El sábado 28 de marzo, se realizó la tercera marcha nacional de No Kings (Sin Reyes) en los Estados Unidos. El nombre alude al hecho de que el país no es gobernado por monarcas desde hace 250 años, tras la conquista de la independencia de la corona británica en 1776.
El movimiento debutó en julio de 2025 con la realización de multitudinarias protestas a nivel nacional, en respuesta al autoritarismo de la segunda administración de Donald Trump y en solidaridad con la resistencia de los migrantes ante la razias racistas y xenófobas del ICE (un mes antes tuvo lugar la “batalla de Los Ángeles”). En octubre de ese mismo año, se llevó a cabo la segunda movilización, la cual contabilizó dos mil actos en los que participaron cinco millones de personas.
La jornada de este fin de semana fue aún mayor. Los organizadores estiman que ocho millones de personas tomaron las calles en 3.300 protestas, transformándola en la marcha más grande en la historia del país. Esto denota que el movimiento no paró de crecer desde que surgió en 2025, un síntoma del creciente malestar social con la Casa Blanca.
En esta ocasión, la actividad central se desarrolló en St. Paul, Minnesota, donde fueron asesinados dos ciudadanos estadounidenses, Renee Good y Alex Pretti, por parte de los agentes federales de ICE. Este hecho, así como la enorme resistencia social por parte de la comunidad, marcó el carácter combativo de la jornada.
Además de su aumento cuantitativo, también hay aspectos cualitativos que dan cuenta de la capilaridad social y extensión territorial que alcanzó No Kings. Por ejemplo, no se trata de un movimiento exclusivo de las grandes ciudades; según los datos brindados por la organización, dos tercios (66%) de las movilizaciones de esta jornada se desarrollaron fuera de los principales centros urbanos. Asimismo, reportan que alrededor de la mitad tuvieron lugar en estados republicanos o en disputa.
Lo anterior se condice con los pésimos resultados que obtuvieron los republicanos en los últimos meses, pues perdieron todas las votaciones que se realizaron desde el verano pasado, lo cual incluye la alcaldía de Nueva York, Virginia, Nueva Jersey y perdieron uno de los escaños en la Cámara de Representantes de Florida, una plaza fuerte de los republicanos.
Los detonantes de No Kings
El principal detonante de No Kings, es el rechazo que cunde entre amplios sectores de la sociedad estadounidense contra los intentos de Trump por avasallar las libertades democráticas en su segunda administración. A diferencia de su primer mandato, en esta ocasión cuenta con un gabinete cien por ciento MAGA y, además, el magnate se transformó en “amo y señor” del Partido Republicano.
Por este motivo, desde su retorno a la Casa Blanca, Trump no cesó en testear los límites del régimen democrático-burgués. Esto es muy propio de los gobiernos de extrema derecha, los cuales “mordisquean” los márgenes de la legalidad institucional para avanzar en sus ataques reaccionarios e imponer sus medidas autoritarias.
Son muchos los ejemplos que podemos dar para ilustrar lo anterior. Por ejemplo, la Casa Blanca no dice que está en guerra con Irán, sino que se trata de una “operación militar”, una maniobra legal que le sirve para evitar el control del Congreso. En un nivel más absurdo, tres días antes de la realización de la marcha de No Kings, el Departamento del Tesoro informó que iba a imprimir dólares con la firma de Trump, algo que nunca se había hecho con un presidente en funciones.
Pero todo tiene su reversibilidad dialéctica. En el caso de las provocaciones autoritarias de la administración Trump, al mismo tiempo incrementan el malestar social y potencian las movilizaciones. Además, es importante anotar que Trump ganó las elecciones prometiendo que no entraría en más guerras en el extranjero (principalmente en Medio Oriente) y que bajaría los precios desde el primer día de su mandato.
A todas luces, incumplió ambas promesas y defraudó a buena parte de su base electoral. Para desgracia de Trump, ambos fenómenos se entrecruzan, porque la guerra en Irán devino en una crisis en el suministro de combustibles a nivel internacional que, a su vez, provocó un aumento en el costo de la vida en los Estados Unidos.
