Los obreros del Neumático en el centro de la escena

Todas las disputas de la situación argentina confluyen hoy en un solo punto: la lucha de los trabajadores de FATE, Pirelli y Firestone.

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Foto: SUTNA

Los empresarios de todo el país y sus representantes políticos miran con temor la pelea abierta en el SUTNA. Contra lo que esperaban las patronales y sus cómplices en el Ministerio de Trabajo, sus provocaciones solamente lograron fortalecer a las bases obreras. Con su voluntad de lucha, están haciendo que todos vean lo que son capaces de hacer los trabajadores.

Primero fue el gremio, luego se vio afectada la industria automotriz, después impacta en las exportaciones y la entrada de dólares. Todos los planes y ajustes económicos se vienen haciendo a espaldas de los trabajadores, pero la economía no funciona sin las manos que la mueven. Si miles de trabajadores de un gremio pueden poner esto en discusión, es fácil imaginarse lo que pueden hacer millones.

El gobierno, los empresarios y la CGT temen que se expanda el ejemplo del Neumático. Porque si esta lucha gana queda algo completamente claro: no es tan fácil discutir el futuro económico del país sin hablar de salario, de condiciones de trabajo, de que todos los planes económicos se hacen sobre las espaldas de los que producen.

Los grandes empresarios de la industria se mantienen firmes contra los reclamos obreros por mucho más que un punto más o menos de aumento salarial. Quieren quebrar la organización de los trabajadores.

El SUTNA, el ajuste y las libertades democráticas

Hay dos grandes cosas en disputa en la Argentina de hoy, y ambas están en juego en la lucha del Neumático.

Por un lado, el ajuste recesivo de Massa y el Frente de Todos. Mientras los trabajadores están en la calle, el Superministro se reunía con los grandes empresarios. La posición que tomó fue inequívoca: el gobierno y su principal figura de hoy defienden a los grandes empresarios. Dijo que los trabajadores son “unos poquitos” que “toman de rehenes con sus caprichos” al resto de la industria. Sus palabras fueron para confortar a los ricos y calmar sus miedos. Propuso abrir la importación de neumáticos para quebrar la huelga.

Pero mientras los trabajadores serían “unos poquitos” que “toman de rehenes” a los demás, para Massa no serían unos poquitos que toman de rehenes a los demás los que especularon con la soja. Para ellos, dólares; para los trabajadores, nada.

La política de Massa ha sido darles todo lo que quieren una y otra vez a los empresarios. El “dólar soja” al agro, suba de tasas de interés a los bancos y acreedores del Estado, dólar preferencial a los importadores. Hasta ahora, su gestión ha consistido en arbitrar el reparto de dólares entre empresarios mientras la inflación no para y los salarios pierden cada día más.

La orientación del gobierno, compartida con matices por Juntos y los “libertarios”, es muy simple: la economía se estabiliza si los empresarios ganan más y más. Y la única forma de hacerlo es a costa de los trabajadores. La CGT, la inmensa mayoría de los “dirigentes” sindicales está incómoda con esa situación pero ha elegido hacer lo que siempre hace, no sorprendiendo a absolutamente nadie: tratar de tener controlados a los trabajadores para que el gobierno pueda hacer lo que quiere hacer.

Por eso están todos de acuerdo hoy: todos ellos quieren derrotar la experiencia de lucha del SUTNA. Porque su dirección es independiente (pese a no ser clasista) y es una conquista del gremio después de las grandes luchas del 2007 y 2008.

La otra gran cosa en disputa son las libertades democráticas. No es poca cosa que los trabajadores puedan organizarse, elegir a sus líderes, protestar y hacer huelga. Esos derechos fueron conquistados con años y años de lucha.

Cuando fue el atentado a CFK dijimos claramente que implicaba poner en peligro esas libertades, porque ponía en cuestión el derecho de los que la votan a poder hacerlo, porque intentaba resolver la crisis política por derecha, con la violencia desnuda. Por eso dijimos que había que movilizarse y rechazarlo.

Pero mientras el Frente de Todos, en particular el kirchnerismo, puso en ese caso el grito en el cielo, hoy es parte de los intentos de criminalizar a los obreros del Neumático. Massa promete quebrar la huelga, el ministro Moroni denuncia penalmente al Secretario General del sindicato, los medios kirchneristas son parte de una campaña feroz contra los trabajadores. La honrosa excepción son algunos periodistas. Pero hasta la CGT, que posa de representante de los trabajadores, quiere quebrar al SUTNA.

El peronismo no solo le está haciendo el juego a la derecha y su relato de que los reclamos son el motivo de la crisis económica, de que habría que aplastar a los sindicatos para “progresar”. No, es peor. La derecha hoy solamente puede opinar en los medios y redes sociales. El protagonista en el poder de los intentos de quebrar a los trabajadores es el Frente de Todos.

Proyectos políticos en pugna

Entre las fuerzas políticas capitalistas en la mayoría de los países hay una discusión clara sobre cómo gobernar. De un lado, están los que creen que es necesario controlar desde el Estado las organizaciones obreras y populares, hacer gestos de defensa de sus derechos y necesidades, posar de ser sus representantes. Del otro, está la derecha: el planteo de que hay que aplastar todo reclamo.

