La FIFA quiere mostrar en esta Copa del Mundo una postal idílica con tres naciones (EEUU, México y Canadá) coorganizando una fiesta global con fronteras fluidas. Sin embargo, la realidad choca de inmediato con esta fantasía corporativa: la asimétrica guerra de Estados Unidos contra Irán está teniendo consecuencias directas en el Mundial 2026, en particular en la selección iraní.
El conflicto en Medio Oriente ha significado un duro golpe político para Trump, que está estancado y no sabe cómo salir de un pantano en el que él mismo se metió.
En ese contexto se acerca el inicio de la Copa Mundial de Fútbol. Y, a pocos días del puntapié inicial, la selección iraní acaba de tomar la decisión de alojarse en Tijuana, México, durante la competencia, en vez de asentarse en Tucson, Arizona (EEUU) como estaba previsto. Esta decisión cuenta con el aval de la máxima entidad del Fútbol Internacional, que validó esa medida para evitar el escándalo que podría haber significado la ausencia de la Federación Iraní en el Mundial de fútbol. La FIFA debe aprobar los campamentos base de cada selección durante el certamen. Lo que está detrás de esta “concesión” de Infantino no es la intención de brindarles las garantías necesarias para que se respete el derecho de los iraníes de participar del juego bajo las normas de seguridad que tal cita requiere, sino garantizar sus ganancias millonarias evitando complicaciones migratorias y de seguridad para la delegación asiática. Quizás por eso accedió a que Irán cambie de campamento base, pero dejó en claro meses atrás que no iba a cambiar la sede que correspondía al grupo G de la Copa del Mundo.
Sin embargo, como informó el portal Futbolfinanzas.com, esta decisión implica una pérdida importante de dinero: conlleva dejar de ocupar hoteles, servicios y restaurantes para la ciudad de Tucson. Esta situación se enmarca en un cuadro más general de pérdidas millonarias en todas las sedes estadounidenses debido a que la política migratoria de la gestión de Trump desalienta el deseo de asistir de muchas personas.
La paradoja de esta situación es que Irán afrontará sus encuentros en la ciudad de Los Ángeles y Seattle. Los jugadores iraníes producirán ingresos multimillonarios a través de entradas, publicidad y rating televisivo para la FIFA en megaestadios estadounidenses pero residiendo temporalmente en suelo mexicano. Irán debutará el 15 de junio en Los Ángeles ante Nueva Zelanda. Disputará en la misma sede su segundo encuentro ante Bélgica el día 21 y cerrará la primera fase en Seattle el 26 vs Egipto.
Y es que la decisión de afincarse en México no es una decisión unilateral: responde a que la gestión de Trump les niega el derecho a residir en suelo estadounidense durante el certamen. De hecho las propias autoridades iraníes, jugadores y miembros del cuerpo técnico todavía no habían recibido las visas estadounidenses a semanas del inicio del torneo. Al mismo tiempo que deciden el cambio en el lugar de la estadía, desde la Federación asiática solicitan garantías especiales de seguridad y trato para toda la delegación durante el Mundial, cuestión que para Infantino parece ser de segundo orden siempre y cuando se mantengan intactos sus negocios.
Basta recordar la reciente deportación en el aeropuerto de Toronto de Mehdi Taj, presidente de la Federación de Fútbol de Irán. Este hecho había desatado un tenso conflicto con Zúrich. Taj en ese momento había lanzado una advertencia que puso en jaque a la FIFA de Gianni Infantino: si no se presentaban garantías formales de seguridad y respeto a la soberanía de su país, la selección iraní se retiraría del torneo. La crisis estalló tras la aplicación retroactiva de las políticas migratorias canadienses de 2024, las cuales criminalizaron al dirigente por su pasado en la Guardia Revolucionaria. Sin embargo, al tratarse de una de las principales y más masivas instituciones de Irán, esta medida deja un peligroso precedente que expone a una persecución masiva a cualquiera de sus ex miembros.
El hecho de que los jugadores iraníes residan en México estos meses mientras juegan en Estados Unidos garantizando el negocio millonario del Mundial recuerda a las maquiladoras mexicanas. Las maquilas mexicanas son fábricas que producen para sobe todo para EEUU bajo formas de superexplotación laboral: sueldos de miseria, mano de obra barata, precarización y fuerte de discriminación de género con contratación masiva de mujeres jóvenes bajo condiciones de mayor vulnerabilidad y acoso. Podés producir ganancias para EEUU pero detrás del muro que separa ambos países.
Esta es la humillación imperialista de Trump con la complicidad de Infantino que vuelve a dejar en evidencia que la burbuja de neutralidad apolítica que quiere presentar al mundo es una fantasía que solo existe en sus sueños.
Lejos de la postal idílica de «tres naciones unidas por una pasión», el Mundial 2026 arranca mostrando sus verdaderas líneas de falla. El fútbol-mercancía no solo deshumaniza al deportista en el plano físico, sino que se alinea de manera obscena con las políticas de segregación y persecución imperialista.
Trump les niega las visas y el derecho a pisar suelo estadounidense como ciudadanos libres, pero la FIFA les exige que ingresen a producir ganancias para las corporaciones norteamericanas. Es el capitalismo en su estado más puro y cínico: los cuerpos y la seguridad de la delegación iraní no importan, lo único que se garantiza es el flujo de capitales.