De hecho, en la marcha de No Kings muchos manifestantes declararon que la guerra fue uno de los principales motivos que los apeló para movilizarse. El rechazo a la guerra es enorme entre la población estadounidense: un reciente estudio de la agencia Reuters/Ipsos, reveló que un 60% de los encuestados dijo que desaprobaba los ataques militares de su país contra Irán, contra un 35% que se declaró a favor.
Esto fue particularmente notable entre los jóvenes, los cuales representaron una mayoría de los manifestantes del 28 de marzo. “Nuestra generación ha crecido con la idea de guerras interminables en Medio Oriente (…) Y la idea de meternos en otra más es algo que, con razón, enfurece a la gente”, declaró Katy Gates, una joven de 22 años que ayudó en la organización de la marcha de No Kings.
Además del rechazo entre la población, la aventura militar de Trump derivó en el cierre del estrecho de Ormuz, que, sumado a los bombardeos iraníes de las instalaciones petroleras de la región, provocó un aumento de los precios de los hidrocarburos a nivel internacional. En consecuencia, en los Estados Unidos el litro de gasolina (combustible) se incrementó en un 33% con respecto a los días previos al inicio de la guerra, mientras que el diesel aumentó un 43%.
Lo anterior afectó particularmente a los latinos y a la población joven de los Estados Unidos, que proporcionalmente son quienes más gastan parte de sus ingresos en combustibles. Ambos grupos demográficos jugaron un papel importante en la victoria electoral de Trump en su victoria electoral en 2024.
Pero, fiel a su estilo negacionista de la realidad y con la insensibilidad social que caracteriza al magnate, el 12 de marzo posteó en sus redes sociales que “Estados Unidos es, con diferencia, el mayor productor de petróleo del mundo, por lo que cuando los precios del petróleo suben, ganamos mucho dinero”. Una frase absurda y totalmente desconectada de la realidad, la cual solamente sirvió para aumentar el malestar hacia su presidencia.
Aunado a lo anterior, otro factor que impulsó la movilización de No Kings fue el creciente rechazo social contra la política migratoria de la Casa Blanca, en particular contra el papel del Servicio de Inmigración y Control de Aduanas (ICE, por sus siglas en inglés), una agencia estatal/paraestatal responsable por ocupar ciudades por semanas enteras para “cazar” migrantes y, así, cumplir con las cuotas de deportaciones establecidas por Trump.
En el acto central de la jornada, realizado en Minneapolis, Bruce Springsteen interpretó la canción que compuso a propósito de la resistencia comunal que se desarrolló en esa ciudad contra los agentes de ICE. Durante su presentación, dijo unas palabras bastantes significativas que capturan lo anterior: “Esto sigue siendo Estados Unidos (…) Y esta pesadilla reaccionaria y estas invasiones de ciudades estadounidenses no se sostendrán”.
De EUA a Europa: la lucha contra la extrema derecha se internacionaliza
Por otra parte, el 28 de marzo también se registraron movilizaciones de No Kings y contra la extrema derecha en varias ciudades europeas, como Ámsterdam, Madrid y Roma (en esta última, se realizó una marcha que reunió a unas 20 mil personas).
Pero la principal movilización se produjo en Londres. Según los organizadores de la jornada, ‘Together Alliance’, la marcha en la capital británica reunió a medio millón de personas bajo el lema “frenar a la extrema derecha”.
Por estas dimensiones, se transformó en una de las manifestaciones más grandes de Inglaterra de los últimos años. Más importante aún, se posicionó abiertamente a la izquierda al defender la causa del pueblo palestino y repudiar la guerra en Irán, solidarizarse con los inmigrantes, apoyar la lucha por los derechos LGBTIQA+ y exigir más impuestos para las grandes fortunas.
