Hombres de una república libre, acabamos de romper la última cadena que en pleno siglo XX nos ataba a la antigua dominación monárquica y monástica. Hemos resulto llamar a todas las cosas por el nombre que tienen. Córdoba se redime. Desde hoy contamos para el país una vergüenza menos y una libertad más. Los dolores que nos quedan son las libertades que nos faltan. Creemos no equivocarnos, las resonancias del corazón nos lo advierten: estamos pisando sobre una revolución, estamos viviendo una hora americana.
El Manifiesto Liminar, 1918
A 108 años de la Reforma Universitaria, nos embarcamos en la tarea de contribuir desde nuestro lugar a la caracterización de uno de los eventos que marcaron el primer tramo del siglo XX en Argentina y el continente americano. El impacto que tuvo la reforma contribuyó fuertemente a la radicalización por izquierda de un sector importante del movimiento estudiantil llevando a la conformación de organismos propios de lucha como la FUC (Federación Universitaria de Córdoba), la FUA (Federación Universitaria Argentina); al mismo tiempo, los ecos de la Reforma Universitaria se extendieron por todo Latinoamérica principalmente Perú, Chile y Cuba.
El alcance de la Reforma fue continental e histórico. Fue probablemente el gran evento inaugural del movimiento estudiantil del continente. No solamente tuvo impacto en la noción misma de la enseñanza universitaria en Argentina y toda América Latina, también se convirtió en una inspiración política para figuras como José Carlos Mariátegui y Juli Antonio Mella.
A principios del siglo XX, Argentina emprendía una serie de cambios en el plano económico y político. La aprobación de la ley Sáenz Peña, que implementa el voto masculino obligatorio y secreto a los mayores de 18 años, fue una suerte de apertura para que capas medias y bajas de la sociedad Argentina puedan acceder a la vida política aunque más no sea electoralmente. A pesar de los nuevos aires de época, en la provincia de Córdoba predominará un orden mayormente conservador con fuerte arraigo de la Iglesia en todo ámbito público.
La pequeña Universidad de Córdoba había sido creada por los jesuitas a principios del siglo XVI, la Iglesia tenía total dominio sobre sus organismos de gobierno y sobre la currícula. Los planes de estudios a ojos de la nueva generación de estudiantes era anticientífica, oscurantista. Y razón no les faltaba. Nada tenía que ver con el mundo en que vivían, el del ascenso bolchevique en Rusia, el de las revueltas obreras y populares en todo el mundo. Es en este contexto que empieza la lucha por la reforma universitaria en Córdoba.
La chispa que enciende la rebelión fue la aprobación de un nuevo reglamento para el internado del Hospital de Clínicas por parte de las autoridades universitarias. Los internos rápidamente salieron a luchar y declararon la huelga. Por su parte, la respuesta del clero dominante fue la suspensión por dos años de los huelguistas y el aumento de la carga horaria de los estudiantes de Ingeniería. La bronca acumulada para ese entonces ya alcanzaba el punto de ebullición. Pero en vez de enfriar los ánimos, los curas intentaron seguir avanzando, al regreso de las vacaciones de verano, “el 7 de marzo el Consejo Superior toma otra medida antipática con la modificación del sistema de calificaciones”[1].
El 14 del mismo mes estalla la bronca y se organiza la huelga general. Los estudiantes marchan a modo de protesta contra el avasallamiento de las condiciones de cursada pero también contra el régimen opresivo y elitista de la Universidad. En ella confluyen los estudiantes de derecho, medicina e ingeniería, dando lugar al Comité Pro Reforma que sería el predecesor para la conformación de la Federación Universitaria de Córdoba (FUC).
“Las marchas desbordaron las calles de la ciudad. Los alumnos se reunían en las plazas y se envolvían en banderas a los que daban discursos. La banda tocaba la Marsellesa y la gente entonaba la canción en un clima con aires de revolución”[2].
A pesar de la huelga estudiantil, el rectorado llamó al inicio de clases el primero de abril. La bronca era tal que no asistió ni un alumno. Para ese entonces, el Comité empezaba a delinear sus reivindicaciones, pasando así de una lucha defensiva a una ofensiva. A las reformas reaccionarias del clero los huelguistas le contrapusieron sus propias propuestas de reformas: Autonomía Universitaria (es decir, que la institución pueda elegir sus propias autoridades y orientación académica), autarquía financiera, el gobierno igualitario entre docentes, graduados y estudiantes, libertad de cátedra, gratuidad y acceso masivo.
