En los últimos días, el gobierno de Netanyahu llevó a un nuevo nivel la incursión de ocupación y limpieza étnica sobre el sur del territorio libanés. El domingo anunció como un triunfo la toma del castillo histórico de Beaufort. Este punto marca la incursión más profunda en el Líbano desde el fin de la ocupación de 18 años que duró desde 1982 hasta el año 2000. El mismo día, bombardeó y demolió infraestructura civil en la ciudad de Tiro.
Por la noche, Netanyahu anunció su intención de bombardear nuevamente Dahie, el suburbio chiíta del sur de Beirut. La amenaza está cargada de simbolismos. Remite a la Doctrina Dahiya formulada por militares sionistas durante la guerra contra Líbano de 2006. Consiste básicamente en eliminar toda distinción entre objetivos militares y civiles, legitimando los bombardeos indiscriminados sobre población civil con la excusa de eliminar objetivos de las milicias opositoras al sionismo en la región. Una doctrina del genocidio y la limpieza étnica planificadas.
Limpieza étnica en Líbano
Desde el anuncio formal de la tregua Israel-Hezbolá en abril, los ataques de las IDF («Fuerzas de Defensa Israelíes») mataron a más de 800 personas. La «tregua» nominal no puso fin a los bombardeos ni tampoco a la ocupación territorial. Sólo los redujo a una escala más «controlada». De hecho, en el último mes y medio la zona de territorio libanés ocupada por Israel creció progresivamente. La «línea amarilla» impuesta como nueva frontera móvil por las IDF se corrió desde los 10 kilómetros dentro del territorio libanés hasta los 40 kilómetros actuales. De hecho, la última «orden de evacuación» emitida por Netanyahu contra la población libanesa sobrepasa la línea histórica marcada por el río Litani, extendiéndose hasta el Zahrani.

La historia de incursiones y ocupaciones israelíes sobre el sur del Líbano es tan vieja como el Estado de Israel mismo. Está ligada a la vieja idea del Gran Israel, un proyecto expansionista ideado por el sionismo que implica tomar territorios de los actuales países de Líbano, Siria, Egipto y Jordania. Durante los últimos 40 años, Israel invadió territorio libanés al menos siete veces. La más extendida fue la ocupación sostenida entre 1982 y 2000.
La actual incursión sobre Líbano fue lanzada por Netanyahu al iniciarse la guerra contra Irán. La excusa es conocida: legitimar la ocupación y limpieza étnica con acusaciones de terrorismo hacia Hezbolá, un movimiento de defensa nacional nacido justamente en respuesta a la ocupación sionista del ’82. Lo cierto es que la actual incursión empieza a tomar proporciones cada vez más monstruosas, delineando un proyecto de ocupación colonial sostenida en el tiempo que se sirve de los mismos métodos utilizados por las IDF en la Franja de Gaza y Cisjordania.
El más claro de ellos es la llamada nivelación o aplanamiento de infraestructura civil, especialmente de edificios de departamentos y residencias libanesas. Este método ha sido el predilecto de las fuerzas de ocupación israelíes para avanzar sobre el territorio de Gaza (hoy ocupado en un 70%). La idea es muy simple: convertir territorio de población civil en un páramo inhabitable para impedir el retorno de la población civil desplazada.
Las IDF también se están sirviendo de los métodos usados habitualmente por los colonos sionistas en el territorio de la Cisjordania ocupada. Luego de desplazar a la población civil de los pueblos y ciudades del sur del Líbano, los agentes de las IDF ocupan sus casas intactas y se instalan allí. Incluso circulan videos y fotos de soldados sionistas mostrando las casas que ocupan como si fueran trofeos de guerra.
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Las combinación de estos métodos coloniales muestra hasta qué nivel Netanyahu y el sionismo en su conjunto están dispuestos a avanzar en la ocupación de territorio libanés, no contentos con la masacre genocida en Gaza y el endurecimiento de la violencia contra los palestinos de Cisjordania en los últimos dos años.
Presión sobre Netanyahu y crisis interminable para Trump
La contradicción para Netanyahu (y para el sionismo en general) es que su orientación genocida y de guerra permanente durante el último período comienza a pasarle factura. Netanyahu no pasa su mejor momento en términos de capital político. Dentro de Israel, recibió críticas desde la ultraderecha que forma parte de su coalición y desde la oposición.
Itamar Ben Gvir, el ultraderechista ministro de Seguridad Nacional, lo cruzó públicamente: «Señor primer ministro, usted dijo que un primer ministro fuerte dice ‘sí’ al presidente de Estados Unidos cuando es posible y ‘no’ cuando es necesario. Ahora es el momento de decirle ‘no’ a nuestro amigo, el presidente Trump«. Ben Gvir es partidario de librar una campaña abierta de limpieza étnica sobre Líbano, atacando infraestructura crítica como se hizo sistemáticamente en Gaza. Es lo que el ultra-sionista resume en la fórmula «dejar a Líbano a oscuras». Avigdor Liberman, derechista opositor a Netanyahu, lo llamó una «marioneta» de Trump.

En el plano internacional el rechazo al intento de avanzar nuevamente sobre Beirut fue rápido. En la diplomacia europea se destacaron los voceros de los gobiernos francés, alemán y británico, que condenaron la iniciativa pocas horas después de ser anunciada. El propio Trump rechazó la idea pocas horas después de que Netanyahu lo anunciara públicamente. El lunes se filtraron en varios medios internacionales los comentarios que Trump le habría hecho directamente a Netanyahu vía telefónica. «Eres un puto loco. Estarías en la cárcel si no fuera por mí. Te estoy salvando el culo. Todo el mundo te odia. Todo el mundo odia a Israel por esto» fueron las palabras trascendidas en la agencia de noticias Axios.
Los insultos de Trump a Netanyahu no vienen de ningún ataque de sensibilidad con la población libanesa. Sucede que el ultraderechista estadounidense está sumido en una crisis lenta e interminable con motivo de su fallida incursión en Irán (secundada y azuzada por Israel). Varios meses después de iniciado el ataque imperialista, Trump se está quedando con las manos vacías. El régimen iraní sigue en pie a pesar del asesinato del ayatolá Jamenei mientras la economía yanqui se enfría producto de la escasez de petróleo por el cierre de Ormuz.
Netanyahu aparece presionado doblemente. En el frente interno sufre la caída de su imagen pública constante desde hace meses. La causa principal es la disrupción de la vida social producto del estado de guerra permanente con el que busca legitimar su mandato. A la vez que intenta justificar todos los problemas en la excusa del expansionismo colonial, Netanyahu no logra resultados que pueda mostrar a su población en la medida que no logró doblegar a Irán ni, por ahora, a Hezbolá. En el plano internacional, las muestras de rechazo europeas reflejan cada vez más que Israel se puede estar convirtiendo en un Estado paria como lo fue la Sudáfrica del apartheid. A la infamia internacional que significó el genocidio en Gaza ahora se suman los recientes escándalos por torturas y abusos contra activistas de la Flotilla Sumud.




