1. Introducción
Las Universidades están bajo ataque a lo largo de nuestro continente por los gobiernos de ultraderecha. En Argentina, el gobierno de Milei, el más reaccionario que tuvimos desde la última dictadura militar, recorta el financiamiento de las universidades públicas como parte de su plan de ajuste, pero el cuestionamiento que hace de ellas va más allá, es mucho más profundo y universal que un asunto de dinero. De la misma manera, Trump, en Estados Unidos, antagoniza con instituciones prestigiosas y longevas como Harvard o Columbia.
¿Por qué los gobiernos de extrema derecha se enfrentan con las instituciones educativas más prestigiosas de sus respectivos países? Esta pregunta, junto con un programa para defender y revolucionar las universidades, es lo que vamos a desarrollar en este Manifiesto Anticapitalista para la Universidad.
Las universidades propician el pensamiento crítico e impulsan el conocimiento científico, tienen órganos de gobierno autónomos al Estado, admiten (en mayor o menor medida) la libertad de cátedra y son sede de la organización gremial de estudiantes, docentes y nodocentes. En las universidades se gesta el movimiento estudiantil, y es el ámbito de intervención de agrupaciones como el ¡Ya Basta!, que impulsa la conciencia y organización contra el sistema capitalista, por una perspectiva socialista.
Por eso, la ultraderecha, ariete del ultracapitalismo del siglo XXI, quisiera cerrarlas. La universidad pública y gratuita está en peligro, y para defenderla, no alcanza con sostenerla tal como es, tenemos que revolucionarla.
2. Las contradicciones de la universidad en el capitalismo
La Universidad es una enorme conquista de la humanidad: con su creación, y su revolucionamiento por el movimiento de la Ilustración, la educación pasó de ser un hecho privado, individual, o monástico, a un hecho público, político, potencialmente universal.
La Universidad en este sistema es una relación de producción y reproducción del modo de producción capitalista. Forma a los hijos de la clase dominante y dirigente: los hijos de los empresarios, de los políticos del sistema, para ser los futuros dirigentes del Estado y los negocios burgueses[1].
Pero también el Estado capitalista financia las Universidades para formar a un sector específico de la fuerza de trabajo. Los profesionales, técnicos y científicos son entrenados para trabajar en empresas importantes o en el Estado, para administrar los asuntos comunes de la sociedad capitalista. Desde ese punto de vista, la Universidad es una línea de producción que agrega valor y tiene como objetivo la reproducción del actual sistema de producción: produce médicos, abogados, ingenieros, físicos, sociólogos, historiadores, economistas, contadores, administradores, profesores.
Como decía Marx, la ideología dominante en cada sociedad es la ideología de la clase dominante. Esa ideología se reproduce y se recrea en múltiples instituciones, como la prensa, la cultura y la educación. En ese sentido, la Universidad busca formar reproduciendo la ideología burguesa y capitalista.
Al mismo tiempo, la universidad pública es un enorme salto adelante, una fuerza productiva colosal que potencia enormemente a la humanidad. Es un ámbito del desarrollo de la ciencia y la técnica, un ámbito que propicia el pensamiento crítico, y ha sido el lugar donde se gestaron movimientos políticos y culturales que han cuestionado, reformado o buscado revolucionar las sociedades en que se insertan.
A los ultra capitalistas les encantaría que la Universidad no fuera más que una línea de montaje que, en lugar de autos, produjera mano de obra calificada para conducir la industria, la ciencia al servicio del mercado y la administración del Estado burgués.
Pero lo que sucede en las universidades se desbordan los límites estrechos de los deseos de los capitalistas. La Universidad no se limita a expresar mecánicamente la ideología de la clase dominante. Al igual que en la sociedad, en ella se reproduce la dominación de clase, pero también se expresa la lucha de clases: el enfrentamiento de estudiantes y docentes con la ideología burguesa y a la dirección capitalista que gobierna las universidades. El Mayo Francés de 1968 fue una gran experiencia de rebelión estudiantil contra el carácter burgués de la universidad, que terminó convocando también a la clase obrera en un hermoso intento revolucionario en el corazón de Europa. Más recientemente, tuvimos la rebelión antisionista en Estados Unidos, donde miles de estudiantes universitarios, apoyados por sectores de profesores, ocuparon los campus en rechazo al genocidio al pueblo palestino y la destrucción de Gaza y contra la gestiones de sus Facultades que realizan acuerdos nefastos con el Estado genocida de Israel. Cómo decía Marx en otro Manifiesto -el Manifiesto Comunista-, en su búsqueda de ganancias la burguesía termina creando a su propio sepulturero. En las propias universidades se expresan elementos de crítica contra el mismo sistema, aparecen los cuestionamientos.
Los gobiernos de ultraderecha atacan las universidades porque son enemigos del pensamiento crítico, de la organización de estudiantes, docentes y nodocentes, porque quisieran resolver a los golpes esta contradicción entre la universidad que les sirve y la que los cuestiona. Quieren que la universidad esté exclusivamente al servicio del capital. Les gusta que se forme mano de obra para engordar sus ganancias, pero no que sea crítica. Les gusta el desarrollo de la ciencia solo para multiplicar sus ganancias, pero no la que critica la sociedad capitalista, ni la que permite el progreso humano y social. Les encantan los esclavos, pero no quieren las rebeliones de Espartaco. Y por eso quieren destruir la universidad como es hoy, una vibrante totalidad concreta, contradictoria.