En este marco de rebelión estudiantil, los sectores reformistas a través de la FUA, se dan cita con el gobierno de Irigoyen, el cual designa como interventor a Matienzo, con las directivas de reformar el estatuto para incorporar a los docentes al gobierno de la universidad, y llamar a nuevas elecciones.
Así, el 15 de junio se realizaron las elecciones, el Comité se convierte en la FUC (la Federación Universitaria de Córdoba), organismo desde el cual los estudiantes militaron las elecciones a favor del candidato liberal Enrique Martínez Paz, generando expectativas en los estudiantes, pues a éste se le oponían los candidatos conservadores y clericales Alejandro Centeno por un lado y Antonio Lores por el otro.
Los comicios se realizaron en este clima convulsionado, los estudiantes oficiaban de fiscales en las calles mientras del otro las fuerzas represivas estaban listas para reprimir ante cualquier desmadre. Luego de varias maniobras la elección terminó llevando al rectorado a candidato clerical y conservador Nores, las expectativas de se convierten rápidamente en bronca. Ese día pasó a la historia como la fecha simbólica de la reforma universitaria: fue entonces que los estudiantes irrumpieron en el salón del Rectorado, echando a los docentes a los empujones e impidiendo que se consumara la elección de la asamblea universitaria. En ese momento irrumpen también las fuerzas de seguridad dispuestas a reprimir a los manifestantes. En esa jornada proclamaron a un estudiante como Rector.
Días después de este estallido, Deodoro Roca y otros reformistas redactaran el Manifiesto Liminar, que será la proclama de los estudiantes de Córdoba “a los hombres libres de América del Sur”, delineando así las bases ideológicas (aunque ambiguas) para el movimiento estudiantil identificado con la Reforma.
Todo esto sería poco más que una vieja anécdota si la Reforma no estuviera cargada de legados políticos para las nuevas generaciones estudiantiles, militantes y luchadoras.
Horacio Tarcus sostiene que “un intenso proceso de efervescencia social, política y cultural se inicia con los ecos locales de la revolución rusa, el estallido y expansión de la Reforma Universitaria (1918) y las grandes huelgas obreras de los años 1918-1919”[3]. Es evidente que la lucha de clases en Argentina estaba en un momento álgido, marcada por rebeliones obreras como la “Semana Trágica” y “la Patagonia Rebelde”, hitos históricos de la clase obrera del siglo XX.
Sin embargo, se trata de peleas que coinciden en el tiempo cronológico pero no necesariamente en los tiempos históricos. La radicalización obrera tenía fuertes rasgos ideológicos anticapitalistas, socialistas y anarquistas, con una creciente influencia del naciente comunismo identificado con la Revolución Rusa. Los reformistas del ’18 se enfrentaban, como dijera literalmente el Manifiesto Liminar, “a la antigua dominación monárquica y monástica” o sus últimos resabios. En efecto, tenían en frente a un régimen heredado de la colonia. Incluso la educación primaria había ya pasado los umbrales del régimen democrático-burgués con la ley 1420, las universidades habían quedado detrás. Sin embargo, las cosas son particularmente complejas: la reivindicación de “autonomía universitaria” y “libertad de cátedra” son aún hoy de avanzada, pues tienden a sacar las manos del Estado capitalista de los contenidos de la educación superior. Es esto, en los días de hoy, algo permanentemente en disputa, pero su formulación original cuenta ya con cien años.
No obstante, es verdad que la juventud nacida con la Reforma seguiría su camino político más allá de ella. Natalia Bustelo y Lucas Domínguez Rubio[4] van a hablar de una radicalización de la juventud en el periodo post reforma alrededor de un boom de publicaciones y folletos que dejan entrever esta efervescencia. Ya que las nuevas publicaciones no se dedicaran solamente a cuestiones académicas sino que van a trascender los muros de la universidad para empezar a escribir y pensar un proyecto de sociedad.
Manifiesto Liminar
La juventud argentina de Córdoba a los hombres libres de Sud América
Manifiesto de la Federación Universitaria de Córdoba – 1918
Hombres de una república libre, acabamos de romper la última cadena que en pleno siglo XX nos ataba a la antigua dominación monárquica y monástica. Hemos resulto llamar a todas las cosas por el nombre que tienen. Córdoba se redime. Desde hoy contamos para el país una vergüenza menos y una libertad más. Los dolores que nos quedan son las libertades que nos faltan. Creemos no equivocarnos, las resonancias del corazón nos lo advierten: estamos pisando sobre una revolución, estamos viviendo una hora americana.
