Provincia de Buenos Aires. Primera semana de clases después del receso. Nada de lo que pasó en la docencia esta semana fue rutinario. Es importante tomar nota de los nuevos elementos que intervinieron, combinados con expresiones de lucha y maniobras burocráticas que ya vimos este año, para poder sacar algunas conclusiones de una semana riquísima en términos de lucha. Elementos que nos sirvan para atender a la globalidad compleja de la realidad que tiñe la experiencia que está haciendo la docencia, y que da forma a sus expresiones de lucha, con sus límites y potencialidades.
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La dinámica entre lo político y lo sindical
La ubicación concreta de la docencia en la provincia nos pone en el centro de ataques, de distinta magnitud, desde varios flancos. Sufrimos los efectos de la enorme crisis económica y social que viven nuestros estudiantes y que se expresan en la escuela, producto de la política económica del gobierno de Milei. Y también vivimos los salarios miserables, la sobrecarga laboral y el pluriempleo que nos deja la política educativa de Kicillof.
Trabajamos en una escuela que atraviesa una crisis educativa para la que el capitalismo peronista no tiene más salida que medidas administrativas y cuya salida para el ultracapitalismo reaccionario de Milei es directamente destruir la escuela pública. Sufrimos los ataques constantes ideológicos y políticos, de ambos lados, que nos hacen responsables de una escuela en la que cada vez es más difícil enseñar y aprender.
En tanto trabajadores, sufrimos los mismos problemas que el resto de nuestra clase: los ataques globales de conjunto, que se vienen expresando en las calles y en el Parlamento, y la re podrida burocracia sindical, políticamente servil a las necesidades del peronismo y al régimen de conjunto. En este ataque concéntrico, que se expresa en distintos niveles, en distintas magnitudes y proporciones y en el que intervienen distintas mediaciones, somos docentes hoy.
Frente a todo esto, la burocracia supo maniobrar y contener a la docencia, en virtud de los intereses del peronismo de garantizar la gobernabilidad de Milei y apostar a las elecciones de 2027.
La misma Torre, Secretaria General de Suteba, dice que en el peronismo hay autonomía sindical pero no llamaron a ninguna medida de fuerza para enfrentar los ataques de Kicillof ni organizaron a la docencia para enfrentar los ataques del gobierno de Milei. Todo lo escondían detrás del mismo argumento que se repite año a año: “es lo que votaron” y “la docencia no quiere luchar”. Y su política gremial redundó en depositar confianza en las instituciones del régimen, a través de presentaciones en el Parlamento o la Justicia, y en mínimas y esporádicas expresiones de “lucha” cuando el malestar en las escuelas levanta temperatura y convocan a un paro dominguero o a alguna movilización al Ministerio de Economía a reclamarle al gobierno nacional por el Fonid, pese a que el principal responsable de la miseria salarial que cobramos está en La Plata.
No hay nada de autonomía sindical en Suteba, es la dependencia absoluta a los intereses del peronismo. Una dirección político-sindical que ha convertido a la política gremial del sindicato en una correa de transmisión de los intereses del gobernador, que se ha servido de “politizar” reclamos meramente corporativos para que el único enemigo que encuentren sea Milei, para operar como barrera de protección de Kicillof, y que no ha organizado ninguna pelea consecuente frente a los grandes ataques, que trascienden lo corporativo, del gobierno nacional, depositando confianza en el régimen, para no enfrentarlo realmente y que siga gobernando.
La demagogia berreta respecto a la separación de lo sindical y lo político, no existe en el accionar de la burocracia. Solo existe cuando, frente a un hecho de envergadura nacional como la votación en el Senado de esta semana, la dirección docente no llama a paro por ser un problema político y administra la participación en la lucha con sus constancias gremiales.
