Massa suplica un salvataje del FMI mientras la economía cruje

El gobierno necesita un shock de dólares para evitar el colapso, pero ni el Fondo ni los sojeros parecen dispuestos a ayudarlo. Al menos, no gratis. La crisis de divisas se agrava con cada hora que pasa.

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Pareciera que el gobierno panperonista ya ni siquiera se esfuerza por simular cierto control sobre la crisis financiera. En las últimas horas, Massa debió anunciar medidas penales contra ciertos grupos bursátiles por esparcir rumores de una fuerte devaluación. Para más INRI, luego el propio Alberto Fernández salió a denunciar que sectores de la oposición «hablan con el FMI a nuestras espaldas».

Tal parece que Massa, la última figura fuerte del gobierno frentetodista, está quedando tan dibujado como el presidente que la semana pasada se bajara de la carrera electoral, legándole al superministro el control simbólico de la gestión.

El peor momento económico del gobierno

La crisis financiera que quema al gobierno es probablemente la peor desde el inicio de la gestión fernandista. Las manifestaciones son muchas (inflación, pobreza, corrida contra el peso, estancamiento de la actividad económica y un largo etcétera) pero el centro del problema es la escasez de divisas.

La falta de divisas sigue ensanchando la brecha cambiaria, empujando hacia una devaluación y echando nafta al fuego de la inflación. Como si fuera poco, el gobierno está tomando medidas típicamente recesivas para intentar controlar la inflación y paliar la sangría de dólares, lo que motorizará un enfriamiento todavía mayor de la actividad económica. Y una eventual recesión complicará todavía más los objetivos de reservas y déficit que el gobierno asumió con el FMI. Parece la tormenta perfecta.

Pero, ¿por qué la Argentina no tiene dólares?

Es cierto que la economía argentina es una débil productora de divisas por su industria poco competitiva a nivel internacional. Pero es mentira que no existan divisas en el país. Lo que sucede es que las mismas provienen de dos únicos lugares: el agro y el FMI.

Los patrones del agro ya mostraron cuáles son sus intenciones con respecto a salvar a la gestión Massa. Para abril, el gobierno esperaba una entrada de USD 2500 millones con el impulso del dólar agro, pero hasta ahora entraron sólo 1400. Para el bimestre abril – mayo, Massa esperaba redondear unos 5.000 millones. Con el ritmo actual, los pronósticos son mucho más humildes y están en los 2.500 millones, exactamente la mitad.

La mesa de enlace dejó claro que quiere una devaluación en plena regla para liquidar exportaciones: le pidió a Massa un dólar a $350 (un 15% más que el actual dólar agro y casi 75% por encima del oficia). Como quien le pide peras al olmo, tal vez Massa esperaba que los patrones agropecuarios le salvaran los números a un gobierno peronista. No sucedió.

Una vez más, a los pies del FMI

¿Y el Fondo? El desdibujamiento del oficialismo es tan evidente que el propio FMI tuvo que salir a explicitar que permanece en negociaciones con el staff técnico argentino para revisar los términos del acuerdo. No es ninguna sorpresa. Hace pocos días se supo que el massismo no logró cumplir los objetivo de déficit fiscal para el primer trimestre. Y las metas de acumulación de reservas ya debieron ser reducidas en USD 12.000 millones por la sequía.

¿Cuánto más puede renegociar Massa con el organismo de crédito imperialista? El ministro de Economía está arrinconado, y al parecer ve en el Fondo a su última esperanza. De hecho, el FMI es la última pizca de legitimidad que el gobierno posee ante los sectores concentrados de la burguesía y los tenientes de divisas (los famosos mercados). 

Sucede que tanto unos como otros están interesados en que el gobierno aplique de una vez por todas lo más duro del ajuste fiscal. En estas horas, la mayoría del periodismo especula con la posibilidad de que el propio Fondo pida una devaluación, cosa que no había hecho hasta el momento y que la burguesía local espera con ansias.

Massa, por su lado, deposita sus esperanzas en la posibilidad de que el Fondo adelante los desembolsos previstos para el resto del año. Es la idea de un shock de divisas para frenar la corrida. La receta funcionó (en términos formales) el año pasado, apelando al Fondo y al dólar agro. Pero la presión devaluatoria no desaparecerá, sólo se reducirá su ritmo.

Dicho esto, no está nada claro que el FMI esté dispuesto a semejante dádiva. O, al menos, no gratuitamente. El directorio del FMI ya rechazó la posibilidad de adelantar los desembolsos en la última ronda de negociaciones. Ahora Massa se prepara para viajar nuevamente a Washington en pocos días. Parece que las decisiones del gobierno peronista se toman allá, no en Buenos Aires.

 

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