La extrema derecha quiere que la educación superior vuelva a ser un fenómeno privado, no público. Restringido, no masivo. Para favorecer su ideología terraplanista, antimoderna, atrasada, reaccionaria. Una educación que forme técnicos, no personas integrales, con conocimientos profesionales, científicos y universales.
Desde el ¡Ya Basta!, la juventud anticapitalista de Argentina, defendemos la universidad frente a todos los ataques de la extrema derecha, pero queremos revolucionarla: peleamos por una universidad pública anticapitalista al servicio de la revolución social, de tirar abajo este sistema capitalista de explotación y opresión.
2.1. Hitos de la universidad pública en Argentina
La universidad argentina está atravesada por una inmensa historia de lucha y organización política. A comienzos del siglo pasado, el enorme movimiento de la Reforma Universitaria surgido un año después de la Revolución de Octubre en Rusia, se levantó para poner a tono a la Universidad con los grandes cambios que venían procesándose a nivel social y político. La Reforma barrió con vestigios coloniales en las instituciones universitarias y abrió el camino para la pelea por la autonomía universitaria y la libertad de cátedra, reivindicaciones expresadas en el Manifiesto Liminar, junto a la ampliación a otros sectores sociales del ingreso a la Universidad. También fue un hito importante en el proceso de conformación de organismos de lucha, como las federaciones estudiantiles.
En 1949 se logró un nuevo paso adelante en la democratización del acceso a la universidad, conquistando la gratuidad después de décadas de lucha. Un triunfo de la movilización que fue suspendida por los distintos gobiernos militares y reconquistada con la derrota de la última dictadura en el 83 y luego reafirmada constitucionalmente. Una conquista vigente hasta el día de hoy que supuso una multiplicación en el ingreso a la universidad en nuestro país.
Cuarenta y ocho años después de la Reforma, el gobierno militar de Onganía buscó anular el régimen existente en las universidades, obteniendo como respuesta la ocupación de varias facultades. La Noche de los Bastones Largos de 1966 fue el intento de reprimir un movimiento universitario que se negaba a entregar las conquistas de la Reforma. El movimiento estudiantil fue protagonista de un nuevo evento histórico en 1969 con el Cordobazo cuando, junto a la clase obrera, le impuso una derrota al Ejército e hirió de muerte al gobierno de facto. Fue necesaria una sangrienta dictadura militar para frenar a todo ese activismo que encontraba en las universidades un espacio para organizarse y pelear por la transformación revolucionaria de la realidad.
Una nueva arremetida contra la Universidad pública y gratuita se llevó adelante en los ‘90 bajo el menemismo. La sanción de la Ley de Educación Superior y la conformación de la CoNEAU constituyeron un duro golpe a la autonomía universitaria, otorgándole mayor injerencia a los gobiernos, empresas privadas y organismos internacionales como el Banco Mundial sobre los lineamientos de los planes de estudio y la acreditación de los títulos. Esto dio lugar a un proceso de lucha estudiantil que tendió a radicalizarse, resistiendo detenciones ilegales y la represión. Fue con el Argentinazo del 2001 que el movimiento estudiantil logró sacarse de encima a la burocracia de la Franja Morada de la conducción de la Federación Universitaria de Buenos Aires (FUBA), irrumpiendo un movimiento independiente que en uno de sus momentos cúlmine logró echar al ministro López Murphy, quien había intentado arancelar la educación universitaria y limitar en muchas facultades la aplicación plena de la LES y la CONEAU neoliberales.
Hoy la universidad en Argentina es masiva: el 56% de les jóvenes de entre 18 y 24 años está cursando una carrera universitaria, 2.600.000 estudiantes[2]. Cada año se suman unos 700.000 nuevos estudiantes. Del total, el 80% cursa en universidades públicas. Esta masividad es una conquista producto de la lucha de clases en nuestro país, con pocos paralelos en el mundo y que indica que hoy los trabajadores y trabajadoras acceden a la universidad.
Sin embargo, en el actual contexto económico, permanecer y egresar de la universidad es un desafío enorme. Más del 40% de les estudiantes dejan su carreras luego del primer año. De quienes continúan, menos del 25% finalizan sus carreras en los tiempos estipulados por los planes de estudio.
Al mismo tiempo, el gobierno odia las universidades porque continúan siendo ámbitos de politización de la juventud, de “infiltración marxista”, como dice la ultraderecha. Son el ámbito donde intervenimos desde el ¡Ya Basta! para construir una conciencia anticapitalista y socialista, y donde miles de jóvenes a lo largo del país se suman a organizarse con nosotros.
Por eso, ante la crisis que atraviesan las universidades, la solución que propone el gobierno de Milei es muy simple: cerrarlas o, si no se puede, desfinanciarlas y vaciarlas.
3. Los problemas de la universidad en el siglo XXI
El capitalismo del siglo XXI está atravesado por profundas crisis estructurales: crisis económica, crisis geopolítica, crisis ecológica. También contiene enormes peligros, por el potencial destructivo de las propias fuerzas productivas que creó: el peligro nuclear, la posibilidad de que la inteligencia artificial exceda la capacidad de la humanidad de comprenderla y dominar su desarrollo y efectos. El viejo orden mundial de la democracia burguesa y la hegemonía estadounidense se quebró, y no hay aún un nuevo orden que lo reemplace. Estos factores configuran la nueva etapa internacional que atravesamos: una etapa de crisis, guerras, reacción, barbarie y potenciales revoluciones.
