Ecocidio capitalista

Los incendios en Estados Unidos comienzan a «crear su propio clima»

El fuego comienza a modificar el clima de la zona, haciéndose más impredecible y más difícil de controlar. Una muestra de las fuerzas naturales que el capitalismo ecocida ha desatado sobre el planeta, y que cada vez serán más difíciles de frenar. 



En los últimos días, los incendios forestales que azotan el Oeste de Estados Unidos han avanzado a lo que se conoce como «comportamientos de incendio extremo». Esto implica que el fuego comienza a modificar el clima de la zona, haciéndose más impredecible y más difícil de controlar. Una muestra de las fuerzas naturales que el capitalismo ecocida ha desatado sobre el planeta, y que cada vez serán más difíciles de frenar.

Durante las últimas semanas, un reguero de desastres naturales ha recorrido el planeta. Inundaciones en Alemania, con decenas de muertos y más de mil desaparecidos. Inundaciones también en China, con al menos 23 muertos y 200.000 evacuados. En el Oeste de Estados Unidos, especialmente en los Estados de California y Oregón, una larga sequía y una ola de calor histórica se aunaron para dar paso a inmensos incendios forestales.

Rumbo a una catástrofe

En palabras de los expertos, la situación no podría ser más crítica. «No creo que podamos estar peor», señaló en las últimas horas un especialista al New York Times. Los incendios han arrasado con más de miles de kilómetros cuadrados de bosques y pastizales, al tiempo que empiezan a mostrar lo que se conoce como «comportamientos de incendio extremo». Este fenómeno remite a la capacidad de los incendios de modificar el curso de las corrientes de aire, la nubosidad, las precipitaciones y el clima de la región como un todo, lo que ha dificultado las tareas de los miles de bomberos que se desplegaron en la zona.

Sucede que las condiciones en que se desarrollan los incendios articulan todos los factores necesarios para un desastre. La larga sequía que aqueja al Oeste de EEUU desde hace meses y la ola de calor que generó temperaturas récord en casi todo el territorio yanqui proveen al fuego de una cantidad de combustible inmensa y de una calidad preocupantemente alta.

El principal factor para determinar el curso de un incendio (además de las lluvias y vientos) es la cantidad de calor que el mismo genera. Cuanto más secos estén las maderas y pastos que el mismo devora, se generará más calor y más rápidamente. Tras una sequía de meses, la vegetación de los bosques nativos está, a comienzos del verano, tan seca como lo estaría a fines de la estación en un año normal.

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El foco de incendio que más preocupa es el que se ha denominado como «Bootleg», ubicado en el Sur de Oregón. Este incendio, por sí solo, ha consumido 850 kilómetros cuadrados de vegetación. Pero lo más peligroso no es la extensión del incendio sino que ha comenzado a modificar el clima de la zona. «Normalmente, el clima predice lo que hará el fuego. En este caso, el fuego está prediciendo lo que el clima hará», señaló Marcus Kauffman, funcionario del departamento de ciencias forestales de Oregón.

Las enormes temperaturas alcanzadas por el fuego del Bootleg han generado cambios rápidos e impredecibles en los vientos, al desplazar masas de aire caliente (hasta horas antes inexistentes) hacia arriba. Este fenómeno contribuye a desplazar las llamas a lo largo del terreno, quemando bloques enteros de árboles al mismo tiempo y haciendo volar brasas a largas distancias, generando nuevos focos de incendio.

Además de confundir y frustrar el trabajo de los bomberos, este tipo de incendios hace que el viento gire en torno al fuego, llegando a formar nubes o incluso tornados o remolinos de fuego, humo y viento caliente que se desplaza a velocidades de huracán.

En 2018, un incendio de este tipo en la localidad de Redding, California, consumió 1.600 construcciones urbanas y mató a por lo menos 8 personas, generando una especie de tornado de fuego con vientos que, se estima, llegaron a los 225 kilómetros por hora.

El rebote de la depredación capitalista

Las condiciones extremas del incendio Bootleg han incrementado la velocidad de extensión del fuego, que se multiplicó en pocos días. Al mismo tiempo, logró sobrepasar los límites trazados con químicos anti – ignífugos por los 2200 bomberos que permanecen en la zona, al tiempo que los obliga constantemente a retroceder a terreno más seguro. Hasta el momento, por lo menos 75 hogares y construcciones fueron arrasadas por el fuego.

Casi todos los días, el fuego ha generado corrientes ascendentes de aire caliente, que transportan humo y humedad y son conocidas como «piro-cúmulos». Estas cuasi nubosidades pueden ascender hasta 10.000 o, en casos extremos, 15.000 metros de altura. Estos casos extremos (conocidos particularmente como «piro-cúmulo-nimbos») son similares a una cabeza de tornado. Como los tornados, estos cúmulos ignífugos generan relámpagos capaces de generar nuevos incendios o incluso precipitaciones.

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Es que, al ascender indefinidamente, estas masas de aire caliente deben en algún momento enfriarse y volver a bajar. Pero, incluso si lo hacen en forma de precipitaciones, el descenso no es pacífico: se trata de violentas corrientes descendentes que pueden esparcir el fuego existente.

Los reportes de este tipo de fenómenos son generalmente poco precisos, tanto por la enormidad del terreno como por su corta duración. Pero las proporciones y características del incendio Bootleg hacen que puedan suceder en cualquier momento. Lo que es seguro es que el fuego ha comenzado a modificar el clima de la región y, en la medida que este proceso avance, será cada vez más difícil que pueda ser controlado.

Los especialistas apuntan a la llegada de precipitaciones para contener el fuego, pero en el contexto de sequía que se está viendo eso sucederá por al menos una semana más. Eventualmente, el fuego en la costa Oeste deberá parar. Pero el tiempo que pase antes de que eso suceda puede convertir los incendios en una catástrofe ecológica (o, mejor dicho, una aún mayor a la que ya está sucediendo).

El cambio climático fruto del modelo capitalista de depredación de la naturaleza ha desatado fuerzas que los gobiernos capitalista no aciertan a controlar. Gobiernos como el de Biden, que discursivamente se para en los acuerdos diplomáticos de control del cambio climático, no avanzan ni un centímetro en la toma de medidas efectivas para revertir el daño hecho por el capitalismo al planeta. Los incendios de Estados Unidos, al igual que las inundaciones en China y Alemania, son cuantiosos testimonios de la necesidad de erradicar de raíz el modo de producción capitalista y su dinámica ecocida.

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