Reunión de la Mesa de Enlace con el gobierno

Ladra pero no muerde

Tras la reunión con la Mesa de Enlace y los representantes de las patronales agrarias, trascendió que "no habrá aumento de las retenciones". Un nuevo retroceso frente a los patrones del campo que se suma al de Vicentín.



Tras las declaraciones del presidente en las que anunciaba la necesidad de aplicar  retenciones al agronegocio que pusieron en alerta a los patrones rurales, el gobierno llamó apuradamente a una reunión en Casa Rosada. Desde estas páginas, ya anunciábamos que se trataba de una posible capitulación, pero la realidad fue aún más vergonzante que nuestras previsiones.

Lejos de los gritos y anuncios rimbombantes de días atrás, la reunión tuvo un tono ameno y conciliador. Fernández no tardó en aclarar que todo fue un malentendido, que jamás quiso amenazar con aplicar retenciones sino poner sobre la mesa el problema del aumento de los alimentos, que afecta «la mesa de los argentinos». Jorge Chemes, presidente de la Confederaciones Rurales Argentinas, declaró en los medios que «El presidente se comprometió a prescindir de declaraciones altisonantes que inquietan a nuestras bases», un retroceso en toda la línea.

El supuesto compromiso asumido fue revisar todos los eslabones de la producción para detectar por qué suben los precios de los alimentos y tratar de frenar un poco la inflación. Con esta definición, se le concede a los patrones del campo que no son los responsables del aumento de precios, sino que el mismo procede de «múltiples causas». Nadie tiene la culpa, los precios siguen aumentando, pero entre ellos, amigos.

Pero no contentos con el retroceso en el aumento de las retenciones, los representantes de las cámaras agrarias solicitaron además la baja de impuestos y costos. No sólo no están dispuestos a colaborar con una parte mayor de su ganancia mediante retenciones, sino que quieren que el Estado se haga cargo de subsidiar aún más sus actividades. Aunque se les bajaran los impuestos, conociendo a Alberto y su tibieza a la hora de hacer cumplir a los burgueses, nada garantizaría que los precios no sigan aumentando de todas maneras, presionando hacia el acople con el aumento de los precios internacionales.

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El campo está de parabienes, el clima, las lluvias y los precios internacionales ayudaron bastante y se esperan una cosechas récord. La soja, desde 2019 viene superando las 140 millones de toneladas anuales y en el caso del trigo se estiman 21 millones de toneladas. El precio de los granos viene en alza desde principio de año. Sumando la presión devaluatoria sobre el peso que no hace más que reducir costos para quienes exportan en dólares, todo redunda en una jugosa multimillonaria cantidad de dinero al alcance de las manos para las patronales campestres. Según la SRA, sólo de oleaginosas y cereales, las exportaciones podrían rondar los 36 mil millones de dólares este año.

Sobre esta montaña de billetes verdes puso sus ojos el gobierno cuando habló de retenciones. Lejos de las declaraciones demagógicas y populistas acerca de la reducción de precios, el gobierno especula con que un pequeño aumento del porcentaje en las retenciones en el marco de una buena cosecha como la que se espera podría significar un importante espaldarazo para las reservas del Estado en un año donde cada peso que se pueda gastar en gestión podría reflejarse en las urnas electorales.

Fernández no se cansa de decir, desde el inicio de la pandemia, que para salir de la crisis todos tenemos que hacer un esfuerzo. Pero ese esfuerzo no es para todos por igual. Para afrontar el problema de la inflación, el gobierno acuerda con los sindicatos y empresarios planchar los salarios, realizando paritarias sobre una previsión inflacionaria irreal de en torno al 29%, muy lejos de cualquier previsión realista, teniendo en cuenta que sólo en enero la misma rondó el 4%.

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El aumento del precio de los alimentos viene siendo uno de los grandes problemas para los trabajadores luego de un año de crisis económica agudizada por la pandemia. Son los trabajadores formales y precarizados los más afectados por los la situación económica, y sobre los que el gobierno aplica el corset más fuerte: atarlos de pies y manos comprometiendo a los sindicatos a no realizar medidas de lucha para exigir aumentos.

No puede haber recuperación del nivel de vida de los trabajadores sin afectar las ganancias capitalistas. Si se aplicaran retenciones al campo reales, en un año de jugosas cosechas, los dólares podrían inyectarse en función de los intereses de los trabajadores. Aumentar presupuestos en salud y educación, realizar una fuerte inversión en infraestructura para reformas edilicias en las escuelas y hospitales. Al mismo tiempo, los gremios deberían ponerse a la altura de las necesidades de sus afiliados y encabezar ya mismo un plan de lucha para recuperar el poder adquisitivo perdido durante los últimos años y agravado tras un año de recesión pandémica.

Las medidas en defensa de los de abajo no saldrán de la buena voluntad de Fernández ni las patronales del campo. Sólo mediante la lucha en las calles, huelgas, manifestaciones y lucha política, la clase trabajadora podrá presionar y hacer valer sus intereses para que los platos rotos de la crisis no caigan siempre sobre sus espaldas. De Fernández, no esperemos ni una disculpa.

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