Los movimientos políticos de ultraderecha, que han accedido al poder en países como Argentina, proponen salir de la crisis arrebatando todas las conquistas de las mayorías sociales, destruyendo la organización de las y los trabajadores e incluso barriendo conquistas sociales y culturales que datan de la Revolución Francesa, la Ilustración y la modernidad.
Y entre todos los ataques que despliegan, está el ataque sobre las universidades públicas, que quieren someter al estricto servicio de la producción e instituciones capitalistas, o directamente cerrar.
3.1 El problema de la deserción y la baja tasa de egreso
Por el contrario, la universidad pública y gratuita es para millones de jóvenes de familias trabajadoras la única esperanza para salir de la precarización laboral y construir un mejor futuro. Sin embargo, a menudo esa esperanza naufraga por la deserción y las dificultades para recibirnos.
Cada año casi el 20% de les estudiantes abandonan carrera, mientras solo el 5% se recibe[3]. Cada año son expulsados cuatro veces más estudiantes de los que terminan sus estudios. Uno de los principales problemas que atraviesa la universidad es la dificultad de les estudiantes de permanecer y avanzar en nuestras carreras. Para el gobierno, la deserción estudiantil sería una prueba más de que las universidades “no funcionan”, que hay que privatizarlas, mercantilizarlas y degradarlas. Hay una enorme presión sobre nuestras carreras: que sean más cortas, menos científicas, más inclinadas exclusivamente a lo que el mercado necesita.
Pero es un error completo de diagnóstico pensar que la crisis se origina en la Universidad. Las dificultades de la juventud con la permanencia universitaria vienen de la crisis del capitalismo del siglo XXI, de las condiciones de existencia a las que las y los pibes nos vemos sometidas y sometidos: es cada vez más difícil estudiar, porque crecen las presiones del día a día. Es cada vez más difícil irnos de la casa de nuestras familias y muchos estudiantes vive a dos, tres o más horas de su lugar de estudio. Además es imposible dedicarnos exclusivamente al estudio, tenemos que trabajar largas horas para sostenernos o para aportar en nuestros hogares. Y los trabajos son cada vez más precarios: pagan una miseria, tienen horarios rotativos, nos exigen cumplir horas extra y nos agotan física y mentalmente.
Es evidente que la universidad en Argentina tiene muchas falencias, y no contempla la realidad de les estudiantes, que en el siglo XXI somos más trabajadores que nunca. Hay muy pocas becas y por montos irrisorios. La principal beca estudiantil del país es la Progresar, que está congelada en $35.000 por mes. Uno de los reclamos del movimiento estudiantil, y que quedó plasmado en la Ley de Financiamiento Universitario, es la actualización de las becas por inflación. El acuerdo de los rectores, gremios y el gobierno dejó esta beca, la más masiva, sin actualización. Además, muchas veces los horarios de clase nos impiden cursar, es caro sacar las fotocopias para estudiar, y más todavía para quienes cursan una carrera que requiere la compra de insumos.
Entender las causas de la crisis de deserción y egreso nos permite plantear soluciones reales que resuelvan el problema. La salida no son los recortes o degradación de las carreras y la mercantilización. Si el problema es el capitalismo, necesitamos una universidad anticapitalista, que abrace a sus trabajadores, docentes, nodocentes y estudiantes, que le dé a cada estudiante la contención y las herramientas para permanecer en su carrera y terminarla.
3.2 No a la mercantilización de la educación
En nuestro país, el gobierno de Milei le declaró la guerra a la universidad, a los estudiantes, docentes y nodocentes. Desde que asumió, las universidades perdieron el 25% de su presupuesto en términos reales. El ajuste en los salarios de docentes y nodocentes llega a más del 35%. Es parte de su plan de ajuste y recorte del Estado, pero es más que eso, es también es un ataque ideológico. El gobierno de Milei odia la Universidad como la conocemos, y la quiere liquidar. Su proyecto es el de la mercantilización y el oscurantismo, el rechazo a la ciencia que permite el progreso social y humano.
Ese proyecto de mercantilización de la universidad tiene dos partes. La primera es la más obvia, directamente relacionada con el recorte presupuestario y al servicio de promover las universidades privadas. El gobierno de Milei quiere transformar a la educación superior en una mercancía, un servicio que se compra y se vende, en un negocio. En Argentina tan solo el 20% de los estudiantes va a Universidades privadas: el gobierno ve un espacio enorme para avanzar en la privatización de la educación. Quieren terminar con las universidades públicas masivas, llenas de jóvenes trabajadores.
Pero hay un segundo aspecto de la mercantilización de la educación, que es el más de fondo. Su ataque a la universidad busca que los conocimientos que adquirimos durante la carrera sean pura y exclusivamente los que necesitan las empresas y el mercado. El ultracapitalismo del siglo XXI quiere expulsarnos de las universidades y que los que puedan estudiar, reduzcan esta actividad a una formación meramente técnica que responda a los intereses de los grandes capitalistas.
