Artículo de Monthly Review. Número: Vol. 78, n.º 03 (julio-agosto de 2026). Traducción: Izquierda web.
Martin Hart-Landsberg es profesor emérito de Economía en Lewis and Clark College, en Portland, Oregón. Es presidente de la sede de Oregón del National Writers Union y miembro de la junta directiva del Korea Policy Institute. Escribe en el blog Reports from the Economic Front.
Los multimillonarios tecnológicos de Silicon Valley sostienen ideas fantasiosas. Por ejemplo, muchos creen que la Inteligencia Artificial General (IAG) se hará realidad en un futuro muy cercano y que su consecución dará paso a una era de abundancia, con billones de seres sintientes poblando los cielos y viviendo plácidamente.
Sin embargo, detrás de estas ideas se encuentra una agenda política seria y destructiva. Utilizando su enorme riqueza, el control sobre tecnologías fundamentales y su fuerte representación en el gobierno, estos multimillonarios han conseguido ampliar la producción de combustibles fósiles, reducir los impuestos corporativos, obtener subsidios para los fabricantes de chips y los centros de datos, establecer políticas comerciales favorables, fortalecer un aparato militar y de seguridad nacional impulsado por la IA, y desmantelar programas diseñados para hacer frente al cambio climático, la discriminación y la desigualdad.
Su éxito se debe en gran medida al hecho de que el presidente Donald Trump comparte ampliamente su misma agenda. Como describe el sitio web de noticias Axios: “Trump zigzaguea y cambia de rumbo entre innumerables asuntos políticos y diplomáticos. Pero ninguno se acerca a su alianza sostenida y cada vez más estrecha con los multimillonarios de la tecnología y las empresas de IA que están transformando la economía estadounidense”. [1] No es de extrañar que las personas trabajadoras estén experimentando un empeoramiento de sus condiciones laborales y de vida.
Nos enfrentamos a un poderoso grupo de oligarcas tecnológicos que están dispuestos a destruir nuestras vidas en busca de mega-ganancias y de un futuro de fantasía. Necesitamos organizarnos de acuerdo a las circunstancias. Afortunadamente, existen fuertes indicios de que el propio funcionamiento del capitalismo está creando condiciones fértiles para nuestros esfuerzos.
Los multimillonarios y sus redes de poder
En el corazón de la comunidad de multimillonarios tecnológicos de Silicon Valley se encuentra la llamada Mafia de PayPal, un grupo de personas vinculadas de manera informal que fueron fundadores o ejecutivos de la empresa. Las figuras más importantes son Peter Thiel, Elon Musk y David Sacks. Los tres pasaron parte de su infancia en Sudáfrica y han mantenido una relación estrecha desde su época en PayPal.
En 2003, Thiel fundó Palantir Technologies y continúa desempeñándose como presidente de su junta directiva. Dos años después, Thiel cofundó un fondo de capital de riesgo, el Founders Fund, que ha invertido en Anduril, Facebook, Neuralink, Palantir Technologies, SpaceX y xAI.
Elon Musk fundó The Boring Company, Neuralink, SpaceX y xAI. También fue cofundador de OpenAI. David Sacks cofundó el servicio de redes empresariales Yammer (que luego vendió a Microsoft) y posteriormente, en 2007, el fondo de venture capital Craft Ventures. Craft Ventures ha invertido en Facebook, Palantir Technologies, SpaceX y xAI.
También existen poderosos multimillonarios tecnológicos de Silicon Valley que no forman parte de la Mafia de PayPal. Marc Andreessen cofundó Netscape antes de crear su propia firma de capital de riesgo. En 2009, él y Ben Horowitz unieron sus respectivos fondos para crear Andreessen Horowitz, actualmente el mayor fondo de capital de riesgo de los Estados Unidos. Su cartera incluye inversiones en Anduril, Facebook, SpaceX y xAI.
Palmer Luckey, creador del visor de realidad virtual Oculus Rift, cofundó Anduril en 2017, con capital semilla del Founders Fund. Otros miembros destacados de esta comunidad incluyen a Sam Altman, director ejecutivo de OpenAI; Dario Amodei, director ejecutivo de Anthropic; Jeff Bezos, fundador y presidente ejecutivo de Amazon; y Mark Zuckerberg, cofundador de Facebook y de su empresa matriz, Meta.
Visiones del futuro
Durante las últimas cuatro décadas, Silicon Valley ha dado origen a una serie de ideologías que se superponen entre sí y que han recibido considerable atención dentro de la comunidad tecnológica.[2] Todas abrazan el transhumanismo, un amplio movimiento filosófico cuyas raíces se encuentran en el movimiento eugenésico del siglo XX. El transhumanismo sostiene que los seres humanos pueden trascender las limitaciones biológicas existentes con ayuda de la tecnología, para alcanzar períodos de vida indefinidamente largos y capacidades cognitivas aumentadas. Las más influyentes son el singularitarismo, el altruismo efectivo y el aceleracionismo efectivo.
