envió a la policía para evitar disturbios y proteger a los fascistas para que puedan hacer su acto.

Provocación

Sin embargo, la Policía se vio desbordada cuando se encontró con que el número de activistas antifascistas duplicaba a los asistentes al acto de Vox, mostrando que el barrio de Vallecas no se quedaba indiferente ante la provocación fascistoide.

Frente a las 300 personas reunidas para participar del acto, más de 600 jóvenes y obreros vallecanos se hicieron presentes con banderas de la Segunda República y consignas históricas de lucha contra el fascismo que provienen de la Guerra Civil Española, como «No pasarán» y «Madrid será la tumba del fascismo».

La tensión estalló cuando el líder de Vox Santiago Abascal subió al atril e instó a sus seguidores a «ir a por ellos» en referencia a los vecinos de Vallecas que se acercaron a repudiar el acto. Videos que circularon por las redes mostraron claramente como Vox montó la provocación cargando contra los manifestantes con la complicidad de la policía, que largó la represión contra los activistas de la izquierda.

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Lejos de dispersarse, el bloque antifascista resistió la represión policial. Ello se vio reflejado en los números reportados en los enfrentamientos, donde de los 35 heridos informados, en 21 casos se trataba de agentes de la policía.

Los días siguientes encontraron a los principales referentes de Vox victimizándose en los medios de comunicación, argumentando que habían sido víctimas de una agresión de la extrema izquierda y responsabilizando al gobierno centroizquierdista de Pedro Sánchez.

Sin embargo, la campaña de victimización tuvo poco éxito debido a la difusión de las imágenes donde quedaba claro la connivencia de Vox con la policía. De hecho, se viralizó una imagen donde uno de los militantes ultraderechistas se sacaba una «selfie» con uno de los agentes del cordón policial.

El dirigente de PODEMOS, Pablo Iglesias, reveló que el derechista de la foto tenía una orden de restricción hacia él y su familia en una causa por acoso y hostigamiento.

Polarización política

Hechos como los de Vallecas son la expresión de una cada vez más profunda polarización política que atraviesa la sociedad española, donde (de alguna manera y hasta cierto punto) resurge simbólicamente el enfrentamiento tal como lo dejó planteado la guerra civil española de la década del ’30.

De hecho, mientras sucedían los incidentes de Vallecas, en España fue primer TT Nacional el hashtag #SpanishCivilWar.

Esto no es casualidad ni es sólo la apreciación de los sectores políticamente más radicalizados, sino que las referencias a la Guerra Civil están apareciendo cada vez más nítidamente en la política española.

El ejemplo más claro es el propio Vox, que se reivindica franquista e incluso han agrupado a sectores abiertamente fascistas con movilizaciones en las calles, poniéndose como objetivo la lucha contra el «comunismo».

Pero incluso el actual gobierno centroizquierdista encabezado por Sánchez representa una de las formaciones políticas gobernantes más a la izquierda desde el gobierno del Frente Popular de 1936, al cual reivindican explícitamente, sobre todo desde los sectores ligados a PODEMOS. Por supuesto, el gobierno de Sánchez sigue siendo 100% capitalista y no pretende hacer nada serio contra el Régimen del 78′, pero su discurso y simbología recuperan hasta cierto punto el republicanismo de la década del ’30.

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La tradición histórica de enfrentar al fascismo

En ese sentido, la jornada del 6 de abril generó debate también al interior de las filas de algunos sectores de la izquierda, sobre todo los más ligados al gobierno de la alianza PSOE-PODEMOS.

Estos sectores más cercanos al régimen político plantearon antes y después de los hechos que fue un error haberse hecho presentes en el acto de Vox para repudiarlo, con el argumento de haber caído en la «trampa» armada por Vox para generar disturbios, victimizarse y lograr más publicidad.

Este tipo de argumentos caen en el error de creer que la derecha e incluso la ultraderecha crece debido a que se le da «difusión». Pierden de vista que, en última instancia, la ultraderecha existe como resultado de la radicalización de los prejuicios más atrasados de algunos sectores de la sociedad: el racismo, la homofobia, la islamofobia, etc. Estas ideas reaccionarias tienen tierra fértil para crecer no debido a que sean «difundidas» en abstracto sino a las condiciones de miseria social y crisis de perspectivas que se imponen en tiempos de crisis capitalista.

En vez de «ignorarlos», a los fascistas se los combate. Afortunadamente, en España se cuenta con una enorme tradición de lucha al respecto que hunde sus raíces en la propia Guerra Civil.

Jornadas como la de Vallecas no son exclusivas de España, sino que ilustran las condiciones de polarización política que emergen en todo el mundo y que nos reenvían a la experiencia de lucha antifascista del siglo pasado.

Uno de los grandes ejemplos históricos a los que alude (en pequeña escala) los enfrentamientos de Vallecas es la famosa Batalla de Cable Street, en Londres, en 1936. Similar a lo ocurrido en Vallecas, pero en una dimensión muchísimo mayor, los fascistas dirigidos por Oswald Mosley intentaron marchar por el barrio East End, de mayoría obrera y judía. Una gran movilización conformada por comunistas, anarquistas y población judía del barrio, bajo la consigna «They shall not pass» impidió la movilización, barrieron con los fascistas del barrio asestándoles una derrota política de la que nunca se recuperarían.

Es fundamental reivindicar la tradición histórica de enfrentar al fascismo en las calles en este contexto de polarización y de choque de clases cada vez más agudos a los que conduce la crisis capitalista del Siglo XXI.

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