La tregua con Irán y la crisis política: una humillación para Trump

La provocaciones y amenazas de destrucción concluyeron con una postergación del ultimátum de Trump a Irán por dos semanas. El gobierno de Estados Unidos se desespera para salir de la situación sin la humillación de confirmar la derrota.

El ultimátum de Trump a Irán terminó en una postergación de la fecha límite. Es un muy extraño ultimátum el que nunca se cumple. Las cosas son cada vez más obvias: Trump no puede cumplir son sus amenazas porque se le abre una crisis política interna que no es capaz de controlar. Cuando quedó claro que no iba a lograr con Teherán lo que consiguió con relativa facilidad con Caracas, se quedó sin estrategia. Se había metido en una guerra que creyó ganada antes de comenzar. Y cuando realmente comenzó, se encontró con que no tenía las condiciones políticas para sostenerla.

Ni siquiera se puede saber qué quiere Estados Unidos con este conflicto. Toda guerra tiene una «estrategia», un objetivo. Se habló de cambio de régimen, después Trump pidió que lo dejen participar de la elección del nuevo «Líder Supremo», después de la rendición del uranio enriquecido…

El nivel de humillación es directamente proporcional a los anuncios triunfalistas. La vocera de la Casa Blanca, Karoline Leavitt, fue portavoz en X de los intentos de mostrar la derrota como triunfo. «Esta es una victoria para los Estados Unidos que el presidente Trump y nuestro increíble ejército hicieron posible». ¿Por qué? «Gracias a las increíbles capacidades de nuestros guerreros, hemos logrado y superado nuestros objetivos militares principales en 38 días». ¿Cuáles?

En todo su anuncio, logró mostrar un solo «triunfo»: «Además, el presidente Trump logró que se reabriera el Estrecho de Ormuz.» Antes de la operación «Furia Épica», el Estrecho de Ormuz estaba abierto. Entonces, lo único que Washington puede mostrar es que logró volver en algo al momento anterior a su agresión de febrero. Lo cierto es que el estrecho no está abierto, a lo sumo se dejan pasar algunos cargueros a través de una pequeña isla. El trumpismo no puede mostrar ni que las cosas estén igual que antes de la agresión.

Resumiendo: Estados Unidos lanzó una agresión militar que se extendió por semanas y «conquistó» que las cosas estén peor que antes para ellos, dejando de paso destrucción sobre Irán y su pueblo.

Ultimátum a Irán y crisis política para Trump

La desesperación es obvia. Con la agresión de febrero, el trumpismo esperaba forzar rápidamente a Teherán a adoptar una posición de sumisión como lo habían logrado con Caracas tras el secuestro de Maduro. Trump quería resolver décadas de tensión en una de las zonas más conflictivas del planeta de manera rápida y a bajo costo, tanto para reforzar su proyecto de imperialismo territorial como para poder mostrar un triunfo fácil en la política interna. Le salió todo muy mal.

En lugar de tener un triunfo fácil, consiguió empantanarse en un conflicto largo y costoso. El régimen de Teherán no solamente respondió militarmente, también impuso un duro golpe económico con el cierre del estrecho de Ormuz. Y Trump pasó semanas con amenazas, pedidos de ayuda a sus aliados, desprecio a sus aliados, declaraciones sobre negociaciones avanzadas, nuevas amenazas, y así.

Trump sencillamente no tiene las condiciones políticas para desatar una nueva guerra en regla en Medio Oriente, con intervención de tropas sobre el terreno. Decíamos en la declaración de la Corriente Internacional Socialismo o Barbarie que «el consenso total tanto popular como entre las clases dominantes yanquis para con las guerras de Bush no existe en absoluto en las guerras de Trump. Al contrario, cada paso de agresión externa que da el trumpismo desgarra más y más internamente el tejido político estadounidense, con todos sus consensos».

Efectivamente, Trump no quiere desatar la guerra real con la que viene amenazando porque eso puede implicar la derrota definitiva todas sus aspiraciones políticas. Pero a la vez quiere poder mostrar que su movimiento ofensivo no es completamente derrotado. No puede.

No es una cuestión de fuerza militar sino de fuerza política. Es más que obvio que el poderío militar de Estados Unidos es abrumadoramente superior. Pero no tiene las condiciones para imponer una guerra en toda la regla, mucho menos un genocidio, con intervención de tropas, y el régimen iraní lo sabe.