Además, destacaron los carteles en repudio al partido populista “Reform UK” y a su dirigente Nigel Farage, famoso por sus posiciones de extrema derecha contra los inmigrantes e islamofóbicas.
No Kings marca el camino para enfrentar a Trump y la extrema derecha
La tercera jornada de No Kings reflejó el crecimiento del malestar social con la administración de Trump. Era algo que las encuestas comenzaron a reflejar meses atrás, pero que se acentuó tras los brutales asesinatos de dos ciudadanos estadounidenses en Minneapolis a manos de los matones del ICE. Esto desencadenó un impresionante proceso de resistencia social-comunal y despertó un movimiento de solidaridad a nivel nacional, el cual colocó a Estados Unidos como epicentro de la lucha de clases a nivel internacional.
A pesar de los discursos grandilocuentes de Trump, es claro que sufrió una derrota parcial en Minneapolis. De hecho, hasta este momento no volvió a atacar/ocupar ninguna ciudad (lo cual podría hacer más adelante, pero el dato es que por ahora retrocedió), y destituyó a varias de las figuras más importantes asociadas a su política migratoria racista y xenófoba. Tal fue el caso de Kristi Noem, que fue cesada de su cargo como secretaria del Departamento de Seguridad Nacional (DHS).
Asimismo, Trump cometió un error grosero de cálculo al desatar la guerra contra Irán. Demostró, una vez más, que es la encarnación de la “táctica sin estrategia”, y se metió en un embrollo del que tiene dificultades para salir, a la vez que mantener abierto ese frente le sale muy caro desde el punto de vista político. Aunque aún faltan varios meses, los republicanos tienen un panorama muy adverso para las elecciones de medio término en noviembre próximo, en las que la Casa Blanca podría sufrir una fuerte derrota.
En cuestión de meses, la situación de la administración Trump cambió considerablemente. A pesar de que arrastraba dificultades internas por la fuerte división entre la burguesía imperialista, a nivel externo parecía que le iba mejor. Por ejemplo, avanzó con la militarización del Caribe, en el marco de lo cual secuestró a Maduro y transformó a Venezuela en un “cuasi protectorado” yanqui. En Medio Oriente, dio vía libre para que Israel ejecutara impunemente el genocidio en Gaza y se animó a bombardear a Irán en la “guerra de los doce días” del año pasado.
Pero la ecuación varió en los últimos meses. Al error de cálculo con respecto a la aventura militar contra Irán, se sumó la irrupción desde abajo del movimiento de masas en su propio país. Los hechos en Minneapolis demostraron que la lucha de clases directa es más efectiva para enfrentar a la extrema derecha que el esteril cretinismo legal e institucional de los demócratas.
De esta forma, Trump enfrenta uno de los peores momentos de su segunda administración. Esto no debe interpretarse en un sentido «facilista», pues la coyuntura continúa siendo adversa por la persistencia de los ataques reaccionarios. Pero es indiscuble que la emergencia de la lucha de clases hizo que la polarización sea menos asimétrica.
No Kings se inscribe en este proceso de ascenso de la lucha de clases en los Estados Unidos. Representa la irrupción del “desde abajo” contra el gobierno de extrema derecha MAGA. Es un movimiento político-reivindicativo, que combina la denuncia de los ataques reaccionarios de Trump contra las libertades democráticas y ahora la oposición a la guerra contra Irán, con la exigencia de mejores condiciones de vida ante el elevado costo de la vida, el cual afecta principalmente los bolsillos de las familias trabajadoras.
Estos puntos fuertes no están exentos de contradicciones, principalmente porque los demócratas tienen en curso un operativo para canalizar el descontento de las calles por la vía electoral. En este sentido, la necesidad de construir una alternativa de izquierda socialista y anticapitalista en los Estados Unidos, que se transforme en un vehículo de representación política en un sentido independiente y anticapitalista del malestar social contra la extrema derecha, es una tarea necesaria para el desarrollo y profundización de la lucha de clases.