A los empresarios como Galperín los vuelve locos que haya miles de pibes y pibas estudiando 5, 6 u 8 años Sociología, Historia, Letras, si para trabajar en Mercado Libre no hace falta más que aprender a usar Excel y a programar. Para ellos cualquiera con un libro de Historia o Geografía puede dar clases: no hace falta estudiar para ser “profesor”, alcanza con ser un “facilitador docente”. Además, su cruzada oscurantista rechaza la producción y acceso al conocimiento.
En el fondo hay una discusión sobre cuál es el valor de la educación universitaria en la sociedad. Para la extrema derecha, el único valor que existe es el que reconoce el mercado. Pero las universidades cumplen una función social, que excede absolutamente las funciones limitadas que les quiere dar el capitalismo. Les anticapitalistas somos defensores de que cualquier miembro de esta sociedad tenga el derecho de ir a estudiar porque quiere un mejor trabajo, pero también porque le gusta, porque quiere, desarrollar su curiosidad acceder al conocimiento, incrementar su nivel cultural, porque quiere desarrollar los conocimientos científicos de la sociedad sobre el mundo que nos rodea.
Es lo que se expresó de manera clarísima en 2025 con el streaming del CONICET. Las y los científicos desarrollaron grandes avances en el conocimiento del fondo del mar, descubriendo nuevas especies e incorporando nuevos aspectos en los que desarrollar la investigación científica. Pero por su parte, el gobierno y sus ideólogos enloquecían y cuestionaban esta investigación, diciendo que “para qué interesa estudiar el fondo del mar y conocer nuevas especies, si el negocio es extraer petróleo”.
El gobierno también ataca a las universidades de artes, con la excusa de que no generarían un valor a la sociedad. Para ellos, las únicas expresiones culturales válidas con aquellas que pueden monetizarse. Pero el arte y la cultura son parte fundamental del desarrollo de la humanidad, y las sociedades durante toda la historia han apoyado el desarrollo del arte y la cultura, porque es parte de lo que nos hace humanos. Ese es un rol social fundamental de las universidades: nos permiten elevar la cabeza del agobio y el trajín del día a día, y pensar en el arte, en el fondo del mar, en el espacio.
La lucha educativa desde 2024 mostró la fuerza social que hay para defender la universidad pública y gratuita. La inmensa marcha del 23 de abril le marcó la cancha a Milei y le dejó claro que la comunidad universitaria y el movimiento estudiantil, así como un gran sector de la sociedad, no iban a permitir que le pasara por encima a ese baluarte que es la universidad pública. Esta fuerza fue la que meses más tarde le dio impulso a las ocupaciones de facultades que se extendieron a lo largo y ancho del país, y que contaron con un importante apoyo social.
Milei no solo quiere vaciar la universidad para ahorrar presupuesto, quiere mercantilizar la educación para que esté exclusivamente en función de las necesidades del capitalismo. Es parte de su concepción del ser humano como mercancía, para los libertarios somos lo que podemos vender en el mercado, nada más, y la universidad tiene que adaptarse a está lógica. Ideólogos del gobierno, como “Bertie” Benegas Lynch incluso niegan el derecho de los hijos de los trabajadores de terminar el secundario, ni que hablar ir a la universidad. Pero las facultades siguen estando llenas de trabajadores e hijos de trabajadores, y vamos a defender nuestro derecho a seguir desarrollándonos en una universidad pública, gratuita, universalista y cada vez más crítica del capitalismo que tanto defiende Milei.
3.3 En defensa del carácter crítico y universal de la Universidad
Las universidades se crearon históricamente con un carácter universalista, que es una conquista que defendemos. En Argentina, muchas facultades y universidades sostienen todavía una educación universalista ¿Qué significa el carácter universalista de nuestra educación? Estudiar de manera general e integral nuestras disciplinas, no meramente un fragmento de las mismas de manera hiper especializada. Es decir, lo que se privilegia es una formación amplia, científica, en los diversos aspectos que abarca cada carrera universitaria, en lugar de enseñar meramente lo que es necesario para cubrir una cierta función técnica. Es una formación que privilegia la interconección de diferentes campos del conocimiento, entre las ciencias sociales, naturales exactas, que permite el desarrollo de un conocimiento más profundo y rico. Es por esto que los profesionales formados en la universidad argentina son tan valorados en el mundo, porque lo que hay detrás de cada persona con un título universitario es una formación muy completa.
Pero a los ultra capitalistas eso los enloquece. Opinan que nuestras carreras son demasiado críticas. Porque en cada una de esas carreras universalistas, no solo aprendemos cosas útiles para trabajar, sino que también nos permiten hacernos de herramientas para cuestionar lo existente: no hay forma de producir ciencia, incluso ciencia burguesa, sin la posibilidad de desarrollar una crítica a esa ciencia.
Es en parte por esto que, en todo el mundo, la extrema derecha ataca las carreras universalistas, recortando los programas y materias, siempre bajo la excusa de que las carreras “son muy largas” y no dan las herramientas necesarias para “integrarse en el mercado laboral”. En realidad, muy largas son las horas que tenemos que trabajar para llegar a fin de mes en este sistema podrido, en lugar de poder formarnos.
