Crítica de cine

No Other Choice, una sátira anticapitalista

La comedia negra es un género que nos permite satirizar situaciones que normalmente nos resultarían agobiantes o deprimentes, difíciles de digerir si no fuera por el recurso del humor. La nueva película de Park Chan Wook, “No other choice”, a partir de este género pone en extremo una idea que, aunque común, es de lo más absurda: la idea de que la única forma de sobrevivir es liquidándonos los unos a los otros. ¿No hay otra opción?

La película de Park Chan Wook es aguda y actual. Nos habla del problema del desempleo,  la irrupción de la IA, la vejez y las absurdas salidas que este sistema pretende brindarnos, a saber, la eliminación entre los mismos trabajadores por un puesto laboral.

No Other Choice nos presenta a un trabajador, Man-soo, que por 25 largos años trabajó en una papelera. Fruto de sus esfuerzos, logró comprar la casa de su infancia, fabricó muebles y juegos para sus hijos, logró un piso de vida superior al de su proveniencia. La película comienza con una escena idílica, con el protagonista pensando  que “lo tiene todo” y que es muy feliz. Sin embargo, esta tranquilidad sólo durará unos minutos del film, puesto que lo que le espera es uno de los peores males que atormenta a cualquier trabajador: el desempleo.

Esta situación angustiante de la que nos habla la película, muestra que en el capitalismo todo es temporal, nada es seguro. Ni el que trabajó 25 años en un mismo lugar tiene asegurada la salvación. La empresa de Man-soo es vendida a una fábrica estadounidense que propone una “reestructuración del personal”. Man-soo, que en un principio trata de hablar con los nuevos jefes y hacer valer el recorrido que tienen él y sus compañeros en la fábrica y sus derechos laborales, se encuentra con una afirmación presentada como fatalidad. El nuevo directivo yanqui sin mucho reparo le dice: “there ‘s no other choice”.

En No Other Choice, la comedia negra nos permite ser testigos de la degradación más mísera de los sujetos, que el director señala con mucha claridad: “Si lo pensás, las acciones de Man-soo parecen muy tontas. Los verdaderos responsables de la trágica situación en la que está, en realidad, son la empresa y este sistema capitalista. A ellos debería atacar, pero en su lugar decide apuntar el arma hacia otro, igualmente trágico, compañero desempleado”[1].

En la película, somos testigos de cómo el protagonista atraviesa una verdadera lucha en el mercado, posicionándose frente al violento y divisivo mundo de la competitividad impuesta por los departamentos de recursos humanos de las empresas. Man-soo es un protagonista que acepta las reglas del juego individualista, pues, según sostiene durante el film como mantra, “no hay otra opción”.

La película pareciera jugar a un todo o nada bastante literal. Man-soo asesina a su competencia porque el otro camino implicaría una renuncia al yo, equivalente a una muerte simbólica. La película, mediante breves escenas, nos permite reconstruir el amor que Man-soo le tiene a su casa, a sus plantas, a que su hija vaya a clases de violoncello o a sus perros que tiene que despedir, pues la plata no alcanza para sostenerlos.

Para él, todo lo anterior no son solo cosas, sino que significan, tienen un contenido que condensa años de esfuerzos y el recorrido de una vida, su vida. Renunciar a todo lo que construyó es para él, entonces, una forma de rendirse, una forma de muerte, aquella que despoja a los trabajadores de lo poco que logran construir en este sistema explotador. Man-soo se niega a dejar todo eso, todo lo que lo hace ser él. Por ese motivo, no escucha los consejos de su esposa que, ante las graves dificultades económicas que se avecinan, es la que esboza las medidas dolorosas, aunque necesarias.

A su vez, la absurdidad de la situación nos permite empatizar con Man-soo. Como sucede en varias películas de Park Chan Wook, se nos construye la figura de un buen hombre que, por distintas cuestiones, se ve en la situación de realizar malas acciones.

La comedia negra y el slapstick son recursos que el director utiliza para alivianar el peso de los crímenes del protagonista. Por ejemplo, el primer asesinato que Man-soo realiza (a medias) es el de Gu Beom-mo, un veterano en la industria del papel como él. La escena contiene una serie de enredos que terminan constituyendo un “sketch” que provoca risa, al mismo tiempo que muestra una situación lamentable a la que se somete el protagonista.

Park es un director muy meticuloso al momento de dirigir con sus encuadres de cámara, los cuales varían desde planos abiertos o claustrofóbicos con una fotografía sobria, sus escenas de acción bien preparadas mediante storyboards previos para plasmar la torpeza del protagonista al momento de llevar a cabo sus acciones, y el uso meticuloso de la banda sonora para representar auditivamente las sensaciones o emociones que componen la escena y acompañan las desgracias de la familia protagonista (un ejemplo muy marcado es el uso constante del violoncello, elemento musical apegado al personaje de la hija, que representa la ansiedad y presión de Man-soo).

Park, en este proyecto, problematiza de manera inteligente y crítica dos aspectos muy marcados: La competencia entre trabajadores por la pérdida y recuperación de la fuente de trabajo y el problema del avance tecnológico como método de reemplazamiento de los sectores más descartables según el mercado capitalista.

