Marx y Darwin (o las máquinas como órganos “artificiales” de la actividad humana), parte 1

Ficha de trabajo sobre Marx y las máquinas, quinta entrega. Manuscritos 61/63 (Cuadernos V, XIX y XX)

“En una célebre nota de El capital, Marx se pregunta: «Darwin ha despertado el interés por la historia de la tecnología natural, esto es, por la formación de órganos vegetales y animales como instrumentos de producción para la vida de plantas y animales. ¿No merece la misma atención la historia concerniente a la formación a los órganos productivos de los seres humanos en la sociedad, a la base material de toda organización particular de la sociedad?». A partir de una pregunta de este género arranca, probablemente, la nueva orientación de la investigación emprendida en enero de 1863, en la sección sobre las máquinas. La metamorfosis del instrumento en máquina, se presenta como una fase crucial de la formación económica de la sociedad, que es considerada por Marx como un continuum en el que las transformaciones, los virajes y las revoluciones, son etapas de un proceso ininterrumpido” (Mauro de Lisa, citando a Marx, 1982: 17. El continuum puede, evidentemente, ser interrumpido, tal cual ocurre también en la historia natural, como afirma S. J. Gould a diferencia de Darwin, pero esto es secundario acá y lo retomaremos en otro lado)

 

“Puede dudarse de si las súbitas y considerables desviaciones de estructura, como las que de cuando en cuando vemos en nuestras producciones domésticas, especialmente en las plantas, se propagan alguna vez de modo permanente en estado de naturaleza. Casi todas las partes de todo ser orgánico están tan armónicamente relacionadas con sus complejas condiciones de vida, que parece tan improbable que una parte cualquiera haya sido producida súbitamente perfecta como el que una máquina complicada haya sido inventada por el ser humano en estado perfecto” (definición categórica de Darwin contra el creacionismo religioso, 1984: 96)

Damos continuidad a las fichas de trabajo por donde habían quedado en marzo pasado, que eran apuntes acerca del maquinismo sitos en los Grundrisse (1857/58)[1]. Pero resulta que entre los Grundrisse y los Cuadernos de 1861/3  Marx opera un desplazamiento en el análisis del maquinismo. Lo que en los Grundrisse aparece como un tratamiento general, conceptual del maquinismo, en los Cuadernos aparece como una historia crítica de las máquinas (un análisis más concretamente determinado).

Marx ha estudiado ya la obra de Darwin, El origen de las especies, aparecida en 1859 (cosa que no había ocurrido cuando la redacción de los Grundrisse). Y se inspira en ella para entender a las máquinas como órganos de la producción social, tal cual los órganos respecto de las especies animales. Remontándose a sus Cuadernos de notas sobre el maquinismo de 1851, Marx transcribe algunas de aquellas citas y coloca otras nuevas en sus Cuadernos de 1861/3. Todo este estudio redundará en los capítulos respectivos de su obra cumbre, El capital, tomo 1, aunque más que dicha obra canónica “terminada”, lo que nos interesa acá es dar cuenta del laboratorio de Marx, su estudio crítico sobre la relación entre el maquinismo y el trabajo humano y, sobre esa base, extender el análisis “más allá de Marx” sobre la base de la experiencia no capitalista del siglo pasado.

Es lo que acometeremos a continuación en esta ficha de trabajo: una historia crítica de las máquinas reafirmando su carácter potencialmente emancipatorio.

1- Maquinismo, subsunción y emancipación (Cuaderno V)

Marx recomienza su estudio de las máquinas en el capítulo V de sus Cuadernos del 61/3.

“La maquinaria, no cabe duda, ha ejecutado una tarea que reemplaza los tendones y músculos de millones de seres humanos, pero también ha aumentado prodigiosamente el trabajo de los hombres [y mujeres] regidos por su terrible movimiento” (Marx citando la “Ten Hours Factory Bill”, Lord Ashley Speech, Londres, 1844, 2022: 66).

Está clara la cita de Marx: pudiendo emancipar los tendones, los músculos y los nervios de las y los trabajadores del yugo del trabajo –explotado–, ocurre lo contrario con el maquinismo capitalista: es otra forma de aumentar su explotación absoluta y relativa (subsunción real del trabajo al capital extendiendo la jornada laboral, la intensidad de la misma, dividiendo a la clase obrera entre un sector calificado bien pago y un creciente sector descalificado precarizado, etc., cosas que están ocurriendo en este siglo XXI con la IA y la automatización).[2]

“La máquina (que cuando comienza a emplearse al servicio del capitalismo no se encuentra más que en su fase inicial, en la cual no es sino un potente instrumento del trabajo artesanal [es decir, no ha revolucionado aún el modo de producción; no ha dado lugar al modo de producción específicamente capitalista, en las palabras de Marx]) presupone la cooperación simple, y ésta precisamente aparece, tal como se verá a continuación, como un momento mucho más importante en ella que en la manufactura, basada en la división del trabajo” (Marx, 2022: 18).

