Miles y miles de refugiados sin amparo: el verdadero rostro de la “humanitaria” Unión Europea

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Lágrimas de cocodrilo”

 

Con la opinión pública a favor como nunca, los países europeos no han sido capaces de ponerse de acuerdo para acoger a los refugiados. Se secaron las lágrimas de cocodrilo. Los gobiernos europeos ya no lloran emocionados en entrevistas, tuits o ruedas de prensa con gesto compungido, con la palabra ‘drama’ en la boca. Ahora se han sentado a hacer política de verdad y ha florecido lo más cruel: Europa no existe, es un chiste sin gracia contado a 28 voces discordantes.
(Juan Luis Sánchez, “Se secaron las lágrimas de cocodrilo”,
eldiario.es, 14/09/2015)

Las vallas de alambre de púas, las fronteras cerradas y la detención de los refugiados se han mezclado con el coro de recriminaciones mutuas entre los líderes europeos. Hoy el continente está más dividido que nunca por la crisis, incapaz de ponerse de acuerdo sobre las cuotas [de refugiados], y poco dispuesto a permitir el libre movimiento entre sus estados miembros. Un día después de que los planes de reubicación de refugiados fueron estancados por los ministros de Interior de la UE, muchos países como Alemania cerraron sus fronteras…”
(Tony Paterson, Leo Cendrowicz, “Refugee crisis: Divisions leave Europe paralysed as borders close to refugees”, The Independent, September 15, 2015)