Pero esta semana, la dialéctica de lo político y lo sindical encontró en la docencia nuevas expresiones. A nivel del conjunto de la docencia, se expresó en un parazo este lunes 3. Y la burocracia buscó dirigir esa bronca y canalizarla en una movilización al Ministerio de Economía contra, principalmente, la quita del Fonid por parte de Milei, entre otras cosas. Resultado: un paro masivo y una movilización testimonial que no mueve el amperímetro.
En los paros que hace la docencia intervienen un montón de factores, con distintos pesos, que no pueden reducirse a una exigencia en el Ministerio de Economía. Y en este en particular, operó un elemento político-democrático que sabíamos que se iba a poner en juego más temprano que tarde: la aplicación de la contra reforma laboral de Milei en lo que hace a una conquista enorme de los trabajadores, con la tradición de lucha de este país, el legítimo derecho a huelga.
Lo que comenzó con un paro por reivindicaciones sindicales que merecían ser canalizadas no solo contra la política económica de Milei, sino también contra la política de ajuste de Kicillof, terminó en un posicionamiento político por parte de la docencia sobre la aplicación de la contra reforma laboral, sobre la prohibición del derecho a huelga.

A espaldas de la burocracia que no dijo nada en ninguna escuela, la docencia se expresó en los grupos construyendo argumentos de por qué el gobierno nacional no podía pasar por encima de nuestro derecho y llevó adelante el paro más político y contundente del año. No movilizó ni se autoorganizó en las escuelas para enfrentar a los funcionarios que vinieran. Pero tampoco fue como rebaño servil a las maniobras contenedoras de la burocracia. En los hechos, frenó la aplicación de la prohibición del derecho a huelga, con un parazo.
Al día siguiente, la docencia tendría su forma de expresar su bronca contra Kicillof y contra la burocracia, en la medida de lucha provincial de la Multicolor, y también la aprovechó. Fue un paro cuya magnitud sorprendió. Una medida que nuevamente tuvo que enfrentar aprietes y persecusión por parte de la burocracia y autoridades educativas. Pero que, aún así, fue contundente. Y que se volvió a expresar el viernes de cobro de haberes con la ofensiva del gobierno provincial en hacer descuentos masivos en represalia por adherir a paros no convocados por la burocracia; la docencia nuevamente dio en las escuelas y grupos lecciones de cómo leerlo: “¡Encima que nos pagan 2 mangos ¿nos vienen a descontar?!”.
Más bronca, más leña al fuego, inundaba las escuelas, contra nuestro patrón que, mal que pese a nuestro sindicalismo burocrático estatizado, es Kicillof. Y en la docencia quién es responsable de nuestro salario tiene nombre y apellido y es el gobernador de la provincia.
Pero no puede pasar inadvertido que el lunes fue, pese a todos sus límites, la primera vez que el gobierno nacional intentó aplicar la prohibición del derecho a huelga en un sector de trabajadores y no pudo. Y no fue gracias a la burocracia. Fue porque la docencia, aún con sus límites, en esas horas no tuvo miedo, se llenó de argumentos, y frenó el ataque de Milei. Eso tiene que servir como aprendizaje para el conjunto de los trabajadores. Pero la semana no terminó ahí.
Uno de los grandes problemas que tiene el ultra capitalismo y sus gobiernos ultra reaccionarios es que, por la propia naturaleza de la magnitud del ataque global (ideológico, político, democrático, económico, social) que pretenden imprimir a la clase trabajadora, juventudes, mujeres y diversidades, etc., necesariamente tienen que enfrentar a amplias masas y a sectores de vanguardia muy amplios que los salen a enfrentar en las calles, con el apoyo de grandes mayorías sociales.
No todos los zarpazos reaccionarios logran desatar la movilización en las calles. Algunos, gracias a la anuencia o complicidad de las direcciones políticas y sindicales del movimiento de masas o del propio régimen de conjunto, logran que se impongan. Pero aquellos que remiten a grandes conquistas sociales o que tocan fibras muy sensibles de las amplias masas oprimidas o que cristalizaron en una tradición de lucha activa no son fáciles de imponer y es ahí por donde pasa una experiencia incipiente que se viene construyendo, a nivel mundial, de resistencia y lucha frente a los ataques de esta avanzada de ultra derecha y a las debilidades de los centros políticos que no dan respuesta.
