Pandemia

Los nuevos multimillonarios del Covid: rentabilizando la vida y la muerte de millones

En el mundo hay 9 multimillonarios nuevos. ¿A qué se dedican estos hombres? A nada menos que negociar con la salud: se trata de CEOs y accionistas de las principales farmacéuticas y laboratorios productores de vacunas contra el Covid-19.

Flor Efe

La lista, según lo publicado recientemente en la revista Forbes, está encabezada por los CEOs de la estadounidense Moderna y la alemana BioNTech, seguidos de accionistas e inversores de las mismas y promediada por tres miembros directivos de CanSino, una de las empresas chinas integradas al mercado de las vacunas.

La People’s Vaccine Alliance, que nuclea organizaciones y entidades internacionales (entre otras Oxfam y Amnistía Internacional) tras el reclamo por el acceso universal a las vacunas contra el coronavirus, de la mano de la liberación de las patentes, ha publicado un comunicado donde denuncian que, con el patrimonio conjunto de estos nueve capitalistas -de aproximadamente US$19.300 millones- sería posible inmunizar a toda la población de África Subsahariana, alrededor de 780 millones de personas. Una comparación clara que da cuenta de lo criminal del manejo capitalista de la pandemia, que prioriza la ganancia por sobre la vida de las personas. Volveremos luego sobre esto.

Cabe destacar además que el grueso de las ganancias generadas a costa de las vacunas está ligado al sector financiero. Los grandes especuladores siempre estuvieron metidos en el entramado perverso de las farmacéuticas, y con la pandemia apostaron todo a que se convirtiera en un nuevo negocio para las mismas. Es así que los fondos de inversión y multimillonarios están viendo sus riquezas crecer por nada menos que la privatización de un bien que debería ser público, sin haber puesto un peso para su desarrollo.

Estos capitalistas, hagan sus fortunas con el negocio de la salud o por la timba financiera, se embanderan del discurso meritocrático de haber tomado “riesgos de inversión” para legitimar sus ganancias, mientras en el mundo la pandemia sigue golpeando y las vacunas siguen sin distribuirse lo suficiente como para terminarla. Se presentan como sus dueños un puñado de empresarios que, en realidad, ni siquiera pusieron dinero de sus arcas para el desarrollo de las vacunas. Porque es bien conocido que, desde principios de la pandemia, los Estados brindaron subsidios y fuertes inversiones a los laboratorios que llevaran a cabo investigaciones para la creación de vacunas contra el Covid-19.

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La empresa BioNTech recibió del gobierno alemán US$ 397 millones y se estima que Moderna ha sido financiada en casi un 90% por organismos públicos estadounidenses. Ambas empresas lideran los números de crecimiento tanto en la bolsa de valores como de ganancias, incluso sus CEOs se convierten en multimillonarios; todo gracias a dinero de los contribuyentes y a la privatización de un bien esencial para la humanidad. Y por supuesto que los gobiernos de los países imperialistas no hacen nada contra esto (más que, a la Biden, hablar).

Entra en juego la discusión por la propiedad intelectual de las vacunas, que viene abriéndose paso durante los últimos meses ante la evidente lentitud del proceso de inmunización en el mundo. Hay países donde virtualmente no se han distribuido dosis, mientras los más ricos, las potencias imperialistas, tienen vacunas de sobra y acuerdos con los laboratorios que incluso prohíben la donación de las mismas una vez compradas.

Pero ¿qué está detrás de las patentes a la propiedad intelectual de las vacunas? Se trata de aquello que sostiene la estructura de mercantilización de las mismas, como de cualquier medicamento. Quien quiera conseguir el producto deberá pagarlo al precio que estime su “dueño” (es sabido que cada laboratorio discute los precios de las vacunas con los gobiernos de manera secreta) y, así mismo, quien pretenda producir el bien deberá pagar la concesión de su propiedad intelectual -razón por la cual solo determinados laboratorios producen las vacunas contra el coronavirus-. Así funcionan las cosas normalmente bajo la lógica capitalista.

Queda claro entonces la razón principal por la cual las farmacéuticas y laboratorios se niegan a desprenderse de las patentes: para ellos la salud es un negocio y estas son el mecanismo que les permite hacer sus ganancias. Pero hay más. El aspecto financiero vuelve a aparecer en este sentido, ya que la especulación está basada en gran parte en el sostenimiento de patentes para la generación de mayores ganancias.

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Un dato es que la empresa de biotecnología Moderna no poseía patentes aprobadas previo a la vacuna para el Covid-19 que produce, y desde su ingreso a la carrera por las vacunas ha sido de las que más ha crecido en el mercado financiero, con sus acciones subiendo un 700% en el último año. También están los casos de Pfizer y Johnson&Johnson, que pasaron junto a otros laboratorios un tiempo de estancamiento bursátil e incluso enfrentaban este año el vencimiento de patentes para algunos de sus productos, lo cual debilitaba su condición financiera hasta las renovaciones. Sin embargo, el patentamiento de vacunas fue un salvavidas para el movimiento de sus acciones y hoy en día son consideradas algunas de las más redituables en el mercado financiero farmacéutico.

Aunque podría parecerlo, no estamos describiendo una ficción distópica, sino el mundo bajo la lógica capitalista, donde la salud y la vida son pasadas a través del filtro del mercado, y eso se presenta como incuestionable. Mientras tanto las corporaciones farmacéuticas se refugian en la caridad a través del mísero programa Covax, o de propuestas como la venta de dosis al costo para países “de bajos recursos económicos”; cuando es cada vez más evidente que, sin la producción masiva en todo el mundo, solo posible mediante la liberación de patentes, no se puede frenar esta crisis sanitaria.

El reclamo por la liberación de las patentes es un cuestionamiento a las reglas del mercado capitalista, pero no es imposible ni aislado de la realidad, mucho menos cuando se exponen en paralelo los miles de millones que estas empresas ganan y las millones de muertes que siguen sucediéndose en el mundo por el respeto a las reglas del juego.

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