Apuntes breves sobre Los Ángeles

Los Ángeles: una megalópolis monumental

“El informe da claramente a entender que, a causa de la declinación de los (…) anglosajones [blancos] –o sea, en ausencia de un grupo cultural dominante en una metrópolis cada vez más poliétnica y policéntrica– un «sistema dominante» es más esencial que nunca. Aunque advirtiendo explícitamente sobre un «escenario Blade Runner» –la fusión de culturas distintas en un poliglotismo demoníaco y cargado de hostilidades no resueltas– el informe opta por la utopía de la «Ciudad de Cruzamientos»: una extraodinaria ciudad de ciudades, una congregación de comunidades habitables” (Cidade de Quartzo, Mike Davis, Boitempo, San Pablo, 2025, 115/6)[1]

Habiendo pasado una semana en Los Ángeles participando del II Congreso Mundial de Gig Workers, me llevé una serie de impresiones sobre la coyuntura en los EEUU, la ciudad como tal, y, evidentemente también, algunas impresiones sobre el mundo del trabajo (sobre todo en lo que tiene que ver con las y los trabajadores por aplicación), que volcaré en esta nota.[2]

A estas impresiones hay que tomarlas como tales en la medida en que solo estuve una semana en Los Ángeles. Hace 25 años que no retornaba a los EEUU que por lo demás, primera definición, son un mundo complejo y abigarrado del cual es imposible dar cuenta con una estadía en una de sus cuidades por el corto tiempo de una semana y, menos que menos, sin haber recorrido otros centros urbanos de este inmenso país como Nueva York, Chicago, San Francisco, Washington DC, Seattle, Miami, etc.[3]

1- La coyuntura

Comencemos por algunas pinceladas de la coyuntura en los EEUU trumpistas. Se aprecian con claridad algunas de las definiciones que venimos manejando desde nuestra corriente –de manera algo abusiva, es cierto– respecto de la coyuntura internacional y la de la Argentina.

Señalábamos en otros lugares que el estancamiento de Trump en Irán y su caída de popularidad en los Estados Unidos, sumado a algunos acontecimientos que golpearon la experiencia de la extrema derecha internacional últimamente, como la derrota de Orban en Hungría, así como las dificultades de Milei en la Argentina o las de Flavio Bolsonaro en Brasil (involucrado en un vasto escándalo de corrupción), muestran, en cierto modo, la apertura de una suerte de interregno de esta experiencia extremo-derechista que puede tanto golpearla como sacarla adelante.

Es decir, daría la impresión de que la extrema derecha pasa por una coyuntura donde está puesta a prueba y cuyo desenlace es imposible prever en estos momentos, aunque, claro está, sus raíces político-sociales y económicas son profundas, razón por la cual llegó para quedarse como tendencia política internacional, independientemente de una coyuntura u otra, de una elección u otra.

Junto con lo anterior, también señalábamos en notas e informes anteriores que Trump, Milei, etc., estaban dando respuesta a esta coyuntura adversa buscando las formas de reafirmarse (hay varios ejemplos de esto que no vamos a volcar aca en porque no es el eje de esta nota).

Así las cosas, la coyuntura del “mundo occidental” se encuentra, en cierto modo, en algún punto variable entre este interregno que creemos se ha abierto y una reafirmación reaccionaria que captura algunas tendencias profundas de la coyuntura y la etapa mundial que estamos recorriendo, pero que, a pesar de la contención que en todo el mundo ejerce el centro político “progresista” neoliberal más clásico, ha dejado abiertos los desarrollos.

“Los precios de la nafta crecieron muy rápido y bajan muy despacio” es el titular de una nota de The New York Times, expresando una de las principales preocupaciones de la población en los Estados Unidos hoy, agregando que estado por estado los precios son muy distintos: “El precio de la gasolina ha subido alrededor del 50% en los Estados Unidos desde que comenzó la guerra en Irán, pero el porcentaje promedio enmascara las diferencias de precios a través del país” (TNYT, 07/05/26).

Esta es una de las problemáticas para Trump –el costo de vida, que su candidatura había explotado criticando al gobierno de Biden– y también la impopularidad de la guerra con Irán. Los medios señalan con claridad el empantanamiento de Trump en Irán, aunque estando de viaje no se puede seguir con finura los hechos sino más bien los trazos gruesos y las opiniones de la población.

