Madanes mete una provocación en FATE y los trabajadores responden con una permanencia pacífica

Estado de alerta y movilización frente al intento de desalojo de la Gendarmería.

Con el tratamiento en el Senado de la contrarreforma laboral impulsada por el gobierno de Milei, se inició el año político el miércoles 11. El gobierno trata de apurar la aprobación durante el verano, cuando la población trabajadora está legítimamente de descanso. Sin embargo, la jornada del pasado miércoles, aunque relativamente minoritaria (por responsabilidad de la CGT), logró amplificar lo que la mayoría social intuye: que esta reforma no trae nada bueno para los trabajadores.

El día previo, la CGT había pactado con el gobierno bajarle el tono a la movilización a cambio del sostener la caja sindical (el mantenimiento de las cuotas solidarias, y la eliminación del artículo que bajaba las contribuciones patronales para las obras sociales). Sin embargo, el carácter combativo de  las columnas de la izquierda, sumado a un sector que se movilizó por fuera de los aparatos sindicales, obligó al gobierno a responder con represión, generando una (otra más) batalla en las adyacencias del Congreso, donde el NMAS, el ¡Ya Basta! y el SiTraRepA estuvieron en la primera línea del aguante.

Si este incidente había marcado los límites del gobierno para imponer sin mayor resistencia su proyecto de contrarrevolución laboral, se combinó con una nueva (otra más) “impericia” al colar el artículo 44 (referido a los regímenes de licencia por enfermedad) sin la anuencia de los aliados (que de cualquier manera votaron la redacción final del proyecto sin prácticamente leerlo -el periodista de La Nación Rodriguez Yebra señala que llegó 6 minutos antes-) abrió un contratiempo donde los aliados piden nuevos cambios, y que señala que la vida política no se procesa insensiblemente dentro de las instituciones, sino que la calle opera e impacta en los recintos.

La conjunción de estos elementos pone al gobierno ante un primer revés, porque independientemente de lo que pase en diputados el día de mañana (19/2), deberá volver al Senado dado la modificación del proyecto original por la caída de este artículo y el cuestionamiento de varios de los aspectos más brutales.

En este marco, ocurre la provocación del multimillonario Madanes Quintanilla de forzar el cierre de FATE. El objetivo central es barrer una experiencia obrera independiente que acumula prácticamente 20 años, y que de ahí se trasladó al resto del gremio. FATE es la cuna de uno de los procesos antiburocráticos más importantes de las últimas décadas en la Argentina, de la cual nuestros compañeros de la Lista Marron fueron parte fundadora.

Madanes acusa la apertura de importaciones como motivo para su proceder, sin embargo, la realidad es que aprovecha la ocasión para actuar en dos frentes: por un lado contra los trabajadores, en un frente único antiobrero con el gobierno (quien salió a decir que esto es responsabilidad de la izquierda); por otro lado, para torear al propio gobierno en la previa de la reforma laboral a partir de las discordancias reales que hay entre sectores burgueses (centralmente industriales) frente al proyecto economico de Milei.

Es inaceptable que Madanes Quintanilla, dueño de Aluar y Fate (entre otras empresas), poseedor de una fortuna de 1500 millones de dólares, y que se encuentra entre los 12 empresarios más ricos del país, aproveche el contexto de la reforma laboral para jugar con el plato de comida de mil familias.

Los sectores más avanzados de la fábrica como la Lista Marrón- Naranja respondieron rápidamente, rodeados por el activismo y las corrientes políticas -Nuevo MAS, Partido Obrero, Izquierda Socialista, etc-, y procedieron a una permanencia pacífica en la planta, cuya consigna central es la reapertura de la fábrica con todos sus trabajadores adentro, y la no aceptación de ninguna conciliación obligatoria tramposa que deje a los trabajadores sin posiciones para negociar.

El conflicto de FATE ocurre en medio de la discusión de la reforma laboral, con el rol absolutamente traidor de la CGT, y pretende ser un caso testigo para las patronales.

Sin embargo, hay tendencias que van madurando y se puede producir un cruce de coordenadas: el alargamiento del tratamiento del proyecto de ley esclavista, la complicidad del peronismo y la burocracia sindical, las contradicciones entre sectores de las patronales y el gobierno, un descontento social que empieza a tener algunas manifestaciones, una sociedad que empieza a avivarse que la quieren esquilmar, el ataque a una colectivo obrero emblemático como el de FATE. La conjunción de todo esto puede abrir una coyuntura muy dinámica, donde mucho depende de los propios trabajadores de FATE, sus organizaciones y representaciones independientes de ganar a la base de la fábrica y el resto del gremio para que no quiebren el conflicto.

Nuestro partido, delegaciones de nuestra Corriente Internacional Socialismo o Barbarie que se encuentran en el país, la juventud del ¡Ya Basta! y el SitraRepA estamos haciendo el aguante en la puerta de la planta durante todo el día, y en las jornadas que vengan.

Mientras finalizamos esta nota, la Gendarmería amenaza con el desalojo de la planta. Hay que mantenerse en estado de alerta y movilización para evitar cualquier zarpazo represivo y para que los trabajadores triunfen. En FATE todos adentro. Reapertura y administración obrera de la planta.

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