La rebeldía estalla ahora en Córdoba y es violenta, porque aquí los tiranos se habían ensoberbecido y porque era necesario borrar para siempre el recuerdo de los contra-revolucionarios de Mayo. Las universidades han sido hasta aquí el refugio secular de los mediocres, la renta de los ignorantes, la hospitalización segura de los inválidos y -lo que es peor aún- el lugar en donde todas las formas de tiranizar y de insensibilizar hallaron la cátedra que las dictara. Las universidades han llegado a ser así el fiel reflejo de estas sociedades decadentes que se empeñan en ofrecer el triste espectáculo de una inmovilidad senil. Por eso es que la Ciencia, frente a estas casas mudas y cerradas, pasa silenciosa o entra mutilada y grotesca al servicio burocrático. Cuando en un rapto fugaz abre sus puertas a los altos espíritus es para arrepentirse luego y hacerles imposible la vida en su recinto. Por eso es que, dentro de semejante régimen, las fuerzas naturales llevan a mediocrizar la enseñanza, y el ensanchamiento vital de los organismos universitarios no es el fruto del desarrollo orgánico, sino el aliento de la periodicidad revolucionaria.
Nuestro régimen universitario -aún el más reciente- es anacrónico. Está fundado sobre una especie del derecho divino: el derecho divino del profesorado universitario. Se crea a sí mismo. En él nace y en él muere. Mantiene un alejamiento olímpico. La Federación Universitaria de Córdoba se alza para luchar contra este régimen y entiende que en ello le va la vida. Reclama un gobierno estrictamente democrático y sostiene que el demos universitario, la soberanía, el derecho a darse el gobierno propio radica principalmente en los estudiantes. El concepto de Autoridad que corresponde y acompaña a un director o a un maestro en un hogar de estudiantes universitarios, no solo puede apoyarse en la fuerza de disciplinas extrañas a la substancia misma de los estudios. La autoridad en un hogar de estudiantes, no se ejercita mandando, sino sugiriendo y amando: Enseñando. Si no existe una vinculación espiritual entre el que enseña y el que aprende, toda enseñanza es hostil y de consiguiente infecunda. Toda la educación es una larga obra de amor a los que aprenden. Fundar la garantía de una paz fecunda en el artículo conminatorio de un reglamento o de un estatuto es, en todo caso, amparar un régimen cuartelario, pero no a una labor de Ciencia. Mantener la actual relación de gobernantes a gobernados es agitar el fermento de futuros trastornos. Las almas de los jóvenes deben ser movidas por fuerzas espirituales. Los gastados resortes de la autoridad que emana de la fuerza no se avienen con lo que reclama el sentimiento y el concepto moderno de las universidades. El chasquido del látigo sólo puede rubricar el silencio de los inconscientes o de los cobardes. La única actitud silenciosa, que cabe en un instituto de Ciencia es la del que escucha una verdad o la del que experimenta para crearla o comprobarla.
Por eso queremos arrancar de raíz en el organismo universitario el arcaico y bárbaro concepto de Autoridad que en estas Casas es un baluarte de absurda tiranía y sólo sirve para proteger criminalmente la falsa-dignidad y la falsa-competencia.
Ahora advertimos que la reciente reforma, sinceramente liberal, aportada a la Universidad de Córdoba por el Dr. José Nicolás Matienzo, sólo ha venido a probar que el mal era más afligente de los que imaginábamos y que los antiguos privilegios disimulaban un estado de avanzada descomposición. La reforma Matienzo no ha inaugurado una democracia universitaria; ha sancionado el predominio de una casta de profesores. Los intereses creados en torno de los mediocres han encontrado en ella un inesperado apoyo. Se nos acusa ahora de insurrectos en nombre de una orden que no discutimos, pero que nada tiene que hacer con nosotros. Si ello es así, si en nombre del orden se nos quiere seguir burlando y embruteciendo, proclamamos bien alto el derecho sagrado a la insurrección. Entonces la única puerta que nos queda abierta a la esperanza es el destino heroico de la juventud. El sacrificio es nuestro mejor estímulo; la redención espiritual de las juventudes americanas nuestra única recompensa, pues sabemos que nuestras verdades lo son -y dolorosas- de todo el continente. Que en nuestro país una ley -se dice- la de Avellaneda, se opone a nuestros anhelos. Pues a reformar la ley, que nuestra salud moral los está exigiendo.