Bueno, expliquemos esto. Resulta que la manufactura es la reunión en un taller de múltiples trabajadores y trabajadoras, pero que todavía desarrollan, cada uno de ellos y ellas, la tarea entera: no es más que la reunión de los obreros-artesanos bajo un mismo techo por un mismo capitalista. Por esto mismo, en la manufactura así concebida no estamos todavía a nivel del modo de producción específicamente capitalista, porque aún no ha ocurrido el pasaje de la subsunción formal a la real del trabajo al capital. El cuerpo de la producción continúa siendo el orgánico del trabajador/a y no el inorgánico de la maquinaria.

“En esta última [en la división del trabajo], la cooperación simple adquiere su valor sólo en el principio de los múltiples, es decir, no sólo en el hecho de que distintas operaciones se reparten entre distintos trabajadores sino que se dan relaciones numéricas en las cuales un determinado número de trabajadores es dividido toda vez en grupos y asignados a operaciones particulares, respecto de las cuales se subordinan [si se subordinan a operaciones particulares, pasamos de la subsunción formal a la real]. En el taller mecánico, la forma más desarrollada del empleo capitalista de la maquinaria, es esencial que muchos hagan la misma cosa. Es, además, su principio fundamental” (Marx, 2022: 18).

Bueno, así desglosada la cosa queda clara (aunque la secuencia cooperación simple-manufactura-gran industria tiene un desarrollo bastante intrincado que trataremos de ir viendo y poniendo en su orden “lógico” de prelación –acá se aprecia la clásica distinción de Marx entre lo lógico y lo histórico–: a) si es esencial que “muchos hagan la misma cosa” se rompe con el principio del obrero-artesano donde “pocos hacen muchas cosas”, por así decirlo (el producto entero); b) la cooperación simple remite, entonces, a que los muchos que hacen una misma cosa están coordinados de manera tal que de cada producción parcial termine saliendo un producto total (terminado, es decir, entramos al mundo de la subsunción real del trabajo al capital aunque todavía no hizo irrupción la máquina como tal); c) “el principio de los múltiples” y las “relaciones numéricas” remiten a la idea de que, para que la cooperación funcione como “fuerza natural del trabajo asociado” –es decir, la ganancia de productividad que surge del hecho simple de poner a trabajar de manera coordinada a muchos/as trabajadores/as– es necesario, precisamente, que sean muchos: los muchos trabajando bajo una división del trabajo evidentemente tienen que rendir más producto que los pocos trabajando de manera artesanal.

“El empleo de maquinaria presupone además originariamente, como condición de existencia, la manufactura basada en la división del trabajo, ya que la misma fabricación de la máquina –y en consecuencia la existencia de la máquina– se basa en el taller en el que se aplica plenamente el principio de la división del trabajo (Marx, 2022: 18).

Bueno, acá se “enreda” la cosa: hay varios términos en juego en pocos renglones: a) manufactura, b) división del trabajo, c) máquina, d) taller en el que se aplica plenamente el principio de la división del trabajo.

Vamos a apelar largamente a Dussel para desarmar este galimatías: “«[Afirma Marx] En la manufactura, la revolución que tiene lugar en el modo de producción toma como punto de partida la fuerza de trabajo; en la gran industria, el medio de trabajo [la máquina]. Hemos de investigar por qué el medio de trabajo se ha transformado de herramienta en máquina, o en qué se diferencia la máquina del instrumento artesanal».

”Como puede advertirse, Marx da importancia a una diversidad estrictamente tecnológica de los medios de producción [nos da la impresión de que esto tiene más matices, pero no importa acá][3]. En el caso de la herramienta y la manufactura, un ser humano es el que manipula y es la causa motriz del uso, aunque esté convenientemente dividido el trabajo en la cooperación del espacio común de la manufactura, del instrumento. Con la máquina, y esto lo descubrió Marx en sus estudios en Bruselas en 1845 (…) hubo un cambio cualitativo en el proceso productivo mismo (…): «La máquina de la que arranca la revolución industrial, reemplaza al obrero que manipula una herramienta única por un mecanismo que opera simultáneamente con una masa de herramientas iguales». La esencia del asunto estriba en la cuestión de la simultaneidad del manejo de herramientas varias (múltiples) por medio de un único mecanismo. Esto reproduce, multiplica, amplia el efecto del uso del medio productivo (…) el grado de efectividad, entonces, puede alejar su límite de manera gigantesca, con respecto a un trabajador/a que maneja una herramienta. En efecto, no solo muchas herramientas pueden ser movidas simultáneamente por una fuerza motriz, sino que dicha fuerza motriz (una máquina motriz) puede elevarse a niveles enormes de potencia. Pero además –nuevo nivel de efectividad multiplicada– puede articularse por cooperación muchas máquinas similares, hasta constituir un «sistema de máquinas». Marx ha penetrado de esta manera la lógica interna del desarrollo estructural y al mismo tiempo histórico de la tecnología” (Dussel, 1984: 59/60).