El singularitarismo, que se popularizó a principios de la década de 2000, sostiene que la creación de la IAG está cerca y que su consecución dará lugar a una “singularidad tecnológica”, en la que la IAG generará avances tecnológicos tan rápidos y sin precedentes que se producirá una ruptura fundamental en la historia humana. Sus defensores creen que, con el tiempo, los seres humanos podrán cargar su conciencia en robots, creando seres superiores que se auto-mejorarán y que, en grandes cantidades, se establecerán por todo el universo.
El altruismo efectivo comparte un punto de partida similar, pero sus seguidores temen que, si la IAG no está alineada con valores adecuados, podría terminar aniquilando o esclavizando a la humanidad. Por ello, otorgan una alta prioridad al desarrollo de medidas de seguridad para la IA y a garantizar que Estados Unidos, y no China, sea el primero en lograrlo.
El aceleracionismo efectivo es la incorporación más reciente al pensamiento transhumanista. Sus defensores creen que la carrera de la IAG no debería ralentizarse debido a preocupaciones por problemas ecológicos o sociales existentes. Convencidos de que el número de seres sintientes del futuro superará con creces al número de personas que viven actualmente, buscan desarrollarla lo más rápido posible para minimizar el sufrimiento o la muerte innecesarios de un número incalculable de seres futuros.
De la palabra a los hechos
Estas ideologías podrían ser fácilmente descartadas como poco más que material para filósofos y escritores de ciencia ficción, si no fuera porque los multimillonarios tecnológicos mencionados anteriormente han adoptado muchas de sus ideas. Zuckerberg ha declarado que “la superinteligencia ya está a la vista” y que, con ella, llegará “la creación y el descubrimiento de cosas nuevas que hoy son inimaginables”. Amodei cree que pronto alcanzaremos una “velocidad de escape” de la propia muerte.[3] Altman afirma que la IAG será una realidad para 2030, lo que nos permitirá resolver fácilmente una multitud de problemas que enfrentamos aquí en la Tierra y colonizar el espacio.[4]
Bezos predice que dentro de unas pocas décadas, las personas vivirán en millones de gigantescas estaciones espaciales, cada una con capacidad para albergar hasta un millón de personas.[5] Su empresa Blue Origin está trabajando tanto en la tecnología de cohetes necesaria para llevarnos a la Luna, que él considera puede servir como base para la colonización del sistema solar, así como en la tecnología de centros de datos orbitales que proporcionaría la energía necesaria para las estaciones espaciales.
Musk también cree que estamos cerca de alcanzar la IAG. Su empresa Neuralink está trabajando en el desarrollo de interfaces cerebro-computadora implantables que permitan a los seres humanos “lograr una simbiosis con la inteligencia artificial”.[6] Musk planeó durante mucho tiempo utilizar SpaceX para llegar a Marte y colonizarlo. Sin embargo, en febrero de 2026, decidió dar prioridad a adelantarse a Bezos en llegar a la Luna y construir allí una colonia “autosuficiente” durante la próxima década.
Andreessen, la fuerza impulsora detrás del aceleracionismo efectivo, habla de la IAG como un «solucionador universal de problemas». Su “Manifiesto tecnoo-ptimista” de 2023 destaca las ideas y políticas que deben superarse para lograrlo: “Nuestra sociedad actual ha sido sometida durante seis décadas a una campaña masiva de desmoralización contra la tecnología y contra la vida, bajo nombres como ‘riesgo existencial’ , ‘sostenibilidad’, ‘ESG’ (ambiental, social y de gobernanza), ‘Objetivos de Desarrollo Sostenible’, ‘responsabilidad social’, ‘capitalismo de los grupos de interés’, ‘Principio de Precaución’, ‘confianza y seguridad’, ‘ética tecnológica’, ‘gestión de riesgos’, ‘decrecimiento’ y ‘los límites del crecimiento’”. [7]
Luckey es otro creyente en la IAG. Debido a que su mayor preocupación es que China pueda alcanzarla primero, apoya tanto la investigación en IA como el fortalecimiento del poderío militar.[8] Su empresa, Anduril, participa en el desarrollo de sistemas autónomos de armas impulsados por IA.
Thiel sostiene que la tecnología es el principal motor del cambio social y que existen poderosas fuerzas demoníacas que buscan suprimir su potencial liberador. En 2025, impartió una serie de conferencias privadas en San Francisco en las que describió la próxima batalla contra esas fuerzas como el Armagedón profetizado, cuando los ejércitos de Dios destruirán a los ejércitos del Anticristo.[9] En ocasiones, ha calificado a los defensores del altruismo efectivo como el Anticristo.
