DNU de la xenofobia

Milei amplía la persecución de las personas migrantes

Este jueves (30) el gobierno de Milei adiciona a su ofensiva xenófoba el DNU 681/2026, con el cual pretende impedir el acceso al país a extranjeros y deportar inmigrantes que difundan “odio antiargentina”.

Con el DNU 681/2026, el gobierno de Milei continúa con su campaña xenófoba. Como respuesta a la “campaña antiargentina”, La Libertad Avanza impulsa una serie de medidas contra los inmigrantes que residen en el país. Uno de ellos es este DNU que modifica la Ley de Migraciones (25.871) en sus artículos 29, 62 y 63, que hacen a lo concerniente a la aprobación del ingreso y permanencia de los inmigrantes en el país.

El mismo gobierno que remata el país a los capitales extranjeros, ahora quiere arroparse con el manto de la defensa nacional. El DNU plantea agregar tanto como impediente del ingreso y permanencia, así como motivo de cancelación y declaración de ilegalidad en el país, el siguiente inciso:

“haber dirigido mensajes de odio en forma oral o escrita, o incitado a la violencia contra el pueblo argentino en su conjunto, o contra algún ciudadano argentino, motivado en la nacionalidad de este último; haber realizado o participado en actos de ultraje de símbolos patrios nacionales; o haber incitado a cometer cualquiera de los actos previstos por el presente inciso. En ningún caso podrán encuadrarse dentro del supuesto previsto por el presente inciso a aquellas expresiones de disenso ideológico o de crítica política, académica o ciudadana, que constituyan un legítimo ejercicio de los derechos consagrados constitucionalmente”.

Se trata de una modificación enmarcada en una serie de ataques hacia la comunidad migrante en Argentina, que no tiene nada de inintencional ni ecuánime. El gobierno se monta en la ola reaccionaria de la campaña antiargentina para exacerbar la bandera del nacionalismo contra otros pueblos: se trata de una presión peligrosa, de la que quienes queremos ver el mundo con ojos de clase debemos cuidarnos, so pena de terminar en los derroteros del peronismo de Rosemblat– que afirmó hace unos días que prefería un “libertario argentino” a un “zurdo chileno”– o empantanados junto a otras corrientes de la izquierda argentina, que se suben a la ola y se pintan de colores sin preguntarse en qué se diferencian de las fuerzas burguesas.

El apartado donde señala que no serán causales de privaciones las expresiones de disenso ideológico o político vale lo mismo que papel mojado, al tratarse de un gobierno que ha demostrado reiteradas veces que no tiene problema en pasar por encima de cualquier institucionalidad. Además, el significado sobre qué es hablar contra Argentina es muy amplio y abierto a la definición por parte de un gobierno ultra reaccionario: ¿Podrá ser hablar contra su presidente o su gobierno? Es una cuestión abierta, pero no hay duda que la extrema derecha tergiversa la verdad a su favor. Recordemos las cuantiosas causas que ha abierto la DAIA por “antisemitismo” contra quienes reivindicaban el derecho a la existencia del pueblo palestino.

El gobierno de Milei es profundamente hipócrita: por un lado, entrega las tierras del país y trata de cumplir a rajatabla los objetivos del FMI; por otro, se imposta la preocupación por la soberanía nacional contra la clase trabajadora migrante. A su vez, se alza con un discurso en el que esos inmigrantes, odiantes de la Argentina a pesar de vivir en ella, afectarían la “armonía y la paz social” con sus discursos de odio:

“el quiebre del respeto básico desnaturaliza el sentido de las políticas migratorias de la REPÚBLICA ARGENTINA, transformando el ingreso al territorio nacional, o la permanencia de tales personas en él, en una flagrante violación de las condiciones de convivencia armónica y paz social que fundamentan su admisión en el país”.

¡Hablamos del mismo gobierno que en Davos acusó a la diversidad de pedofilia! El gobierno que esparce todos los días discursos de odio hacia la diversidad, las mujeres y les trabajadores de todo tipo– desde el menosprecio y la negación de los reclamos, hasta la denigración de cada ámbito de intervención de los trabajadores–, ahora acusa a los inmigrantes de perturbar la “armonía” en una sociedad que el capitalismo destroza todos los días.

El motivo detrás de este decreto es, claramente, la xenofobia. Así lo señalaron dirigentes de la izquierda como Manuela Castañeira, que en la red social X, señaló:

«El gobierno de Milei sale con un decreto xenófobo que busca prohibir el acceso al país a extranjeros y deportar inmigrantes de forma totalmente arbitraria. En Argentina el derecho a la universal a la expresión, a la educación y a la salud fueron conquistados por siglos y décadas de lucha de las y los trabajadores y las mayorías sociales que incluyen a migrantes de todo el mundo contra los capitalistas locales y sus socios imperialistas, y los gobiernos que vienen sometiendo al país al FMI hace décadas. No hay mayor insulto contra el país que un gobierno que pretende entregar la soberanía, los recursos y el futuro del país al FMI y las multinacionales. Repudiamos el decreto xenófobo de Javier Milei y su política de entrega de las tierras y las riquezas de nuestro país.»

Lejos de defender Argentina, el gobierno busca imponer agenda y alimentar un clima reaccionario, en el que el problema sea qué hace o deja de hacer el migrante que todos los días abre su negocio en nuestro barrio o es nuestro compañero de trabajo o de estudio. De esta manera, hace objeto a quien vive la misma opresión impartida por este gobierno reaccionario y ajustador de una mirada que diferencia, que discrimina y que pone sus acciones en tela de juicio. Al mismo tiempo, esta modificación le brinda al gobierno una herramienta concreta para ir contra los inmigrantes: Milei, admirador de Donald Trump y el ICE, debe fantasear con deportaciones y arremetidas de todo tipo, que las relaciones de fuerzas en Argentina no le permiten.

Frente a esta ofensiva xenófoba, debe aparecer como respuesta la más amplia solidaridad entre los trabajadores, donde la perspectiva de clase se coloque por encima de cualquier frontera nacional. Lo que la extrema derecha quiere fragmentar es justamente la unidad que le ha permitido históricamente a la clase trabajadora pegar con un solo puño contra el imperialismo y los capitalistas nacionales.

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