La juventud vive siempre en trance de heroísmo. Es desinteresada, es pura. No ha tenido tiempo aún de contaminarse. No se equivoca nunca en la elección de sus propios maestros. Ante los jóvenes no se hace mérito adulando o comprando. Hay que dejar que ellos mismos elijan sus maestros y directores, seguros de que el acierto ha de coronar sus determinaciones. En adelante solo podrán ser maestros en la futura república universitaria los verdaderos constructores de alma, los creadores de verdad, de belleza y de bien.
La juventud universitaria de Córdoba cree que ha llegado la hora de plantear este grave problema a la consideración del país y de sus hombres representativos.
Los sucesos acaecidos recientemente en la Universidad de Córdoba, con motivo de elección rectoral, aclara singularmente nuestra razón en la manera de apreciar el conflicto universitario. La Federación Universitaria de Córdoba cree que debe hacer conocer al país y América las circunstancia de orden moral y jurídico que invalidan el acto electoral verificado el 15 de junio. El confesar los ideales y principios que mueven a la juventud en esta hora única de su vida, quiere referir las aspectos locales del conflicto y levantar bien alta la llama que está quemando el viejo reducto de la opresión clerical. En la Universidad Nacional de Córdoba y en esta ciudad no se han presenciado desordenes; se ha contemplado y se contempla el nacimiento de una verdadera revolución que ha de agrupar bien pronto bajo su bandera a todos los hombres libres del continente. Referiremos los sucesos para que se vea cuanta vergüenza nos sacó a la cara la cobardía y la perfidia de los reaccionarios. Los actos de violencia, de los cuales nos responsabilizamos íntegramente, se cumplían como en el ejercicio de puras ideas. Volteamos lo que representaba un alzamiento anacrónico y lo hicimos para poder levantar siquiera el corazón sobre esas ruinas. Aquellos representan también la medida de nuestra indignación en presencia de la miseria moral, de la simulación y del engaño artero que pretendía filtrarse con las apariencias de la legalidad. El sentido moral estaba oscurecido en las clases dirigentes por un fariseísmo tradicional y por una pavorosa indigencia de ideales.
El espectáculo que ofrecía la Asamblea Universitaria era repugnante. Grupos de amorales deseosos de captarse la buena voluntad del futuro rector exploraban los contornos en el primer escrutinio, par inclinarse luego al bando que parecía asegurar el triunfo, sin recordar la adhesión públicamente empeñada, en el compromiso de honor contraído por los intereses de la Universidad. Otros -los más- en nombre del sentimiento religioso y bajo la advocación de la Compañía de Jesús, exhortaban a la traición y al pronunciamiento subalterno. (¡Curiosa religión que enseña a menospreciar el honor y deprimir la personalidad! ¡Religión para vencidos o para esclavos!). Se había obtenido una reforma liberal mediante el sacrificio heroico de una juventud. Se creía haber conquistado una garantía y de la garantía se apoderaban los únicos enemigos de la reforma. En la sombra los jesuitas habían preparado el triunfo de una profunda inmoralidad. Consentirla habría comportado otra traición. A la burla respondimos con la revolución. La mayoría expresaba la suma de represión, de la ignorancia y del vicio. Entonces dimos la única lección que cumplía y espantamos para siempre la amenaza del dominio clerical.
La sanción moral es nuestra. El derecho también. Aquellos pudieron obtener la sanción jurídica, empotrarse en la Ley. No se lo permitimos. Antes de que la iniquidad fuera un acto jurídico, irrevocable y completo, nos apoderamos del Salón de Actos y arrojamos a la canalla, solo entonces amedrentada, a la vera de los claustros. Que es cierto, lo patentiza el hecho de haber, a continuación, sesionada en el propio Salón de Actos de la Federación Universitaria y de haber firmado mil estudiantes sobre el mismo pupitre rectoral, la declaración de la huelga indefinida.
En efecto, los estatutos reformados disponen que la elección de rector terminará en una sola sesión, proclamándose inmediatamente el resultado, previa lectura de cada una de las boletas y aprobación del acta respectiva. Afirmamos sin temor de ser rectificados, que las boletas no fueron leídas, que el acta no fue aprobada, que el rector no fue proclamado, y que, por consiguiente, para la ley, aún no existe rector de esta universidad.