“Man-soo no se encuentra en una situación en la que tenga que irse a vivir inmediatamente a la calle y pasar hambre. Simplemente no quiere caer por debajo del nivel de vida de clase media que ha mantenido hasta ahora. Cuando dice que no hay otra opción, es solo una excusa. Así que, en la escena en la que Man-soo le dice a Beom-mo que, si no tiene dinero, puede vender su casa o ir a trabajar a un supermercado, el público se da cuenta de que Man-soo es consciente de este hecho. ¿Por qué no sigue sus propios consejos? Todo su proceso de crear una empresa falsa, publicar una oferta de trabajo y recoger currículos para matar a sus posibles competidores es un método muy capitalista en esencia. Las empresas eligen a los mejores candidatos para contratarlos, y Man-soo hace algo peor al seleccionar a estos mejores candidatos para matarlos”[2].

Para reestructurar su vida nuevamente, Man-soo acepta entrar en la lógica del mercado  y concebir a los otros como su competencia.  Los otros desempleados que presenta la película, también sufren de distintas maneras. Por ejemplo, Gu Beom-mo está hundido en el alcohol hasta que ve que puede tener la oportunidad de obtener un trabajo. Esto hace que se reanime, que tire el alcohol y sienta que tiene un propósito para vivir nuevamente. Por otra parte, Oh Jin-ho trabaja en una zapatería diligentemente y tiene una hija a la cual sostener.

Man-soo tiene que obligarse a olvidar que sus víctimas son personas, y no empatizar con ellas, se vuelve una persona forzada a hacer lo que jamás habría hecho; él también es un ejemplo de cómo el desempleo destroza psicológicamente a los trabajadores, les quita su lugar y su valor. Es más, aunque avancen con sus objetivos, a lo largo de la película los personajes se empobrecen; conseguir el trabajo, ser el elegido, le cuesta a Man-soo abandonar su personalidad. Lo que antes se negó a hacer, entregar a sus compañeros o pisotear a otros, es al final de la película lo que deja pasar con una risa condescendiente, contento de que su familia y él mismo recuperen el nivel de vida que poseían antes. El costo es que es un ser humano más alienado, menos honesto consigo mismo y sus ideas del mundo, mutilado para sobrevivir lo que pueda ante estas reglas del juego.

“Cuando Man-soo está en una entrevista de trabajo, hablan sobre una prueba del sistema de encendido de luces de IA; también hay una toma de las luces apagándose. El público empieza a preguntarse cuánto tiempo podrá aguantar Man-soo en este trabajo por el que mató a tres personas. Quería transmitir el mensaje de que ser despedido es un acto muy violento que destruye la humanidad, y la IA está haciendo eso con la humanidad ahora mismo”[3].

Otro problema contemporáneo que plasma Park en su película es el salto en el avance de la tecnología a partir de la implementación de la inteligencia artificial y la contradicción que significa esto para los trabajadores bajo el sistema capitalista. Muchas veces, se le atribuye a la IA lo que en realidad están haciendo los capitalistas con la tecnología: maximizar ganancias más allá de los intereses del ser humano encarnado en el trabajador que se queda sin su puesto laboral. El trabajador ve en la IA al enemigo, como si ella misma fuera un sujeto que viene por su puesto de trabajo, cuando en realidad lo que entra en contradicción son las relaciones de producción bajo este sistema. Sin embargo, nos parece agudo que una película retrate esta problemática.

La historia termina con un tinte oscuro, de incertidumbre, ya que por más que nuestro protagonista fue contratado, perdió mucho en el camino. Perdió elementos de su humanidad y el remate es que ya ni en su trabajo comparte con seres humanos: es, definitivamente, él último que quedó. Todos en la producción fueron reemplazados por máquinas comandadas por una IA y él mismo se ve alienado en sus labores. Ya no trabaja con personas, está solo, tratando de abstraerse, colocándose auriculares que emulan una clásica fábrica en funcionamiento. A su alrededor, las luces se apagan, la pantalla comienza a tornarse negra, aunque el personaje siga en escena, porque las máquinas no necesitan la luz para funcionar.

El film no apunta a plantear soluciones, pero es un retrato justo de algunos de los problemas que cada vez con más claridad esboza el siglo XXI. Puede que se incline hacia el ludismo, no obstante, esta película plantea la angustia que siente el trabajador ante fuerzas que se escapan de su control. La verdadera salida: que el ser humano tome las riendas de la sociedad y, con ella, las riendas de su existencia y las herramientas que utiliza para llevarla a cabo. De no realizarse ese camino, la imagen es desoladora.

[1] Park en una entrevista en el New York Film Festival https://youtu.be/ao6v90mWyW8?si=alqwQS7-ub0kNCAt

[2] Park en una nota de Little White Lies (https://lwlies.com/interviews/park-chan-wook-no-other-choice).

[3] Park en una nota de The Hollywood Reporter https://es.hollywoodreporter.com/no-other-choice-encuentra-el-humor-en-el-apocalipsis-de-la-ia/.

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