Esto en Argentina tiene su expresión particular. Lo vimos, por ejemplo como en otras oportunidades, en la jornada histórica del 24 de Marzo en la cual logramos ponerle un freno al negacionismo del gobierno o en la reciente jornada del 6 de Agosto en que también mostramos que en las calles se puede ponerle un freno al gobierno. Son jornadas con distintas formas y niveles de participación, pero que cuentan con el apoyo de mayorías sociales y en donde las direcciones políticas y sindicales, que siempre tratan de poner límites a la movilización y, a su vez, no tienen respuesta a los problemas de fondo, no pueden contener del todo. Es ahí donde también hace su experiencia un nuevo sector de vanguardia que en estas oportunidades logra poder intervenir esquivando el “enchalecamiento” cotidiano de las burocracias.
Este jueves, en un clima de mucha sensibilidad social desde aquella “final” con Inglaterra, se hizo evidente que la lucha garpa, que se puede frenar al ultracapitalista reaccionario de Milei en las calles. Y la burocracia se negó a llamar a un paro, cuando muchísimos trabajadores querían movilizar, e incluso fue actor responsable de desorganizar la movilización convocando a un horario que nada tenía que ver con la convocatoria en general y, después, cambiándolo la noche anterior.
Maniobras que, junto a la administración de la lucha que suelen hacer con sus constancias gremiales, buscan desmovilizar a la docencia. Incluso políticamente, tomando únicamente el ángulo nacionalista de la ley, también operaron como actores de desmovilización cuando, por la misma presión social y la eminencia de una marcha inmensa, el gobierno de Milei se vio obligado a bajar la parte más sensible del paquete, opacaban el contenido más ultracapitalista de la ley de conjunto: la propiedad privada vale más que nada, más que la naturaleza, más que la soberanía, más que las necesidades sociales de vivienda, más que los bosques, etc. Pero no funcionó.
Nuevamente, pese a todas las trabas y maniobras, un sector importante de la docencia se movilizó, no con la burocracia; sino como lo viene haciendo cada vez que siente que hay peleas que exceden los intereses corporativos, que trascienden los controles de la burocracia, que ponen en juego conquistas muy profundas. Y lo hizo de la mano de agrupaciones como la nuestra en la Multicolor o de forma individual. Esas son las herramientas que tiene, y las usa cuando entiende que son necesarias.
En el terreno de la lucha política, sectores importantes de la docencia están haciendo una experiencia enorme en términos de lucha contra el gobierno, bancándose cualquier represión. Porque sabe que si está en las calles, puede ganar. Y esa enseñanza queda después de este jueves, mal que le pese a una burocracia que no organizó a la docencia para movilizar, que separó la política de la organización y lucha sindical y pretendió administrar la movilización. No pudo.
Es importante pasar en limpio algunos elementos de estas expresiones de lucha. En primer lugar, la masividad de la medida de acción sindical del 3 y la novedad de ponerle un freno a la aplicación de la prohibición del derecho a huelga de la docencia frente a la amenaza de Milei. La dirección sindical siguió funcionando con la misma maniobra de siempre: transformar la bronca de las escuelas en la exigencia de unos pocos elementos al gobierno nacional, protegiendo a la patronal de Kicillof y no funcionó. Al otro día, la docencia encontró una nueva herramienta (en el paro Multicolor) para enfrentar a Kicillof y a la misma burocracia y la supo usar.
Todavía la docencia no logra romper la barrera de la burocracia sindical y no se ven desbordes ni ascenso en la lucha. Pero no se puede perder de vista que en general la coyuntura viene siendo reaccionaria y no hubo espacio para grandes luchas sindicales. Aún así, sí supo responder colectivamente en las calles cuando los ataques tomaron formas más radicalizadas, como en los casos de situaciones de violencia, y sí defiende y ratifica el derecho a huelga. Y tampoco se siente convocada por una burocracia que entrega sus conquistas.