Y la impresión que uno se lleva es que si las elecciones de medio término –noviembre próximo– fueran medianamente libres y democráticas, Trump estaría perdiendo. Está en una popularidad por debajo del 40%, que es baja.

Lo que se escuchó decir a las delegaciones estadounidenses en el II Congreso de Gig Workers respecto de Trump aluden a los dos aspectos que tienen que ver con el análisis que presentamos de la coyuntura, marcada entre el interregno y la reacción de la extrema derecha.

Por un lado, muchísima bronca por las condiciones cotidianas de vida. El aumento de la gasolina hace al aumento de todos los demás precios del consumo popular, más aún en los EEUU y Los Ángeles en particular, que es una ciudad –en realidad no en el centro, ¡donde no se ve un alma!–, una megalópolis más bien, donde todo el mundo anda en auto: el transporte público es miserable y se encuentra casi vacío a todas horas. Mike Davis expresa bien esto en su obra, en el sentido de que hay casi un culto al automóvil propio; además, el geógrafo marxista yanqui señala a la megalópolis de Los Ángeles como la de mayor densidad de autopistas de los EEUU al momento de escribir su obra (1988).[4] ( De todos modos, tengamos en cuenta que ha pasado mucho tiempo y la pintura que hace Davis habría que ponerla en contraste con algunas de las grandes ciudades chinas.)

En todo caso, el contrapeso al aumento de los precios y al pantano de Irán es el temor que se expresa en la población a la manipulación de las elecciones. Al parecer, Trump logró éxitos en distintas instancias de la Justicia en cuanto a liquidar lo que quedaba de las conquistas de discriminación positiva del 65. Esto significa que a los barrios de población negra, que en su mayoría votan a los demócratas y en determinados casos a demócratas de color, les están quitando –o tratando de quitar– sus elementos de agregación “étnico”-territorial y los están mezclando con los distritos blancos (WASP: blancos anglosajones, no latinos, de ascendencia republicana).[5] Aunque se supone que este ordenamiento de los distritos electorales es un atributo estadual, el gobierno federal se está metiendo a manipular las elecciones en varios estados, cuestión que, según nuevamente el NYT, “ha capturado la mayoría de la atención nacional” (14/05/26).

Esta última es una buena definición porque, efectivamente, lo que parece haber capturado la atención de la mayoría de la población explotada y oprimida, no solo de Los Ángeles sino nacionalmente, es el aumento de los precios, la guerra contra Irán y el intento del gobierno apoyado en la Corte Suprema de modificar los distritos electorales para verse beneficiado en noviembre.

Hay que ver cuánto es capaz de mordisquear Trump al régimen político, un régimen que de por sí es “pesado”, caracterizado por circunstancias muy diversas de estado a estado, de cuidad en ciudad, de barrio en barrio.

La bronca tiene que ver con las promesas incumplidas de Trump. El temor viene con la percepción de que los demócratas “dejan que Trump haga lo que quiera”. Pero si Trump amenazara con quedarse un nuevo mandato es un peligro: puede estallar el país. Trump ya logró elegirse por dos periodos no consecutivos, algo sin antecedentes en la historia republicana del país, pero otra cosa es gobernar más de dos mandatos, algo prohibido constitucionalmente.

En el Congreso Mundial de Gig Workers se notó la presión de la extrema derecha a nivel internacional y en los EEUU en particular; realizamos un panel muy importante al respecto, sobre todo para subrayar que la extrema derecha no es todopoderosa. Incluso se explicó que muchas de las bravuconadas de Trump son sobreactuaciones que expresan debilidad y no fortaleza; sin embargo, la presión se hizo presente y no puede desconocerse.

De cualquier manera, en este momento todo gira alrededor de las elecciones. Es más difícil imaginar una rebelión popular en EEUU que en la Argentina, aunque la hubo cuando fue el asesinato de George Floyd en 2020 con grandes movilizaciones incluso en Los Ángeles, que tiene tradición de levantamiento popular sobre todo de la población de origen hispano y negra. También alrededor de la presencia de ICE en Minneapolis se dio el levantamiento popular que todo el mundo conoce y, hasta el momento, Trump no se animó a asediar una nueva ciudad (el ICE sigue actuando nacionalmente pero no sabemos en este momento en qué proporción).