La formación universal de las Universidades públicas, junto a su histórica tradición de organización y lucha, es la que permite que muchas sean centros de desarrollo del pensamiento crítico. Son espacios donde hay debate, intercambio de ideas, discusión y acción política, donde se cuestiona la realidad y miles se organizan para transformarla. Son espacios que cuestionan la ideología oscurantista y anti científica de Milei y los capitalistas del siglo XXI, donde la juventud debate, y también se organiza y lucha junto a les trabajadores de la universidad.
3.4 La adaptación del peronismo a las presiones de la extrema derecha
Hay muchos sectores de la universidad ligados al progresismo y el peronismo que ceden a la presión del gobierno por acortar las carreras y reducir el nivel de los títulos y contenidos que se enseñan. Así, bajo el argumento de que es difícil completar una carrera universitaria hoy en día, plantean una política que se adapta y conduce una degradación de nuestra formación. Las gestiones peronistas y radicales, que dicen defender las universidades, se adaptan al ajuste del gobierno de Milei, aplicando un autoajuste en las facultades que dirigen. Impulsan recortes de horarios, de comisiones, cortes de luz, recortes en el mantenimiento de aulas, baños, ascensores y espacios comunes y falta de insumos básicos. Ante la falta de recursos, reparten la miseria presupuestaria entre los sectores afines a cada gestión, dejando en el abandono a la mayoría de los docentes, nodocentes y estudiantes.
Iniciativas como el Sistema Argentino de Créditos Académicos Universitarios (SACAU), aprobado en 2023 por los rectores de las universidades, durante el gobierno de Alberto Fernández, significan un recorte y degradación de las carreras. El SACAU introduce el Crédito de Referencia del Estudiante (CRE) como unidad de medida del tiempo total de dedicación de un estudiante para alcanzar los objetivos de cada materia. Bajo esta fachada, se busca recortar los contenidos de las carreras, eliminar las materias más universalistas y críticas, y adaptar los planes de estudio a las necesidades de las empresas. Además, el SACAU habilita hasta un 50% de virtualidad en las carreras, liquidando en gran parte la educación presencial.
Otras gestiones peronistas, como la de Filosofía y Letras de la UBA, se embarcan en la creación de títulos intermedios. Dan por sentado que muy pocos estudiantes logran recibirse, y en vez de buscar soluciones para esa problemática, ofrecen parches: crean títulos para que “te quedes con algo” de tu paso por la universidad. Una adaptación a los problemas profundos de la educación universitaria… ofreciendo un diploma sin valor en lugar de dar respuestas. Mientras tanto, estos títulos intermedios vienen acompañados por el recorte o degradación de los contenidos de las carreras. Ante la falta de horarios de teóricos -debido a la falta de presupuesto- la respuesta oficial de algunas autoridades es ir solo a los prácticos, que es “lo único que se evalúa”. Es decir, en lugar de garantizar horarios de teóricos en todos los turnos, aplican un recorte de casi el 50% del contenido de las materias, disfrazado de apoyo a las y los estudiantes que trabajan.
La vía de ceder a las presiones del capitalismo y la extrema derecha y aplicar el ajuste en las carreras va a llevar al vaciamiento de la Universidad , no es la manera de defender la educación superior. Por el contrario, de lo que se trata es garantizar las condiciones para poder cursar todas las materias en su totalidad y completar las carreras, no degradarlas.
4. ¿Qué es una Universidad Pública anticapitalista?
Hay un debate profundo alrededor de cómo nos realizamos como personas, como seres humanos. Para la extrema derecha, la única realización válida es la del mercado. Para les anticapitalistas, les jóvenes somos mucho más que mano de obra para los empresarios. Apostamos a ser sujetos críticos y revolucionarios, que aportemos a la transformación del mundo y la superación de este sistema de explotación y opresión. La educación, el desarrollo de la ciencia, igual que el arte y la cultura, cumplen un rol fundamental en nuestra propia realización como seres humanos. Y deben estar al servicio del desarrollo de las potencialidades humanas, no atadas a la lógica de la obtención de ganancias de los empresarios.
La crisis de la universidad es la crisis del capitalismo, no hay forma de entender la primera sin la segunda. Por eso les jóvenes del ¡Ya Basta! somos anticapitalistas, porque no hay forma de defender la Universidad pública de manera consecuente si no es militando para terminar con este sistema capitalista que la quiere destruir. Por eso somos una juventud que pelea junto con la clase trabajadora y todos los sectores explotados y oprimidos, porque son nuestros aliados para terminar con este sistema. Es con el anticapitalismo y el socialismo que vamos a poder desarrollar todas nuestras potencialidades, materiales, intelectuales, espirituales, culturales, científicas, creativas.