No es la lucha sindical lo que la moviliza en este momento. Pero sí la política. El problema es que, para llevarla adelante en la coyuntura actual, encuentra las únicas herramientas y formas que tiene a mano y que le permiten liberarse de la contención de la burocracia: el paro Multicolor y la movilización política no orgánica.
Por ahora, en esta coyuntura, todo lo estrictamente sindical tiene sus límites. Por sí mismas y por más sentidas que sean, las reivindicaciones sindicales no están sirviendo para movilizar activamente a la docencia. La docencia es consciente de que la burocracia puede, en tiempos normales, contener, maniobrar y encauzar cualquier reivindicación sindical con sus métodos burocráticos para proteger los intereses del gobernador. Y esto se expresa de distintas maneras. Pero no es solo por el accionar de la burocracia que no hayan luchas sindicales. También opera la falta de perspectiva en una salida a los problemas. El para qué luchar. El cómo se resuelven nuestros problemas y la crisis educativa de conjunto. Esto también opera al momento de salir a luchar.
Muy distinto es cuando se trata del terreno de lo estrictamente político-democrático que remite a conquistas muy sensibles, como el ataque a la ley de financiamiento universitario o la ley de inviolabilidad de la propiedad privada. Ahí es cuando un sector importante de vanguardia logra escaparse del chaleco de la burocracia e intervenir y movilizar, como puede, aunque no pueda hacerlo de forma orgánica, todavía.
No es que la docencia no quiere luchar. De hecho lo hizo en las grandes movilizaciones políticas de este año. De lo que se trata es de poder unir lo sindical con lo político para que logre hacerlo de forma orgánica, desde las escuelas, desde sus propios organismos, con sus propias consignas y métodos y desbordando a la burocracia. Pero para eso, es necesario que también construya su propio programa para resolver sus grandes problemas y que pueda darle perspectiva sobre para qué luchar.
El gobierno de Milei salió golpeado esta semana. Los trabajadores que salimos a enfrentarlo, fortalecidos. ¿Cómo salió la burocracia?
Sobre el problema de la crisis de la representación
La burocracia celeste en provincia de Buenos Aires logró, hace poco meses, revalidarse como dirección de Suteba. Y, a falta de grandes luchas sindicales que puedan desbordarla, ese argumento le sirve para caracterizar que no existe ninguna crisis de representación sindical en la docencia. En todo caso, dice Torre, lo que existe es una crisis de representación política que es innegable (sino no habría ganado Milei) pero que no se traduce a nivel gremial.
¿Cómo se explican los bajos números de afiliación o de participación docente en asambleas dirigidas por la celeste o de movilización a la acciones testimoniales convocadas por la burocracia?¿Cómo se explica la fuerte adhesión a las medidas de fuerza impulsadas por la multicolor pese a la política de persecución y miedo que desatan ante cada paro? Pero también, aunque parezca contradictorio, ¿cómo se explica que un sector importante de la docencia movilice con fuerza (sin un paro) un 6 de agosto para frenar la ley de inviolabilidad de la propiedad privada, pero no lo haga (con paro) por el Fonid en la misma semana con la convocatoria de Suteba al Ministerio de Economía?
La burocracia sindical dirige sectores de masas. No podemos perder de vista eso. Y su rol es ser garante, en el movimiento obrero, de la reproducción del conjunto del sistema capitalista, o sea, contenerlo. Tiene intereses de clase que no son los de los trabajadores. Se sirve de un aparato parasitario que hoy vemos formalmente institucionalizado y estatizado, ajeno a la realidad de las escuelas, y de distintos dispositivos más-menos democráticos en función del sector de trabajadores y momento histórico en que intervenga. Barrerla, de por sí no es tarea fácil. Requiere de un ascenso de la lucha y de la construcción de organismos paralelos de organización de la lucha y de la conciencia de la tarea, entre otras cosas.
