Triunfo de la organización y la lucha

Los trabajadores de La Nirva echaron a la patota y recuperaron la fábrica

Los compañeros de la Nirva y militantes de organizaciones de izquierda como el Nuevo MAS expulsaron a una patota que tomó la fábrica para devolvérsela al ex patrón, Matias Paradiso.



El 5 de diciembre en la fábrica cooperativa “La Nirva” no se trabajó. El día anterior, el clima en las líneas de producción, en las oficinas y en los dos pisos era de jolgorio. Los trabajadores venían avanzando con los trámites de la constitución de la cooperativa. Lo que significa que dieron un paso legal fundamental para que La Nirva sea de sus trabajadores y no del Ex-Patron Matias Paradiso, quien les debe a los obreros más de un año de sueldo y no tiene otra idea que vaciar la empresa, vender las máquinas y el edificio.

El 5 de diciembre, solo estaba el sereno cuidando la fábrica, quien se iba a quedar todo el fin de semana largo, Los trabajadores de La Nirva, estaban tranquilos, ellos vienen haciendo todo el camino legal para constituirse como cooperativa, cumpliendo todos los requisitos, haciendo todos los trámites. Es el ex patrón de la fábrica quien se encuentra en la ilegalidad, quien adeuda los sueldos, quien le debe fortuna a los proveedores, el es el que está en falta.

Pero ese 5 de diciembre, aprovechando que la policía no cuida la fábrica de los trabajadores, Matias Paradiso envió una patota de violentos que ingresaron a la fábrica, forzando la entrada, agrediendo al sereno. Ese 5 de diciembre no era un día más, fue el día que el ex patrón de la fábrica, el vaciador y estafador eligió para intentar robarle la planta a los trabajadores.

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Lo que sucedió después fue impresionante. Los llamados comenzaron a hacerse, los trabajadores comenzaron a enterarse de lo que sucedía, nuestra organización, el Nuevo MAS, fue avisada por las obreras de La Nirva y se hizo presente al instante. En menos de una hora hora había un centenar de trabajadores, militantes y vecinos dispuestos a echar a la patota. Los violentos tiraban botellazos desde adentro, descargaron el matafuego y amenazaban a los compañeros que intentaban entrar. Todo frente a la mirada cómplice de la policía, que observaba sin hacer absolutamente nada, o al menos eso creían quienes se hicieron presente en esa hermosa gesta de lucha.

Cuando los compañeros lograron entrar, todas esas amenazas, toda esa “guapeza” de los patoteros se esfumó en el aire. Empezaron a pedir por favor, que no les hagan nada, que querían salir, que ellos pensaban que sería “un trabajo tranquilo”. Matias Paradiso subestimó la fuerza de los trabajadores unidos que en cuestión de minutos recuperaron la fábrica y sacaron corriendo a la patota, que tanto amenazaba cuando se encontraba dentro de la planta.

En plena corrida, fueron a refugiarse en los patrulleros de la policía. !Claro, para eso estaba ahí! Esa era su función, la de ofrecer un resguardo a la patota por si las cosas no salían como Paradiso lo planeaba.

Mientras los trabajadores festejaban junto a la izquierda y el Nuevo MAS, se acercó un repartidor con doce muzzarellas a nombre del patrón de la fábrica. Se ve que era la hora de la cena para los patoteros y Paradiso los quería recompensar por devolverle la fábrica a la que tanto daño le hizo. Fue la última postal de una hermosa gesta de lucha, entre compañeros sentados comiendo la cena de la patota de la patronal, que seguro a esa altura, estaba resguardada de todo peligro en la comisaría, comiendo con la policía y Paradiso, quien estará ofuscado preparando su próximo ataque.

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