Una universidad anticapitalista es una universidad de y para los trabajadores. Pero… ¿qué queremos decir con esto? La universidad para los trabajadores no es una universidad que degrada sus contenidos por juzgar a los trabajadores incapaces de acceder a un alto grado de complejidad ni tampoco una universidad que los considera opuestos al interés en los conocimientos universales. Una universidad anticapitalista es una universidad donde haya becas para que ningún estudiante deba dejar sus estudios por tener que dedicarle horas a trabajar para llegar a fin de mes, porque para estudiar hace falta tiempo. Es una universidad que garantice los materiales de estudio: que ofrezca becas para el acceso gratuito a las fotocopias para la cursada, que tenga una biblioteca con bibliografía actualizada, de fácil acceso, con espacio para la lectura y computadoras para investigación, que preste u otorgue los materiales especializados que cada carrera requiere (una cámara en una facultad de audiovisuales, reactivos e instrumentos en los laboratorios en las facultades de ciencias exactas, naturales y médicas, insumos para maquetas en arquitectura, etc). Es una universidad con clases de apoyo impartidas por estudiantes avanzados o graduados que cobren de manera justa por su trabajo. Es una universidad con amplias opciones horarias para que nadie se quede afuera de cursar. Es una universidad con espacios de cuidado para hijes de estudiantes, docentes y nodocentes, para combatir desigualdades originadas por cuestiones de género. Esta es la universidad que realmente puede permitir a las y los trabajadores darse el “lujo” que significa hoy llevar adelante la educación superior.
Una universidad anticapitalista es aquella que sirve para elevar a los trabajadores a los asuntos generales de la sociedad y donde ellos se preparan para ser clase dirigente.
Para eso, la universidad debe ser un espacio donde se pueda llevar adelante la auto-organización de estudiantes, docentes y nodocentes: el libre desarrollo de agrupaciones, centros de estudiantes y sindicatos. Y junto con ello, donde se fomente la participación y politización de los miembros de la comunidad educativa, a través de asambleas, debates y pasadas en los cursos, carteles, murales, charlas de debate, movilizaciones y más.
La universidad anticapitalista para los trabajadores se vincula de manera indisoluble con un plan de conjunto para la educación: si la educación primaria y secundaria está destruida, sus egresados tienen graves dificultades a la hora de acceder al nivel de complejidad que las universidades tienen y que defendemos, ya que es parte de su calidad. Eso es lo que miles de estudiantes sufren hoy luego del desfinanciamiento sistemático y reformas degradantes de todos los gobiernos capitalistas de la historia reciente de nuestro país. La solución no es bajar el nivel de las universidades para que las y los trabajadores puedan acceder a sus contenidos. La universidad anticapitalista requiere de un programa anticapitalista para los niveles educativos primario y secundario, que incluya la triplicación del presupuesto y un enfoque que propicie la producción de conocimiento y pensamiento crítico y el acceso al mismo.
Revisemos también cómo funciona el gobierno de la universidad. Hacia afuera, es progresivo, en la medida que las universidades son autónomas respecto de los gobiernos de turno, a diferencia del resto de los niveles educativos. Hacia adentro, el co-gobierno entre los claustros es una farsa: las universidades las dirigen las autoridades, elevadas a sus puestos por una minoría de profesores. El de “profesores” es un claustro reducido y a menudo encuadrado rígidamente en torno al espacio político que dirige cada facultad, y que tiene gran poder a la hora del nombramiento para cargos en las cátedras: la mayoría de los docentes que efectivamente dan clases no forman parte de la “elite” del claustro de profesores.
En la composición de los consejos de cogobierno, les estudiantes, que somos el claustro mayoritario por lejos, estamos sub representados, teniendo hasta la mitad de la cantidad de votos del claustro de profesores. Además, por regla general, los nodocentes (personal administrativo, de mantenimiento, servicios generales, entre otros) carecen de voto. Reduciendo la representación de estudiantes (que son en gran parte trabajadores precarizados en otros ámbitos) y nodocentes en los espacios de “co-gobierno”, la participación de los sectores más proletarios de la universidad es mínima a la hora de tomar decisiones. Esto puede conducir a resoluciones elitistas, a la reproducción de una universidad siempre igual a sí misma, conservadora en forma y contenido, que se resiste a los temas que conmueven a las nuevas generaciones y que refuerza los elementos paternalistas y autoritarios de profesores hacia estudiantes.
Una universidad anticapitalista es una universidad donde existe un auténtico cogobierno, con mayoría estudiantil, voz y voto para los nodocentes y claustro único de docentes e investigadores. Rechazamos la rígida jerarquía que coloca a una “elite” de profesores y autoridades por encima de les estudiantes. También el paternalismo y la infantilización de les estudiantes, que busca negarnos como sujetos de nuestra educación. Les estudiantes universitaries tenemos capacidad de reflexión y de pensamiento crítico, ideas y propuestas, que la universidad debe poder contener. Las y los jóvenes expresamos a menudo una puja progresista e incluso revolucionaria, que queremos que se abra paso.
Para lograrlo, la universidad anticapitalista combate el autoritarismo y considera que el educador debe ser educado[4]. Los docentes tienen mucho que enseñar a las y los estudiantes pero también mucho que aprender de ellas y ellos.
Parte de esa ideología se expresa en la desigualdad en la relación entre estudiantes y docentes, donde el sector más conservador del claustro de profesores busca reforzar continuamente su autoridad con medidas arbitrarias y autoritarias, ya sea a través de la calificación de las evaluaciones, del presentismo, de la exigencia gestos de “respeto” que han quedado anticuados, del machismo, etc.
En la universidad que queremos los contenidos de las carreras son discutidos democráticamente e integran los temas que hoy nos preocupan e interesan a les jóvenes: la ecología, el feminismo y las problemáticas de género, los derechos humanos, el rechazo a la precarización laboral, entre muchos otros.