Pedimos perdón al lector por lo largo de la cita y porque, en realidad, se refiere más a la especificidad de la máquina –del principio de la máquina– que a lo que veníamos refiriéndonos. Y, sin embargo, echa luz sobre lo que nos preocupa en estas primeras citas que estamos comentando.

La clave de todo el asunto está en la “simple” definición de que en la manufactura la revolución que tiene lugar en el modo de producción ocurre en la fuerza de trabajo (la reunión de una multiplicidad de trabajadores/as bajo un mismo techo), mientras que en la gran industria dicha revolución ocurre en el medio de producción: la máquina misma. Y lo que ocurre es que la máquina, al reunir en ella misma varias operaciones antes separadas y al subsumir al trabajador/a en su operación, es la base de la revolución industrial, del modo de producción específicamente capitalista.

Indirectamente, esto aclara toda la secuencia: a) del inicial trabajo separado o fragmentario a domicilio, b) pasamos a la manufactura donde múltiples obreros-artesanos son puestos bajo un mismo techo pero siguen haciendo la labor entera, c) y luego, con la revolución que implica la maquinaria, aparece la cooperación de varios grupos de trabajadores/as realizando una misma tarea parcial –operando máquinas similares– que, precisamente, por la vía de la cooperación –el trabajo asociado–, dan lugar a una multiplicación de la producción, del producto del trabajo.

La secuencia entonces parece ser la del pasaje del trabajo a domicilio a la manufactura y de la manufactura a la gran industria por la vía de la maquinaria, que es la que permite la cooperación verdadera en la producción de cada mercancía (en el trabajador-artesano no hay verdadera cooperación en el sentido auténtico del término).[4]

Y todavía con Dussel podemos agregar algo más respecto del origen histórico de la maquinaria capitalista: “(…) en abril de 1784, fecha en que Watt patentó su máquina a vapor, no como un invento para «fines especiales sino como agente general de la gran industria», se dio un salto cualitativo y nació, propiamente hablando, el modo de producción capitalista industrial [bueno, acá Dussel confunde un poco la secuencia histórica con la lógica, porque el capitalismo industrial no surge de un patentamiento sino de la utilización masiva de las máquinas, pero esto es secundario acá]. Se había logrado una máquina-motriz que movilizaba infinitas posibles máquinas-herramienta que no necesitaban del trabajador más que como de un accesorio. En la manufactura de herramientas el sujeto del trabajo era el artesano, en la fábrica de máquinas el sujeto de trabajo era la misma máquina. Y como ésta, lo hemos visto, es la forma material propia del capital, era el capital mismo el sujeto de trabajo (y el asalariado sólo un auxiliar)” (Dussel, 1984: 60), un auxiliar que, entonces, podría emanciparse totalmente del yugo del trabajo y metamorfosear su rol de vigilador y regulador de la producción en otra cosa: actividad humana transformadora.[5]              

2- La creación de un proletariado universal

“«En la infancia de la mecánica, un taller de construcción ofrecía a la vista la división de los trabajos en sus numerosas gradaciones: la lima, el taladro, el torno tenían cada uno sus obreros de acuerdo a su habilidad; pero ahora la maestría del limador y del taladrador es sustituida por la limadora, por la máquina (…)» [Ure, citado por Marx] (…), el taller mecánico tira por la borda los principios esenciales de la manufactura que descansa en la división del trabajo. Finalmente el empleo de la maquinaria aumenta la división del trabajo dentro de la sociedad, la multiplicación de las ramas de actividades particulares y de las esferas de producción independientes” (Marx, 2022: 69).

Bueno, aquí tenemos un nuevo concepto: el de división del trabajo. Ya tratamos esto en anteriores textos sobre las máquinas. ¿Es por el análisis del trabajo y la división del trabajo que se llega a las máquinas o es por el camino inverso? ¿Es la maquinaria la que genera la división del trabajo? Veamos un poco la cuestión.

En la manufactura ya hay un elemento de división del trabajo. En la cooperación simple un trabajador está puesto al lado del otro realizando cada uno la labor completa. Pero en la manufactura esto se vuelve algo más complejo: se establece una cierta división del trabajo donde algunos hacen una cosa y otros otra: la lima, el taladro, el torno son todas tareas realizadas por obreros-artesanos de acuerdo con su habilidad, nos dice Marx.