Así las cosas, la preocupación de que Trump atacara otras ciudades no se verificó: no es tan sencillo, le fue muy mal en Minneapolis, donde hubo dos muertos blancos, y difícilmente se anime a hacerlo hasta las elecciones porque haberse “sobrepasado” con los migrantes terminó cayendo mal en la mayoría de la población. Es obvio que el trumpismo, como el bolsonarismo y quizás el mileísmo, tienen una base sólida de extrema derecha del 20/25%, pero eso no alcanza para ganar elecciones y hay que ver si alcanza para robarlas. Recordemos que los intentos de golpe de Estado hasta cierto punto “payasescos” en EEUU de enero 2021, y en Brasil en enero de 2022, fracasaron.

La coyuntura parece seguir siendo, entonces, como la caracterizamos: de dificultades de reafirmación de una extrema derecha que, sin embargo, pugna por lograrlo mientras las corrientes del centro burgués neoliberal miran solo el calendario electoral.[6]

2- Una ciudad “indescifrable”

Más difícil que entender la coyuntura yanqui es entender Los Ángeles: “Brillante o sombría, superficial y profunda, crítica, pero sobre todo pop, Los Ángeles aparece como un espacio precoz, donde una visión cuestiona el puritanismo norteamericano y con ricas posibilidades de espacios alternativos y de heterotopías que se deshacen a veces en una (pos) modernidad capturada por la hegemonía del capital globalizado” (Davis, 2025: 17, Presentación).

Están muy superpuestas las comunidades con el problema de clase. El idioma “oficial” es el castellano, y la población con la que uno se cruza en el centro es un 75% latina y habrá un 10% de negros; la costa está ocupada por los blancos. La ciudad está marcada por el levantamiento por Rodney King en el 92, por la huelga de inmigrantes del 2006 y la resistencia al ICE en el verano boreal pasado (también hubo repercusiones, evidentemente, de los asesinatos en Minneapolis, tanto el de George Floyd en 2020 como los provocados por el raid del ICE en enero de este año): “El separatismo del espacio social por grupos étnicos, patrones de consumo, distinción sociocultural, orientaciones religiosas y otras características comunitarias homogéneas, hacen de Los Ángeles un espacio urbano con un alto grado de heterogeneidad. Allí, la dinámica socioespacial de los variados grupos sociales se manifiesta en una constante transformación y fragmentación del territorio (…) El resultado no puede ser otro que una agudización de las confrontaciones sociales y de la violencia urbana (…)” (Presentación de Cidade de Quartzo, 2025: 17).

Los Ángeles es difícilmente descifrable, incluso parándonos en el 2026. Entre la obra de Davis de 38 años atrás y la actualiudad ha habido modificaciones. Davis habla de ella, prácticamente, como de la mayor ciudad del “mundo” de cara al Pacífico, pero desde el año en que escribió esta obra estuvo el ascenso imparable de China y otras economías del sudeste asiático.[7]

Sí podemos hacer referencia a lo que vimos. Primero, un centro, un downtown “poshumano”, vacío; enormes rascacielos, enormes avenidas, enormes veredas… vacías. Si por las autopistas muchas veces congestionadas del gran LA circulan millones de vehículos al día, en el centro propiamente dicho de la ciudad… no se ve un alma. ¡Sorprendente ciudad metafísica sin habitantes de carne y hueso!

Los 20 o 25 millones de habitantes están “desperdigados” alrededor de un continuum urbano-rural que va desde LA, incluyendo sus condados y su centro propiamente dicho, Santa Mónica, Ventura, Orange, Riverside y San Bernardino, pasando por San Diego hasta llegar a Tijuana, México.

Un continuum que, sacando lo que pudimos ver del centro de LA, tiene edificaciones muy del estilo colonial de origen hispánico que puede apreciarse en Centroamérica (no hemos ido a México, así que sobre este país no podemos hablar).

Más allá de los porcentajes de población, aunque ya Davis daba cuenta del desplazamiento de los blancos yanquis a las costas del Pacífico y otros estados, lo que uno ve y con lo que uno se cruza en todos lados es con una población mayoritariamente de origen latino de primera o segunda generación (no tenemos claro esto de manera consistente), proveniente de México y Centroamérica.

