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Myanmar: el movimiento obrero contra el golpe

La joven clase trabajadores birmana está en la vanguardia de la resistencia al golpe de estado: trabajadoras textiles, ferroviarios, estatales y médicos son el centro de su organización.

Matias L

Las trabajadoras de la industria tienen un fuerte protagonismo en el movimiento de resistencia al golpe.

Tras seis semanas del golpe militar, la Junta perpetró una durísima represión contra los manifestantes, que dejo a más de 50 personas muertas en los municipios de Hlaing Tharyar, Thingangyun, Shwepyithar y South Dagon de Yangon.

Durante el fin de semana más sangriento, alrededor de 200 manifestantes sufrieron graves lesiones y ya son más de 2100 personas las que se encuentran encarceladas por el régimen golpista de Min Aung Hlaing, desde que tomó el poder.

A pesar de las amenazas, el hostigamiento y la persecución de los militares, el movimiento continúa la resistencia, con masivas huelgas generales y manifestaciones, a las que llamaron como los “cinco dos” por la fecha 22.2.2021. Hay focos de organización que van desde las regiones costeras de Tanintharyi hasta las ciudades montañosas del estado de Chin, con más de 12 millones de trabajadores. Es un proletariado joven que está compuesto en su mayoría por trabajadores y trabajadoras del sector textil, ferroviario y de salud que se han sumado al movimiento de desobediencia civil (MDL).

Este movimiento obrero comenzó a formarse previo al incompleto proceso de democratización (2009-2010) y empezó a tener fuerza, en especial, en la industria textil. Este sector pertenece mayoritariamente a capitales extranjeros como Inditex, Mango, Bestseller, Tally Weijl y Balala. A ellas corresponden la mayor parte de las exportaciones de Myanmar. Entre los principales magnates de esta industria está el empresario multimillonario Amancio Ortega (que se encuentra en el top 20 de las mayores fortunas del mundo según Economidigital.es)

Luego de una serie de inmensas huelgas y luchas, a las que el gobierno respondió cercando las fábricas y reprimiendo, en el 2011 el movimiento logró conseguir la legalización de los sindicatos. Con ese impulso, las agrupaciones de Tailandia que defendían los derechos de los migrantes birmanos retornaron a Myanmar para unirse a sus compañeros que militaban, hasta ese entonces, en la clandestinidad.

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A raíz de esto, se empezó a construir un movimiento obrero mucho más amplio, reciente y joven, pero que hoy está a la cabeza de la resistencia contra el golpe militar liderado por Min Aung Hlaing. En gran parte está protagonizado por trabajadores y trabajadoras del sector textil, que en su mayoría son mujeres y que muchos son menores. En las fábricas textiles es masiva la explotación infantil. Allí, las empresas pagan salarios miserables (entre los más bajos de Asia, ya que el salario mínimo es de 3,5 dólares/día) y durante los primeros meses de pandemia hubo grandes recortes y despidos. En particular, sufrieron la persecución y el despido miembros y simpatizantes de los sindicatos.

El sector, que emplea alrededor de 600.000 trabajadores, y que en gran proporción se unió al MDL, es uno de los más fuertes e importantes que se encuentran en la primera línea de resistencia al golpe.

Por otra parte, se encuentran los médicos y ferroviarios. Casi 12.000 mil trabajadores de la salud se unieron a la huelga general del pasado lunes, para reclamar que se restablezca el poder al gobierno civil electo de Myanmar. Más de la mitad de los 22.597 servidores públicos se han unido al movimiento de desobediencia civil y en la actualidad “los médicos abandonaron las instalaciones del hospital que ahora están controladas por los militares con el propósito de desafiar las órdenes de los militares, no porque no quieran trabajar”, dijo Aung Thu, de 29 años, quien solía trabajar en Hospital General de Yangon.

Acusados de ser “poco éticos”, perseguidos y detenidos por la Junta, el personal médico de las ciudades más grandes convocó a una huelga y a no colaborar con el gobierno militar en temas laborales y en grupos falsos de Facebook, con los que el gobierno quiere fragmentar al movimiento. Prometieron no postrarse nunca ante el régimen, y que «el movimiento de desobediencia civil es la única arma que puede triunfar contra el poderío militar», manifestó Aung Thu.

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La semana pasada, el gobierno militar reprimió los barrios de trabajadores ferroviarios.

Por su parte, un 90% del sector ferroviario apoya al MDL, y en su mayoría se han denegado a volver a sus puestos de trabajo hasta que el gobierno electo vuelva al poder. Desde el 8 de Febrero, cuando los trabajadores se declararon en huelga, que el sistema ferroviario no está en funcionamiento. En ese marco, la semana pasada el gobierno reprimió las zonas urbanas donde habitan la mayoría de las familias y trabajadores, cerca de la estación de tren de Ma Hlwa Gone en el municipio de Mingalar Taung Nyunt. Requisaron, entre otras cosas, bolsas de arroz que fueron entregadas en solidaridad con el movimiento de desobediencia civil. Los trabajadores tuvieron que escapar de los complejos donde habitaban, para evitar ser atrapados y encarcelados por las fuerzas de la Junta.

La seña del movimiento: el brazo alzado, los tres dedos del famoso saludo de la saga “Los juegos del hambre”, una expresión representativa de la resistencia en contra el golpe militar. Los intentos de las fuerzas de seguridad de avasallar la movilización, bloqueando las carreteras de Kabaraye entre otras cosas, son sobrepasados por la movilización. La enorme valentía de los manifestantes, se refleja en la auto-organización y resistencia: «Si estamos unidos, podemos derrocar a estos dictadores”.

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