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En docentes, la burocracia sindical es políticamente peronista. Por eso, a su accionar en tanto burocracia, se le suman los intereses particulares del peronismo, en tanto uno de los partidos burgueses del régimen y dirección de la provincia. Debido a esto, su objetivo en la coyuntura actual es garantizar la gobernabilidad y encauzar todo a las elecciones de 2027.
Si bien, a falta de -por ahora- grandes luchas que la cuestionen, logra sostener la legalidad de su representación, su monopolio de legitimidad sindical empieza a expresar límites por los elementos de debilidad propios del peronismo. No puede resolver reivindicaciones mínimas de los trabajadores porque el gobernador aplica un ajuste durísimo y no tiene política frente a la crisis educativa. Los reformismos, en tiempos de grandes crisis, no dan reformas que no sean más que cosméticas o administrativas. Los “centros” políticos hoy en el mundo están de conjunto debilitados porque sin reformas, no es tan fácil contener las luchas y sin programas no se pueden resolver las grandes crisis que nos atraviesa. ¿Cuál es el programa de Kicillof para salir de la crisis en Argentina y en la educación? No lo sabemos. La burocracia, menos. Y ese límite concreto empieza a operar en términos de su representación, en términos de su fortaleza como mediación.
Sobre la crisis educativa y el problema de la salida
En una reciente entrevista a Torre, Secretaria General de Suteba, reconoce que estamos atravesando en el país y provincia de Buenos Aires una crisis educativa, pero aclara que hay un sujeto responsable de ponerla en crisis: el gobierno de Milei. De ahí que una de las principales consignas que levanta la burocracia sindical a nivel provincial y nacional sea la denuncia por la quita del Fonid por parte del gobierno nacional que, según el último cálculo que sacan, representaría aproximadamente $300.000 de nuestro salario en Buenos Aires.
Pero la crisis educativa que vivimos no puede explicarse de forma monocausal. La crisis está atravesada por un conjunto de variables que operan a nivel mundial y a nivel coyuntural e histórico en Argentina. Si bien no podemos detenernos en este aspecto (que será preocupación de futuros trabajos), sí queremos dejar sentadas algunas líneas de análisis.
En la nueva etapa que empieza abrirse a nivel mundial, atravesada por una crisis económica capitalista que no logra resolverse y crisis de hegemonía geopolítica, nuevos gobiernos ultra reaccionarios en los últimos años (frente a la debilidad de los centros políticos en resolver las cosas) empiezan a hacer sus primeras experiencias para resolver, de forma ultra capitalista (con mayor explotación, expoliación, saqueo, barbarie, destrucción), los problemas que arrastra el capitalismo. Sin embargo, todavía no está claro para los empresarios a nivel mundial si el ultra capitalismo y sus gobiernos de declaraciones de guerra a sectores de masas que podrían ser incontrolables, puede ser la respuesta a su sed de mayores ganancias.
En este marco, la educación a nivel mundial también está asfixiada por un mundo tan inestable sin respuestas claras. Es una educación que, con distintos niveles de conquistas, fue construida con la escolarización masiva en otros parámetros de equilibrio capitalista y que ahora, producto del desequilibrio de esos mismos parámetros, entra en crisis. Qué educación para qué mundo es lo que empieza a leerse entrelíneas en las preocupaciones educativas y pedagógicas a nivel global.
Problemas de enseñanza y aprendizaje con dispositivos/IA y sin dispositivos/IA, situaciones de violencia y aulas desbordadas, burocratización del trabajo docente, pérdida de perspectiva en jóvenes y docentes, problemas crecientes de salud mental, éxodo de docentes del sistema educativo, salarios miserables, etc. Estos son algunos de los ejes que recorren las páginas de los medios de comunicación a nivel mundial. Qué pasa que en pleno siglo XXI, con el grado de desarrollo de las productivas que existen hoy, sea cada vez más difícil tener las condiciones de enseñanza y aprendizaje necesarias. Hay relaciones sociales y cambios muy profundos a nivel mundial que empiezan a operar como trabas para resolver los grandes problemas educativos.