Claro que hay comunidades de origen asiático y otras, pero lo que nos interesa destacar es que el castellano es prácticamente el idioma “oficial”, al menos de la ciudad de LA y sus alrededores, y que la inmensa mayoría de las y los trabajadores de la ciudad son de ese origen: “(…) es increíble la poquísima importancia que el gobierno municipal dio al cierre de fábricas y a la discriminación económica de los barrios de la región del Centro-Sur (…) también increíble el poquísimo esfuerzo que fue hecho para remediar la ausencia de poder del East-side [la región este de la ciudad de LA] en la Cámara Municipal, así como la exclusión de los chicanos de cualquier papel significativo en el liderazgo de la coalición [demócrata] dominante” (Davis, 2025: 24). Mike Davis, recordémoslo, está escribiendo esta obra en 1988 y no sabemos exactamente cuál es la situación actual, pero apreciamos que la inmensa mayoría de las y los trabajadores son de origen hispánico, además de súper fraternales.

“El movimiento de trabajadores/as local prácticamente no aparece en Cidade de quartzo. Con todo, como argumento en un libro corto posterior, llamado Magical Urbanism (2000, LA), de 1990 a 2006 se transformó en el principal centro de investigación y desarrollo para el futuro del movimiento de trabajadores/as norteamericanos. Las campañas de organización creativas y militantes de los no docentes, funcionarios de hotelería e instaladores de construcciones mantuvieron viva la esperanza en LA durante los años difíciles de la decada de 1990 y ayudaron a entrenar a una nueva generación de activistas (…) La campaña por la defensa de los derechos de los trabajadores de limpieza y los servicios de alimentación de la Universidad de California Meridional (USC) –la cual culminó en huelgas de hambre y prisiones en masa– llevó la batalla [por la sindicalización] a uno de los santuarios de privilegios y autorreferencia de las élites. Fue una campaña larga y difícil, pero al final tuvo éxito. En los años 90, LA se transformó en una ciudad de organizadores” (Davis, 2025: 34/5, Prefacio a la segunda edición escrito en 2006).

Y, efectivamente, varios de estos aspectos, que retomaremos en el próximo punto, son los que vimos en este mayo de 2026. Porque este II Congreso Mundial de Gig Workers se realizó en el momento en que la campaña por la puesta en pie del sindicato para las y los trabajadores de Uber de LA podría culminarse con éxito, fervor que se expresaba en el local del SEIU 721, encargado de organizar a los gig workers de la región y sede de este segundo congreso mundial.

También conocimos en una breve recorrida las instalaciones de la USC, universidad privada, costosísima, a priori despolitizada, donde asisten algunos de los hijos e hijas de los principales políticos burgueses de los EEUU.

Por lo demás, lo que corresponde decir acá es que la lucha de clases en los Estados Unidos, lejos de lo que se supone en los países del antiguamente llamado “Tercer Mundo”, es durísima: la oposición capital-trabajo es brutal, sangrienta, polarizada, y cada conquista que se obtiene sobre el sistema del Open Shop (los lugares de trabajo no sindicalizados que dominan de la mitad del país para abajo así como en Centroamérica) es una conquista colosal –si bien limitada a lo sindical–.[8]

En todo caso, se trata de una ciudad “descentrada”, con un centro vacío, con un continuum urbano-suburbano inmenso, con una fuerza de trabajo de origen mayormente latino; un espacio de violencia urbana y de clases sin igual donde, al mismo tiempo, no es fácil trazar una diagonal.

3- El Segundo Congreso Mundial

Lo más importante de esta nota, que no está escrita modo de balance sino para dar elementos de comprension de LA, es el dato de que el Congreso Mundial de Gig Workers es una bomba. Se empieza a transformar en un incipiente factor organizador real de una categoría de trabajadoras y trabajadores que es inmensa y crece de manera monumental en todo el mundo. El compañero de Filipinas tomaba como referencia el primer congreso mundial y explicó cuánto les sirvió a ellos para empezar a organizar al sector en su país. Las y los compañeros/as del SEIU de Los Ángeles están eufóricos porque consiguieron afiliar a 30 mil de los cien mil choferes de Uber de la ciudad y creen que van a conseguir legalizar el sindicato. Es, podríamos decirlo así, un factor organizador de vanguardia internacional que se está transformando en un punto de referencia para muchísimas compañeras y compañeros que están participando y siguiendo el debate.