Y a su vez, en sus contenidos, la universidad anticapitalista tiene que fomentar el pensamiento crítico y la reflexión profunda sobre la historia de cada disciplina y sus objetivos: ¿de dónde viene este conocimiento que estudiamos? ¿A qué intereses he servido y sirve? ¿Cómo puede usarse en función de los intereses y necesidades de las grandes mayorías?
La universidad anticapitalista no crea técnicos para reproducir hábilmente lo que hoy existe en la sociedad capitalista, sino profesionales con la capacidad de producir de manera creativa, original y crítica algo nuevo para dar respuesta a las necesidades sociales, colectivas. Por ejemplo, científicos naturales y sociales que trabajen en conjunto para formular alternativas al esquema productivo actual que no se apoyen sobre la hiper-explotación de los trabajadores y expoliación de la naturaleza. Para eso, la universidad anticapitalista es universalista: apuesta a unir y poner en diálogo las disciplinas entre sí, sin aislar por un lado ciencias “sociales” o “humanidades” y por otra ciencias “naturales” o “exactas”. Todas las áreas del conocimiento deben unirse en relación a objetivos comunes, sin abandonar su especificidad.
La universidad anticapitalista es una que no se encierra en sí misma ni es corporativa, con sus propias necesidades e intereses, sino que es abierta hacia el conjunto de la sociedad. Que se vincula profundamente con la realidad social de su alrededor, solidaria con las necesidades y peleas de la clase trabajadora y los sectores oprimidos.
La universidad anticapitalista es una universidad donde las grandes mayorías se puedan apropiar del acervo cultural de la humanidad y ampliar sus horizontes con respecto a los embrutecedores productos del mercado del entretenimiento capitalista. A través del estudio del arte, la ciencia y las humanidades, la universidad anticapitalista puede colaborar al combate contra las falsas ideologías, los prejuicios, supersticiones y sentido común capitalistas como la misoginia, el odio a las diversidades, el racismo, entre otras. Es el antídoto frente al oscurantismo antimoderno de moda en la extrema derecha del siglo XXI.
La universidad anticapitalista no fomenta la competencia entre estudiantes (competir por escasas becas, cargos, etc.) sino la solidaridad y la formación de vínculos sociales y políticos, porque en este mundo nadie se salva solo. Por eso, en la universidad anticapitalista también hay espacios abiertos a la comunidad educativa donde se puedan organizar fiestas y festivales; así como espacios de estudio compartidos como salas de lectura con capacidad suficiente para todes. Y también la universidad anticapitalista construye la solidaridad con aquello que la rodea, ofreciendo sus espacios para asambleas o actividades de otros sectores de trabajadores, y poniéndose a disposición para denunciar cualquier injusticia y apoyar a colectivos de lucha.
En la universidad anticapitalista estudiantes, docentes y nodocentes son solidarios entre sí y comparten espacios de diálogo y coordinación en función de la defensa de la universidad y de las necesidades y demandas de cada sector.
Esta es la universidad anticapitalista que queremos construir desde el ¡Ya Basta! Te invitamos a organizarte con nosotres para que les estudiantes junto a la clase trabajadora revolucionemos la sociedad y tiremos abajo este capitalismo podrido que quiere robarnos el futuro.
Programa Anticapitalista para la Universidad
Financiamiento universitario
- Triplicación inmediata del presupuesto universitario, con actualización automática por inflación, afectando las ganancias de los grandes capitalistas.
- Aplicación integral de la Ley de Financiamiento Universitario ya, garantizando todos recursos para funcionamiento, salarios, infraestructura, becas, investigación y bienestar estudiantil.
- Recomposición y aumento salarial para docentes y nodocentes, con cláusula de actualización automática. Basta de docentes ad-honorem.
- Aumento del presupuesto para ciencia, tecnología e investigación, fortaleciendo el CONICET, los institutos de investigación y los proyectos científicos y de investigación. No a la precarización laboral, investigar es trabajar. No a los despidos. Recomposición y aumento salarial para becarios e investigadores.
- Basta de ajuste sobre la educación pública. Rechazamos cualquier forma de vaciamiento o desfinanciamiento.
- Defensa irrestricta del carácter público, gratuito, laico y de calidad de las universidades.
- Ingreso irrestricto y rechazo a exámenes eliminatorios, cupos o mecanismos de exclusión social.
- No a la privatización, mercantilización ni arancelamiento de la educación superior. Rechazo de cualquier intento de arancelamiento hacia estudiantes extranjeros.
Derechos estudiantiles
- Sistema universal de becas estudiantiles que permita estudiar sin trabajar jornadas precarizadas. Actualización inmediata y automática de las becas Progresar y todas las becas universitarias.
- Boleto educativo gratuito nacional para estudiantes, docentes y nodocentes.
- Materiales de estudio gratuitos, incluyendo bibliografía digital e impresa, fotocopias e insumos específicos para cada carrera.
- Comedores universitarios accesibles y subsidiados en todas las universidades.
- Residencias universitarias públicas para estudiantes que deban trasladarse desde otras localidades.
- Ampliación de la oferta horaria de cursada, incluyendo franjas compatibles con estudiantes trabajadores.
- Tutorías y clases de apoyo gratuitas para garantizar la permanencia y el egreso, con salario para les docentes que las dictan.
- Jardines materno-parentales y espacios de cuidado para hijes de estudiantes, docentes y nodocentes.
