Las tareas de la izquierda en la actual coyuntura



     

    La situación política en la Argentina está cruzando un momento de equilibrio inestable. Cualquier dato estructural de la economía muestra un deterioro creciente en sus variables. Las reservas del Banco Central siguen en caída, la inflación no se frena y el desempleo aumenta.

    A principios de año el Gobierno atravesó una sacudón económico que concluyó con una importante devaluación y consecuente escalada inflacionaria; pero la devaluación que el Gobierno decretó en enero y que tenía como objetivo incrementar la competitividad mediante la baja de los costos laborales (es decir, bajar los salarios de los trabajadores) fue devorada por la inflación de los últimos meses. Esto hizo que la competitividad relativa de la deficiente industria nacional esté nuevamente en niveles insostenibles, lo cual provoca que los empresarios descarguen la crisis sobre los trabajadores sumando suspensiones y despidos en algunos sectores industriales. Así es como este cóctel se transforma en una de las causas que suman presión a la necesidad de una devaluación del peso frente al dólar. A lo que hay que agregarle que el Banco Central no posee las reservas suficientes para afrontar la demanda de dólares que requiere la industria para importar el cúmulo de piezas necesarias para operar normalmente.

    Este escenario estructural anticipa vientos de crisis en el horizonte. La economía, sin duda, arroja un sinnúmero de variables que apuntan a desestabilizar la situación política; pero entonces, lo que hay que explicar es por qué la crisis devaluatoria no termina de desencadenarse.

    La respuesta a esta pregunta pasa por tener en cuenta que no es la economía el único factor actuante. A este conjunto de tendencias desestabilizantes hay que agregarle otras tantas «contratendencias» que ralentizan la evolución de la situación política.

     

    El Gobierno apuesta todas sus fichas a enero

     

    El Gobierno es consciente de que está caminando en la cornisa y que sus opciones son muy restringidas. Ya dijimos en estas páginas que el plan original del Ejecutivo Nacional era poner todos los números en orden, amigarse con el sistema financiero mundial para poder endeudarse nuevamente, y así llegar a octubre de 2015 y entregar el gobierno de manera medianamente prolija. En cumplimiento de este plan acordó con el Club de Paris, con el CIADI, comenzó el ajuste, realizó la devaluación, etc.

    Todo iba según lo planeado, pero el affaire con los fondos buitre le quemó todos los papeles. El pagarle a los buitres era una opción desastrosa e impracticable, la aplicación de la cláusula RUFO hubiese reabierto toda la negociación de la deuda externa, anulando los acuerdo de 2005 y 2010, y poniendo al país en una situación de default similar a la de 2001. Pero el no poder acatar el fallo del juez Griesa le impedía volver al mercado financiero global. Así es como en la segunda mitad del año no le quedó más que improvisar: el objetivo es simple y de corto alcance: salvar la ropa, llegar a enero (cuando vence la cláusula RUFO) y allí barajar y dar de nuevo con los buitres.

    En este marco parecía que en las últimas semanas las cosas se le salían de control: la escapada del dólar y la fuga de divisas ponían al Gobierno al borde de una nueva devaluación, la segunda en 10 meses. Pero una nueva devaluación hubiese supuesto un nuevo salto inflacionario, un nuevo sacudón bestial al salario y probablemente un alza en la conflictividad social difícil de evitar. Así es que el Gobierno, por lo pronto y hasta donde pueda, decidió tratar de evitar ese camino que le significaría una catástrofe política.

    Pero si no hay devaluación, ¿cómo frenar el drenaje de reservas? Como los K no están dispuestos a tomar ninguna medida de fondo contra la especulación financiera, optaron por aplicar medidas de tipo administrativas. Con ese objetivo Cristina obligó a Fábrega a renunciar acusándolo de facilitar la fuga de dólares, y en su reemplazo puso a Vanoli para que actuara como perro policía a la caza de “arbolitos” y “cuevas”. Claro que no hizo sólo eso: operó en el mercado del dólar blue, en las operaciones del “contado con líqui”, en la Bolsa de Comercio para bajar la presión sobre la divisa. De esta manera consiguió frenar momentáneamente la disparada del blue y la presión sobre el tipo de cambio oficial.

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    Pero como eso no es una medida de fondo que solucione el problema estructural, y la plata no le alcanza, y los números no cierran… anunció que no habrá ningún tipo de bono de fin de año que compense en parte la pérdida por inflación, ni para estatales ni para docentes; e inclusive, para curarse en salud (aunque decir salud es demasiado), se anticipó a condenar cualquier posible saqueo a comercios en diciembre cuando las fiestas sean un privilegio inalcanzable para muchos.

     

    La política como economía concentrada

     

    Lenin acuñó la frase de que la política es economía concentrada; es que tanto una como otra no son más que fuerzas sociales en movimiento. Esta frase cobra gran significación en la actual coyuntura. Porque si la economía no precipitó una crisis política no es sólo por la habilidad del Gobierno, sino porque todos los sectores de los de arriba apuestan a la estabilidad y que nada se escape de control. Veámoslo más de cerca.

    Lo primero que hay que ponderar es que la actual crisis económica que está atravesando el país es muy distinta a la de 2001. En aquel momento la situación política era infinitamente más frágil con un gobierno de la Alianza (De la Rúa) tambaleante, y una crisis social de una gravedad insostenible. Allí era imposible que el país no estallara, y estalló.

    Pero hoy la cosa está mucho más mediada. Si en 2001 no hubo ningún sector de la burguesía que estuviese dispuesto a sostener a De la Rúa, ahora hay un consenso de parte de todos los sectores patronales en que es necesario que Cristina termine su mandato en relativa calma; nadie quiere hacer demasiadas olas.

