Situación Nacional

La plaza y los desaguisados del peronismo

La tregua interna que precede a las elecciones se asemeja a la calma que precede al huracán. En medio de la leve ventisca anticipatoria, los distintos sectores del FDT pujan por llevar agua a su propio molino. Estas contradicciones no podían dejar de expresarse en el marco del acto por el 17 de octubre.



La conmemoración del día de la lealtad peronista era la excusa perfecta para escenificar un importante acto oficialista que ayude al gobierno a recuperarse de cara a las elecciones generales, o eso pensaba el albertismo, pero no todo salió como se esperaba.

El plan era que la figura presidencial, desgastado por el ajuste que están sufriendo millones de trabajadores, se hiciera presente en el acto y aprovechara la conmemoración para anunciar un ambicioso plan de construcción de viviendas. Fuentes cercanas a Balcarce 50 llegaron a confirmar que el presidente se encontraba camino a la Plaza, pero nunca llegó. Las malas lenguas dicen que se arrepintió luego de escuchar el discurso de Hebe de Bonafini, quien lo acusó de «desoír al pueblo», y de estar más cómodo «sentado junto a ricos y empresarios». Duríiiisimo.

El acontecimiento no podía evitar expresar las fuertes contradicciones y tensiones internas que está atravesando el frente de gobierno. La tregua interna que precede a las elecciones se asemeja más a la calma que precede al huracán. En medio de la leve ventisca anticipatoria, los distintos sectores del FDT pujan por llevar agua a su propio molino.

Críticas y caprichos

La presencia de Amado Boudou como uno de los principales oradores del acto del 17, expresó uno de los puntos condicionadores del kirchnerismo a la coalición oficialista. En medio de las causas que asedian a los K, La batalla contra el lawfer es innegociable.

El mensaje implícito sería el siguiente: no vamos a dejar caer a ninguno de nosotros, ni al más explícitamente manchado con actos de corrupción. Una postura que difícilmente sume votos, pero perfila al kirchnerismo como corriente con personalidad propia en medio del vendaval pre electoral.

A la defensa incondicional de sus referentes, se suma un endurecimiento (pero sólo en el discurso). El kirchnerismo escenifica una postura más dura con respecto a la deuda con el FMI o la reducción del gasto público, pero no propone un plan alternativo real.

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El cambio de gabinete impuesto por CFK, lejos de marcar un rumbo «progresista», reforzó el poder del peronismo federal con figuras conservadoras como Manzur y Aníbal Fernández. Su aceleración discursiva son más una estrategia de contención de un importante sector social disconforme con las políticas antipopulares del gobierno que una verdadera alternativa al ajuste en curso. Son palabras huecas para la tribuna.

Por si quedaban dudas de su carácter de clase, Cristina misma lo confirmó en el Encuentro de Jóvenes de la agrupación La Cámpora realizado es la ex Esma, donde afirmó su cerrada defensa del Capitalismo. Defensa desafortunada si consideramos el contexto de fuerte crisis económica, miseria salarial, pobreza y precarización laboral que estamos atravesando.

Más albertistas que Alberto

La movilización de la CGT realizada el 18, por su parte, operó como descompresión para un movimiento obrero que fue llevado a la pasividad extrema por sus dirigentes sindicales. Los sindicatos demostraron su gran capacidad de sacar gente a la calle, los movimientos sociales aportaron su cuota, pero el aspecto reivindicativo de la movilización dejó mucho que desear. El contenido de la manifestación fue, lejos de cuestionar el ajuste o defender las reivindicaciones obreras, pujar por sostener la unidad del Frente de Todos.

Los burócratas que calientas los bancos en la directiva de la central sindical no levantaron consignas contra el salario mínimo de miseria, el recorte de las jubilaciones (que cayeron más de 7% en términos reales) ni la reforma laboral encubierta que está avanzando en las grandes fábricas como Toyota. Pidieron apenas «señales claras» al gobierno, eufemismo confuso que no compromete a nada realmente.

En el caso de Caló, la alcahuetez llega al extremo de plantear la necesidad de un «acuerdo sustentable» con el FMI. Es decir, ni siquiera plantean la necesidad de que no haya ajuste, sino que reclaman que este sea con anestesia.

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Defendiendo al capital

El kirchnerismo, artífice de la estrategia que llevó al poder a Alberto (¿o no era la genial estrategia de la jefa?) junto a los dirigentes sindicales, sufren la presión del descontento obrero y popular por el ajuste en curso mientras cínicamente defienden a la coalición oficialista y maquillan sus políticas antipopulares. Cierto sector de su base popular de simpatizantes se muestra manifiestamente descontenta con el deterioro económico, lo que se expresó en parte en los miles de trabajadores que se ausentaron de las urnas el pasado 12 de septiembre.

Para contener la desbandada que podría suceder a una nueva derrota electoral, Cristina, Máximo y compañía levantan la voz para criticar al FMI y oponerse al ajuste fiscal, por ejemplo señalando que el gobierno redujo el déficit más de lo considerado en el presupuesto (1,5 contra 4,5), pero no expresan ninguna alternativa de fondo. El problema no son 3 puntos no ejecutados del presupuesto, sino la política social-liberal del gobierno, que permite avanzar a las patronales en la explotación y precarización, y orienta su política económica a las necesidades de cerrar con el FMI, mientras mantiene un discurso progresista para la tribuna.

Para abrir un camino alternativo al ajuste del gobierno y al avance de la derecha, la clase trabajadora tiene que movilizarse de manera independiente de la burocracia sindical y de los movimientos que, llamándose populares, llevan a los trabajadores tras los intereses de sectores burgueses e imperialistas.

Es necesario imponer con la lucha en las calles medidas anticapitalistas y reivindicativas a favor de la clase trabajadora como la ruptura inmediata de relaciones con el FMI, al mismo tiempo que establecer un salario mínimo de 100 mil pesos, y ponerle un freno a la reforma laboral en curso y al avance de la precarización laboral.

Para eso, ni el kirchnerismo, ni el peronismo en todas sus variantes son alternativa.

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