Massa y la CGT se reunirán por el salario: ¿Qué propone Economía?

El "superministro" definirá la discusión sobre el aumento de salarios para compensar la inflación de julio y agosto. A pesar de las diferencias, ni el gobierno ni la CGT están dispuestos a un aumento que ponga los salarios por encima de la línea de pobreza ($104.000). 

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Sergio Massa se reunirá este jueves con dirigentes de la CGT y representantes de la UIA (Unión Industrial Argentina). Se espera que en esa reunión el flamante ministro de economía tercie en el debate sobre la recomposición salarial.

El mismo día de su asunción, el dirigente del Frente Renovador había planteado la posibilidad de algún tipo de aumento salarial frente a la inflación. Se espera que el Índice de Precios al Consumidor (IPC) golpee sus puntos más altos en julio y agosto, tras las largas semanas de crisis iniciadas por la salida de Guzmán del gobierno y el peligro de una devaluación.

¿Grieta?

Mientras se acerca el día de la reunión, los medios se hacen eco de los puntos de discrepancia entre los distintos sectores del gobierno y de la propia CGT. Sucede que la interna oficialista (en la que Massa aparece como un nuevo actor) se replica en la dirigencia sindical peronista.

En estas horas la principal discusión es sobre el «formato» del aumento. La propuesta de Massa es dar un bono por única vez por un monto fijo de $20.000 para los trabajadores formales del sector privado y de $2.500 para los programas sociales.

En términos estrictos, esto ni siquiera es un aumento salarial. Se trata de un único pago, como si la inflación de julio y agosto pudiera compensarse con un ingreso extraordinario. Especialmente teniendo en cuenta que ningún economista espera que la inflación se detenga. Los aumentos de precios de julio y agosto se sumarán a una larga espiral inflacionaria que presiona los salarios.

El desdibujado y moribundo «albertismo» está representado en la discusión por Claudio Moroni, ministro de Trabajo. Moroni es el responsable cotidiano de la relación del gobierno tanto con los sindicatos como con las cámaras patronales en lo que respecta a conflictos laborales.

En los últimos días Moroni salió al cruce para rechazar cualquier propuesta de «aumento generalizado», aún si es con una suma fija por única vez. El titular de la cartera de Trabajo justificó su posición por el «peligro inflacionario» de un aumento general de salarios. Esta es una idea clásica de los economistas patronales; para Moroni, los trabajadores deberían sufrir en silencio la licuación de su salario vía inflación. Un tratamiento bastante distinto a las concesiones que el oficialismo le da a los sectores más acaudalados del país, como los terratenientes del agro.

Por si fuera poco, el funcionario «albertista» apuntó que en el último año los salarios del sector privado le habrían «ganado» por 6 puntos a la inflación (66,4% versus 60,7%, según los números del Ministerio de Trabajo). Sería interesante saber cuáles son estos salarios que no pierden ante la crisis que atraviesa el país.

Pero, aún si estas cifras fueran reales, lo cierto es que una inmensa cantidad de los trabajadores del país se desempeñan hoy en negro o bajo diversas formas de precarización. Esos son los sectores que más están perdiendo frente a la escalada inflacionaria, y que ni siquiera estarán dentro de las «preocupaciones» del gobierno y la CGT en su próxima reunión.

El ala «kirchnerista» del gobierno, por otro lado, parece vacilar ante la situación. Es cierto que varios dirigentes sindicales afines a CFK dieron discursos rimbombantes sobre la necesidad de un «shock distributivo» para recomponer los salarios. Pero las palabras se las lleva el viento; en concreto, la idea sería aplicar aumentos de suma fija por decreto desde el ejecutivo. Cristina Fernández utilizó este mecanismo para los salarios del personal del Congreso.

Justificar el sillón

Contradictoriamente, el «shock distributivo» kirchnerista y el austero bono por única vez del massismo tienen un punto común: el reemplazo de las paritarias. Esto configura una medida anti – sindical en sí misma.

La «mediación» de los sindicatos en la negociación salarial (o sea, las paritarias como tales) son una conquista del movimiento obrero. Eliminando las paritarias, el gobierno tiene absoluta libertad para imponer el aumento que le parezca más conveniente. Tal vez a esto se refería Cristina cuando hablaba de «usar la lapicera».

Es cierto, por otro lado, que la existencia de las paritarias no garantiza de por sí la recomposición salarial. Siempre cabe la posibilidad de que las direcciones de la burocracia sindical elijan cerrar paritarias a la baja, como suelen hacer. Pero la eliminación de las paritarias y su reemplazo por sumas fijas no es vista con buenos ojos por toda la CGT.

Carlos Acuña y Héctor Daer, triunviros de la CGT junto a Pablo Moyano, rechazaron la idea de una suma fija. Los representantes de Sanidad y playeros hicieron hincapié en la continuidad de «paritarias libres». Sergio Romero, de la cegetista UDA, declaró que «un bono o suma fija es una receta del pasado […]. La oferta debe ser remunerativa y bonificable».

Ni Daer ni Acuña ni Romero vienen haciendo nada para que los salarios de los trabajadores argentinos resistan a la inflación. Pero si el gobierno tensa demasiado la cuerda de los salarios, el enorme descontento social que atraviesa el país podría empezar a emerger.

La preocupación de los triunviros por mantener las paritarias no tiene tanto que ver con el monto de los aumentos, sino con mantener cierto «control» sobre el salario de sus respectivos sindicatos. Si se eliminan las paritarias, la burocracia sindical quedaría «pintada». Y en los gremios donde los salarios son particularmente bajos, a los dirigentes no les sobra popularidad.

Listos para la entrega

El que le dió el O.K. a la posibilidad de una suma fija por decreto fue Pablo Moyano. «Nunca se debatió suma fija o no, yo estoy totalmente de acuerdo en este contexto mundial y en particular en nuestro país», declaró el dirigente de camioneros en AAM750.

Al parecer, para Moyano el «contexto mundial» amerita que los trabajadores no ganen sino pierdan derechos y salario, sin siquiera una paritaria para decidir el aumento. En el mismo sentido se inclinan los dirigentes del SMATA, Palazzo de Bancarios y Furlán de la UOM.

El apoyo del moyanismo a la propuesta del kirchnerismo tiene una intención simple: descomprimir la situación para que el gobierno pueda tomar algo de aire. Pero mientras «los gordos» debaten cuál es la mejor forma de justificar su sillón y cuidar al gobierno, los salarios siguen cayendo día a día.

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