Pese a las diferencias, ambos planteos son claramente patronales y están de acuerdo en algo fundamental: hay que apretar las tuercas de la explotación laboral.

El rol de la derecha estuvo estos días más que claro. Siempre les gustó posar de representar a los que “trabajan” contra los que viven de los demás, que serían los que protestan. La verdad es exactamente la inversa. Para ellos, los que “trabajan” son los parásitos que viven de que les lleguen ganancias todos los días, todas las semanas, todos los meses, con lo que producen otros.  Con caradurez bizarra, tratan de vagos a los que producen con sus manos. ¿A quién se le puede ocurrir que las riquezas de las fábricas de neumáticos no son producidas por los obreros?

Espert pidió “bala” contra los trabajadores. Bullrich quiso presentar como pobre víctima a una multinacional. El “bróker”, legislador en CABA, Marra, se “ofreció” para trabajar los fines de semana para asegurar las ganancias empresarias. El larretismo intenta convencer a la gente de que los trabajadores en lucha generan desempleo. Lo que quieren, en nombre del “progreso”, es que los trabajadores sean poco más que esclavos; su deseo, en nombre de la “libertad”, es la dictadura patronal.

Del otro lado está el peronismo, que quiere controlar a los trabajadores, la mayoría de las veces hablando en su nombre. Su política manifiesta viene siendo siempre y sin falta de ajuste, antiobrera y antipopular.

Pero posar de representante de los “derechos de las mayorías” no funciona sin dos cosas: algo de bienestar económico y control absoluto desde el Estado de las organizaciones obreras. En ningún momento el Frente de Todos pudo hacer gala de ningún “bienestar”, al menos no de uno que no sea puramente inventado como parte del “relato”.

Las cosas se volverían dramáticas si además sienten que pueden perder al menos una parte de su control sobre los sindicatos. Por eso la principal preocupación de la CGT en su reunión con Alberto Fernández el lunes 26 fue la lucha del SUTNA.

CGT Alberto Fernández
Foto: Hernán Zenteno – La Nación.

Es una cosa repugnante ver a los “representantes de los trabajadores” juntarse con el presidente de un gobierno que ajusta para pedirle que frene a trabajadores en lucha. Su denuncia de sus “métodos anárquicos” es la expresión de la preocupación de que no cunda el ejemplo entre los demás. Y para eso los obreros del Neumático deben ser derrotados. La reunión de la CGT con el gobierno fue un concilio de carneros y rompehuelgas.

Ambos proyectos políticos necesitan tener a los trabajadores controlados o aplastados. Por eso se pelean mucho, pero hay algo en lo que están completamente de acuerdo: quieren derrotar a los obreros del Neumático.

Una lucha histórica

Esta pelea puede ser ejemplo para muchas otras. No es nada casual que, después de muchos meses sin grandes luchas por abajo, de repente estemos viviendo una coyuntura de conflictividad. En este momento también están en plena lucha los trabajadores de la Salud de la Ciudad, los prestadores de Discapacidad, los estudiantes secundarios que exigen presupuesto y rechazan ser mano de obra gratuita para los ricos, los docentes del interior del país…

El reclamo del SUTNA viene de largos meses atrás. Comenzó con la exigencia del pago de las horas de los fines de semana al 200%, un reclamo básico para un régimen laboral como el del Neumático. Los trabajadores del gremio no conocen lo que es vivir con fines de semana, las rotaciones de días y horarios de trabajo hacen imposible tener otra vida que la fábrica, los ritmos y lo pesado de sus labores lo hacen una “picadora de carne” humana.

Desde que comenzó el conflicto, hubo más de 30 audiencias de conciliación en el Ministerio de Trabajo. En estas múltiples instancias, las patronales se negaron sistemáticamente a reconocer los justos reclamos de los trabajadores.

La permanencia en el Ministerio se precipitó luego de que las patronales avanzaran en la paritaria 2022-2023 sin escuchar los reclamos de los trabajadores. La “oferta” empresaria fue de un aumento salarial del 38% para la revisión paritaria 2022-2023, cuando el mismo gobierno dice que la inflación en el mismo período superará el 60%.

La provocación de esta propuesta empujó a los trabajadores a la permanencia en el Ministerio de Trabajo con acampe en la puerta. Las cosas van más allá de la cuestión salarial. Los empresarios quieren quebrar la organización de los trabajadores, rendirlos, ponerlos de rodillas. Y el gobierno acompaña y apoya esa voluntad.

La conducción de la Lista Negra esperaba que los reclamos se resolvieran sin tanto conflicto. La medida de paro total, las permanencias en las fábricas y el Ministerio, esta nueva etapa de lucha se debió a que irrumpió con todo la base obrera. Su voluntad de lucha, su fuerza, su poder de parar la producción es lo que más temen los empresarios, el gobierno, los medios y la derecha.

Rodear de solidaridad hoy a los obreros del Neumático es defender los intereses de todos los trabajadores. Su ejemplo puede ser el impulso a la construcción de corrientes clasistas y antiburocráticas en todos los gremios y lugares de trabajo, para que la organización por abajo ponga en el centro de la situación política que la crisis económica no se va a resolver pasando por arriba de la clase trabajadora.

Los trabajadores del Neumático así lo cantaron en las puertas del Ministerio de Trabajo: “¡Sindicatos de los trabajadores, y ahora que la crisis la paguen los patrones!”

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