    La oposición patronal está decidida a jugarse todas sus cartas al recambio electoral en 2015. No quieren ni pensar en que Cristina renuncie antes de tiempo y tener que asumir en medio de una crisis política; ellos quieren que los K terminen de hacer el trabajo sucio (ajuste, pago a los fondos buitres) y ellos venir después con el campo desmalezado. Incluso, increíblemente, desde sectores de la izquierda como el PO, plantean estar en contra que el Gobierno se vaya de manera anticipada, que eso sería «golpismo».

    Otro factor fuertemente estabilizador es la burocracia sindical. Es una realidad que a los trabajadores se les hace muy cuesta arriba salir a luchar por sus reclamos sin el apoyo y amparo de sus organizaciones sindicales. Y si bien la izquierda y los sectores antiburocráticos han venido ganando terreno en los últimos años, lo que también es cierto es que aún no se ha podido dar un salto de calidad y recuperar un gremio entero a nivel nacional. Esta situación dificulta el poder de resistencia de los trabajadores frente a los ataques de la patronal, la cual consigue por medio de los dirigentes tradicionales de la burocracia peronista, fragmentar los reclamos y aislar a los luchadores. En esto no se distinguen ni opositores ni oficialistas.

    No obstante lo dicho arriba, está claro que el podio de traidores se lo pelean palmo a palmo Caló, Pignanelli y Yasky. Este último ha sido, sin dudas, el más pusilánime de todos: los docentes han sido el sector que más vio afectado su salario. Y, además, han sido los que más han sido atacados y vilipendiados por la mismísima Cristina Kirchner, repetidas veces, en los discursos de apertura de sesiones del Congreso. No obstante esto, se negó a desarrollar una lucha nacional de CTERA y la CTA en defensa de la educación y el salario. Caló como dirigente de la UOM y secretario general de la GCT oficialista, ha carnereado todas las luchas y ha trabajado contra los dos paros que ocurrieron este año. No lo conmovió ni el casi 40% de inflación acumulada, ni las decenas de miles de suspensiones, ni los despidos; él se mantiene incólumne como perro fiel al Gobierno. Pero es seguramente la basura de Pignanelli quien rompió todos los récords; no sólo fue el garante de las suspensiones en el gremio del SMATA, suspensiones que afectan a más del 10% de los trabajadores, sino que además exigió la represión en Gestamp y hasta se postuló él como represor de oficio contra las legítimas luchas de los trabajadores. En su gremio se dieron las principales luchas contra el ajuste (Gestamp y Lear), en donde la vanguardia empezó a medirse en condiciones dificilísimas contra la patronal, el Gobierno y la misma burocracia. En ambas ocasiones se han sufrido fuertes derrotas, aunque producto de procesos muy distintos. Como parte de la contribución al desarrollo y politización de esta nueva y joven vanguardia, es que desde el Nuevo MAS hemos publicado recientemente un boletín de debate con las corrientes de la izquierda y las orientaciones que propusieron alrededor del balance de estas luchas, orientadas alternativamente por nuestro partido y el PTS.

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    En otra vereda se encuentran los burócratas opositores: Barrionuevo, Moyano y Micheli. Aquí el negocio pasa por otro lado: ellos se dedicaron a administrar el descontento en el movimiento obrero para tratar de llevar agua para el molino de las distintas variantes patronales: de Massa a Binner. Pero después del último paro de agosto se conjuraron a no hacer más olas, y ahora están hablando de la «unificación» de ambas CGTs: quiere contribuir a que se llegue con tranquilidad a las elecciones, y a negociar de manera unificada con el próximo gobierno.

     

    Sumáte al Nuevo MAS

     

    Esto nos plantea las tareas de la izquierda en la actual coyuntura. En primer lugar, se trata de estar alertas antes el eventual desencadenamiento de la crisis si es que los factores estabilizadores son desbordados; en esta perspectiva, apoyar las luchas en curso y también las batallas políticas en el seno de los trabajadores, como la campaña por la defensa de “Maxi” Cisneros en Firestone y el Neumático y el apoyo a la Lista 5 clasista para las elecciones de la CTA.

    En segundo lugar, se trata de impulsar las luchas de otros sectores oprimidos, como el movimiento de mujeres que viene de un enorme Encuentro en Salta que ayuda a colocar con más fuerza la pelea por el derecho al aborto y contra la violencia hacia las mujeres, peleas donde Las Rojas se viene calificando como una de las agrupaciones de mayor proyección nacional y combatividad de todo el movimiento de mujeres.

    Por último, se viene la disputa electoral. Nuestro partido está ya en la recta final para obtener su legalidad nacional. A partir de ella, lanzaremos un llamado a una rediscusión con el FIT, así como a otras figuras independientes y estamos pensando también en alguna iniciativa hacia fin de año, dado que la máquina de dividir que ha sido todo el año el frente del PO y el PTS, impiden toda convocatoria unificada bajo el formato de un encuentro nacional unificado o del tipo de un acto como el del 1° de Mayo, peleas que, sin embargo, seguiremos llevando adelante porque se podrían colocar a la orden del día ante cualquier giro de la crisis.

    Por último pero no menos importante, nuestro partido sigue transitando un curso ascendente, probándose en durísimas luchas como Gestamp o, últimamente, en las peleas del movimiento de mujeres con Las Rojas. Invitamos a todos los compañeros y compañeras a sumarse al Nuevo MAS para dar juntos estas apasionantes peleas.

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