Declaración

La vuelta a clases, el rol desorganizador de la burocracia de UTE y el fracaso del paro de Ademys

Declaración de la agrupación docente Carlos Fuentealba.



El retorno a clases presenciales evidenció el abandono presupuestario del gobierno de Larreta, que lejos de realizar las obras necesarias para adaptar la educación a tiempos de pandemia, permitió el deterioro de la estructura existente. También dejó en claro que la burocracia de UTE es funcional a la política de Acuña y Trotta impulsando la desorganización de la docencia. Por último, llamó la atención sobre la política ficción de las y los compañeros de Ademys subproducto de su política de “en pandemia no volvemos” que no le da ninguna respuesta a la preocupación de la docencia y las familias trabajadores contra el abandono educativo. El resultado fue un paro de 72 horas ultraminoritario que nos debe llevar a un balance necesario para reorientarnos.

Apenas tres días habían pasado de la vuelta a la presencialidad en las escuelas porteñas, cuando estalló el escándalo de las vacunas para los amigos del poder. La producción de las vacunas se hace bajo los parámetros de los negocios de los laboratorios y los acuerdos con los gobiernos a contramano de la necesidad de que se liberen las patentes para que las vacunas contra el Covid-19 sean patrimonio de la humanidad y no de los negocios capitalistas. El mismísimo ministro de Salud Ginés González García quedaba expuesto por el favoritismo para repartir vacunas entre sus amigos, cuando todavía no han terminado de vacunar a lxs que verdaderamente le ponen el cuerpo a la batalla contra la pandemia, lxs trabajadores de la salud. El repudio se llevó puesto al ministro.

El reclamo de que uno de los sectores que deben ser prioritarios para la vacunación es la docencia crece en las escuelas al calor del escándalo ya que con apenas tres días de clases presenciales ya se han detectado más de 70 casos de docentes, directivos y estudiantes.

Desde la agrupación Carlos Fuentealba venimos planteando desde el año pasado la necesidad de luchar por presupuesto para una vuelta segura a clases presenciales ante el abandono educativo y el fracaso de la virtualidad. El gobierno de Larreta, al igual que el gobierno nacional y todos los provinciales, plantearon la vuelta a las clases pero sin haber movido nada para garantizar que esto se haga en condiciones. La llegada a las escuelas fue encontrarse con la misma escuela, deteriorada aún más por un año de abandono, con la misma infraestructura. A la “promesa” de Larreta de vuelta al 100% se le impuso la realidad de que las escuelas no fueron reacondicionadas, no se puso un solo peso para refacciones, y menos que menos para la construcción de nuevos edificios escolares. Es decir, inversión en infraestructura, cero.

Así, la jornada escolar se ha visto reducida a una mínima expresión. La “solución” de Larreta fue dividir los grupos de la jornada completa, transformándolas en dos simples; y las simples, en presencialidad tres días una semana y dos días la siguiente, alternando los grupos.

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En algunas escuelas, comenzaron unos grados sí y otros no, porque hay aulas que ni siquiera cuentan con ventilación cruzada, no tienen salida al exterior. Ante esto, la otra gran “solución” de Larreta fue gastar más de 80 millones de pesos en unos purificadores de aire, que ya en Alemania y España se descartaron por inútiles porque su efecto dura de 3 a 5 minutos (datos de la Agencia Federal Alemana de Medio Ambiente).

El único interés de los gobiernos es que las clases vuelvan para sacar la foto, pero sin garantizar la infraestructura necesaria, sin ningún tipo de plan pedagógico. Es todo improvisación, sobre la base del esfuerzo de la docencia y las conducciones. Muchas familias no están pudiendo llevar a lxs niñxs a la escuela, porque los horarios escalonados de entrada y salida, dificultan llevar y traer a sus hijos. Muchas familias y muchas docentes están destinando gran porcentaje de sus magros sueldos a contratar personas que cuiden a sus hijxs, las lleven y las traigan de la escuela. ¿Qué patronal permite que sus trabajadorxs salgan en horarios insólitos para ir a retirar niñxs de la escuela y se queden la mitad del día en casa?