El otro aspecto del Congreso es que ha habido un incipiente debate político estilo “Primera Internacional en miniatura”: el vehículo de la politización es el internacionalismo. Hay un debate entre reconocimiento como trabajadores/as, reconocimiento del sindicato y el contrato, y el cuestionamiento al capitalismo, a la relación de explotación. Hay también un debate entre reforma y revolución; también un debate implícito sobre por qué fracasó el “socialismo burocrático”; sindicalismo y política. Todos debates incipientes pero que estuvieron dando vueltas por el congreso, como en una internacional del reinicio de la experiencia histórica aunque sin dejar de ser, al mismo tiempo, un congreso “sindical”.

Al respecto de LA, cerramos esta nota con una cita de Mike Davis: “Las gigantescas manifestaciones de los inmigrantes latinos y sus aliados en la primavera de 2006 [la huelga general latina del 1° de mayo], las cuales reconquistaron el centro de LA en nombre de «el pueblo», revelaron el poder social de los barrios y los suburbios de las y los trabajadores de la ciudad” (2025: 36).


[1] El libro de Mike Davis, un clásico en su obra, es en gran medida una extraordinaria pintura de los contrastes de clase, de origen migratorio, económicos, políticos, etc., que marcan la ciudad. Una obra escrita en 1988 que mantiene, sin embargo, enorme actualidad en la pintura que da de esta megalópolis, que no se refiere sólo al downtown (el centro especifico de Los Ángeles) sino a toda el área metropolitana que es un continuum urbano-“rural” que abarca 20 o 25 millones de almas.

Dicho lo anterior y aunque no hemos podido leer la obra de Davis enteramente al escribir esta nota (la comenzamos a leer cuando llegamos a LA), hasta donde llegamos, la página 100, nos da la impresión de que está un poco sesgada por cierto escepticismo. El mismo Davis reconoce en su prefacio a la segunda edición, de abril del 2006, que en la obra se le escapó un poco un elemento central que apreciamos en el II Congreso Mundial de Gig Workers: Los Ángeles es, además de todo lo demás, una ciudad de organizadores sindicales.

[2] La experiencia enorme del II Congreso Mundial de Gig Workers requiere un balance colectivo que, evidentemente, no puedo hacer acá hasta por el hecho de que me encuentro en estos momentos en San Pablo para la presentación el próximo sábado 23/05 de mi obra, El marxismo y la transición socialista. Estado, poder y burocracia, tomo 1, por Editorial Boitempo.

Este suplemento contiene varias intervenciones en dicho II Congreso y una muy corta de mi persona, aunque los elementos de balance más general los presentaremos en las próximas ediciones de nuestro suplemento.

[3] Desde el vamos hay que señalar que, en gran medida, EEUU es un país “descentralizado”. No solo es inmenso sino que, a la vez, se superponen desde el punto de vista institucional el nivel federal, los niveles estaduales y municipales, todos los cuales tienen, hasta cierto punto –y tomando en cuenta el peso de estas palabras– una vida propia.

[4] “Los coches modificados de potencia aumentada representan una extensión poética de la personalidad” (Davis, 2025: 100/1); efectivamente, así parece ser 40 años después de escrita la obra. Más que “carros modificados”, lo que pudimos apreciar en las autopistas es la moda de las camionetas, una más grande que otra, intentando imponerse a los demás (esto puede apreciarse también en algunas rutas argentinas, sobre todo las que van a los campos de la provincia de Buenos Aires, pero, claro está, las proporciones de las camionetas que vimos en Los Ángeles son monumentales).

[5] Paradójicamente el color de los Republicanos es el rojo (sic). Por su parte, el de los Demócratas es el azul. Lógicamente que todo en los EE.UU. se sigue jugando, esencialmente, en el bipartidismo aunque, dentro de él, están los Demócratas Socialistas de América (DSA), que aparecen claramente a la izquierda aunque son ultra-reformistas.

[6] Es decir, se reafirma la idea de que la extrema derecha es parlamentaria y extraparlamentaria mientras que el centro burgués “reformista” es solo parlamentario y evita permanentemente tomar las calles.

[7] Al escribir este artículo no hemos podido siquiera revisar la elaboración de nuestra corriente al respecto, mayormente desarrollada por nuestro compañero Marcelo Yunes.

[8] Una de las discusiones que recorrió el Segundo Congreso fue, efectivamente, cómo ir más allá del contrato laboral.

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