La posición oficial de Argentina respecto al conflicto en Medio Oriente es una de entrega completa de la soberanía política internacional argentina a las aventuras imperialistas irresponsables de Donald Trump.
“Apoyo total a Estados Unidos” y “…Ratificamos que nuestro alineamiento a las decisiones de Donald Trump es total y absoluto” fueron las palabras con las que la Casa Rosada definió su posición respecto a esta guerra. A esto se suma la expulsión del encargado de negocios de Irán en Argentina, Mohden Soltani. Cancillería lo había declarado persona no grata en el país.
Este nivel de alineamiento particularmente grave en las horas previas al vencimiento del plazo del ultimátum que dispuso el presidente estadounidense para la rendición de Irán y la reapertura del Estrecho de Ormuz.
“Esta noche una civilización entera morirá” amenazó brutalmente Trump. Y Milei lo está apoyando.
Esta amenaza se suma a sus anteriores comentarios de dejar al país sin infraestructura civil, destruir sus centrales eléctricas y un largo etcétera de crímenes de guerra. Lo que está de fondo es el fracaso político y la crisis abierta en Estados Unidos con la agresión de febrero. Si Trump soñó una victoria rápida descabezando al régimen de los Ayatolas, la realidad le dio un duro golpe.
«…En lugar de tener un triunfo fácil, consiguió empantanarse en un conflicto largo y costoso. El régimen de Teherán no solamente respondió militarmente, también impuso un duro golpe económico con el cierre del estrecho de Ormuz. Y Trump pasó semanas con amenazas, pedidos de ayuda a sus aliados, desprecio a sus aliados, declaraciones sobre negociaciones avanzadas, nuevas amenazas, y así…” (IzquierdaWeb)
Milei nos quiere meter a apoyar a las criminales acciones militares yaquis y sionistas, haciendo seguidismo, particularmente, a los vaivenes caprichosos de la política de Trump.
Porque este es otro problema a tomar en cuenta, el consenso mayoritario de Estados Unidos no acompaña a su presidente a la guerra. Como señaló la declaración de la Corriente Internacional Socialismo o Barbarie sobre la guerra en curso: “…Otra diferencia fundamental son los propios Estados Unidos: el consenso total tanto popular como entre las clases dominantes yanquis para con las guerras de Bush no existe en absoluto en las guerras de Trump. Al contrario, cada paso de agresión externa que da el trumpismo desgarra más y más internamente el tejido político estadounidense, con todos sus consensos…”
En esto, Milei queda siguiendo a los intereses y movimientos específicos de la extrema derecha trumpista. Ni siquiera está claro que esté siguiendo los intereses estratégicos del imperialismo yanqui, sino los tácticos de su actual gobierno de extrema derecha.
Otro caso de ejemplo es la bochornosa votación de Argentina en la ONU respecto al comercio transatlánfico de esclavos desde África hacia América. La posición mileísta quedó aún más arrodillada que El Salvador y más a la derecha que las potencias europeas que fueron los responsables de la propia esclavitud, que se abstuvieron.
En conflictos de este tipo, Argentina es un país históricamente neutral, con un consenso mayoritario de neutralidad frente a los conflictos internacionales. Esta posición incluyó en los hechos a gobiernos democráticos y militares. No fue necesariamente una «posición de principios» sino más bien pragmática. La debilidad económica, la minúscula operatividad militar y la distancia geográfica del país respecto a los centros mundiales de conflictos fueron factores fundamentales en la continuidad de esa posición.
La neutralidad también tuvo momento de posición semicolonial. Un ejemplo fue durante las guerras mundiales: la neutralidad era deseo explícito de Gran Bretaña de sostener su ingreso de materias primas, siendo en ese momento Argentina una de las más importantes.
El deseo mayoritario popular en Argentina es legítimamente mantener esa neutralidad, y se percibe que cualquier intervención solamente puede beneficiar a terceros. Y es completamente cierto. Basta con ver la servil subordinación de Milei a Trump y Netanyahu, que tienen mucho para sacar de Medio Oriente mientras la diplomacia argentina agita el puño en señal de apoyo.
Es más que obvio que el país no puede ni debe involucrarse como lo está haciendo Milei, que juega irresponsablemente con fuego. Pero la posición que defendemos nosotros no es neutral: es antiimperialista y anticapitalista. La agresión de Estados Unidos es violencia imperialista contra un país oprimido, más allá del régimen que tenga a la cabeza. No son los dos bandos iguales: uno es un agresor al que hay que repudiar. Y no es con meras posiciones diplomáticas uqe hay que frenarlo: la movilización internacional es lo único que puede ponerle un freno a la escalada trumpista en Medio Oriente.
Las provocaciones mileístas son una subordinación a la diplomacia yanqui en uno de los peores momentos, en el que nadie sabe a dónde irá la guerra y, especialmente, en el que el país queda es puesto como cómplice (más verbal que real) de los vaivenes criminales trumpistas.
Si hasta los países más históricamente aliados y subordinados a Estados Unidos se apartan de las responsabilidades por la agresión, a la diplomacia mileísta no le queda otra calificación que la de colonial.