Sin embargo, el taller mecánico tira por la borda los principios elementales de la manufactura que descansa en la división del trabajo, porque ahora ya no hace falta más un obrero artesano limador, taladrador o que opera el torno: ahora la máquina reemplaza los oficios y el trabajador-artesano queda reducido –dicho exageradamente– a simple trabajador desnudo sin oficio: operador de la máquina que se carga toda ella del oficio anteriormente poseído por el trabajador-artesano. Y por eso genera una nueva división del trabajo que se transmite a la escala de toda la sociedad. Si la máquina surge por el análisis del trabajo (en realidad surge, en cierto modo, de manera independiente y revoluciona el modo de producción, pero, repetimos, surge en el marco de determinadas relaciones sociales de producción, aunque las trascienda como fuerza productiva), al mismo tiempo no es la división del trabajo, strictu sensu, la que genera la máquina, sino la máquina la que genera la nueva y ampliada división del trabajo (el abordaje de Dussel de la tecnología en Marx surge de acá, aunque no dejamos de tener matices con él porque es algo positivista en su visión).

La secuencia lógico-histórica queda entonces así: trabajo a domicilio, manufactura, cooperación simple, inicial división del trabajo, maquinismo, nueva división del trabajo. La maquinaria surge por dos vías: a) por la vía científico-técnica, b) del análisis del trabajo, lo cual redunda, a la vez, en una división del trabajo a “escala ampliada”: “«(…) el análisis y la aplicación –que dimanan directamente de la ciencia– de leyes mecánicas y químicas» sirven de base a la producción por medio de máquinas en la gran industria. Marx añade: «No es a lo largo de esta vía, empero, que ha surgido en general la maquinaria y menos aún la vía que sigue en detalle la misma durante su progresión. Este camino es el análisis a través de la división del trabajo, la cual transforma ya en mecánicas las operaciones de los obreros, cada vez más, de tal suerte que en cierto punto el mecanismo puede introducirse en lugar de ello». La exigencia de establecer la distinción entre una infancia y una madurez en el desarrollo de la maquinaria –la intuición de que solo en una fase relativamente tardía la innovación parta de la aplicación de un saber formalizado– quedaría reforzada también por los contactos posteriores de Marx con la historia de la técnica y de la organización material de la producción” (Di Lisa, 1982: 15/6).

Lamentablemente, no llegué a repasar mis notas anteriores así que tomen esta compleja secuencia (mucho más compleja que lo que aparece en el esquema estilizado de El capital) sólo a modo tentativo y descriptivo. Tanto Di Lisa como Dussel van y vienen en este análisis que, en todo caso, retomaremos en un texto ulterior.

Para un ejemplo de Di Lisa que parece contradictorio con lo que acabamos de decir, veamos lo siguiente: “(…) el antecedente material de la máquina no es la descomposición de las actividades laborales, sino la especialización y la diferenciación de los instrumentos. «Constituye un error en general –escribía Marx en El capital– la idea de que al principio la máquina moderna se apoderó de aquellas operaciones que la división manufacturera del trabajo había simplificado. Durante el periodo manufacturero fueron divididas en nuevas categorías la hilandería y la tejeduría y se perfeccionaron y diversificaron sus herramientas, pero el proceso mismo de trabajo, que en modo alguno se dividió, siguió siendo artesanal. El punto de partida de la máquina no es el trabajo, sino el instrumento de trabajo». Y por esto no es fortuito que las investigaciones histórico-tecnológicas del Cuaderno XIX [del 61/63] empiecen con una cita del Origen de las especies; el tema de la simplificación de los instrumentos recuerda el proceso evolutivo que se inserta en el proceso de las modificaciones incesantes de los órganos productivos [naturales]” (Di Lisa, 1982: 20/1).

“Su principio fundamental [el del maquinismo] es la sustitución del trabajo cualificado con el trabajo simple; y por lo tanto también la reducción de la masa del salario al salario medio, o sea la reducción del trabajo necesario del trabajador al mínimo medio y la reducción de los costos de producción de la capacidad de trabajo a los costos de producción de la capacidad de trabajo simple” (2022: 69).

Básicamente: reducción del trabajo calificado (o compuesto) a trabajo simple; reducción del trabajo necesario y ampliación del plustrabajo (véase que acá Marx todavía utiliza el concepto de capacidad de trabajo que luego en El capital reemplazará por el de fuerza de trabajo).

“El aumento de la fuerza productiva a través de la cooperación simple y de la división del trabajo no le cuesta nada al capitalista. Ellas son fuerzas naturales gratuitas del trabajo social en las formas determinadas que éste asume bajo el domino del capital” (Marx, 2022: 69).

Está clarísimo: mantener a las y los trabajadores domiciliarios por separado o ponerlos todos juntos en un taller bajo la forma de la cooperación simple en el trabajo y de la división del trabajo produce la “magia” del trabajo asociado, que aun en sus formas más simples hace que la totalidad sea más que la suma de las partes. Por eso Marx habla de las fuerzas naturales gratuitas del trabajo social, porque la asociación productiva supera naturalmente la individualidad productiva.

