Murió el Indio Solari: ¡Viva el Indio Solari!

En una pared en algún rincón de Buenos Aires hay una pintada que dice «Violencia es mentir».

Lo ví. No sé dónde. Lo más probable es que en realidad esté mezclando en mi memoria varias paredes que tienen la misma frase pintada. La vi tantas veces que tengo perfectamente naturalizado que una frase de Los Redondos es parte necesaria del paisaje urbano argentino.

«El lujo es vulgaridad»

«El futuro llegó hace rato»

«Vivir solo cuesta vida»

Si le preguntás a casi cualquier persona en el mundo, la poesía es algo del papel y de los libros. En Argentina, con los Redondos y con el Indio Solari, la poesía es cosa de las paredes y las banderas.

Quien llega a este país y no sabe lo que está viendo, se va a perder un hilo conductor entre una frase pintada gigante en una pared, un grabado extraño de un hombre rompiendo unas cadenas en una remera y una bandera colgando de un auto con una P y una corona.

Hoy se conoció la noticia de la muerte del gran poeta y músico de muchas generaciones. Los Redondos nunca pudieron ser una banda que uno escucha casualmente.

Sería interesante ver los resultados de un estudio sociológico al respecto. Que se hagan las preguntas: «¿Fueron las letras y las canciones de los Redondos parte de tu ingreso a la adolescencia?». ¿Qué porcentaje de gente diría que sí? Todavía más: «¿cuántos recuerdos con tus amigos tenés que hayan sido acompañados por una canción, una letra o un símbolo de Patricio Rey y sus Redonditos de Ricota?»

Probablemente la mayoría de la gente en Argentina nacida de los 80′ en adelante puede decir con toda seguridad que su vida cultural estuvo desde siempre marcada por la voz del Indio Solari.

La Gran Bestia Pop

Patricio Rey y sus Redonditos de Ricota son una incógnita para la mayoría de los que saben algo de música. No porque no los entiendan sino porque no los descifran. La mayoría de los músicos pueden ser identificados claramente con una tradición, una moda y un estilo del momento en el que nacieron. Los Redondos no.

¿Quién puede identificar claramente de qué corriente estética proviene ese sonido tan particular, esas letras esotéricas, esa voz rasposa, esa guitarra salida no se sabe de qué planeta? El Indio Solari, Skay Beilinson, Daniel «Semilla» Bucciarelli, Walter Sidotti, Sergio Dawi y «La Negra Poly» parecen aterrizados de no se sabe dónde para traer algo completamente diferente. No estamos diciendo que no hayan tenido influencias, estamos diciendo que pareciera que no las tuvieron. Además, los Redondos no son solamente música y letra, también son las portadas del artista gráfico Rocambole.

«Patricio Rey no existe; Patricio Rey son todos» había dicho el Indio Solari para explicar el origen del nombre de la banda. Como siempre, su explicación confundía más que lo que aclaraba. Sabía que eso era lo que se esperaba de él.

Cuenta la historia que la banda no tenía todavía un nombre y que iban a tocar en un boliche. Estaban endeudados con el dueño, que les exigió un nombre para poder imprimir carteles y promocionar el recital. En homenaje a las comidas que los acompañaban en sus primeras experiencias en el underground de la ciudad de La Plata en los 80′ es que adoptaron ese nombre. Patricio Rey no existe y los Redonditos tampoco, pero todos sabemos quiénes son los Redondos aunque no sepamos quién es Patricio Rey.

Ellos son probablemente la gran excepción del éxito marcado no por lo que las grandes discográficas decían sino por lo que ellos querían. Eso no le quita mérito a ningún músico que no puede escapar al poder de los capitalistas (nadie puede realmente por su cuenta) pero es parte de la personalidad de los Redondos.

La salida de cada uno de sus discos fue acompañando su transformación de pequeña banda de boliche platense a la protagonista de megarecitales en estadios. Su primer disco, Gulp! (1985) probablemente anticipó esa transformación con su canción emblema: La Bestia Pop.

Mi héroe es la gran bestia pop
Que enciende, en sueños, la vigilia
Y antes que cuente diez, dormirá

A brillar, mi amor
Vamos a brillar, mi amor
A brillar, mi amor
Vamos a brillar, mi amor

El mensaje de su segundo disco no es exactamente indescifrable. Oktubre (1986) lleva en la portada las imágenes de una manifestación con banderas rojas en estilo constructivista soviético, emulando una xilografía. Nos dice Fuegos de Oktubre, la primera canción del álbum:

De regreso a octubre
Desde octubre
Sin un estandarte
De mi parte
Te prefiero igual
¡Internacional!

Ese disco también trajo al mundo las experiencias de Jijiji y Motorpsico, mi canción favorita de la banda.

Un baión para el ojo idiota (1988) tiene tantos temazos que resulta difícil hacer la injusticia de excluir alguno. Ese disco nos dio la frase «todo preso es político» y la letra de Todo un Palo:

El futuro llegó hace rato
Todo un palo, ya lo ves
Veámoslo un poco con tus ojos
El futuro ya llegó

Yo voy en trenes
No tengo donde ir
Algo me late
Y no es mi corazón

¿Cómo no sentirme así
Si ese perro sigue allí?
¿Qué podría ser peor?
Eso no me arregla
Eso no me arregla a mí

Es imposible leer esta letra sin escucharla, y conocer perfectamente el significado de sentirse perdido en un momento indeterminado de la vida.

Ese disco también nos dio la única canción con video musical: Masacre en el puticlub.

