En la Argentina de Javier Milei, los alquileres no dejan de aumentar por encima de la inflación. Este problema afecta a un amplio sector de la población, pues se estima que más del 20% de los hogares son inquilinos. En muchos casos, el pago del alquiler consume hasta el 50% de los ingresos de estos hogares.
Las estadísticas confirman que hay una tendencia clara de “inquilinización” en el país desde el 2010 a la fecha. Durante ese período de tiempo, la cantidad de hogares que alquilan vivienda aumentó en un 70,4%, un dato alarmante que refleja el deterioro del poder adquisitivo para amplios sectores de la población trabajadora, ante lo cual tener una casa propia es un sueño imposible de materializar.
Para agravar la situación, en los últimos años los aumentos de los precios de alquiler le “ganan” a la inflación (¡lo cual ya es mucho decir en la Argentina!). Veamos algunos datos: en los primeros dos años del gobierno de Milei, la inflación fue del 290%, mientras que los salarios se incrementaron en promedio un 263%. Por su parte, los alquileres aumentaron 500% en todas las regiones del país (datos tomados del IPC-INDEC desde Diciembre de 2023 a diciembre de 2025).
Todo esto fue el resultado de la derogación de la ley de alquileres que impulsó Milei a fines del 2023, con la excusa de buscar un supuesto aumento de la oferta de inmuebles para alquilar. Lo que terminó generando fue lo contrario: se incrementaron sideralmente los precios de los alquileres, el costo de entrada y renovación. Ahora, los ajustes pasaron a ser cuatrimestrales o trimestrales y también se desreguló la duración de los contratos (por lo general, ahora duran dos años).
Decir que los alquileres tuvieron un aumento desmedido no es exagerado. Tomando los datos del IPC-INDEC, entre el último cuatrimestre del 2023 y del 2025, lo que se ve es que los precios de los productos aumentaron en promedio 234,3%. Igualmente, en los primeros dos años de este gobierno, los alquileres ofrecidos tuvieron un aumento cercano al 300%. La situación se repite en marzo de este año, dado que el IPC-INDEC marca , interanualmente, un aumento de los precios en 32,6% y, en el caso de los alquileres, experimentaron una suba de 52,3%.
Obviamente, esto afecta principalmente a los hogares de clase trabajadora que, como indicamos al inicio, el pago del alquiler puede llegar a representar el 50% o más de su salario. Expresando el deterioro del poder adquisitivo como se lo ve en el índice de salarios totales (del INDEC), podemos apreciar que entre fines de 2023 y 2025 se registró un incremento de 262,7%, mientras que los alquileres escalaron un 300%. Cuando desglosamos por sector, vemos que la mayor brecha está en el sector público en donde el alquiler creció 1,5 veces respecto a los salarios, mientras que el sector privado tiene una diferencia de 7% (por debajo de los alquileres).
Si analizamos la remuneración del Sector Privado Registrado (SIPA), lo que se observa es un fenómeno similar, pues el precio del alquiler se eleva por encima de los ingresos, respectivamente 300% contra 206,3%.
Los elevados precios no solo significan mayor dificultad para acceder a una vivienda para los jóvenes o las familias, también es una enorme dificultad sostener los alquileres. Tomando en cuenta el último trimestre del 2025, podemos ver que una familia trabajadora con una remuneración promedio del SIPA ($1,84 millones), invierte el 40,1% de sus ingresos en pagar un departamento de dos ambientes y de 54,9% para uno de tres. Estos precios están por encima del promedio histórico (del 2009 hasta acá) que ronda el 25,6% de un salario promedio, como se puede apreciar en esta tabla que tomamos del Destape.

Todo esto nos muestra que en el capitalismo no está garantizado un derecho básico como es la vivienda, en especial para las nuevas generaciones trabajadoras. Además agravado con el anarco-capitalismo mileísta, que nada tiene para ofrecernos a los explotados y oprimidos. Después de todo, si no nos puede siquiera garantizar una vivienda ¿para qué sirve el sistema?