La juventud Universitaria de Córdoba afirma que jamás hizo cuestión de nombres ni de empleos. Se levantó contra un régimen administrativo, contra un método docente, contra un concepto de autoridad. Las funciones públicas se ejercitaban en beneficio de determinadas camarillas. No se reformaban ni planes ni reglamentos por temor de que alguien en los cambios pudiera perder su empleo. La consigna de «hoy par ti, mañana para mí», corría de boca en boca y asumía la preeminencia de estatuto universitario. Los métodos docentes estaban viciados de un estrecho dogmatismo, contribuyendo a mantener a la Universidad apartada de la Ciencia y de las disciplinas modernas. Las lecciones, encerradas en la repetición interminable de viejos textos, amparaban el espíritu de rutina y de sumisión. Los cuerpos universitarios, celosos guardianes de los dogmas, trataban de mantener en clausura a la juventud, creyendo que la conspiración del silencio puede ser ejercitada en contra de la Ciencia. Fue entonces cuando la oscura Universidad Mediterránea cerró sus puertas a Ferri, a Ferrero, a Palacios y a otros, ante el temor de que fuera perturbada su plácida ignorancia. Hicimos entonces una santa revolución y el régimen cayó a nuestros golpes.
Creímos honradamente que nuestro esfuerzo había creado algo nuevo, que por lo menos la elevación de nuestros ideales merecía algún respeto. Asombrados, contemplamos entonces cómo se coaligaban para arrebatar nuestra conquista los más crudos reaccionarios.
No podemos dejar librada nuestra suerte a la tiranía de una secta religiosa, no al juego de intereses egoístas. A ellos se nos quiere sacrificar. El que se titula rector de la Universidad de San Carlos ha dicho su primera palabra: «prefiero antes de renunciar que quede el tendal de cadáveres de los estudiantes». Palabras llenas de piedad y amor, de respeto reverencioso a la disciplina; palabras dignas del jefe de una casa de altos estudios. No invoca ideales ni propósitos de acción cultural. Se siente custodiado por la fuerza y se alza soberbio y amenazador. ¡Armoniosa lección que acaba de dar a la juventud el primer ciudadano de una democracia Universitaria!. Recojamos la lección, compañero de toda América; acaso tenga el sentido de un presagio glorioso, la virtud de un llamamiento a la lucha suprema por la libertad; ella nos muestra el verdadero carácter de la autoridad universitaria, tiránica y obcecada, que ve en cada petición un agravio y en cada pensamiento una semilla de rebelión.
La juventud ya no pide. Exige que se le reconozca el derecho a exteriorizar ese pensamiento propio de los cuerpos universitarios por medio de sus representantes. Está cansada de soportar a los tiranos. Si ha sido capaz de realizar una revolución en las conciencias, no puede desconocérsele la capacidad de intervenir en el gobierno de su propia casa.
La juventud universitaria de Córdoba, por intermedio de su Federación, saluda a los compañeros de la América toda y les incita a colaborar en la obra de libertad que inicia.
21 de junio de 1918
Enrique F. Barros, Horacio Valdés, Ismael C. Bordabehere, presidente. Gurmensindo Sayago, Alfredo Castellanos, Luis M. Méndez, Jorge L. Bazante, Ceferino Garzón Maceda, Julio Molina, Carlos Suárez Pinto, Emilio R. Biagosch, Angel J. Nigro, Natalio J. Saibene, Antonio Medina Allende, Ernesto Garzón.
[1] https://www.lanacion.com.ar/2114885-asi-se-gesto-hace-100-anos-el-estallido-cordobes-que-inspiro-al-mundo-con-la-reforma-universitaria
[2] https://www.lanacion.com.ar/2114885-asi-se-gesto-hace-100-anos-el-estallido-cordobes-que-inspiro-al-mundo-con-la-reforma-universitaria
[3] Tarcus, Horacio (2004). Revistas, intelectuales y formaciones culturales izquierdistas en la Argentina de los veinte, Revista Iberoamericana nº 208-209: 749-772
[4] Bustelo Natalia y Domínguez Rubio, Lucas (2017) Radicalizar la Reforma universitaria. La fracción revolucionaria del movimiento estudiantil argentino, 1918-1922, Anuario Colombiano de Historia Social y de la Cultura, 44.2: 31-62.




