Persépolis es una obra fundamental para comprender la sociedad iraní. Lejos de la mirada tradicional, nos muestra que por abajo la sociedad iraní está repleta de vida: las manifestaciones contra la monarquía del Sha reclamaban más derechos democráticos, la independencia de Irán contra el imperialismo, la liberación de los presos políticos, y más reclamos de los que alguna vez una niña fue testigo para inmortalizarlos.
Marjane, además, mostró la cruda realidad del régimen de los ayatolá, que pisoteó las demandas de la revolución del ’79 e impuso el velo para las mujeres. Toda su vida denunció los crímenes del régimen y exigió el apoyo internacional a la revolución de las mujeres y la rebelión del pueblo iraní, como hizo al negarse a aceptar La Legión de Honor francesa. En su último trabajo “Mujer, vida, libertad”, retrató junto a otras artistas la lucha de las mujeres iraníes contra el asesinato de Mahsa Amini por parte de la policía de la moral.
En el siguiente artículo, analizaremos brevemente algunos de los puntos que hacen a Persépolis una obra universal.
Persépolis y la revolución de los shoras
La obra tiene el mérito de acercarnos una historia poco contada. Los medios de comunicación masivos, que los capitalistas controlan con gran esmero, se han dedicado cuidadosamente a tratar de construir una imagen monolítica sobre la sociedad iraní. No solamente el régimen constriñe a los iraníes, sino que también hay una gran dedicación en silenciar lo que toda una sociedad siente o piensa. Vimos esto a principios de este año, cuando las masivas revueltas en Irán fueron respondidas por la sangrienta represión y un bloqueo masivo de las señales de comunicación a nivel nacional para aislar del mundo a todo un pueblo. Persépolis ha logrado ser una obra que, de forma masiva e internacional, muestra la otra cara de la revolución del ‘79 de la que pocos hablan: la revolución de los shoras.
La novela gráfica de Marjane Satrapi, muestra sensiblemente cómo el Irán de la revolución era un hormiguero social. No solo se hallaban en la sociedad los elementos religiosos que vinculaban la independencia de Irán con la República Islámica, sino que también estaban los sectores de masas, ligados al proletariado y los partidos de izquierda, que veían en el derrocamiento del Sah Pavlevi la oportunidad de conquistar toda una serie de derechos democráticos y políticos que se inspiraban en las ideas del marxismo y el comunismo.
Desde el punto de vista de una niña, somos testigos de enormes cambios históricos en la sociedad iraní. La familia de Marjane forma parte de las movilizaciones contra la monarquía y, en la sala de estar de su casa, ella es testigo de todo tipo de conversaciones: escucha hablar sobre el proletariado y la libertad, sobre la brutal represión y torturas por parte del gobierno, escucha hablar de Marx y de materialismo dialéctico. Todas estas ideas conviven a su vez con lo que escucha de la ideología oficial sobre la importancia de la religión y el Sha como elegido de Dios.

Otro de los terrenos de disputa tiene que ver con el lugar de las mujeres en la sociedad. No por nada el primer capítulo de Persépolis se llama “El velo”: la obligatoriedad del velo impuesta en 1979 por el régimen de los ayatolá era corolario de los cambios profundísimos que estaban sucediéndose en Irán. Nuevamente, el punto de vista de la niña se centra en la falta de comprensión que tenían ella y sus compañeras sobre por qué debían, de un día para el otro, usar obligatoriamente el velo. Por eso, vemos que las niñas juegan con el velo al quitárselo y usarlo para jugar.
De esta forma sencilla, se nos muestra que la forma de vestirse de la sociedad, lejos de ser un mandato de una fuerza superior, es resultado de relaciones de poder que en ese entonces aún no estaban consolidadas, ni para las niñas. Es más, Persépolis nos permite comprender elementos que desde un ojo occidental tal vez nos resultarían casi imperceptibles. Por ejemplo, que la forma de vestir el velo podía ser también una forma de resistencia al régimen y que las mujeres que se permitían mostrar alguna porción de su cabello lo hacían para de alguna forma expresar su inconformismo.
Los sectores que vemos estallar en Irán en las distintas revueltas no aparecen en la calle para luego desaparecer. La sociedad iraní no es un bloque monolítico y las movilizaciones masivas de principios de este año así lo confirman. Desde los sectores masivos de trabajadores que se manifiestan contra el régimen hasta las mujeres que se quitan el velo y queman las imágenes de los líderes religiosos; por abajo, el pueblo iraní es un hormiguero social.
En la novela gráfica de Satrapi, vemos esto mismo. Ella se detiene en decenas de historias, más allá de su historia personal, que dan cuenta de la resiliencia de un pueblo oprimido por el régimen y el imperialismo: las historias de Anoosh, Niloufar, Taher, los Baba-Levi, con mayor o menor desarrollo, son ejemplo de esto. Las viñetas que cuentan su vida no son anecdóticas, sino que tienen la sensibilidad de retratar a partir de una experiencia de vida la opresión a la que fue subyugada un pueblo entero que quería liberarse de una monarquía.
Estas vivencias marcaron profundamente a Marjane Satrapi. La historia política se entrelaza con la historia personal, haciendo que Persépolis sea también una historia sobre la autoafirmación. Desde su niñez a sus años de veinteañera, vemos cómo Marjane se niega y se afirma en los desvíos que implican construir una identidad que es compleja: es problemático ser iraní, es problemático ser inmigrante, es problemático ser mujer. La autoafirmación no es una cuestión lineal: es un problema que la novela gráfica recorre.
A lo largo del recorrido, una identidad comienza a definirse. La niña traviesa y contestataria se vuelve una mujer que quiere ser libre y que quiere que toda la sociedad iraní sea libre. La niña fan de Iron Maiden recorriendo las calles de Irán con su campera de “Punk is not dead” halla su expresión en la mujer que cuestiona la opresión del régimen hacia las mujeres y la clase trabajadora iraní. En Persépolis, Marjane nos contó la historia de su pueblo, al tiempo que nos hizo parte de cómo aprendió a ser íntegra como le decía su abuela y honesta consigo misma como su tío Anoosh.
Definitivamente, solamente pudimos abarcar algunos de los motivos que hacen a Persépolis una obra universal y, a su autora, una compañera de ruta que despedimos. Su obra es una de compromiso, en la que el arte transmite la experiencia de un pueblo que lucha por liberarse. De esta manera, el arte que retrata el pasar de los explotados y oprimidos por el mundo con sus historias, nutre nuestro espíritu para las peleas del futuro.