Como digresión, queremos introducirnos tangencialmente en Darwin para otra cuestión que retomaremos más abajo y en otros textos. Darwin es brillante, pero en El origen de las especies se extralimita victorianamente en el concepto de competencia entre especies y supervivencia de los más aptos de una forma mecánica, y a simple vista se ve cómo dio lugar al darwinismo social reaccionario. Es lógico que los mecanismos de selección natural y de competencia entre especies aparezcan como más “mecánicos” que los mecanismos humanos de lucha de clases (su dialéctica es mil veces más rica y compleja, y menos mecánica), pero, de todos modos, se extraña en toda la obra de Darwin el concepto de cooperación y no solo lucha entre las especies. Kropotkin y Pannekoek, en textos clásicos, se encargarían de afirmar que también en la naturaleza hay competencia y cooperación.

Aunque Darwin se ocupa de aclarar en el capítulo III de su obra que el concepto de “lucha por la existencia” lo utiliza en sentido amplio, no deja de notarse en su obra la influencia de Spencer y Malthus (no descubrimos nada nuevo: además de los comunistas históricos que citamos, lo retoma Bellamy Foster en su obra La ecología de Marx: “He denominado a este principio por el cual toda variación ligera, si es útil, se conserva, con el término de «selección natural», a fin de señalar su relación con la facultad de selección del hombre. Pero la expresión frecuentemente empleada por Herbert Spencer de «supervivencia de los más aptos» es más exacta y, a veces, igualmente conveniente” (Darwin, 1985: 116).

Bueno, con inmenso respeto a Darwin, la explicación o definición no nos convence para nada, da lugar a los enfoques reduccionistas que se pueden apreciar hasta en la última serie sobre los dinosaurios de Steven Spielberg. Al liberalismo ambiente o, peor, a la extrema derecha, no se les ocurre que junto con la competencia pueda haber cooperación. Y la confusión victoriana de Darwin entre selección natural, supervivencia de los más aptos y lucha por la existencia en sentido lato, mal le hizo a su extraordinaria obra (dio lugar a una lectura conservadora de ésta en determinados sectores, amén de la definición de Marx y Engels de que El origen de las especies dio una base natural-materialista a la dialéctica marxista –dejamos el enfoque reduccionista ridículo de Kautsky aparte–.[6]

3- El maquinismo como fusión de naturaleza y cultura

Volvamos a Marx. “El empleo de la maquinaria, a diferencia del trabajo de cada individuo, no pone en juego solamente las fuerzas productivas del trabajo social. Transforma en potencias del trabajo social simples fuerzas de la naturaleza como el agua, el viento, el vapor, la electricidad, etc. Esto independientemente de la utilización de las leyes mecánicas que actúan en la parte que verdaderamente trabaja (en la parte de la máquina que transforma directamente la materia prima con un procedimiento mecánico o químico)” (2022: 69/70).

Es decir, el maquinismo y la industria fusionan las fuerzas sociales y las fuerzas naturales. Atento a las leyes propias de la naturaleza (Engels), la humanidad las puede poner a trabajar para bien o para mal (para fuerzas productivas o para fuerzas destructivas). Cuando Marx señala que el trabajo social transforma en potencias suyas simples fuerzas de la naturaleza (agua, viento, vapor, electricidad, y, bajo los mismos principios, la IA), lo que quiere señalar es que la “humanidad maquinista” logra subordinar las leyes de la naturaleza y los recursos naturales a la producción social humana “artificial” (artificial es un concepto utilizado en el sentido de Antonio Labriola como “segunda naturaleza humana”, es decir, aquello que es creado por la humanidad y que no aparece simplemente dado en la naturaleza pero que, al mismo tiempo, debe basarse en las leyes propias de la naturaleza para tener racionalidad; no puede construirse un edificio de cien pisos, por ejemplo, sobre ladrillos de barro, ni hacer, como hizo el estalinismo, tractores evaluados en peso y no en valor, que pesaban 5.000 kilogramos y no podían moverse un centímetro sobre el piso).[7]

“(…) el empleo de la maquinaria impone que, junto con la parte del capital anticipada en salario, se considere también la otra parte del capital. En efecto, el principio según el cual el empleo de los medios permite el aumento de la fuerza productiva, aumentando el tiempo excedente relativo y con ello el plusvalor relativo, reposa sobre la disminución del precio de las mercancías; por lo tanto la reducción del tiempo de trabajo necesario para la reproducción de la capacidad de trabajo deriva de los dispositif que permiten el aumento de la fuerza productiva, o sea que el mismo número de obreros produce más valores de uso en el mismo intervalo de tiempo” (Marx, 2022: 71).

