Homenaje a Diego Armando Maradona

    Miles de personas despidieron a Maradona en Casa Rosada

    Mientras exista la opresión de clase existirán ídolos, más o menos endiosados, a los que se les levante un monumento o al menos un monolito en miniatura. La opresión social de la vida bajo el capitalismo impulsa a depositar las pasiones en otros para soportarlas. ¿Los pobres tienen derecho a ídolos? Sin duda tuvieron derecho a uno. Es muy difícil procesar la muerte de alguien que te dio alegría, y ese, para muchos fue Diego Armando Maradona.



    Olé Olé Olé, Diego Diego!”. El canto se escucha apasionado, con esa mezcla de alegría y tristeza de momentos profundamente significativos. Minutos antes de las 6am la gente se impacienta, quieren despedir a quien los acompañó con sus gambetas en algunos de los más significativos momentos de su vida.

    Pasadas las 6 abrieron las puertas de la Casa Rosada para dar inicio al homenaje. Los familiares ya estaban presentes desde anoche y tuvieron, previamente, su ceremonia. Abiertas las puertas, ingresaron por turnos, en una fila interminable, quienes concurrieron a despedir al Diego. A simple vista se distingue la fila que entra de la que sale. Los unos, emocionados y expectantes; los otros, devastados, llorando, algunos enojados. Una verdadera ceremonia popular en la que la multitud despide a un ídolo sin igual en nuestro país y el mundo.

    En los barrios populares el ambiente es de tristeza y desazón. En Villa Fiorito, un periodista consulta a una señora: «¿Ud era vecina de maradona?», «Acá todos somos vecinos de Diego», no hace falta decir nada más. Ayer, a las diez, un «ruidazo» sonó en todos los barrios, millones se sienten vecinos del Diego.

    Entre la multitud que espera por ingresar se alternan los cantos de cancha y se agitan banderas argentinas. Incluso está presente el folklore futbolero de darse algún que otro empujón con la policía. Ahora cantan «el que no salta es un inglés», infaltable. La gente pasa y deja flores, rosarios y camisetas de todos los clubes a modo de ofrenda. Las camisetas se van acumulando y se ven de Boca, Arentinos Juniors, de la selección. Por fuera del recinto se acercan las 10 am y la plaza desborda. 

    «No teníamos nada y él nos dio alegría… no teníamos para comer y nos poníamos contentos viendo como les ganaba a todos».

    La emoción de trabajadores y trabajadoras se expresó desde el minuto uno en que se conoció la noticia. La gente llamaba llorando a las radios que, en vivo, daban la noticia. Sus voces se entrecortaban, la tristeza era un sentimiento generalizado. Es que Maradona, con su origen humilde y actitud rebelde, con su denuncia al poder y las injusticias e incluso con su lucha personal por salir de las drogas, por el amor de sus hijas, se volvió «uno de nosotros» para los humildes. Conquistó a las masas populares dándoles una revancha simbólica con sus gambetas, en la proyección cultural del deporte, a las vejaciones sufridas por los pobres. E incluso hay quienes vieron vengadas las malvinas con el barrilete cósmico y la picardía de la mano de dios.

    Despertó pasiones incluso más allá de quienes son afines al deporte que embanderó porque la épica de su historia lo convirtió en una leyenda internacional. Con todas sus contradicciones humanas, algunas propias de su origen humilde, los excesos de la fama y el dinero, el machismo estructural muy presente en el ámbito del fútbol y en su vida, incluso con actos sumamente cuestionables y repudiables como la violencia hacia las mujeres. Fue un ser humano con ángulos contradictorios, humana y políticamente. Su reivindicación de la revolución cubana contrasta con el apoyo a gobiernos capitalistas pseudo progresistas, o incluso algunos neoliberales como Carlos Menem.

    Galeano pintó sus contradicciones, denominándolo el más humano de todos los dioses: «Diego Armando Maradona fue adorado no sólo por sus prodigiosos malabarismos sino también porque era un dios sucio, pecador, el más humano de los dioses. Cualquiera podía reconocer en él una síntesis ambulante de las debilidades humanas, o al menos masculinas: mujeriego, tragón, borrachín, tramposo, mentiroso, fanfarrón, irresponsable. Pero los dioses no se jubilan, por muy humanos que sean. Él nunca pudo regresar a la anónima multitud de donde venía. La fama, que lo había salvado de la miseria, lo hizo prisionero«. (‘Cerrado por fútbol’, Eduardo Galeano, 2017)

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    Pero claro que no fue un dios, fue un ser humano con excepcional habilidad en un deporte de masas, que surgió de un origen humilde, y que supo gambetear las adversidades para llegar a lo más alto y aún así nunca arrodillarse obsecuente ante el poder. Sus contradicciones políticas fueron señaladas en otras notas de este portal. No fue un revolucionario, no tuvo una moral ni una ética intachable, pero sí defendió un antiimperialismo instintivo, denunció la riqueza del vaticano, reivindicó al pueblo palestino, intentó posicionarse siempre junto a los humildes, siendo muy consciente del peso político, de la caja de resonancia que iba a potenciar sus declaraciones.

    Hoy llora gente de todas las edades, desde jubilados hasta niños y jóvenes. Maradona es una figura que conquistó a varias generaciones, fue una pasión compartida entre padres, hijos, abuelos, primos. La subjetividad de miles de personas, la construcción de vínculos familiares y fraternales alrededor de una misma pasión.

    «Caen las tropas de su majestad, y cae el norte de la Italia rica» (Los Piojos, Maradó)

    ¿Es bueno tener ídolos? Ellos se juegan la vida sobre un escenario o una cancha de fútbol y en su «jugarse la vida» se va la de otros con ellos en el palpitar. Se presencia el drama de su lucha como la más importante de las batallas y, en ellas, se obtiene una revancha simbólica a través de sus pequeños y grandes triunfos. Esto es otro aspecto de la alienación, porque a través de este mecanismo se canalizan aspiraciones que podrían expresarse de manera revolucionaria, que es lo que apostamos los socialistas, precipitando que sean las masas, ellas mismas, protagonistas de sus propios destinos.

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    Mientras exista la opresión de clase existirán ídolos, más o menos endiosados, a los que se les levante un monumento o al menos un monolito en miniatura. La opresión social de la vida bajo el capitalismo impulsa a depositar las pasiones en otros para soportarlas. ¿Los pobres tienen derecho a ídolos? Sin duda tuvieron derecho a uno. Es muy difícil procesar la muerte de alguien que te dio alegría, y ese, para muchos, fue Diego Armando Maradona.

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