En el país del impuesto a las "ganancias"

Medio año de trabajo destinado al pago de impuestos

El nuevo informe del IARAF demuestra que la mitad de los ingresos de los trabajadores se destina a pagar impuestos. El Estado capitalista asfixia impositivamente a la clase trabajadora, al mismo tiempo que desfinancia todo lo público. Lejos de salvaguardar los asuntos comunes, gobierna en favor de los que más tienen y sus ganancias.

La distopía puede ser una vía que nos permita ver nuestra realidad desde otro punto de vista: Un trabajador se levanta temprano un primero de enero para ir a trabajar. Se trata de alguien que es cabeza de familia, que cuenta con un trabajo en blanco que le proporciona un aguinaldo dos veces al año y ciertas prestaciones mínimas (de las que muchos ya se despidieron para pasar forzosamente al mundo de la precariedad laboral como repartidores, ubers, monotributistas, etc.). Ese trabajador será obligado a laborar la primera mitad del año nada más que para pagar impuestos y, será hasta finales de junio e inicios de julio, que recién se liberará de esa carga. ¡Feliz Día de la Independencia Tributaria!

El informe , recientemente publicado por el Instituto Argentino de Análisis Fiscal (IARAF), nos permite confirmar que Argentina es uno de los países con los sistemas tributarios más regresivos del mundo. Bien es sabido que el 50% de la recaudación de las arcas estatales  proviene del IVA y el impuesto al salario. De esta manera, el gravamen hacia los trabajadores cae de forma concreta sobre sus hombros: la mitad de su tiempo de trabajo se destina a pagar impuestos. En esta nota, no aventuraremos cuánto de lo restante se va en las ganancias del patrón; sí, una pregunta, ¿qué queda realmente para el trabajador?

El recorrido de la carga tributaria para los trabajadores argentinos es una de ascensos. En el gráfico a continuación veremos una tendencia al alza de las presiones tributarias. Observaremos que, si la proyección 2025-2026 tiene un par de dígitos a la baja, esto se debe principalmente a la reducción de los impuestos a la exportación y demás impuestos que los capitalistas ya no pagan.

Bajo el gobierno de Milei, la desigualdad tributaria no hace más que agravarse. Mientras se exonera de todos los impuestos posibles a los multimillonarios, aumentan todos los servicios y demás gravámenes a los trabajadores. El informe del IARAF toma como ejemplo una familia tipo (una pareja con dos hijos) en la que solo un integrante del grupo familiar produce ingresos. Del menor poder adquisitivo al mayor poder adquisitivo: $2.058.400 en el primer grupo, $4.488.025 en el segundo, $6.573.600 en el tercero y $9.428.000 en el cuarto. De más está aclarar que, en la gran mayoría de los casos, los trabajadores ganan menos que el primer grupo, pues como se reveló hace unas semanas, el 80% de los trabajadores gana menos de 1,5 millones de pesos.

Aunque idealizado, estos supuestos sirven para evidenciar la magnitud de la carga impositiva sobre los trabajadores. Por cada hora trabajada, la mitad es destinada al pago de impuestos (la diferencia según subgrupo es de alrededor de dos minutos de diferencia). Otra forma de graficarlo es en el cómputo de días en el año: entre 172 y 182 días al año son destinados enteramente a cubrir impuestos.

Los trabajadores en Argentina producen abundante riqueza. Lejos del mito derechista que el Estado despilfarra en subsidios para los que menos tienen en detrimento de quienes trabajan, lo que se confirma, una y otra vez– esta es simplemente otra manera– es que los capitalistas chupasangres utilizan todas las vías posibles para sacarles hasta la última gota de trabajo no remunerado a la clase trabajadora.

Que la suma recaudada sea exorbitante no se traduce en mayores inversiones estatales para rescatar a un país que se hunde. Todo lo contrario, la política del gobierno anarcocapitalista es el retroceso del Estado en beneficio del sector privado, al que progresivamente se le brindan cada vez más condiciones para rematar la Argentina y la riqueza que su tierra y su clase trabajadora puedan generar. Sin contradicción alguna, el Estado capitalista puede asfixiar impositivamente a su clase trabajadora, al mismo tiempo que desfinancia todo lo público, porque lejos de salvaguardar los asuntos comunes gobierna en favor de los que más tienen y sus ganancias.

La verdadera contradicción se halla en el carácter del Estado, como se expone en nuestro Manifiesto anticapitalista para la Argentina. Allí, planteamos la necesidad de una reforma tributaria progresiva, donde los que más paguen sean los que más tienen: los capitalistas. En lugar de sacarle los impuestos al agro, o bajarle el impuesto a las ganancias a los proyectos multimillonarios del RIGI, o exonerar de impuestos a los propietarios de inmuebles; estos son quienes tienen que rendir la mayor carga tributaria ante el fisco, so pena de penalizaciones. A su vez, tiene que eliminarse el impuesto al salario, es decir, el “impuesto a las ganancias” a la cuarta categoría ¡que hoy ronda un piso de $2.500.000!

El salario no es ganancia, es fruto del trabajo; y  los frutos del trabajo deben quedar en las manos de quienes los produjeron: la clase trabajadora. El problema del salario– cuya única vocera fue Manuela Castañeira cuando propuso un salario mínimo de $2.000.000– anuda toda una serie de cuestiones que giran en torno a la lucha por la apropiación del sobreproducto social que, como vimos, es sumamente desigual. No hay forma de revertir esta situación que no sea con los trabajadores a la cabeza de la sociedad.

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