Tiene razón el periodista del Estado español, Juan Luis Sánchez, cuando denuncia que “se secaron las lágrimas de cocodrilo” de todos los gobiernos europeos en relación a los refugiados. Incluso la “piadosa” Angela Merkel dejó de lado sus disimulos, pasó actuar como lo había hecho con Grecia y finalmente les ha cerrado la puerta en la narices a los refugiados.
La semana pasada, habíamos ya advertido que “no hay que tener la menor confianza en las inesperadas bondades de la canciller”. Esto se verificó muy pocos días después.
En su momento, explicamos que la actitud inicial del gobierno del imperialismo alemán no estaba dictada por motivos “humanitarios” –que no existen en su cabeza para ningún tema– sino de Realpolitik.
La presión más importante fue la reacción favorable a la acogida de refugiados de amplios sectores populares… que a su vez representan votos y consenso para el gobierno alemán. Esta primera impresión la confirman ahora informes directos de militantes de izquierda alemanes. Manuel Kellner, redactor del Sozialistische Zeitung, describe así la reacción popular mayoritaria:
Estas últimas semanas la llegada de refugiados y refugiadas ha suscitado en Alemania un masivo movimiento de acogida, apoyo y solidaridad. Las portadas de los diarios y los medios alemanes e internacionales se hacen eco de la nueva cultura de ‘bienvenida’ alemana. En las estaciones de Munich, Frankfurt, Colonia y muchas otras ciudades se concentran cientos de personas para recibir con aplausos a los refugiados que llegan en tren. Se les ofrecen flores, bebida y avituallamiento. También, apoyo económico. Una multitud de gente se presta voluntaria para distribuir ropa, ocuparse de las niñas y niños, ofrecerles cursos de alemán o dispensarles lo que fuera necesario.
Es un movimiento que crece día a día. Clubes de fútbol organizan equipos internacionales compuestos entre refugiados y quienes juegan en la liga a diferentes niveles. Miles de personas, no vinculadas a asociaciones o a partidos políticos, se organizan espontáneamente para prestar ayudar a las y los refugiados.
Es sobre todo mucha la gente joven (entre la que se encuentran gente inmigrante o de origen no alemán) la que se compromete en este movimiento de solidaridad de forma muy concreta, basada en la ayuda práctica a las y los refugiados, codo a codo con los militantes antifascistas, radicales de izquierda, revolucionarios. ¡Muchos jóvenes se comprometen!
En los programas de la televisión pública así como en las grandes cadenas privadas, se multiplican los reportajes, los debates y las emisiones de todo tipo a favor de las y los refugiados y de su integración y lo que prima siempre es el entusiasmo por la integración.
Las discusiones giran en torno a la cuestión de cómo poder hacer aún más para aliviar la suerte de las y los refugiados, cómo hacer para vivir juntos y cómo podría imponer el gobierno alemán, en el seno de la UE, la generalización del recibimiento generoso, la ayuda inmediata y eficaz y la integración de la gente refugiada. ‘Bienvenidos refugiados’ es el lema que, hasta ahora acapara el debate público…”[1]
Por supuesto, no han faltado voces contrarias: “Esto contrasta vivamente con las movilizaciones xenófobas y antimusulmanas de Pegida [extrema derecha] y la oleadas de actos violentos organizados por los neonazis de todo tipo contra los centros de acogida de refugiados y la gente inmigrante, muy a menudo apoyados por ‘ciudadanos cabreados’, que llegan con sus hijos para vociferar su odio, incluso con amenazas de muerte contra los que organizan los centros de acogida y de alojamiento”. (Kellner, cit.)
Pero lo notable de esto es que han quedado en minoría: “Así pues, ahora nos encontramos ante una polarización extrema de sentimientos en la población alemana y son los sentimientos de solidaridad los que son hegemónicos”. (Kellner, cit.)
Pero la actitud inicial del gobierno alemán no sólo se explica por motivo “internos”. Como recuerda Kellner, “apenas ayer, en las caricaturas, Merkel y Schauble aparecían con el bigote de Hitler y el casco de hierro de la Werhmacht por su actitud ultra-dura contra el pueblo griego. Ahora, se les cita como la encarnación del principio humanitario y del humanismo, como el buen ejemplo frente Hungría, Dinamarca y el resto de brutos”. (Kellner, cit.)
Pero este “teatro” de una Merkel y un Schauble “humanitarios” duró muy poco… Cuando la citada reunión de ministros de Interior de la UE del lunes 14 no llegó a un acuerdo, el gobierno alemán también cerró sus fronteras.
La Unión Europea otra vez con fronteras de muros y alambres de púas
La Unión Europea ha sido totalmente incapaz de lograr un mínimo acuerdo para un “reparto” de refugiados. Y la ficción de una integración que había dejado atrás las fronteras del pasado, se ha desmentido en pocos días. Los muros, los alambres de púas y los guardias están de vuelta como en las peores épocas.
El “verso” de una UE que ya estaba “superando” a los estados nacionales, ha sido muy útil cuando se trata de imponer planes atroces de hambre y miseria, como al pueblo griego. Se los legitima en nombre de “Europa” y no de sus verdaderos y principales gestores y beneficiaros, el capital financiero imperialista alemán y francés. Tras la pantalla de “Europa” y de su “Unión”, esos dos imperialismos, más allá de sus contradicciones, han logrado hacer pasar las peores medidas contra los trabajadores y los pueblos europeos.
Dicho de otro modo: la todopoderosa Unión Europea, hoy regida por Alemania, sólo existe cuando hay que operar contra los trabajadores y los sectores populares de Europa.
¿Políticas opuestas o complementarias?
Lo sucedido pone también en duda la verdadera política del gobierno alemán. Aparentemente, no ha habido líneas más opuestas que las del gobierno conservador de Hungría, encabezado por Viktor Orbán, y la de Angela Merkel. El primero levantó muros y alambradas de púas, su policías apalean sin piedad a los refugiados sean hombres, mujeres o niños, y ahora va a condenar hasta a cinco años de cárcel a los que han logrado detener. En cambio Merkel, inicialmente, abrió las fronteras y no reprimió a nadie.
Sin embargo, basta ver un mapa de Europa central para advertir que lo de Orban es muy útil para Berlín y otros gobiernos de la UE. Con el muro y la represión, Orbán ha cerrado la ruta principal a Alemania (y Austria). Y ahora, para llegar, deberán aventurarse por Serbia, Croacia y Eslovenia, una ruta mucho más difícil y peligrosa, aunque formalmente no se cierren las fronteras de esos países.
Las sospechas –que ya se están planteando en la prensa europea– se refuerzan con el hecho de que Merkel y Orbán pertenecen a la misma organización política: el Partido Popular Europeo… que no ha hecho ninguna crítica ni menos sancionado al furioso racista de Budapest.
Lo cierto es que Orbán –como advierte una periodista española– “no es un actor aislado. Más bien hace parte del trabajo sucio de la Unión Europea. Ahora cierra por completo la valla con alambre de púas levantada en la frontera con Serbia. Semanas atrás controlaba los tiempos de los desplazamientos de los refugiados para retrasar su llegada a Austria, reteniéndolos en los campamentos… En el peor de los escenarios el gobierno húngaro seguirá ejerciendo su papel de poli malo”.[2]
…………………….
Notas:
1.- Manuel Kellner, “¡Bienvenidos refugiados!”, Viento Sur, 11/09/2015.
2.- Olga Rodríguez, “Once reflexiones a la vuelta de Hungría sobre esta crisis de refugiados”, eldiario.es, 14/09/2015.
 

Multiplicar las movilizaciones en apoyo a los refugiados y migrantes

En medio de una de la crisis más graves vividas por la Unión Europea, es hoy una tarea de primer orden multiplicar las protestas y movilizaciones en apoyo a los refugiados y migrantes.
Para eso, aunque con grandes desigualdades en los distintos países, hoy es posible apoyarse en la ola de simpatía y solidaridad con los refugiados. Aunque con grandes desigualdades, esto se ha dado en toda Europa y no sólo en Alemania.
Incluso en países del Este europeo, como Hungría, donde es más fuerte el racismo en que se apoya Orbán¸ surgen sectores que lo enfrentan. En Budapest, una gran manifestación –de más de 10.000 personas según Euronews– desfiló el domingo 13 repudiando a Orbán y solidarizándose con los refugiados.
La importancia de impulsar estas movilizaciones se redobla porque, generalmente, son sectores de la juventud los que rechazan el racismo y las políticas de sus gobiernos. Es una oportunidad también para ganar a nuevas generaciones para una lucha política más general contra los distintos gobiernos de la Unión Europea, y explicar la verdadera naturaleza de este engendro del capitalismo imperialista. (C.T.)