Nuevamente, está clarísimo: la máquina, el sistema de maquinaria, se introduce cuando su costo es menor que el costo de las y los trabajadores que reemplaza (el costo de su fuerza de trabajo). Al mismo tiempo, la maquinaria potencialmente multiplica la fuerza productiva del trabajo social: produce más mercancías en menos tiempo, con lo que el valor individual de cada mercancía es menor, pero al mismo tiempo el componente de plusvalor en relación al componente de mero valor –el trabajo necesario– de cada mercancía, es mayor. Así las cosas, la introducción de maquinaria permite abaratar no solo el valor de la fuerza de trabajo empleada sino que, al mismo tiempo, aumenta también la masa de valor total creado –valor más plusvalor– porque permite multiplicar la utilización de la masa de las y los trabajadores (como señalamos mucha veces, los conceptos de Marx, al traducirse a conceptos científicos en términos de ciencia formal, de lógica formal, adquieren proporciones numéricas perfectamente “científicas”.[8]

“(…) la mercancía producida con el auxilio de la maquinaria contiene menos tiempo de trabajo que aquella producida sin ella, representa una menor magnitud de valor, es más barata” (Marx, 2022: 71).

Está dicho arriba, por lo que no vamos a decir nada de esta cita, solo la colocamos a modo de clarificación.

“(…) la disminución del precio de las mercancías producidas mediante la maquinaria depende sólo de una única circunstancia, del hecho de que el tiempo de trabajo contenido en la misma maquinaria es menor que la cantidad de tiempo de trabajo contenido en la capacidad de trabajo que ésta ha sustituido; que el valor de la maquinaria que entra en la mercancía es menor –vale decir = a menos tiempo de trabajo– que el valor del trabajo que sustituye. Pero este valor es = al valor de las capacidades de trabajo, cuyo empleo disminuye numéricamente gracias a [el empleo de] la maquinaria” (Marx, 2022: 72).

Efectivamente, para cada mercancía individual el empleo de fuerza de trabajo disminuye pero, por otra parte, al ampliar la escala de la producción, el empleo total de fuerza de trabajo aumenta colosalmente proletarizando a más y más sectores productivos.

Un ejemplo actual, del siglo XXI, es el trabajo bajo aplicaciones. Resulta que muchos de estos trabajos, en realidad, eran trabajos por cuenta propia, no asalariados: los taxímetros, los trabajos de albañilería, plomería, de asistencia a los hogares, de cortado del césped, de reparto de comida, de compras en los shoppings, etc., eran trabajos por cuenta propia o simplemente actividades realizadas por los consumidores. Y sin embargo, la incorporación masiva e internacional del trabajo bajo algoritmos, aunque se lo titule interesadamente “trabajo autónomo”, en realidad lo que ha hecho es asalariar a una parte infinitamente creciente de lo que antiguamente se llamaba “trabajo por cuenta propia”. No se trata más que de la puesta bajo la relación salarial –disimulada bajo la “máquina” algorítmica– de trabajos que anteriormente no eran asalariados. Y no solo eso: la asalarización de un sinnúmero de trabajos que podríamos llamar, sumaria pero erróneamente, de “servicios”, ¡está multiplicando colosalmente el proletariado mundial en este siglo XXI!

“En la medida en que la maquinaria sale de su estadio infantil, se diferencia de las dimensiones y el carácter del instrumento artesanal que originariamente sustituye, se hace más voluminoso y más caro, exige más tiempo de trabajo para su producción, su valor absoluto sube, aunque deviene relativamente más barato, vale decir, aunque la máquina más eficiente cuesta menos, con relación a su eficiencia, que la menos eficiente; o sea, aunque la cantidad de tiempo de trabajo que cuesta su producción aumente en una proporción mucho menor que la cantidad de tiempo de trabajo que sustituye” (Marx, 2022: 72).

Proporciones y más proporciones (y combinatorias). De todo lo dicho, lo que nos interesa reafirmar es que la máquina, la máquina herramienta, no es otra cosa que una combinación de herramientas reunidas en un mismo autómata: por eso Marx subraya que la máquina originalmente sustituye al instrumento artesanal, y no solo lo sustituye: proviene de una reunión de dichos instrumentos anteriormente separados.

“No obstante la diferencia de valor entre la maquinaria y la herramienta artesanal o el simple instrumento de trabajo, en la mercancía entrará una parte componente de valor menor por la maquinaria que por el instrumento de trabajo y por la capacidad de trabajo que la máquina sustituye, en la misma proporción en la cual el valor de la máquina se reparte en una suma global mayor de productos, de mercancías” (Marx, 2022: 73).

También está claro: la maquinaria tiene acumulada una cantidad de trabajo mayor que el simple instrumento de trabajo o la fuerza de trabajo, pero en cada proceso productivo transfiere una cantidad de valor menor que dicho instrumento y dicha fuerza y, por lo tanto, al aumentar a la vez la productividad del trabajo, el valor de la mercancía individual es menor con la maquinaria que sin ella.