Aunque es difícil saber si estos oligarcas tecnológicos creen realmente en lo que dicen, existen buenas razones para descartar sus visiones de un futuro impulsado por la IAG.[10] Incluso los sistemas de IA existentes más poderosos parecen ser callejones sin salida tecnológicos.[11] Como señala el escritor Cory Doctorow, la idea de que “añadir capacidad de computación y datos al programa que ‘predice la siguiente palabra’ acabará creando un ser consciente, que inevitablemente se convertirá en un ser superior… es una propuesta comparable a la idea de que, si seguimos criando caballos cada vez más rápidos, terminaremos obteniendo una locomotora».[12]
Hablemos de negocios
Es fácil imaginar por qué estos multimillonarios se sienten atraídos por el transhumanismo: este celebra al individuo superior y la tecnología. Por supuesto, su interés en los cuentos de hadas sobre la IAG se desvanecerían rápidamente si no estuvieran obteniendo importantes beneficios en el presente gracias al desarrollo de la IA con fines comerciales y en apoyo de un aparato de seguridad nacional ampliado. Y como ellos bien comprenden, los enormes costos de la inversión en IA hacen que para seguir teniendo éxito sea necesario asegurar un apoyo estatal considerable y sostenido.
Su capacidad para conseguir el respaldo de la administración Trump se debe en gran medida a sus conexiones personales. Thiel fue mentor del vicepresidente JD Vance y lo ayudó a abrirse camino en el mundo del capital de riesgo. Vance, a su vez, recibió un apoyo considerable tanto de Thiel como de Andreessen cuando fundó su propia firma de capital de riesgo en 2019. Thiel también fue uno de los principales contribuyentes a la campaña de Vance para el Senado en 2022, con una donación récord de 15 millones de dólares.
David Sacks también apoyó económicamente la campaña de Vance para el Senado y, posteriormente, apoyó la campaña de reelección de Trump, organizando varios eventos grandes de recaudación de fondos en su casa. La recompensa de Sacks fue su nombramiento como zar de IA y criptomonedas de la Casa Blanca, un cargo que ha utilizado con gran eficacia.[13]
Las políticas de Trump en materia de IA han sido abrumadoramente favorables a la industria tecnológica. Derogó regulaciones ambientales y ofreció importantes subsidios para impulsar la producción de combustibles fósiles. Firmó una orden ejecutiva que exige a la Agencia de Protección Ambiental acelerar los proyectos de centros de datos en terrenos federales y no federales. Exoneró de aranceles a los servidores, semiconductores, placas de circuitos y muchos de los demás componentes electrónicos utilizados por los centros de datos. Ordenó a varias agencias federales crear una plataforma digital que permita a las empresas tecnológicas acceder a los datos recopilados por el gobierno federal para utilizarlos en sus trabajos con IA. Y continúa impulsando medidas para que sea ilegal que los estados desarrollen sus propias regulaciones sobre el uso de la IA.
Otros nombramientos importantes, aunque de menor perfil, también han contribuido a impulsar la agenda de la industria tecnológica en materia de IA. Michael Kratsios, antiguo jefe de gabinete de Thiel, fue elegido para dirigir la Oficina de Política Científica y Tecnológica de la Casa Blanca. Gregory Barbaccia, quien ocupó varios cargos directivos en Palantir, fue escogido como director federal de Información, responsable de supervisar la implementación de tecnologías seguras y de alto rendimiento en todo el gobierno federal.
Los líderes de la industria tecnológica también ocupan puestos clave en el ámbito militar. Por ejemplo, Michael Obadal, antiguo ejecutivo de Anduril, se desempeña como subsecretario del Ejército a pesar de seguir siendo propietario de acciones de Anduril por un valor aproximado de un millón de dólares. Estas conexiones han contribuido a que tanto Palantir como Anduril se conviertan en actores fundamentales de las políticas de defensa y seguridad nacional.
En julio de 2025, Palantir firmó un contrato de 10 mil millones de dólares con el Departamento de Defensa. Este consolidó unos setenta y cinco acuerdos de adquisición diferentes y representa, en palabras de la investigadora Francesca Bria, “la transferencia estratégica de funciones militares esenciales a una empresa privada”.[14] Por su parte, Anduril está impulsando la búsqueda de capacidades de guerra autónoma por parte de las fuerzas armadas. Como explica Bria: “Su plataforma Lattice conecta transmisiones satelitales, datos de radar e imágenes del campo de batalla en una única red operativa, lo que permite planificar y ejecutar misiones militares a una velocidad vertiginosa”.
