Argentina

La ola de calor extremo es producto de la destrucción capitalista del ambiente

Para los próximos días se esperan temperaturas extremadamente altas, que se prolongarán por varios días en la región centro de Sudamérica y particularmente en el centro-norte. Estos eventos extremos, que pueden tornarse cada vez más frecuentes e intensos son producto directo de la expoliación capitalista del planeta y llaman al ambientalismo en todas partes a ponerse de pie por una alternativa a este sistema de explotación y destrucción.



Temperaturas extremas se anticipan para los próximos días en Argentina. Su región centro-norte puede convertirse durante varios días en la zona más caliente del planeta con temperaturas superando los 40°C y afectando también el norte de la patagonia y toda la región cordillerana. Se espera que estas condiciones se sostengan durante al menos una semana, configurando un primer evento climático extremo en el verano 2021/2022 que viene marcado por la lucha ambiental en todo el país.

Desde el Servicio Meterológico Nacional advirtieron que se vivirán condiciones de mucho calor en Rio Negro, Neuquén, Mendoza, La Pampa, Buenos Aires, San Luis, San Juan, La Rioja, Catamarca, Tucumán, el este de Salta y de Jujuy, Santiago del Estero, Chaco y Formosa. Hacia comienzos de la próxima semana, las altas temperaturas irán extendiéndose hacia el este, a las provincias de Buenos Aires, Córdoba, Santa Fe, Entre Ríos, Chaco, Corrientes y Misiones. Sumado a esto, no se esperan lluvias en los próximos días, lo que agrava las condiciones de sequía en casi todo el país.

El impacto de esta ola de calor extremo puede ser muy alto si se tiene en cuenta varios factores, en primer lugar que el calor extremo de por sí es un riesgo de salud para muchísimas personas, pudiendo causar deshidratación, fatiga y hasta pérdida de la conciencia. Desde el SMN recomiendan en ese sentido evitar la actividad física, el sol en horas diurnas, hidratarse abundantemente y consumir frutas y verduras. Resulta importante tomar nota tanto de cómo el clima comienza cada vez más a tornarse en un elemento peligroso para la vida, así como las dificultades que amplios sectores populares, de trabajadores y la juventud tienen para cumplir con las medidas de precaución recomendadas.

Porque a esta condición objetiva se suman las miserias de la improvisación capitalista en el país: El sistema eléctrico de los principales centros urbanos ya tuvo cortes sostenidos durante los últimos días de calor alto, la provisión de agua del Paraná se encuentra reducida por la bajante histórica y las condiciones de viento, sequedad y altas temperaturas presentan un riesgo ignífugo extremo en zonas de bosques y humedales, donde los incendios ya se cobraron más de 300 mil hectáreas. Esto por no hablar del deterioro general de las condiciones de vida producto del ajuste económico sostenido, dificultando para las amplias masas el acceso al refugio, descanso, refrigeración o alimentación adecuada.

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Cómo llegamos a esto

Las olas de calor no son un fenómeno extraño a la naturaleza, pero el evento climático extremo que estamos por vivir está marcado por la intervención capitalista, destructiva sobre la naturaleza y el ambiente. Si bien periódicamente las temperaturas en todo el mundo pueden subir por encima de sus promedios, el ascenso sostenido de las temperaturas globales que estamos viviendo es de una anomalía completa, cuyas consecuencias se están empezando a ver en todo el mundo. La ola de calor que impactará Argentina es parte de un sostenido calentamiento globlal con consecuencias altamente destructivas sobre la naturaleza y la vida humana.

Esto tampoco es novedad, el propio panel del Panel Intergubernamental sobre el Cambio Climático (IPCC por sus siglas en inglés) de la ONU advirtió en su último informe de cara a la COP26 que el aumento sostenido de las temperaturas globales y el ritmo del cambio climático podrían llevar un incremento de las temperaturas y una prolongación de las sequías en el hemisferio sur que son causales de eventos climáticos extremos. La bajante histórica del Paraná y un segundo año de incendios forestales descontrolados son crudas muestras de este análisis que los gobiernos eligen ignorar a conciencia en pos de profundizar un plan extractivista en función de la ganancia capitalista.

Los acelerados ritmos de emisión de gases de efecto invernadero -sostenidos sin una reducción significativa a pesar de las advertencias científicas explícitas-, de deforestación a nivel global y de polución y depredación oceánica son algunos de los principales factores que causan el aumento sostenido de las temperaturas globales. Particularmente en la región impacta la sostenida deforestación tanto por explotaciones forestales como por quemas intencionales para extender la frontera agro-ganadero-inmobiliaria -el caso del Humedal del Delta del Paraná-, como por incendios forestales descontrolados -particularmente en la patagonia cordillerana-. Estas condiciones climáticas extremas afectarán en primer lugar a los sectores más vulnerables de la sociedad, la clase trabajadora, los sectores populares y a la juventud, cuyo futuro se está viendo severamente afectado.

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Un mundo por cambiar

El capitalismo ha cambiado definitivamente la dinámica global del ambiente, y en su ambición sin límites ha transformado fuerzas productivas en destructivas, amenazando las condiciones de vida de millones de personas que se encuentran expuestas no sólo a su dinámica de explotación y opresión, sino ahora también a eventos climáticos extremos. Pero en todo el mundo una nueva generación se está poniendo de pie, arrastrando a amplios sectores para luchar contra las consecuencias ambientales de la expoliación capitalista de la naturaleza y las personas.

En Argentina, epicentro de esta ola de calor extremo, el gobierno de Fernández ha decidido avanzar en satisfacer los mandatos del FMI y el imperialismo por la vía de profundizar un curso extractivista que se da de bruces con los problemas que plantea el cambio climático. No se sale de la norma internacional, donde los grandes países imperialistas hacen grandes declaraciones, pero no toman una sola medida concreta para paliar las consecuencias del sistema capitalista sobre el ambiente. Su mandato ha estado marcado, en ese sentido, por la voluntad explícita de avanzar en profundizar el fracking, la megaminería, la deforestación y el avance de las fronteras del agro con métodos barbáricos como las quemas.

Pero en todo el país ha encontrado distintas formas de resistencia que han puesto límites a sus planes y abren una perspectiva para plantear una alternativa de fondo, anticapitalista, al curso que proponen el gobierno y la oposición patronal. En Mendoza y Chubut la movilización popular frenó en seco sus planes, en Mar del Plata el Atlanticazo contra la explotación hidrocarburífera en el mar cosechó apoyo a nivel nacional y en Rosario se ha retomado recientemente la agenda ambiental, con un importante corte del Puente Rosario-Victoria este sábado en defensa de los humedales y en apoyo a la lucha marplatense.

El movimiento ambiental le ha plantado una oposición real y progresiva al gobierno de Fernández, con el potencial de tomar escala nacional si se avanza en la coordinación, independiente de los gobiernos y sus aliados, de las luchas sectoriales para empezar a poner en pie un plan de lucha común. Es una lucha urgente, necesaria y que desde Acción Ecológica Anticapitalista apostamos a llevar adelante en todo el país con un programa anticapitalista. Hay un mundo por cambiar y no hay tiempo que perder.

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