“Con la introducción de la maquinaria, con la cual los medios de trabajo asumen grandes dimensiones de valor y se representan en voluminosos valores de uso, crece esta diferencia entre el proceso laboral y el proceso de valorización, y ésta deviene un momento significativo en el desarrollo de la fuerza productiva y en el carácter de la producción” (Marx, 2022: 75).

El proceso de trabajo queda así sometido al proceso de valorización. Lo específico de la producción capitalista es la creación de valor y, en ese sentido, el proceso de valorización domina el proceso de producción y lo pone a su servicio. Una advertencia de importancia, luego de la experiencia del estalinismo, es que la superación del proceso de valorización en la transición socialista no reenvía a la idea errónea y productivista de la producción por la producción misma (error clásico de muchas de las corrientes del trotskismo), sino a la tendencia creciente a una producción al servicio de las necesidades humanas y a justas relaciones metabólicas con la naturaleza.

“El plusvalor  = plustrabajo –tanto absoluto como relativo– que el capital produce gracias al empleo de la maquinaria no se origina en la capacidad de trabajo que la máquina sustituye sino en la capacidad de trabajo que la máquina utiliza” (Marx, 2022: 80).

Lógicamente, porque con el maquinismo la base de valor de la producción permanece. Y el maquinismo logra dos objetivos: a) reducir el trabajo necesario y aumentar el trabajo excedente, b) al aumentar la escala de la producción y emplear, en definitiva, más trabajadores y trabajadoras, aumenta no solo la tasa sino la masa de plusvalor.

“En este caso el plusvalor del capital no deriva del trabajo ahorrado de 250 personas sino de una persona que las sustituye, no de las 250.000 personas sustituidas sino de las 1.000 ocupadas. Es el plustrabajo de estos el que se realiza en plusvalor. No es el valor de uso de la máquina, y su valor de uso es su sustitución de trabajo humano, sino el trabajo exigido para su propia producción. Y ese valor suyo que posee antes de su empleo, antes de entrar en el proceso de producción, es el único valor que ella, en tanto que maquinaria, agrega al producto. Este valor el capitalista lo ha pagado al adquirir la máquina” (Marx, 2022: 80).

El alcance de la producción mercantil, y el alcance de la producción de valor y plusvalor que introduce el maquinismo, llega tan lejos que, señala Marx, una persona por 250 o 1.000 por 250.000 producen más valor y más plusvalor que el multiplicador en cada caso por 250 de manera artesanal. Es la ampliación, de manera gigantesca, de la escala de la producción mercantil que supone, en realidad, no el simple reemplazo del trabajador/a por la máquina, sino la ampliación de la producción a una escala colosal y la creación de un proletariado universal.  

“Si la jornada laboral sigue siendo la misma, aquí el tiempo de plustrabajo aumenta a la par que el tiempo de trabajo necesario disminuye” (Marx, 2022: 82), una cuestión que no requiere explicación suplementaria porque es obvia por sí misma.

“La experiencia común nos muestra que apenas la máquina se emplea al modo capitalista –es decir, apenas sale del estadio infantil en el cual originariamente aparece en numerosos ramos, o sea como forma simplemente más productiva que el viejo instrumento artesanal, que sin embargo es todavía usado en el viejo tipo de empresas por trabajadores independientes y por sus familiares–, apenas ésta se autonomiza como una forma de capital frente al trabajador, la jornada laboral global –el tiempo de trabajo absoluto– no se reduce sino que se prolonga” (Marx, 2022: 83).

Lógicamente que la introducción del sistema de máquinas podría tener dos vías: a) crear las condiciones materiales para la reducción de la jornada laboral, porque en menos tiempo de trabajo se producen más mercancías; b) o, por el contrario, ampliar la jornada laboral porque en la sed capitalista de valorización del capital el objetivo no es la producción de las mercancías por sí mismas sino la producción creciente de plusvalor: ¡valor que se valoriza!, lo que es archiconocido.

Menos conocido es que el abordaje de las fuerzas productivas creadas por el capitalismo –en realidad, por la humanidad bajo la forma capitalista– tienen siempre esa doble vía y así deben ser abordadas de manera principista: a) no nos oponemos al desarrollo de las fuerzas productivas sino a su utilización para multiplicar la explotación capitalista, b) al mismo tiempo, el desarrollo de las fuerzas productivas es la condición material para la emancipación del yugo del trabajo explotado y su transformación en actividad libre.

Un ejemplo es el de los autos no tripulados que podrían utilizarse para reducir la jornada laboral de los choferes de Uber al tiempo que se aumentan sus ingresos por dicha jornada reducida. Lógicamente que esto cuestiona la estrecha base de valor de la economía, la producción de mercancías como valor y valor de uso, cuyo valor se expresa en el valor de cambio, en mohr de una producción de directos valores de uso multiplicados, donde la automación puede servir para la producción de mayores valores de uso para satisfacer necesidades, mayores servicios de transporte en este caso, al tiempo que la jornada laboral se reduce y los bienes y servicios aumentan como tales valores de uso.