Además, parece que estas empresas, junto con desarrolladores líderes de IA como OpenAI, Google y Microsoft, jugarán un papel aún mayor. El secretario de Defensa, Pete Hegseth, ha propuesto trasladar el 8% del presupuesto militar de cada uno de los próximos cinco años de los contratistas tradicionales de defensa a empresas tecnológicas de IA.[15]
La alianza entre los multimillonarios tecnológicos y Trump está lejos de ser unilateral. El pensamiento transhumanista encaja bien con el propio programa político de Trump, y los líderes tecnológicos han apoyado con entusiasmo su política exterior agresiva, sus esfuerzos por fortalecer el poder y las ganancias corporativas, y el desmantelamiento de la mayoría de las agencias reguladoras y los programas sociales. Una de las formas en que lo hacen es utilizando su control sobre medios como X (antes Twitter), Fox News, el Washington Post, CBS News y CNN para amplificar las explicaciones racistas, xenófobas, antiinmigrantes y misóginas de Trump sobre el deterioro de las condiciones de vida y trabajo de la mayoría de la población.
La economía de la IA: del auge al colapso
Los oligarcas tecnológicos disfrutan de una influencia política sin rival por una razón principal. Los líderes políticos y empresariales reconocen la importancia central de la IA y, por extensión, de las inversiones en el sector tecnológico para las perspectivas de rentabilidad y crecimiento de la economía estadounidense.
El gasto en infraestructura de IA —centros de datos y sus equipos y programas asociados— se ha convertido en el principal motor del crecimiento económico de Estados Unidos. El gasto anual de capital relacionado con la IA de las mayores empresas tecnológicas (Alphabet, Amazon, Meta y Microsoft) aumentó de 150 mil millones de dólares en 2022 a 360 mil millones en 2025, y se prevé que alcance una cifra considerablemente mayor, de 650 mil millones de dólares en 2026. Bloomberg pone este total en perspectiva al señalar que: “Se prevé que las mayores empresas automotrices con sede en Estados Unidos, los fabricantes de maquinaria de construcción, las compañías ferroviarias, los contratistas de defensa, los operadores de redes inalámbricas y las empresas de entrega de paquetes, junto con Exxon Mobil Corp., Intel Corp., Walmart Inc. y las empresas derivadas de General Electric —21 compañías— gasten en conjunto 180 mil millones de dólares en 2026”.[16]
Y estas cuatro empresas tecnológicas no son las únicas que están invirtiendo en centros de datos. Por ejemplo, Oracle también se ha convertido en un importante proveedor de servicios en la nube. En 2025, firmó un contrato con OpenAI para proporcionar 300 mil millones de dólares en servicios de computación durante cinco años.
La economía también se ha beneficiado del impulso a las valoraciones bursátiles generado por la IA. El lanzamiento de ChatGPT en noviembre de 2022 desencadenó un crecimiento explosivo en el valor de las acciones relacionadas con la IA, y el mercado alcanzó en 2025 su segunda valoración más alta de la historia. Los estadounidenses más ricos se beneficiaron de manera desproporcionada de este aumento, y el consiguiente incremento de su gasto de consumo también ha sido un factor importante del crecimiento económico de Estados Unidos.
Sin embargo, aunque los líderes tecnológicos y los grandes fondos de inversión continúan hablando con confianza sobre un futuro impulsado por la IA, existen buenas razones para creer que nos acercamos al punto máximo del auge de la IA y de su capacidad para sostener un sistema cada vez más debilitado. La razón más importante: ninguno de los principales modelos de IA ha demostrado ser rentable.[17]
Esto puede parecer contradictorio, dada la percepción de que la IA se utiliza en todas partes, pero esto se debe a que no existe una definición consensuada de IA, lo que permite a las empresas colocar esa etiqueta a todo tipo de productos. En términos generales, la IA se refiere a tecnologías capaces de imitar funciones cognitivas comúnmente asociadas con la inteligencia humana. Estas tecnologías suelen dividirse en dos grupos: aprendizaje automático e IA generativa. Los modelos de aprendizaje automático utilizan algoritmos para identificar patrones, tomar decisiones y mejorar su desempeño mediante la experiencia; no crean contenido nuevo. Se utilizan para hacer funcionar motores de búsqueda y en tareas como el reconocimiento facial y de imágenes, el filtrado de spam en correos electrónicos y llamadas telefónicas, la predicción de las condiciones del tráfico y la optimización de rutas, y la traducción de idiomas.