En el caso de la escuela media, el panorama es aún más complejo. La reducción horaria, hace que sea un tetris rearmar los horarios, hay casos de escuelas donde cada materia se va a dictar una hora cada dos o tres semanas… y el resto del tiempo seguirá la virtualidad.

La virtualidad ya se ha demostrado una catástrofe, que ha dejado un tendal de estudiantes por fuera de toda posibilidad, con la falta de dispositivos y conectividad, que ningún gobierno garantizó. En el caso de la Ciudad, además Larreta recortó más de 300 millones del Plan Sarmiento, dejando cientos de estudiantes sin computadora.

La burocracia hace la plancha y deja correr

Una gran responsabilidad en esta situación la tiene la conducción celeste de la UTE, alineada con la conducción de CTERA a nivel nacional, y por supuesto con el gobierno de Fernández. Se han dedicado a desorganizar a la docencia, no han propuesto ni una sola instancia de debate y resolución colectiva, dejando correr todas las políticas del gobierno de Larreta y Acuña. La provocación del ministro Trotta, de hablar de un “proceso de reorganización pedagógica”, tampoco ha sido cuestionada por la conducción celeste.

Por su lado, Ademys, que siempre ha sido el sindicato más combativo de CABA, en línea con la Multicolor de provincia de Buenos Aires, en esta oportunidad ha jugado un papel que poco tiene que ver con la realidad de la situación. Ya desde el año pasado la conducción de Ademys, se dedicó a sostener la política de “en pandemia no volvemos”, lo cual nunca respondió a las necesidades reales de la educación.

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Desde la Corriente Nacional Carlos Fuentealba hemos sostenido que la vuelta a la presencialidad era y es una necesidad, cuando las condiciones sanitarias lo permiten. Un año de virtualidad ha demostrado ser un fracaso rotundo desde el punto de vista pedagógico, pero más todavía desde la socialización de niñxs y jóvenes. Y estamos viendo los resultados de un año de haber estado encerrados, sin vínculo con pares y docentes. Chicxs de segundo grado que no saben escribir ni su propio nombre, sobre-infantilización, muy poca autonomía. Por no hablar de casos de abuso que han sufrido niñxs y jóvenes en hogares violentos. Nuestra agrupación en todo el país viene insistiendo con la necesidad de la presencialidad, para lo cual hace falta la organización de la docencia y las familias para pelear por una presencialidad con recursos: para exigir inversión en infraestructura, en duplicación de cargos docentes y auxiliares en todos los niveles y modalidades, de salario acorde a la inflación y entrega por parte de los gobiernos de dispositivos y conectividad para los momentos en que haya que retrotraer a la virtualidad.

Ademys llamó a un paro de 72 horas para la primera semana de vuelta a la presencialidad; un paro que fue muy minoritario, que lo único que logró fue separar al activismo del conjunto de la docencia. La conducción de Ademys parecía haber cambiado su línea, cuando en la asamblea previa al inicio del 17 de febrero, planteó que “no estaban las condiciones para la presencialidad”. Un cambio de léxico, que no cambiaba el contenido de su orientación. Su posición es que hay que negarse a la presencialidad, demostrado en el flyer de convocatoria al paro, que decía “no iniciamos las clases”. La realidad se impuso por sobre la política-ficción de la conducción de Ademys y la asamblea del viernes 19 resolvió una serie de acciones, pero volviendo a las escuelas.

Desde la Corriente Carlos Fuentealba fuimos muy clarxs en nuestro planteo: es necesario estar en las escuelas, para poder organizar CON lxs compañerxs exigir las condiciones para que las clases se puedan desarrollar, para garantizar que se cumplan los protocolos, para exigir los materiales (muy escasos) de cuidado. Con el correr de las semanas, la incorporación de todos los grados y años a las escuelas, se van a ir agudizando los problemas producto de años de desinversión y vaciamiento de la escuela pública. ¡Hay que estar en las escuelas para poner en pie comités de seguridad e higiene entre docentes y familias, no solo para recabar imágenes sobre la destrucción edilicia (paso necesario) sino además para poner en pie la lucha para arrancarles a los gobiernos inversión real en educación, todos los recursos necesarios para una presencialidad en condiciones! ¡Basta de destinar millones al FMI y la usurera deuda externa! ¡Plata para la educación!

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