La nueva izquierda en China: el resurgimiento de tradiciones perdidas

Desde hace un tiempo, los grupos socialistas críticos en China y en las comunidades de habla china en el extranjero se han esforzado por restablecer su presencia, y en los últimos meses esta tendencia se ha acelerado.

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Artículo aparecido en International View Point. Traducción de Lucía Bohumín.

Desde hace un tiempo, los grupos socialistas críticos en China y en las comunidades de habla china en el extranjero se han esforzado por restablecer su presencia, y en los últimos meses esta tendencia se ha acelerado. Los grupos incluyen maoístas disidentes, anarquistas, comunistas libertarios y trotskistas. Al día de hoy, este avivamiento no es más grande que la diminuta nube que el sirviente de Elías vio surgir del mar, pequeña como una mano. Potencialmente, sin embargo, puede marcar el comienzo de un aguacero.

En los últimos meses y años, varias organizaciones de unanueva izquierda, algunas inspiradas en el legado del maoísmo, otras en el trotskismo chino y otras corrientes revolucionarias, han surgido entre los estudiantes de China, en las Chinatown y la diáspora y en Taiwán. La creación en China continental de grupos de estudio trotskistas, de jóvenes que se autodenominan “comunistas revolucionarios”, ya es una realidad, aunque todavía no es un tema que pueda ser discutido en detalle dadas las condiciones actuales en China, que son especialmente peligrosas para los críticos por izquierda al Partido Comunista Chino (PCCh).

Otros jóvenes de izquierda, inmigrantes y de etnias chinas en la diáspora y en Hong Kong, se han puesto en contacto con anarquistas y trotskistas (tanto chinos como no chinos) y sus organizaciones. En China y en la comunidad chino-parlante, se han establecido grupos de lectura marxista crítica en los campus universitarios de muchas ciudades. Incluyen grupos dedicados al estudio de Chen Duxiu, fundador del PCCh en 1921 y de la Oposición de Izquierda (trotskista) china en 1931; sociedades estudiantiles que se autodenominan “maoístas marxistas”[1]; sociedades específicamente trotskistas; una Agrupación de Nueva Izquierda con base en estudiantes en Hong Kong; la Asociación de Estudiantes Chinos de Izquierda, activa en el Reino Unido y en otros lugares; y “China Disidente”, un colectivo de estudiantes internacionales de China continental, formado en noviembre de 2022[2] que está activo en China y entre las comunidades de la diáspora china. Otros grupos operan bajo diferentes nombres en diferentes lugares, aunque es difícil seguirles el rastro.

Uno de los grupos, dedicado al socialismo crítico, lucha por desvincular la idea del “socialismo” del Estado hegemónico chino, donde la palabra sirve como retórica para encubrir la creciente desigualdad, para restituir en las fábricas y entre los inmigrantes el verdadero significado del socialismo, la lucha cotidiana por el poder obrero. Los partidarios del socialismo crítico argumentan que la mercantilización y la privatización dirigidas por el Estado han aumentado las desigualdades y engendrado una alianza entre el capital y la “burguesía roja” de China.Los socialistas críticos ven al movimiento social que heredó el legado de la organización de masas de la Revolución Cultural, y que continuó representándolo hasta fines de la década de 1970, como una amenaza a esta alianza, y parte de la razón por la que la élite política de China hizo la transición al mercado después de la muerte de Mao. Pero este socialismo crítico tiene varios constituyentes que no necesariamente van en la misma dirección. Incluyen partidarios de la nueva izquierda (a diferencia de la antigua izquierda maoísta), pero también partidarios del liberalismo y el Nuevo Confucianismo. Los tres grupos ven la desigualdad como el problema más apremiante de la China «postsocialista», pero difieren en cómo resolverlo: volviendo al maoísmo, trabajando dentro del partido-Estado, introduciendo un mercado libre de la «lógica gángster» de la regulación del gobierno, o reafirmando los valores confucianos tradicionales, como en el Singapur capitalista bajo Lee Kuan Yew en la década de 1990[3].