Los modelos de IA generativa crean contenido nuevo gracias a su entrenamiento con conjuntos de datos. Los modelos que no son modelos de lenguaje de gran escala se especializan en contenidos no textuales, como imágenes y videos. Los modelos de lenguaje de gran escala tienen la capacidad de generar textos similares a los producidos por seres humanos. Las versiones más avanzadas también pueden programar y producir imágenes y videos. Es el desarrollo y funcionamiento de estos modelos avanzados lo que está impulsando el auge de la IA.
Los más conocidos son ChatGPT (OpenAI), Claude (Anthropic), Gemini (Google), Grok (xAI) y Llama (Meta). Y es la creencia en su futura rentabilidad lo que impulsa a las empresas tecnológicas a seguir construyendo los centros de datos necesarios para su entrenamiento y funcionamiento. Pero ahí está el problema: cada vez hay más evidencia de que estos modelos avanzados de IA son tecnológicamente incapaces de servir como puente hacia algo parecido a la IAG, y que son demasiado defectuosos y costosos como para lograr una adopción empresarial significativa mediante servicios de pago.
Todos dependen de complejas redes neuronales programadas para seleccionar probabilísticamente palabras o imágenes, basándose en el reconocimiento de patrones desarrollado durante su entrenamiento, con el fin de generar respuestas a las indicaciones que reciben. No “piensan” ni “razonan”, y, dada su estructura interna, no existe forma de transformarlos en unidades capaces de operar de manera autónoma y resolver problemas nuevos sin una reprogramación específica para cada tarea.[18]
Esta estructura también limita seriamente su utilidad para un uso generalizado. Por ejemplo, debido a que gran parte de los datos utilizados para su entrenamiento son extraídos de internet e incluyen discursos de odio, discriminatorios y simplemente disparatados, estos modelos generan resultados que a menudo reproducen esos sesgos y también pueden fomentar formas peligrosas de pensamiento delirante.[19]
Quizás lo más preocupante para las empresas sea el hecho de que estos modelos también inventan cosas periódicamente o “alucinan”. Un ejemplo de ello ocurrió en febrero de 2025, cuando la BBC puso a prueba la capacidad de todos los principales modelos de IA para resumir noticias, alimenentandoles contenido del sitio web de la BBC y luego haciéndoles preguntas al respecto.[20] Aproximadamente el 20 por ciento de sus respuestas “introdujo errores factuales, como afirmaciones, cifras y fechas incorrectas”.
Por lo general, los desarrolladores de IA restan importancia a la gravedad de estos problemas y sostienen que serán superados mediante conjuntos de datos más grandes y de mejor calidad, algoritmos más sofisticados y una mayor capacidad de computación. Sin embargo, numerosos estudios han encontrado lo contrario. Como explicó el New York Times: “Las tecnologías más nuevas y potentes… están generando más errores, no menos”.[21] Y un estudio realizado por investigadores de OpenAI concluyó que “los modelos de lenguaje de gran escala siempre producirán alucinaciones debido a restricciones matemáticas fundamentales que no pueden resolverse mediante una mejor ingeniería”.[22]
No es de extrañar entonces, que una evaluación realizada en 2025 por el MIT Media Lab sobre cientos de casos de adopción de IA haya encontrado que “el 95 por ciento de las organizaciones no está obteniendo ningún retorno”.[23] Una encuesta realizada por S&P Global Market Intelligence a más de 1.000 empresas de América del Norte y Europa descubrió que el 42% había abandonado la mayoría de sus iniciativas de IA en 2025, frente al 17% en 2024.[24] Una encuesta del National Bureau of Economic Research a altos ejecutivos de Estados Unidos, Reino Unido, Alemania y Australia, realizada entre noviembre de 2025 y enero de 2026, reveló que “las empresas reportan poco impacto de la IA durante los últimos tres años, y más del 80% de ellas reporta ningún impacto ni en el empleo ni en la productividad”.[25]
Este pésimo historial ha dejado a los desarrolladores de IA en una situación difícil. Sus modelos son costosos de entrenar y operar, pero dadas sus limitaciones solo pueden ampliar su base de clientes ofreciendo servicios de suscripción gratuitos o altamente subsidiados. Incluso las cuentas profesionales de pago le cuestan dinero a OpenAI debido a los elevados costos de computación asociados a cada consulta.[26]
ChatGPT perdió 5 mil millones de dólares en 2024 y 8 mil millones en 2025. OpenAI prevé pérdidas de 14 mil millones de dólares en 2026, y algunos analistas creen que la empresa podría quedarse sin efectivo a mediados de 2027 si no consigue una nueva inyección importante de fondos.[27] ChatGPT tiene más de 500 millones de usuarios semanales, pero sólo 15,5 millones son suscriptores de pago, lo que como señala el comentarista tecnológico Ed Zitron, “es una tasa de conversión absolutamente deplorable”.[28] Anthropic va por el mismo camino: perdió 5.200 millones de dólares en 2025.[29]
Sin dejarse disuadir, los desarrolladores de IA siguen invirtiendo enormes cantidades de dinero en nuevos modelos, mientras que los constructores de centros de datos a hiperescala continúan construyendo instalaciones cada vez más grandes para respaldarlos.[30] Estos compromisos bien podrían mantener a flote la economía estadounidense durante varios años más, pero, con el tiempo, las presiones sobre las ganancias obligarán a reducir la inversión relacionada con la IA y el crecimiento general de Estados Unidos. Sin embargo, este es el escenario optimista. Varios economistas y analistas han comenzado a advertir que el auge de la IA está transformándose en una burbuja que podría explotar pronto, desencadenando una recesión potencialmente grave.[31]
Una de las principales razones de su preocupación es la vulnerabilidad financiera de OpenAI. La empresa ya ha firmado acuerdos que la comprometen a gastar alrededor de 1,4 billones de dólares en infraestructura de IA durante los próximos ocho años, incluidos 500 mil millones de dólares para comprar chips a Nvidia y 300 mil millones de dólares en servicios de computación de Oracle.[32] Se trata de una suma enorme para una empresa que sigue sin ser rentable, lo que significa que una cantidad considerable tendrá que obtenerse mediante deuda en los mercados privados.