Siguió luego ¡Bang! ¡Bang!… Estás liquidado (1989). 

La portada es lo primero que salta a la vista en la identidad de este disco. Es un homenaje a El tres de mayo de 1808 en Madrid de Francisco de Goya. Pero en este caso, los fusiladores son la Cruz Roja. Hablando sobre la imagen de los fusilamientos que Goya habría presenciado, y explicando la portada, dijo una vez Rocambole:

Siempre me costó entender por qué durante la dictadura ningún padre calentón se tomó venganza de su hijo desaparecido y toda la lucha descansó en la figura maternal.

El disco contiene una de las canciones más emblemáticas de la banda, Esa estrella era mi lujo. Es una de las pocas que no necesitan una intensa interpretación para poder ser entendidas. Nos dice algo que todos entendemos, que es como se puede sentir el amor a veces:

Mordí el anzuelo una vez más
Siempre un iluso
Nuestra estrella se agotó
Y era mi lujo

Ella fue, por esa vez
Mi héroe vivo, ¡bah!
Fue mi único héroe en este lío
La más linda del amor
Que un tonto ha visto soñar
Metió, metió mi rock ‘n’ roll
Bajo este pulso

Las Mosca y la Sopa (1991), a su manera, fue literal y metafóricamente una forma de inaugurar los 90′. Comienza con el riff inconfundible de Toxi-Taxi y nos da un lamento sobre la era del Consenso de Washington y el neoliberalismo apenas comenzada, Queso Ruso, cuya letra empieza justamente hablando de la guerra que dio inicio político a esa década:

Pasó de moda el Golfo, como todo, ¿viste vos?
Como tanta otra tristeza a la que te acostumbrás
Ahora vas comprando perlas truchas sin chistar
Calles inteligentes, alemanas para armar

Y muchos marines de los mandarines
Que cuidan, por vos, las puertas del nuevo cielo

El bronceador Charlotte te cuida de la radiación
Rematan el electro de Elvis al morir
Fijate de qué lado de la mecha te encontrás
Con tanto humo, el bello fiero fuego no se ve

Y hay algo en vos que está empezando a asustarte
Cosas de hechicería desafortunada

Con el disco Lobo Suelto, Cordero Atado (1993), Patricio Rey ya era una banda que llenaba estadios, y se estaba convirtiendo en el ícono cultural de masas que es hoy. Con Un Ángel para tu Soledad, los Redondos nos dieron uno de los estribillos que más penetran en el fondo del cerebro cada vez que se lo escucha.

Ángel de la soledad
Y de la desolación
Preso de tu ilusión, vas a bailar
A bailar, bailar

¿Cómo hablar de Luzbelito (1996)? Simplemente no le puedo hacer justicia a ese disco. Elijo arbitrariamente, porque me pinta, destacar Juguetes Perdidos, que se siente como un momento específico que no es ningún momento real en particular, cuando en un recital o en alguna manifestación ondeé alguna bandera.

Banderas en tu corazón, yo quiero verlas
Ondeando, luzca el Sol o no
Banderas rojas, banderas negras
De lienzo blanco, en tu corazón

Perfume al filo del dolor, así, invisible
Licor venéreo del amor
Que está en las pieles, sedas de sedas
Que guarda nombres en tu corazón

Con Último bondi a Finisterre (1998) y Momo Sampler (2000), el Indio y Skay se dieron el lujo de hacer lo que tenían ganas de hacer para darle un broche de cierre a uno de los íconos culturales más importantes de la historia argentina.

El Indio Solari y el pogo más grande del mundo

A Patricio Rey y sus Redonditos de Ricota no la construyeron solamente sus fundadores, letristas y músicos. La comunión con su gente fue lo que hizo al fenómeno de masas. El tema es necesario, pero no es lo mismo sin el pogo.

Las «misas» de cada recital, alejado desde los 90′ siempre de la capital, son la experiencia que terminó de hacer a los Redondos, y después al Indio Solari, esa experiencia cultural que tiene pocas cosas con qué compararse.

Y, no podía ser de otra forma, una banda que cruza tan profundamente a un pueblo necesariamente lo acompaña en sus luchas. Las misas ricoteras son también el horno en el que se cocinaron algunos de los momentos políticos más importantes de las últimas décadas.

«¡Yo sabía, yo sabía, que a Walter lo mató la policía!»

Walter Bulacio era un pibe de 17 años que fue asesinado por la Policía Federal en 1991 por haber ido a un recital de los Redondos. Con el paso de los años que siguieron, la violencia policial se fue adueñando cada vez más de las misas ricoteras, hasta que la banda decidió retirarse lo más posible de los recitales en las cercanías de la Capital Federal.

Los 90′ fueron para la juventud ese momento de abandono del futuro que terminaría derivando en la rebelión de Diciembre del 2001, el Argentinazo. Los recitales de los Redondos fueron para varias generaciones un momento de protesta preparatoria como lo fueron los piquetes de los Fogoneros en Cutral-Có, Tartagal y General Mosconi.

La música, la letra y la gráfica de Patricio Rey y sus Redonditos de Ricota son parte de la experiencia diaria de lucha, de entretenimiento y de amistad de la mayoría de los que nacieron en Argentina en los 80′ y después. El Indio Solari es un ícono cultural que acompañó todas esas experiencias para millones. Es muy difícil explicárselo con palabras a quien no lo haya visto o vivido. Es mejor mostrárselo, mostrarle el pogo más grande del mundo.

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