Por eso Teherán se sintió hoy lo suficientemente fuerte para lanzar sus propias condiciones de máxima para un acuerdo:

Garantía de no agresión. Control iraní del estrecho de Ormuz. Fin de la guerra regional e intervención en Líbano. Retiro de fuerzas de combate estadounidenses. Reparaciones económicas a Irán. Reconocimiento del derecho de Irán a enriquecer uranio. Levantamiento de sanciones primarias. Fin de sanciones secundarias. Cancelación de resoluciones de la Agencia Internacional de Energía Atómica. Derogación de resoluciones del Consejo de Seguridad de la ONU.

Pasamos en un día de hablar del ultimátum de Trump a Irán y la amenaza de destruir «toda una civilización» a discutir al día siguiente las negociaciones directas de paz entre Estados Unidos e Irán sin intervención de ningún tipo de Israel. No es un detalle menor que el sionismo haya quedado excluido de las negociaciones. La provocación obvia de Netanyahu de matar a cientos de personas en el sur del Líbano horas después del anuncio de la tregua puso en una situación incómoda a Estados Unidos.

Los voceros de la Casa Blanca denunciaron como «falsas» esas condiciones. Incluso como «fake news». Es difícil entender cómo una propuesta de negociación hecha pública es «fake» si ni siquiera es una noticia. Probablemente pongan esas condiciones sobre la mesa para terminar aceptando menos, pero no dejan de ser las condiciones puestas por el régimen de los ayatolá en las negociaciones. El solo hecho de que Teherán las haya hecho públicas habla de la incómoda posición de Trump.

Es más que obvio en este punto que el ultimátum de Trump a Irán era una peligrosísima bravuconada que ni él sabía si podía llevar adelante o no.

El Estrecho de Ormuz está cerrado de nuevo. El régimen iraní sigue en el poder. No hay acuerdo sobre la entrega de uranio enriquecido, como fanfanorrean los funcionarios de Washington. Y, sin embargo, hablan de triunfo.

El régimen iraní y la movilización popular

Roberto Sáenz, dirigente de la Corriente Internacional Socialismo o Barbarie explicó acerca del alto al fuego tras el ultimátum de Trump a Irán: «El alto el fuego en Irán es un primer triunfo del pueblo iraní. Si bien no apoyamos el régimen reaccionario de los Ayatolas y nos oponemos firmemente a sus penas de muerte por desafiarlo desde abajo, defendemos incondicionalmente a la nación iraní del bárbaro ataque de Trump y Netanyahu. Sobre todo Trump sale mal parado de esta bravuconada».

 

Los simpatizantes de la posición de Estados Unidos siguen jugando con la idea de que la agresión de Estados Unidos le de empuje a la movilización popular. Los hechos son más que claros: la agresión de la potencia extranjera sirvió para inhibir la participación política independiente que venía inundando Irán en diciembre y enero.

La impresionante operación del 25 de febrero, que eliminó a las principales cabezas del régimen de Teherán, parecía haberlo puesto contra las cuerdas. Pero demostró una capacidad de resistencia mucho mayor a la esperada. El actual jefe de la CIA ya le había advertido a Trump que los informes sobre supuestas caídas fáciles de los ayatolá eran poco serias. Teherán no es Caracas.

Sin embargo, el gobierno iraní quiere a toda costa entrar en negociaciones reales. Frenar la masacre de sus líderes es una necesidad vital urgente, así como aliviar alguno de los problemas económicos que hunden en una crisis profunda al país y el Estado. No hay unanimidad popular sobre la legitimidad del gobierno, como quedó en evidencia con las movilizaciones, y hasta es prácticamente seguro que, al menos en las grandes urbes, el régimen iraní es profundamente impopular.

Pero Trump ha demostrado ser incapaz de sostener el disfraz de amigo de las masas populares iraníes (y de cualquier otra parte del mundo). Trump lanzó su ultimátum a Irán con frases sobre la destrucción de una civilización y de llevarlos «de nuevo a la Edad de Piedra». Esas no son amenazas dirigidas a déspotas y fundamentalistas, son amenazas dirigidas a toda una nación, a un pueblo entero. El imperialismo no puede emancipar a nadie por su propio carácter de sistema de opresión, y bajo Trump ni siquiera es capaz de hacer de cuenta que quiere emancipar a alguien.

Nuevamente, la movilización popular ha demostrado ser la única potencial fuerza emancipadora. El pueblo iraní solamente puede liberarse con sus propias manos.

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