Pero si OpenAI continúa gastando dinero al ritmo actual, sus necesidades de financiamiento probablemente pronto superarán lo que los mercados consideren aceptable. Cuando eso ocurra, la empresa no tendrá más remedio que reducir sus operaciones, y sus prestamistas sufrirán pérdidas. Las repercusiones se extenderán. Por ejemplo, Oracle también depende en gran medida de la deuda para financiar la construcción de sus centros de datos y cuenta con OpenAI como fuente de la mayor parte de sus ingresos futuros. Por lo tanto, el repliegue de OpenAI generará graves dificultades financieras para Oracle y sus prestamistas. Dado que tanto OpenAI como Oracle son grandes clientes de Nvidia, el ajuste de sus gastos provocará una caída en la demanda de los chips de Nvidia y, probablemente, en el precio de sus acciones. Y así sucesivamente.
Incluso las empresas tecnológicas más grandes están en riesgo. También se han endeudado fuertemente, y se proyecta que el dinero obtenido en los mercados de deuda cubra al menos la mitad del costo de sus inversiones en centros de datos. Como señala un analista financiero: “Si el mercado de la inteligencia artificial tan solo estabilizara su crecimiento, muy rápidamente tendríamos un exceso de capacidad construida, la deuda perdería su valor y las instituciones financieras perderían dinero”.[33]
Si bien es imposible saber cuándo y cómo terminará el auge de la IA, hay dos cosas que están claras. Primero, no estamos encaminados a crear un sistema de IAG que resuelva sin esfuerzo nuestra multitud de crisis. De hecho, ocurre todo lo contrario: los esfuerzos de los multimillonarios tecnológicos por dominar nuestras vidas nos han dejado en una situación peor, con una economía desequilibrada, capacidades estatales y protecciones sociales más débiles, y una dependencia cada vez mayor de sistemas de IA problemáticos.[34]
Segundo, el fin del auge no provocará automáticamente un reinicio de nuestra economía política. Si queremos una nueva economía política, más receptiva a nuestras necesidades, tendremos que luchar por ella.
En marcha
Hay indicios de que el movimiento del capitalismo está contribuyendo lenta pero constantemente al crecimiento de un movimiento de resistencia con el potencial de transformar drásticamente el panorama político. Por ejemplo, las encuestas muestran que cuanto más experiencia tienen las personas con los sistemas de IA generativa, más desconfían de ellos. Una encuesta de YouGov de 2025 encontró que “cada vez más estadounidenses se muestran escépticos ante la IA y esperan que tenga un impacto negativo en la sociedad”.[35]
Actualmente, la oposición más organizada al uso de la IA proviene de los sindicatos, especialmente de aquellos que representan a periodistas, diseñadores gráficos, guionistas y actores, y que ya han conseguido algunas victorias importantes.[36] La rápida introducción de sistemas de IA en escuelas y hospitales también ha impulsado a los sindicatos de docentes y trabajadores de la salud a exigir que el uso de la IA se convierta en un tema obligatorio de negociación colectiva. Sin duda, los trabajadores de otras industrias pronto seguirán su ejemplo.