En pleno despliegue del capitalismo a nivel mundial y del fortalecimiento de los Estados nacionales, el rol de la educación y la escuela de masas se puso al servicio de estos. La escuela fue pensada, con una serie de dispositivos de poder, para construir sujetos trabajadores y ciudadanos y servir a la reproducción del funcionamiento del sistema de conjunto. Ahora, ¿qué objetivos tiene la escuela? ¿Qué sujetos construye, para qué mundo, cuando el propio mundo empieza a crujir y no se sabe para dónde va a ir?¿Será para los intereses del ultra capitalismo que no necesita de masas trabajadoras educadas, críticas, culturalmente avanzadas? O ¿Será para lo que viene siendo la falta de programa de los centros políticos para salir de la crisis que lleva a la situación en la que estamos ahora? Esto está en disputa -velada- hoy, en términos de perspectiva educativa. Pero lo que sí se manifiesta son las expresiones de crisis por todos lados y en todos los rincones.
En Argentina, esto opera con un gobierno nacional que ataca la educación en todos los niveles posibles (económicos, ideológicos, democráticos, políticos, etc.), cuestionando a la propia escuela como institución educativa privilegiada. Para el ultra capitalismo de Milei y su programa económico ultra explotador y expoliador de la naturaleza, primarizado y saqueador, no se necesita una institución como la escuela que eduque al conjunto de la población; por eso, en su proyecto de “libertad” educativa, el principal sujeto educativo es la familia.
Pero también su política económica ha llevado a una crisis social y económica profundas del conjunto de los sujetos que habitamos la escuela. Estudiantes, docentes y auxiliares, y nuestras comunidades educativas de conjunto sufrimos cotidianamente los efectos de sus políticas.
Frente a esto la política de los centros políticos que operan en Argentina, principalmente el peronismo que dirige política, sindical y hasta territorial y gubernamentalmente a movimientos de masas, no tiene programa para salir de esta crisis educativa que nos atraviesa. Su programa fue y es la inclusión sin presupuesto; o sea, más pibes, menos y peor pagos docentes, menos recursos. Un peronismo que, discursivamente se presenta como un capitalismo más humano, que incluye a todos, que busca reformas en beneficio de las mayorías sociales, pero que en los hechos, sin presupuesto, muestra sus límites de clase más profundos y respuestas protocolares y cosméticas inservibles a los problemas de fondo. Frente a la violencia en las escuelas, protocolos para desarmar estudiantes; frente a los problemas de aprendizaje, no repitencia, intensificación y recorte en los diseños curriculares; frente a los problemas de enseñanza, la docencia como chivo expiatorio; frente a los salarios miserables, Milei sacó el Fonid. ¿Es este el programa del peronismo para resolver la crisis educativa? Torre intentó una respuesta cuando dijo que necesitamos más capacitación para docentes, mientras a puertas cerradas acuerdan los cambios en el régimen académico en las paritarias. ¿Este es el programa de nuestra dirección sindical para resolver la crisis educativa, junto con la restitución del Fonid?
La crisis educativa no es solo en Argentina. Si no la pensamos en función de las grandes coordenadas que operan a nivel mundial, la salida se hace imposible. Pero tampoco es posible de la mano de los gobiernos y sus burocracias (im)posibilistas de siempre. Ni Kicillof ni la burocracia tienen un programa para salir de la crisis educativa, solo un reformismo sin reformas servil a los intereses del capitalismo. Porque los problemas de la escuela exceden a la escuela, pero a su vez exigen de una estrategia educativa anticapitalista, consciente, parada sobre los intereses de los trabajadores, estudiantes y las grandes mayorías sociales, que la conviertan en una herramienta para la transformación y, a sus actores, los sujetos de la educación, en los protagonistas del pensar, organizar y llevar adelante esa transformación.