Por una educación universitaria de calidad, universalista y crítica
- Rechazo al SACAU y a toda reforma que reduzca contenidos o recorte carreras para adaptarlas al mercado.
- Carreras universalistas, científicas, críticas e integrales, con formación amplia, profunda y promoviendo la interdisciplinariedad.
- No a la degradación de los planes de estudio. Debate democrático sobre los contenidos y su actualización.
- Defensa de la presencialidad y rechazo a que la virtualización sea utilizada para ajustar presupuesto o degradar la educación.
- Cátedras paralelas con distintos enfoques. Promoción de una amplia variedad y de la actualización de los contenidos, adoptando novedosas miradas, enfoques, problemas y temáticas de interés para la comunidad educativa y la sociedad. Defensa de la libertad de cátedra
- Por perspectiva de género transversal en todas las carreras. Garantizar la formación en ESI en los profesorados, incorporando herramientas y contenidos específicos para su enseñanza.
Democratización del cogobierno de las Universidades
- Mayoría estudiantil en los organismos de decisión.
- Voz y voto para nodocentes en todos los niveles de cogobierno universitario.
- Claustro único de docentes e investigadores.
- Elección democrática de autoridades universitarias.
- Plena libertad de organización política, sindical y estudiantil.
- Defensa de los centros de estudiantes, federaciones y sindicatos independientes. Defensa de las asambleas, plenarios, tomas y todos los métodos históricos de lucha y de autoorganización real del movimiento estudiantil y de trabajadores universitarios.
Una universidad que defienda la ciencia, el pensamiento crítico, el arte y la cultura
- Defensa de la ciencia, el arte y el carácter universal de la educación universitaria.
- Defensa y promoción de la ciencia y la investigación al servicio de las necesidades sociales y del desarrollo humano.
- Promoción del pensamiento crítico, la investigación y el debate democrático. Reflexión crítica sobre las disciplinas.
- Defensa del acceso al conocimiento y la producción del mismo. Rechazo a cualquier intento oscurantista de imponer contenidos reaccionarios o la censura del conocimiento científico
- Publicación y difusión de revistas y otras publicaciones académicas, para compartir las investigaciones y producciones de estudiantes, docentes e investigadores.
- Promoción de la divulgación de los conocimientos producidos en la universidad hacia el conjunto de la sociedad
Cuidado de la salud y la salud mental
- Dispositivos integrales de atención y cuidado a la salud para toda la comunidad educativa.
- Equipos permanentes e interdisciplinarios de salud mental y acompañamiento con atención gratuita y de calidad.
- Centros de prevención, asistencia y acompañamiento frente a situaciones de violencia, discriminación y consumos problemáticos.
- Articulación intersectorial entre instituciones educativas, el sistema público de salud y las organizaciones comunitarias para la construcción de redes de cuidado y acompañamiento. Instancias de formación interinsitucionales para el abordaje de problemáticas complejas (violencias, suicidio, consumo, etc.).
Género y diversidad
- Gabinetes multidisciplinarios especializados contra la violencia de género, con personal de planta. Protocolos de género independientes de las autoridades con representantes de les estudiantes y el feminismo.
- Defensa irrestricta de los derechos de mujeres, diversidades sexuales y de género.
- Defensa y respeto del derecho a la identidad de género.
Por una Universidad Anticapitalista
- Unidad, coordinación y solidaridad entre los claustros. No al corporativismo.
- Por una universidad al servicio de la transformación social, que prepare a las y los trabajadores para dirigir los asuntos generales de la sociedad. Que permita pensar la superación de este sistema de explotación y opresión.
- Por una universidad crítica que permita desarrollar todas las potencialidades materiales, intelectuales, espirituales, culturales, científicas, creativas de la humanidad.
- Por una universidad con espacios de socialización, debate e intercambio. Promoción de la participación y la politización de los miembros de la comunidad educativa.
- Por una universidad en la que quienes enseñan también sean educados: transformar la universidad implica transformar las relaciones entre docentes y estudiantes, construyendo colectivamente el conocimiento desde la práctica y la crítica de la realidad.
- Vinculación activa de la universidad con las necesidades de las mayorías trabajadoras.
- Apertura de las instalaciones universitarias para actividades culturales, sociales y de organización popular.
- Solidaridad activa con las luchas obreras, sociales, de género, ambientales y de derechos humanos.
- Una universidad pública al servicio de las necesidades sociales y no de la ganancia privada.
- Por una universidad de trabajadores, científica, crítica, democrática y anticapitalista.
[1] De eso en nuestro país hoy se ocupan centralmente las Universidades privadas. Esto es evidente si observamos el currículum de los funcionarios del gobierno de Milei, o del de Macri en su momento: un sector de la clase dominante ya no se forma en la educación pública, sino en la privada.
[2] Anuario estadístico 2024 (adelanto).
[3]En el año 2022, había 2.030.633 estudiantes de grado en todas las universidades públicas del país. Para 2023, 98.728 pudieron terminar sus estudios, pero del resto, solo 1.490.679 continuaron cursando. Es decir, más de 440.000 estudiantes abandonaron su cursada entre 2022 y 2023. Entre 2023 y 2024 450.000 estudiantes dejaron su carrera. (Anuarios estadísticos 2022, 2023 y 2024 adelanto).
[4] Marx, Tesis sobre Feuerbach, III.