La oposición al auge de la IA que más rápidamente está creciendo proviene del movimiento contra los centros de datos. La mayoría de los centros de datos que se están construyendo actualmente son centros de hiperescala que, como su nombre indica, son enormes. Quienes viven cerca de ellos tienen razones justificadas para preocuparse por los efectos sobre la salud de la contaminación acústica generada por sus ventiladores de refrigeración y de la contaminación del aire producida por sus generadores diésel de respaldo. También les preocupa su impacto sobre el valor de las propiedades locales y sobre las condiciones de vida en sus barrios.
Sin embargo, es el enorme consumo de energía de estos centros de datos de hiperescala lo que se ha convertido en la mayor preocupación. Este consumo está elevando las facturas de electricidad de los hogares y alentando a los gobiernos estatales a reabrir o prolongar la vida útil de muchas de las centrales eléctricas de carbón que existen en el país. Actualmente, los centros de datos consumen alrededor del 5% de la electricidad de Estados Unidos, y se prevé que esta cifra aumente hasta casi el 10% para 2030.[37] Es imposible exagerar el peligro que esta tendencia representa para la lucha contra el calentamiento global. Los centros de datos de hiperescala también son grandes consumidores de agua. Un centro de datos de gran tamaño puede consumir hasta 5 millones de galones de agua potable al día, aproximadamente lo mismo que utiliza diariamente una localidad de 50.000 habitantes.[38]
Estas preocupaciones han llevado a muchas organizaciones ambientalistas a unirse a grupos comunitarios para oponerse a la construcción de nuevos centros de datos. Sus esfuerzos han producido importantes victorias en ciudades y estados de todo el país, incluyendo moratorias a la construcción de nuevos centros de datos.[39]
La alianza entre los multimillonarios tecnológicos y Trump se basa en algo más que un interés compartido en el desarrollo de la IA. También se sustenta en una desconfianza compartida hacia las prácticas democráticas y en la oposición a las leyes, regulaciones y agencias gubernamentales capaces de poner límites a la explotación de los grandes capitalistas. Y esto también está generando resistencia: la indignación ante las acciones de ICE, especialmente por los asesinatos ocurridos en Minneapolis en enero de 2026, ha llevado a muchos trabajadores del sector tecnológico a exigir que sus empresas cancelen sus contratos con la agencia y pongan fin a su apoyo más amplio a las políticas de la administración Trump.[40]
De manera más general, está creciendo el resentimiento, cuando no el odio abierto, hacia los multimillonarios. Musk se ha convertido en un blanco particular de las burlas debido a la forma en que utilizó su liderazgo del Departamento de Eficiencia Gubernamental para desmantelar programas sociales. Las acciones de “Tesla Takedown” se han convertido en eventos populares.
Las manifestaciones en muchas partes del país ahora apuntan directamente contra los multimillonarios, y es común escuchar consignas como “Las personas antes que los multimillonarios”. Las manifestaciones de No Kings en octubre de 2025 y marzo de 2026 reunieron, cada una, a millones de personas. En algunas ciudades, la gente ha ido más allá de simplemente expresar su descontento y ha elegido a personas que se declaran socialistas para ocupar cargos con una influencia política limitada, pero real, como alcaldías y concejalías municipales.
En resumen, los multimillonarios tecnológicos no han logrado alcanzar la dominación que desean. La gente continúa demostrando tanto capacidad como determinación para resistir. Pero la resistencia por sí sola no será suficiente; un enfrentamiento que permita que el capitalismo siga moldeando nuestras decisiones solo garantizará un deterioro constante de nuestras condiciones de vida y de trabajo.
Superar ese enfrentamiento no es una tarea sencilla. Una de las razones es el anzuelo siempre presente de un esfuerzo electoral contra Trump encabezado por el Partido Demócrata. Desafortunadamente, los líderes del Partido Demócrata ya han dejado claro que esperan reconstruir sus vínculos con los oligarcas tecnológicos. En diciembre de 2025, el líder de la minoría de la Cámara de Representantes, Hakeem Jeffries, anunció la creación de la Comisión Demócrata de la Cámara de Representantes sobre IA y la Economía de la Innovación. Los cinco miembros designados mantienen relaciones estrechas y de apoyo con la comunidad tecnológica y de IA.[41]
Ayudar a quienes participan en la resistencia a evitar esta trampa no será fácil, pero está lejos de ser imposible. Entre las principales tareas debe estar el desarrollo de una estrategia de organización que permita incorporar más directamente al movimiento obrero en la lucha, fortalecer los vínculos entre las diversas organizaciones y movimientos laborales y comunitarios que ya están en marcha y, quizás lo más importante, ayudar a los participantes a comprender que detrás de las amenazas a nuestro bienestar provenientes de los sistemas de IA y de la alianza entre los multimillonarios tecnológicos y Trump se encuentra una economía política capitalista destructiva, que debe ser nuestro principal objetivo de transformación.