Esta discusión recorrió el panel sobre trabajo e IA del Segundo Congreso Mundial de Gig Workers recientemente realizado en Los Ángeles, donde las y los participantes no se opusieron a la tecnología, es decir, no rechazaron los autos auto-conducidos, los Weimos, sino más bien se planteó una regulación para que los mismos ayuden a reducir la jornada laboral con aumento de las tarifas y no lo contrario: tener que trabajar 25 horas extenuantes al día para poder competir con este tipo de robots.[9]

Bibliografía

Charles Darwin, El origen de las especies, Sarpe, España, 1985.

Karl Marx, Cuaderno tecnológico-histórico. Estudio preliminar de Enrique Dussel, México, 1984.

Progreso técnico y desarrollo capitalista (Manuscritos 1861-1863). Introducción de Mauro de Lisa, Cuadernos de Pasado y Presente, 93, México, 1982.

Manuscritos (1861-1863), Ediciones Dos Cuadrados, Estado Español, 2022.


[1] Artículo dedicado a una persona que quiero mucho y que me inspiró, indirectamente, en el estudio de la naturaleza, inicialmente en S. J. Gould, hoy directamente de Darwin.

[2] Viniendo recientemente de un viaje a Los Ángeles para el II Congreso Mundial de Gig Workers, la cosa es evidente: los Weimos, autos auto-conducidos sin chofer, que hoy trabajan a pérdida pero en una década o década y media esto podría cambiar, la idea es bajar aún más la tarifa de los choferes de Uber si no quieren ser reemplazados por estos autos-robots.

[3] La separación tan mecánica entre tecnología y relaciones sociales de producción, nos parece positivista así como culturalista lo inverso. Ya lo hemos señalado en otros textos.

[4] Con la complejidad de esta secuencia “lógica” e histórica nos hemos visto confrontados a lo largo de todas estas fichas; si no sale del todo limpia de las mismas seguramente lo lograremos cuando pongamos en orden todos los textos fragmentarios que venimos produciendo respecto del maquinismo.

[5] Afirma Marx citado por Dussel una cuestión que sirve para las actuales discusiones sobre la automatización del trabajo y la IA: “«No por reemplazar trabajo la máquina crea valor, sino únicamente en la medida en que es un medio para aumentar el plustrabajo, y éste es a la vez tanto la medida como la sustancia de la plusvalía puesta con el auxilio de la máquina, o sea, sólo y absolutamente con el auxilio del trabajo». La máquina produce «la reducción del trabajo necesario en proporción con el plustrabajo»” (Marx citado por Dussel, 1984: 66), pero podría darse la reversibilidad dialéctica de la cosa superando el horizonte histórico de la explotación del trabajo y la creación de valor y plusvalor: que el sistema de máquinas sea la base material para la transformación del trabajo en actividad; que deje de ser el fundamento para un aumento de la explotación del trabajo y se transforme en el fundamento de la emancipación del trabajo (nuevamente, como ya hemos visto en otros textos, ¡utopía y distopía se dan la mano en la contemporaneidad de una manera colosal! Lástima que hay muchísimas películas distópicas pero pocas utópicas).

[6] El Anti-Kautsky de Korsch es genial y ya lo hemos citado muchas veces en nuestra obra.

[7] La incapacidad del estalinismo para lograr formas científicas de racionalidad para evaluar la producción fue realmente homérica.

[8] Todo el problema de las proporciones numéricas y de la demostración numérica de Marx que cruza estos capítulos del maquinismo y su consecuencia, el plusvalor relativo, la dejamos aparte de nuestro análisis, porque no hace al análisis cualitativo de lo que queremos desarrollar, la dialéctica maquinismo / transformación del trabajo en actividad; al mismo tiempo, aunque Marx no hizo aportes reales en matemáticas (era una persona absolutamente genial aunque no un “superhombre”), nuestros conocimientos de las matemáticas son nulos, vergonzosos.

[9] Los Weimos se ven por el centro de Los Ángeles en un número creciente pero aún bastante escaso –téngase en cuenta que en el downtown de la ciudad operan 100.000 choferes de Uber– y además están a prueba, funcionando a pérdida y sin que haya ocurrido todavía un accidente con humanos, lo que podría tirar al suelo toda la ecuación (la inversión de la empresa que está detrás de los autos auto-conducidos en los EEUU, al menos los que vimos nosotros, al parecer es a una década o década y media: ¡no es tan fácil reemplazar el trabajo humano con robots en ningún sentido, pero bienvenido lo que sirva para emancipar el trabajo humano de la explotación y poner al o la trabajadora como controlador y vigilador!).

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