Por otro lado, la China Labor Bulletin es una organización no gubernamental con sede en Hong Kong que apoya y se compromete con el movimiento de trabajadores en China, donde tiene como objetivo hacer que los sindicatos oficiales rindan cuentas ante sus miembros e incluyan a los trabajadores para que sean verdaderamente representativos. El grupo fue fundado por Han Dongyang, un antiguo trabajador ferroviario de Beijing que ayudó a establecer la Federación Autónoma de Trabajadores de Beijing durante las protestas de la Plaza de Tiananmen en 1989[4]. No es parte del nuevo movimiento radical que ahora está surgiendo entre los chinos en diferentes lugares, pero es una fuente indispensable de información sobre los desarrollos en el movimiento obrero en que la mayoría de esos grupos de izquierda esperan influir.

El grupo que aparece como más intransigente e ideológicamente cohesivo es Chuang, el cual opina que China ya ha completado la transición “de una economía aislada, planificada por el Estado, a un centro integrado de producción capitalista”. Chuang se describe a sí mismo como “comunista anti-estado” y tiene fuertes resonancias anarquistas. Su sitio web llama a aquellos que cultivan, cocinan, limpian y trabajan para los multimillonarios de China a derribar las puertas que conducen al salón de los banquetes, una acción que abrirá «las posibilidades de un mundo nuevo», que surgirán «más allá de los límites del matadero llamado capitalismo». Chuang utiliza la imagen de un caballo que atraviesa una puerta, el carácter chino 闖, pronunciado chuǎng, en todos sus significados: liberarse, atacar, abrirse paso, entrar o salir a la fuerza, actuar impetuosamente, atender una fiesta sin ser invitado[5].

Pocos de los nuevos grupos tienen posiciones políticas tan asentadas como las de Chuang. Otros se ven a sí mismos como parte de un movimiento amplio, poco organizado y abierto. Típico de los nuevos grupos es Lausan, un colectivo de escritores, traductores, artistas y organizadores que “no tiene fundadores, solo miembros”, y describe su papel como una campaña “en todo el mundo” por “la solidaridad de izquierda transnacional y la lucha por formas de vida más allá de los dictados del capital y del Estado”.

Aún más vagamente organizados y políticamente eclécticos son los de “China Disidente”, que también tienen una pequeña presencia internacional. Lausanne dice de ellos: “La política de China Disidente, al igual que en otros grupos de esta nueva generación de activistas por la democracia, aún se está desarrollando y sin duda cambiará a medida que crezca el movimiento. Aunque no podemos predecir el curso de su desarrollo, esperamos ver un espacio para que florezca una nueva izquierda china”.

Otros grupos incluyen la Asociación Nueva Izquierda de Hong Kong. Se describe a sí misma de la siguiente manera: “La Asociación Nueva Izquierda[…] tiene como objetivo proporcionar una plataforma para el debate académico para […] que los estudiantes exploren teorías y reflexionen sobre las ideas y prácticas internacionales de la Nueva Izquierda luegodel movimiento radical de los años sesenta en Hong Kong y en todo el mundo. Aunque bajo el ala del liberalismo conservador, las universidades hoy disfrutan de más o menos autonomía sobre la investigación y, al mismo tiempo, la educación superior está completamente integrada en la red corporativa-estatal del capitalismo. El conocimiento, como herramienta de liberación y creación, ahora se ha fosilizado al servicio de los mercados y los tecnócratas. Si pasamos por alto este hecho, la enseñanza sobre justicia y humanidades en la universidad solo se convertirá en la narrativa ética de Ivory Tower, o servirá para embellecer el currículum cultural de los talentos técnicos rebautizados como «ciudadanos globales». Atendiendo este hecho, la llamada teoría crítica sólo terminará como una especie de escepticismo desilusionado respecto a la connivencia poder-saber. […] La Asociación Nueva Izquierda espera restaurar la tradición jacobina, criticar el burocratismo de la industrialización académica, así como proporcionar un bosquejo anticipado para el futuro. […]Asociación Nueva Izquierda necesita revivir los lenguajes de la solidaridad internacionalista y la esperanza socialista […] cuando la Bastilla fue invadida y Luis XVI dijo: ‘¡Esto es una rebelión!’, cada uno de nosotros debería recordarle [como hizo el progresista duque de La Rochefoucauld-Liancourt en 1789]: ‘No, Su Majestad, esto es una revolución.’”[6]