Notas
- Mike Allen, «Behind the Curtain: Trump Bets Party, Presidency on AI», Axios, 8 de diciembre de 2025.
- Véase Timnit Gebru y Émile P. Torres, «The TESCREAL Bundle: Eugenics and the Promise of Utopia Through Artificial General Intelligence», First Monday 29, núm. 4 (abril de 2024).
- Benjamin Riley, «Cutting-Edge Research Shows Language Is Not the Same as Intelligence», The Verge, 25 de noviembre de 2025.
- Alex Morris, «What Is Up with These Tech Billionaires? This Astrophysicist Has Answers», Rolling Stone, 14 de julio de 2025.
- Jeannine Mancini, «Jeff Bezos Says He Doesn’t Understand Why Anybody Alive Now Would Be “Discouraged”», Yahoo Tech, 24 de octubre de 2025.
- Matthew Purdy, «The Techno-Futuristic Philosophy Behind Elon Musk’s Mania», New York Times, 31 de mayo de 2025.
- Marc Andreessen, «The Techno-Optimist Manifesto», Andreessen Horowitz, 16 de octubre de 2023, a16z.com.
- Margaux MacColl, «Palmer Luckey: Every Country Needs a “Warrior Class” Excited to Enact “Violence on Others in Pursuit of Good Aims”», TechCrunch, 1 de octubre de 2024.
- Johana Bhuiyan, Dara Kerr y Nick Robins-Early, «Inside Tech Billionaire Peter Thiel’s Off-the-Record Lectures About the Antichrist», The Guardian, 10 de octubre de 2025.
- Para una excelente revisión de estos argumentos, véase Adam Becker, More Everything Forever: AI Overlords, Space Empires, and Silicon Valley’s Crusade to Control the Fate of Humanity (Nueva York: Basic Books, 2025).
- Martin Hart-Landsberg, «Exposing the Big Con: The False Promise of Artificial Intelligence», Reports from the Economic Front (blog), 21 de febrero de 2025, economicfront.wordpress.com.
- Cory Doctorow, «The Real AI Fight», Cory Doctorow (blog), 27 de noviembre de 2023, doctorow.medium.com.
- Sacks dejó el cargo en marzo de 2026, después de haber permanecido en él durante el tiempo máximo permitido como empleado especial del gobierno. Sin embargo, su influencia continúa: fue nombrado copresidente del recién creado Consejo Presidencial de Asesores en Ciencia y Tecnología.
- Francesca Bria, «Takeover by Big Tech», Le Monde diplomatique, noviembre de 2025.
- Aaron Mehta y Ashley Roque, «Pentagon Seeks to Shift $50B In Planned Funding to New Priorities In FY26», Breaking Defense, 19 de febrero de 2025, breakingdefense.com.
- Matt Day y Annie Bang, «Big Tech to Spend $650 Billion This Year as AI Race Intensifies», Bloomberg News, 5 de febrero de 2026.
- Edward Zitron, «The AI Bubble Is a Time Bomb», Where’s Your Ed At? (blog), 23 de enero de 2026, wheresyoured.at.
- Martin Hart-Landsberg, «It’s Time to Confront Big Tech’s AI Offensive», Reports from the Economic Front (blog), 4 de agosto de 2025.
- Martin Hart-Landsberg, «No, You Aren’t Hallucinating, the Corporate Plan for AI Is Dangerous», Reports from the Economic Front (blog), 21 de junio de 2025.
- Imran Rahman-Jones, «AI Chatbots Unable to Accurately Summarize News, BBC Finds», BBC News, 11 de febrero de 2025.
- Cade Metz y Karen Weise, «AI Is Getting More Powerful, But Its Hallucinations Are Getting Worse», New York Times, 5 de mayo de 2025.
- Gyana Swain, «OpenAI Admits AI Hallucinations Are Mathematically Inevitable, Not Just Engineering Flaws», ComputerWorld, 18 de septiembre de 2025.
- Aditya Challapally et al., «The GenAI Divide, State of AI In Business 2025», MIT NANDA, julio de 2025.
- Lindsey Wilkinson, «AI Project Failure Rates Are On the Rise: Report», CIO Dive, 14 de marzo de 2025.
- Ivan Yotzov et al., «Firm Data On AI», NBER Working Paper núm. 34836, National Bureau of Economic Research, Washington D. C., febrero de 2026.
- Fenwick McKelvey, «Generative AI Might End Up Being Worthless—and That Could Be a Good Thing», The Conversation, 28 de septiembre de 2025.
- Martin Hart-Landsberg, «AI and the Economy: A Losing Bet for Working People», Reports from the Economic Front (blog), 16 de febrero de 2026.
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