En la primera mitad del siglo XX, los lazos internacionales del movimiento revolucionario chino estaban estrictamente controlados por la Internacional Comunista y sus órganos sucesores, actuando desde Moscú. Las acciones de solidaridad de sindicalistas de influencia comunista en Liverpool, Southampton, Londres en Inglaterra y Sydney en Australia tuvieron un gran impacto entre los marinos chinos y en Chinatown en los años 1930 y 1940[7]. Durante la Revolución Cultural, Beijing promovió movimientos políticos entre las etnias chinas y los chinos de ultramar en muchos países.Sin embargo, tales movimientos rara vez se movieron más allá de los confines establecidos por Beijing y más o menos expiraron, primero por la división sino-soviética y luego, de forma más contundente, por la muerte de Mao y el segundo ascenso al poder de Deng Xiaoping, cuando un nuevo retroceso hacia el nacionalismo terminó definitivamente con cualquier búsqueda oficial de internacionalismo socialista en China.

En cuanto a los trotskistas chinos, también estuvieron activos en el continente en los años 1930 y 1940 y en 1950-52, antes de su encarcelamiento en 1952, donde permanecieron por décadas. Sin embargo, hubo poco o ningún contacto real entre ellos y las secciones fraternales de la Cuarta Internacional en otros países. Esto se debió inicialmente a las barreras lingüísticas, las guerras y la vigilancia por parte de las autoridades chinas y coloniales, lo que hizo difícil, si no imposible, mantener un vínculo entre los socialistas revolucionarios chinos y no chinos, y luego por la represión hacia el trotskismo en China en 1952. Más tarde, a partir de la década de 1960, un breve coqueteo por parte del ala principal de la Cuarta Internacional con estrategias guerrilleras del tipo de las iniciadas por los maoístas llevó a un descuido del destino de los trotskistas chinos encarcelados, que hoy solo puede ser visto como un motivo de vergüenza y pesar.

La presencia actual de grupos de nueva izquierda en la diáspora china, entre los estudiantes chinos que dominan idiomas distintos del chino y entre los trabajadores chinos y los migrantes de negocios mejor educados y con una visión más amplia que en el pasado, ha abierto nuevas posibilidades de cooperación y solidaridad entre los socialistas chinos y no chinos, incluidos los trotskistas. La globalización económica y el abrazo de Pekín al capitalismo en toda regla significan que la solidaridad a través de las fronteras internacionales es ahora más pertinente y urgente que nunca. Por lo tanto, es deber de los socialistas de todo el mundo solidarizarse con los socialistas críticos resurgentes de China y apoyar sus campañas y protegerlos contra los Estados chinos y extranjeros siempre que sea necesario y posible.

Pero, aunque el despertar político de algunos jóvenes en China y en la diáspora china es potencialmente importante, este movimiento apenas está comenzando. Un veterano del movimiento trotskista chino me ha escrito lo siguiente: «El actual despertar de los jóvenes es, por supuesto, una gran cosa. Es bueno que algunos de ellos estén empezando a llegar a diferentes tradiciones de izquierda, incluido el trotskismo. Pero por nuestra parte y por el momento, nos comprometemos con ellos principalmente en un diálogo. Es probable que el camino por delante sea largo. La falta de continuidad en la izquierda china y de una corriente de izquierda independiente duradera ha hecho difícil la consolidación de una nueva organización de izquierda entre los jóvenes de izquierda. El tono que ponemos debe ser de ‘prudente optimismo’.»

 


[1] Yuan Yang, «Chinese students clash with guards over Marxist society crackdown,» Financial Times, 28 December 2018.

[2] What next for China’s politicised youth? An Interview with China Deviants by China Deviants and Lausan Collective, 19 January 2023.

[3] Ian Liujia Tian, «Socialism from the Grassroots: New Directions of Leftist Organizing in Post-Socialist China,» Upping the Anti: A Journal of Theory and Action, no. 22, 30 January 2022. Upping the Anti is a volunteer-run movement journal based in Toronto. Ian Liujia Tian is a feminist ethnographer who focuses on labour, queer and feminist culture and politics in post-Cold War China.

[4] Chloé Froissart, “Han Dongfang (in collaboration with Michaël Sztanke), «My struggle for Chinese workers,” China Perspectives, 2015, no. 2, pp. 64-65.

[5]  http://chuangcn.org/about/

[6] Zhongda xinzuo xueshe, «Jianjie» (Introduction), 3 April 2022.

[7] Gregor Benton, Chinese Migrants and Internationalism: Forgotten Histories, 1917-1945, London: Routledge.

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